31 de agosto de 2011

Camino del Norte (Bilbao - Llanes)

Si todos los caminos conducen a Roma, también podemos decir que todos los caminos nos llevan a Santiago de Compostela. Algunos, sin embargo, son caminos de toda la vida y a lo largo de los siglos se han ido poblando de ermitas, monasterios, iglesias, albergues, hospitales, puentes y burgos para el comercio y avituallamiento de los peregrinos. Otros caminos, aunque antiquísimos han sido vías menos transitadas debido a su peligrosidad o a lo escarpado del terreno. Como caminar hacia Santiago tiene más y más adeptos, y muchos se vuelven reincidentes, el probar rutas alternativas se ha convertido en una opción cada vez utilizada sobre todo cuando se quiere huir de la masificación del conocido camino francés. Una de esas alternativas consiste en aventurarse por la ruta norte bordeando la costa cantábrica hasta la provincia de Lugo y desde ahí, cruzando los montes de de Galicia descender directamente hacia Santiago.

Elegí este año la opción Norte aunque iniciando Camino en Bilbao en lugar de hacerlo en Irún. Soy consciente de que me he perdido alguna de las etapas de mayor encanto de todo el camino, pero es precisamente en este tramo donde los desniveles son más pronunciados por lo que en aras a la debida prudencia y en vista de mis limitaciones actuales reservo este tramo para mejor ocasión.

La salida de Bilbao es urbana hasta Portugalete por lo que algunos peregrinos utilizan el metro para salvar este tramo y comenzar recorriendo una magnífica senda mitad peatonal y mitad carril bici que nos lleva a Pobeña. El albergue, situado en las antiguas escuelas es amplio y funcional y la acogida excelente. Pero no pretendo mencionar una tras otras las diferentes etapas del recorrido; quiero recordar sencillamente aquellos aspectos que más me han llamado la atención o aquellos que más diferencian este camino del ya conocido Camino francés.

En primer lugar mencionaré el mar. Durante kilómetros se camina bordeando el mar, unas veces caminando por la playa como en Laredo, en Noja o en Somo y otras veces asomándose a impresionantes acantilados para recibir en la cara la brisa marina y llenar los ojos de azul mientras las gaviotas juguetean entre el viento y las olas. Unido al mar, las travesías en barco. Es curioso ver a los peregrinos subirse a una pequeña barca para cruzar de Laredo a Santoña, o abordar el ferry que cruza la bahía de Santander desde Somo.

En segundo lugar impresiona el verdor del paisaje. El contraste con los caminos pedregosos de Castilla es evidente. Es un descanso para la vista pasear la mirada por todas las tonalidades de verde, desde el oscuro y profundo de los abetos, pasando por el verde intenso de las praderas o el delicado y casi transparente de los álamos. Tanta riqueza de colorido tiene una contrapartida: la fina lluvia que nos acompaña casi a diario, empapa casi sin avisar nuestra ropa y hace que las llegadas al albergue sean más deseadas.

Poblaciones como Castro Urdiales, Santillana del Mar, Comillas y San Vicente de la Barquera parecen diferentes cuando se las cruza de madrugada. Me llamó particularmente la atención Santillana del Mar que habitualmente visito llena de gente, de coches y sobre todo de una abigarrada y chillona colección de carteles, de bisutería barata y de ornamentos que desanima cualquier intento de plasmar el recuerdo en una fotografía.

Todavía escasean los albergues y en algunos lugares la falta de otras alternativas da pie a claros abusos por parte de las pensiones y albergues privados. Sin ser exhaustivo, en el tramo ya recorrido tengo que hacer una mención especial al albergue de Güemes. El Padre Ernesto y sus colaboradores han sabido infundir al lugar un espíritu claramente hospitalario que fomenta la convivencia, el descanso y la ilusión del camino. Hemos llegado a Llanes, ha habido días mejores y días peores, pero el deseo de seguir adelante y completar el Camino no ha decrecido ni un ápice. Será en una próxima ocasión.



30 de agosto de 2011

Parque Nacional de Somiedo



Uno de mis mejores recuerdos de este verano será sin duda los cuatro días pasados en el Parque Nacional de Somiedo. La conjunción de los astros nos fue propicia y hasta el sol radiante y los cielos despejados se aliaron con nosotros para convertir cada día en una jornada memorable. El placer y el estímulo de la buena y alegre compañía, las palabras de aliento cuando ya parecía que no iba a poder coronar la siguiente cresta, la recompensa de un baño al regresar al hotel, y una sidra en alguno de los bares del pueblo fueron algunos de los alicientes adicionales de esta salida.

Para ir haciendo boca nos adentramos en el parque recorriendo a pie la “Senda del Oso”, magnífica ruta ciclable de más de treinta kilómetros construida sobre el lecho de una antigua vía de ferrocarril minero que bajaba el mineral de hierro desde los montes de Somiedo hacia el valle. Entre estrechas gargantas, cruzando túneles, dejándonos acompañar por el murmullo saltarín del vecino río, recorremos parte de la senda entre Proaza y Entragu al tiempo que saludamos a viejos conocidos o vamos trabando conversación con los que para nosotros son nuevos en el grupo.

El hotel es cómodo, Pola de Somiedo, en el corazón del parque un lugar tranquilo y fresco, las cenas copiosas, la compañía inmejorable y el transporte para llevarnos al punto de partida de las excursiones de medalla de honor. El segundo día nos subió sin un solo frenazo hasta el Alto de la Ferrapona a 1707 metros de altitud. Los menos montañeros dejamos que los compañeros hicieran la escalada a los Albos mientras nosotros recorríamos uno a uno los magníficos lagos de Saliencia. Bordeando la montaña, por sendas a penas visibles, ayudados en ocasiones por el GPS fuimos pasando del lago de Cabalazosa al precioso lago de Cerveiriz y de éste, al lago de la Cueva. Luego, a través de pazos y praderas, con el permiso de vacas y terneros cuyo tranquilo rumiar
distraíamos, nos acercamos hasta Las Divisas para desde allí, mientras almorzábamos, contemplar el Lago del Valle con su diminuta isla central. Ya de regreso, coincidimos con los compañeros que regresaban de su escalada al Albo Occidental de 2066 metros, y juntos, regresamos en autocar a la base.
El tercer día, la excursión partía de Santa María del puerto justo en la línea que separa Asturias de las tierras de Babia en la provincia de León. No cruzamos la raya para que no nos dijeran que estábamos en Babia, pero si la bordeamos hasta alcanzar la peña Penouta de 1976 metros unos, y el Cornón de 2.188 metros los más valientes. La caminata por prados, escobedos y riscos fue preciosa. Mientras almorzábamos, pudimos ver cientos de corzos o rebecos saltando por la cresta de la montaña vecina (Peña Blanca) mientras allá en el valle del lado de León, potros salvajes pastaban atentos a cualquier ruido.

Amaneció el domingo y tocaba regresar, pero antes tuvimos tiempo de subir a la Braña de Mumián a 1400 metros. Allí pudimos ver numorosas "cabañas de teito" especie de pallozas con techumbre de paja que sirvieron en su día de abrigo para el ganado, últimos vestigios de una tradicional cultura ganadera, que nos transportan a lugares ancestrales, casi mágicos.  Bajando luego por frondosos bosques de castaños, eucaliptos y avellanos llegamos hasta Coto de Buenamadre y desde allí, siguiendo el río hasta Pola de Somiedo.
  
 Ha pasado un mes, pero aún me sorprendo recordando momentos vividos durante esa salida. No hay frases altisonantes que puedan resumir la experiencia, sólo buena compañía, nuevas amistades, naturaleza, aire puro, esfuerzo, cansancio, y convencimiento de que un paso tras otro se puede llegar a donde uno se lo propone.

29 de agosto de 2011

Antonio López en el Thyssen

Después de visitar la exposición de Antonio López en el Thyssen, me ha parecido que todos los cuadros que tantas veces había visto y admirado en libros y reproducciones eran sólo imágenes vistas a través de un espejo empañado.

Particularmente extrañas parecen las reproducciones de los cuadros de Antonio López cuya minuciosidad, cuya obsesión por el pequeño detalle pueden pasar desapercibidas en representaciones de menor tamaño. Creo que he visto por primera vez “ El aparador” pese a reconocerlo al primer vistazo y haberlo admirado en varias ocasiones en libros de pintura. Es necesario ver el cuadro original para poder apreciar la filigrana de los encajes, el esmalte de las porcelanas, los reflejos y la sombra de los utensilios, los brillos y las pequeñas imperfecciones de la madera.

En esta exposición se puede admirar al Antonio López pintor hiperrealista, que sigue minuciosamente la evolución del fruto en el árbol y su caía a medida que pasan los días como se refleja en la película de Víctor Erice “El sol del membrillo”, pero también un pintor tremendamente humano en los retratos de sus padres, de sus amigos o de su familia. Me he quedado particularmente prendado del cuadro de 1961 “Mari”, retrato de su mujer vestida de campesina manchega.

Podemos admirar su faceta de dibujante obsesionado con el detalle, las medidas exactas, la perspectiva, la luz y las sombras. Hay bastantes ejemplos de bocetos a lápiz que me hacen sospechar que Antonio López es primero dibujante y luego, si está de humor, da un paso más y pinta lo que ha dibujado.

La muestra no olvida su vertiente como escultor. Las estatuas de “Un hombre y una mujer” habitualmente en el Reina Sofía, y los dibujos y bocetos preparatorios son un magnífico ejemplo, como lo son también los numerosos bustos de su hija “Carmencita”.

Al lado de todos estos aspectos, he descubierto un Antonio López que posee los defectos de sus virtudes. Su anhelo de perfección es tal que con frecuencia deja sus cuadros sin terminar. De hecho, en la exposición podemos ver unos cuantos cuadros de Madrid inacabados que justifica quizá la queja que oí a dos señoras mayores que protestaban porque se hubieran presentando en la exposición ¡ cuadros inacabados! Me quedé con una sonrisa en los labios, y me imaginé a Antonio López haciéndome un guiño para decirme que la perfección es imposible, y por consiguiente ninguno de sus cuadros está aún totalmente terminado.

28 de agosto de 2011

A la JMJ se le cayó una C

Ahora que ya se han desmantelado los grandes escenarios de Cibeles y Cuatro Vientos , cuando ya no se ven por las calles de Madrid bulliciosos mochileros luciendo sombreros y camisetas rojas o amarillas con tres letras estampadas, ahora que ya no es momento de polémica sino de tranquila reflexión me pregunto: ¿No se olvidaron los organizadores de añadir una C a las tres simétricas siglas? Ciertamente, quizá dañaba la eufonía del eslogan pero ¿no hubiera sido más exacto y más honesto?


Admirable como ha sido esta concentración de jóvenes, siguen sin representar el amplio espectro de la juventud mundial. La Iglesia Católica y el Papa, tienen una enorme capacidad de convocatoria y lo han demostrado, pero me imagino que los que se han concentrado en Madrid han sido sobre todo jóvenes católicos, por lo que hubiera sido más honrado llamar a las cosas por su nombre y haber rotulado el evento como “Jornada Mundial de la Juventud Católica”. No es lícito utilizar provechosos sobreentendidos con fines propagandísticos. La juventud mundial está también compuesta por musulmanes, budistas, y ateos que obviamente no estaban convocados a esta Jornada Mundial de la Juventud.

Dicho esto y sin ánimo de más polémica, me hago una segunda pregunta, no menos importante: ¿Cuál es la fórmula que consigue que, de pronto, aparezcan concentrados un millón de jóvenes católicos que sin embargo parecen estar ausentes de las iglesias en las misas de los domingos? No hay una respuesta única: la atracción del viaje, el poder de convocatoria , la organización casi impecable, la euforia colectiva…., seguramente forman parte de la respuesta. Pero no pueden ser “la respuesta”. Estos jóvenes han venido en busca de algo más. Cuando los ideales se desmoronan, cuando los valores morales parecen diluirse en el relativismo, cuando ser cristiano no está de moda, creo que la juventud busca respuestas, busca sobre todo una esperanza a la que aferrarse y una voz que les guíe y de sentido a sus vidas.

27 de agosto de 2011

Como veníamos diciendo...

No, no pretendo equipararme a Fray Luis de León, ni la prolongada interrupción en mi blog tiene nada que ver con un encarcelamiento. Necesitaba parar, agarrar la vida por la solapa y preguntarle qué hacer mientras el viento sople aún a mi favor.
No he encontrado una respuesta. Tampoco albergo nuevos proyectos. Quiero seguir escribiendo para sacar de dentro tormentas, batallas y rumores y dejar que quizá de vez en cuando destile también una gota de bálsamo.

19 de mayo de 2011

San Mamés - Ermita Virgen de la Luz - Luriego

Cada paso que doy por Cantabria me siento más irremediablemente sumergido en esa sinfonía de verdor que tapiza sus valles, colinas y montañas.  Respirar el aire de las cumbres es un privilegio, dejarse mecer por la serenidad de los robles, el murmullo de los eucaliptos, la blancura de los asfodelos es algo que invade nuestros sentidos, penetra hasta la última fibra  del alma y nos disuelve y funde en la naturaleza más primigenia.  Somos uno con la naturaleza, respiramos el aliento del mundo,  sentimos correr la vida por nuestras venas.
La música, tomada de prestado a la película ´"La Misión" quiere precisamente transmitir esa comunión con el universo.

19 de abril de 2011

Dicho en silencio y escuchando



 Nada dicen jamás las elocuencias,
cuando se habla de amor,
cuando el amor exige ser hablado.

Sólo el silencio alcanza la elocuencia
que al amor corresponde,
el timbre justo
con que correspondemos al amor.

Todo cuanto se dice acaba en eco,
por eso dice más lo que se calla.
Lo que callamos juntos nos define,
como el amor da voz a lo que somos.

Te quiero – escucha bien –
en lo que digo,
y sobre todo vivo en lo que callo,
porque dice mejor lo que más quiero.

Silente sé que escuchas lo que escucho.
Tácito, sé que tú me sabes, tácita.

Te querrá mi mudez como ella explica.
Tú entiendes más allá:
me sobreentiendes.

Quiero ser imprudente en mi cautela.
Mi palabra por fin se despalabra
de todo su rumor,
para servirte.
Mi palabra de honor te está rendida.

Esta boca fue mía y hoy es tuya,
como tuyo es también mi estar ausente.
Como también son tuyas mis mudanzas.

Tuyos, de nadie más, son los siglos,
para tanto silencio enamorado.

                              Carlos Marzal
                              Anima Mia  2009

18 de abril de 2011

Persiguiendo una imagen



 El lienzo está impoluto frente a mí, encima, clavada en el caballete, la imagen que quiero pintar. Lo que empezó siendo un entretenimiento se está convirtiendo poco a poco en auténtica afición. De un tiempo a esta parte me fijo en los cuadros que veo, intento descifrar la técnica, me pregunto sobre la mezcla de colores, los puntos de fuga los diferentes planos, los difuminados de fondo y la calidez de los primeros planos.

Me equivoco una y otra vez al mezclar los colores. Entre lo que busco y lo que consigo media una enorme distancia que me resulta imposible abarcar. Lo que pretendía ser un tono cálido, con vida, se apaga al rato de ser aplicado. Las pinceladas se desvían, la imagen parece plana, sin volumen. Las hojas verdes y y tostadas del ramo no se destacan suficientemente del fondo caleidoscópico y multicolor.

No desfallezco. La tarea es apasionante. El profesor pasa y a veces, un consejo, una ligera corrección de su mano supone un avance de horas. Me concentro en los colores, en las pinceladas y voy perdiendo la noción del tiempo. Acaricio una y otra vez la tela porque quiero que surja, esa imagen que a fuerza de mirarla como modelo ha quedado grabada en la retina y llevo conmigo incluso cuando no estoy pintando.

Sin embargo, sigue siendo copia de una copia. No he logrado transformar lo que he visto en una emoción que otros puedan percibir. Esa es, me parce a mí la diferencia entre el copista aplicado y el artista. El primero reproduce, el segundo transmite alma, al mirar su obra atisbamos algún retazo de emoción. El cuadro deja de ser impersonal y se convierte en testimonio. No me sentiré pintor hasta que no sea capaz de volcar mi alma en lo que pinto, como no me sentiré escritor hasta que sin darme cuenta, deje girones de mí en lo que escribo.

Hace unos días, leía en un libro que la pintura no se explica: se entiende. Seguramente enfrentados al cuadro, a cualquier cuadro, experimentamos una emoción. Puede ser de embeleso, de admiración, de contemplación o de rechazo y esta emoción antecede cualquier atisbo de comprensión. No siempre entiendo la obra de arte abstracta, pero cuando la contemplo, reacciono de inmediato. Me puede gustar aunque no la entienda. Si no es la primera vez que la veo, si estoy familiarizado con el autor, si he leído algo sobre la técnica o el estilo al que pertenece, si en particular, alguien a mi lado que la conoce bien, me hace notar la intención del pintor y los medios que utiliza para conseguirlo, indudablemente, aumentan exponencialmente las probabilidades de que la obra me guste.

De cualquier modo, sea cual sea la reacción del observador, una vez terminado, el cuadro se vuelve independiente de su autor. El mensaje se desliga incluso de la intención primera del pintor. Su significado se multiplica por el número de observadores. En la pintura figurativa, las diferencias son de de matices, en la abstracción pueden llegar a ser diametralmente opuestas. Pero ya no hay una realidad única. Hay una imagen que provoca en mi una reacción y si trato de explicármela, una interpretación que será exclusivamente mía, porque así la percibo yo en función de las emociones que en mi ha provocado.

1 de abril de 2011

Alberto Durero: Manos Orando

Alberto Durero: Estudio de “ Manos Orando”
1508 Dibujo a pincel sobre papel azul preparado
29 19,7 cm
Albertina Sammlung Graphische , Viena


Alberto Durero nació en Nuremberg (Alemania) en 1471. Su padre, orfebre de profesión fue su primer maestro. Heredero del legado artístico alemán procedente del gótico tardío e influenciado primero por la pintura flamenca de Jan van eyck y sobre todo de Rogier van der Weyden se orienta inicialmente hacia un concepto empírico de la pintura que se fundamenta principalmente en la obsevación. Sin embargo, en sucesivos viajes a Italia, trata de absorber también las nuevas corrientes renacentistas. De la simbiosis de ambas corrientes nace una pintura que se caracteriza por conciliar las ricas texturas, los colores brillantes y el gran lujo de detalles del norte con el énfasis en los temas mitológicos y las figuras idealizadas del arte italiano.


La popular obra conocida “Manos orando” fue uno de los numerosos estudios preliminares para el retablo que el alcalde de Frankfurt, Jacob Heller, le había encargado para su catedral. Este estudio en particular, realizado con todo detalle, iba destinado a convertirse en las manos de uno de los apóstolos que rodeaban la tumba vacía de la Virgen en su Asunción a los Cielos. Durero trabajó durante 13 meses en el panel central de esta obra decidido a hacerla tan buena y hermosa , “que seguirá siendo brillante y fresca durante quinientos años”.

Lamentablemente, un incendio acaecido en 1729 acabó con el retablo, pero nos quedan esas manos tan firmes, diáfanas y espirituales para recordarnos , que lo intangible a veces, también, casi se toca.

26 de marzo de 2011

Sunset Park de Paul Auster


SUNSET PARK
Novela
Paul Auster
Anagrama 2010
Panorama de narrativas
Título original: Sunset Park 2010
Traducido del inglés por Benito Gómez Ibáñez
278 páginas

Aunque no se puede considerar a Paul Auster como un novelista filosófico ni como un novelista de grandes controversias, estamos viendo en sus últimos libros un creciente interés por la situación social en Estados Unidos y en particular en el segmento de población más joven. Si en Invisible su anterior novela, esta preocupación se escondía detrás de otras preocupaciones y sobre todo detrás de sus ensayos de metaliteratura y relatos con tiempos y narradores diferentes, en Sunset Park, su última novela, vemos a un Auster volcado directamente en la situación de una cierta juventud americana desencantada y tan actual como la crisis financiera, los desahucios o la presión mediática a favor del reciente Premio Nobel de la Paz Liu Xiaobo. Se trata de una novela absolutamente lineal, narrada en tiempo presente inmediato que abarca desde el otoño de 2008 a la primavera del 2009.


Un personaje joven, Miles Heller, de 28 años aglutina en torno a él diversos familiares y amigos que Auster describe no tanto para adentrarse en sus vidas, problemas o sentimientos, como para crear una historial coral que nos sitúa en el Nueva York de la era post-Bush, frente a una generación de jóvenes desahuciados ellos también, golpeados por las circunstancias que les ha tocado vivir, luchando por salir adelante en un mundo adverso, aunque para ello tengan que pagar un alto precio.


Miles, de temperamento vivo pero débil, se siente culpable por un desgraciado accidente que se llevó la vida de su medio-hermano Bobby. Sin dar explicaciones abandona los estudios, huye de casa, y ejerce varios empleos durante siete años, el último de los cuales le lleva a Florida donde trabaja en una empresa que se dedica a adecentar las casas que por motivos de impago de hipotecas y desahucios los Bancos quieren volver a vender. En Florida se enamora de Pilar, una joven de 17 años de origen cubano. Sin embargo, el celoso chantaje de la hermana, y para evitar problemas con la policía en el puritano ambiente americano, Miles regresa a Nueva York a la espera de que Pilar cumpla los 18 años.


Miles, se instalará en una casa okupa en el distrito de Sunset Park en Brooklyn junto a su amigo Bing Nathan, Batería en una orquesta y dueño de un curioso local, el “Hospital de cosas rotas” y que a espaldas de Miles ha estado pasando información a la familia sobe el paradero de su amigo. La brillante y acomplejada Alice Bergstrom que prepara su tesis doctoral , y la guapa y depresiva Ellen Brice, completan los ocupantes de una casa destartalada donde se han instalado ilegalmente con el continuo temor de una visita de la policía.


Todos ellos son personajes, inteligentes y valiosos, pero al mismo tiempo tristes, heridos, desesperanzados y cada vez con menos ganas de buscar salidas. Entre ellos, Miles es el más típicamente Austeriano, atormentado y silencioso, en lugar de enfrentarse a los problemas huye. El peso de la familia, la brillante e independiente carrera de su madre actriz, el cariño de padre, dueño de una editorial, todo parece contribuir a incrementar su sentimiento de fracaso.


Evidentemente, Auster no podía conformarse con simple relato lineal. A través de un ingenioso juego de espejos, proyecta sobre la situación actual, la que siguió a la Segunda Guerra Mundial y lo hace con la película “Los mejores años de nuestras vidas” de William Wyler que en algún momento todos los personajes de la novela han visto y que sirve de base a la tesis doctoral sobre la que trabaja Alice.


No es este el único guiño que Auster hace a la cultura; una redacción del joven Miles Heller (en realidad una redacción de la hija de Auster), le permite introducir la novela de Harper Lee ”Matar a un ruiseñor” y le da pie para introducir algo tan contundente como “Hay que haber estado herido para hacerse hombre”


Con un lenguaje sencillo, brillante, Auster nos lleva a través de 287 páginas por la vida de unos personajes y de una época, pero no hay conclusiones. Nada está cerrado. Los personajes siguen con sus problemas y sus dudas y nos quedamos con la sensación de ver aparecer un “Continuará”.

25 de marzo de 2011

A la vida se le puede pedir no más de lo que pueda dar



"A la vida se le puede pedir no más de lo que pueda dar: instantes de ternura, de enamoramiento, sorpresas, nosalgia y esperanza. Segundos de lucidez, momentos para disfrutar de la belleza, de la amistad, de las lágrimas y de las pasiones. Momentos que merezcan la pena"
                                                                   Javier Urra
                                            ¿Qué se le puede pedir a la vida?

16 de marzo de 2011

La primavera se anticipó en El Parque Natural de Cabo de Gata

Tengo que confesar que partía con muchos prejuicios sobre Almería como lugar para pasar unos días haciendo senderismo. Los áridos y variados paisajes de Tabernas que se hicieron famosos como plateaux de rodaje de muchos, y no siempre buenos westerns, no me atraía en absoluto y menos aún los mares de invernaderos de plástico donde miles de inmigrantes a menudo sin papeles se dejan la piel y contribuyen a la reciente prosperidad de esta provincia andaluza.


Del parque natural del Cabo de Gata sólo sabía que se trata de una zona de origen volcánico, agreste y en general muy despoblada. Una vez más se confirma eso de “ver para creer”. Regreso tan sorprendentemente encantado de la zona, de sus pueblecitos blancos, sus playas multicolores, su vegetación, sus diminutas calas, sus formaciones basálticas, su mar, y la limpieza de sus cielos, que tomé de inmediato la resolución de volver sobre tan pronto como me sea posible.


Se puede hablar del Parque Natural de Nijar-Cabo de Gata desde diversos enfoques: las guías turísticas inciden mucho sobre las diferentes formaciones rocosas fruto de erupciones volcánicas hace millones de años: dacitas grises, andacitas oscuras, granates rocosos, rocas oolíticas agujereadas como un queso de Gruyère, formaciones basálticas en forma de tubos de órgano, pero bastará acercarse a una playa y recoger las piedrecitas que a lo largo de los siglos, el mar ha pulido en gemas multicolores para darse cuenta que estamos en un terreno que ha sufrido profundos cambios por efecto de los volcanes..

Podría mencionar el pueblo fantasma de Rodalquilar creado de la nada para albergar a los trabajadores de una compañía minera que montó una instalación minera para extraer oro por procedimientos químicos. Aún pueden verse hoy casas derruidas y nombres de calles tan pintorescas como “Calle de la piedra Filosofal”. Las sedimentaciones de arena y reactivos químicos, han dejado un curioso lugar donde se podría rodar con caballos en miniatura una película del Oeste en el Cañón del Colorado.


O quizá refugiarme en el tipismo de los molinos de viento, las norias, los algibes y los torreones defensivos que jalonan toda la costa


Pero si algo me ha llamado poderosísimamente la atención ha sido la vegetación. Me he encontrado con un lugar despoblado de árboles, salvo escasos eucaliptos y algunas pitas pero de una abundantísima vegetación en plena floración en el mes de febrero. Una de las ventajas de caminar es que puedes pararte a examinar plantas, fotografiar flores, aprender de boca de tus acompañantes nuevos nombres: la jara, y la jara blanca, el cantueso, el tomillo y el romero, la amarilla margarita marítima (asteriscus maritimus), los asfódelos, la retama y las aliagas, la albaida, las siemprevivas y las escondidas orquídeas ya no son un misterio. Incluso el azufaifo, de nombre tan sonoro, enorme erizo vegetal que ahora en primavera esconde sus espinas tras diminutas flores amarillas. Vegetación rampante, que aprovecha cualquier resquicio de humedad, palmitos y chumberas que la almacenan el agua, y pitas que florecen una vez, lanzan al aire su lago vástago florido y luego mueren dando origen a nuevas plantas.

 
Acuciados por la velocidad y la falta de tiempo, acostumbrados a calibrar en función de la talla, estas con frecuencia diminutas plantas pasan desapercibidas. Una de las grandes ventajas de hacer senderismo es la de volvernos a la realidad cotidiana, al pequeño detalle, a lo ínfimo y diferente. Descubrirlo en el Parque Natural de Cabo de Gata ha sido gozada y un privilegio.

13 de marzo de 2011

Una artista artesana en Tárbena

La conocí por causalidad en la celebración del cumpleaños de Marisol. Ningún lugar mejor para preparar una barbacoa que su casa, casi perdida en plena sierra, a pie de Tárbena en la montaña alicantina.
Aunque llegó a España por primera vez hace muchos años, y a pesar de seguir viviendo un poco a caballo entre su Estocolmo natal y esta región, creo que actualmente se siente tan plenamente integrada en Tárbena como se integra su casa, discreta, en el paisaje agreste de estas montañas.

Cuando llegamos a su casa, sabemos casi de inmediato que nada aquí es casual, nada tampoco es prefabricado, de serie. Cada ladrillo, cada baldosa, cada mueble ha sido concebido, diseñado y construido para convertirse en la casa de una artesana que ha integrado el arte y la belleza no sólo en su modus vivendi sino también en el paisaje cotidiano de sus quehaceres.

Me llaman poderosamente la atención los baldosines que recubren su estancia multiusos: salón, cocina, despacho, lugar de tertulias; cada uno es diferente de los demás, todos han sido fabricados, decorados, barnizados a mano por Anne Marie. Cada uno es una cerámica artística en miniatura.

Entre sus manos, las piedras se convierten en coles, las hojas de las chumberas se vuelven macizas, una bandeja se convierte en un cuadro expresionista, y unas latas de cerveza chafadas y oxidadas, se transforman en cuadros llenos de luz y de belleza, portadores de algún mensaje y que se expondrán muy pronto en una Galería de arte de Estocolmo.
Me he parado a contemplar, en su sosegada belleza un cuadro recién terminado que muestra a una mujer cargando un fardo de leña. Sonríe valiente, a pesar de la carga y su mirada de refilón parece señalar que es autosuficiente y no necesita ayuda. Sin embargo, el paisaje que la rodea es aplastante y parece subrayar su soledad. El dibujo es claro y preciso como una viñeta y el frondoso y oscuro bosque en el que se mueve ocupa el noventa por ciento del cuadro e impide cualquier atisbo de luz. No hay cielo a la vista. La mujer está despojada de cualquier adorno, y tampoco vemos caminos, ni los pies de la mujer. ¿Camina o está quieta? ¿A dónde va? ¿Es totalmente feliz en su despojada soledad? Sólo Anne Marie lo sabe. No he querido preguntárselo. Finalmente, cuando una obra sale de manos del artista, ya no le pertenece. Cada uno de los que la miramos nos apropiamos de un significado hecho a nuestra medida.

12 de marzo de 2011

"Cum Jubilo"

Esta noche, mientras dormía, me vino a la mente de forma recurrente y hasta obsesiva una melodía de juventud. Por su ritmo y su cadencia sabía que se trataba de un canto gregoriano, pero por más que me esforzaba nada me permitía localizarlo, o al menos ponerle un título.

En mi mente, los arpegios, se sucedían, se engrosaban y disminuían como hacen las olas cuando, en un día tranquilo, mueren en la playa. Oía una y otra vez girones de melodía con una sola cosa clara: el volumen crecía y se afinaba como el murmullo de un mar en calma.

Con tan escasa información, esta mañana he comenzado a investigar diversas piezas de canto gregoriano, y tras no pocos clicks en el buscador de internet, por fin encontré la cantinela que  había invadido mi mente: en efecto, se trataba del Kyrie de una misa gregoriana, pero no era el popular Kyrie de la misa “de Angelis”, sino del modo “Cum Jubilo” que se canta particularmente en las festividades de la Virgen María.

Me dejé mecer otra vez por esa bella melodía que parece una barcarola, mientras evocaba mis años en aquel colegio de Italia, y recordé a mi profesor de música, el Hno. Konstantin, aquel fenomenal músico que por entonces, aún convalecía de las secuelas que le había dejado la II Guerra Mundial.

10 de marzo de 2011

Poema


XIII
Nada de lo que diga dará cuerpo
al milagro de un pétalo. Acaricio
su vértigo y temblor, su luz en fuga
hacia la oscuridad que asperja el día
y alumbra el refulgir de su deseo,
un latido solar de la belleza.
Suave punta dormida entre mis yemas.

Jorge Valdés Díaz Vélez
Otras horas  (2010)

9 de febrero de 2011

El Discurso del Rey

El Discurso del rey

Reino Unido 2010
Dirección: Tom Hooper
Duración 108 minutos

Acabo de ver por segunda vez la película que parece predestinada a cosechar una buena brazada de estatuillas y debo admitir, que con un presupuesto relativamente humilde, Tom Hooper ha sabido componer una película muy del gusto inglés e incluso norteamericano que siempre parecen estar suspirando por la monarquía que nunca han tenido.
En efecto, creo que el Director ha dispuesto de tres factores fundamentales para hacer de la película una candidata a los Oscars: 1º Habla de la monarquía, y todos sabemos la obsesión inglesa por su familia real, pasada e incluso presente como lo demuestran películas recientes como Isabel II sin, por otra parte, adentrarse en disquisiciones históricas y políticas profundas 2º Es una película intimista, de corte familiar, que habla de carencias, de obstáculos, incluso de defectos pero que muestra sobre todo cómo con tesón y esfuerzo se pueden superar y que dan al film un marcado aire de veracidad.


Colin Firth, que sabe por experiencia propia lo que es el miedo escénico,y el pánico que le provoca plantarse ante el micrófono, interpreta un rey, titubeante, apocado, irascible a quien el sentido del deber, las circunstancias históricas y una esposa simpática y comprensiva empujan a vencer su tartamudeo. Por otra parte, Geoffrey Rush borda su papel de terapeuta socarrón, malhablado, irrespetuoso y poco ortodoxo pero capaz de inspirar confianza y de provocar las confidencias. Entre los actores secundarios cabe destacar a Michael Gambon en el papel de Georges V que, en unos pocos minutos de escena, traza con auténtico acierto el nuevo papel de la monarquía, actores obligados representar a su personaje las 24 horas del día. Me ha gustado Helena Bonham Carter y no me ha costado ver en ella, con una pila de años más, a la longeva Reina Madre y sus impresionantes sobreros.


Pero es que además la película mima los detalles: los encuadres, fijémonos por ejemplo en el ominoso y amenazante micrófono de los primeros planos, el vestuario: los impecables smokings de Saville Road, los decorados: tanto de palacio como del destartalado piso del Lionel. A ello debemos añadir la música de Alexandre Desplat que da a la película una solemnidad que contrarresta los chascarrillos y las palabras malsonantes del logopeda.


Por último, decir que en España tenemos la suerte de contar con fantásticos dobladores y traductores. Ciertamente se trata de una película en la que la versión original aporta matices que pueden pasar desapercibidos en la versión española, pero creo que han sabido sacar partido a un amplio abanico de expresiones en nuestro idioma que reflejan con exactitud la versión original





7 de febrero de 2011

"El Camín Encantau"


Con un día espléndido, una sección de la Agrupación Deportiva de Montaña “Suances”, hicimos ayer “El Camín Encantau” y la verdad es que personalmente hubiera quedado muy “desencantau” si no llega a ser porque nuestro guía, Eduardo, supo añadirle esa pizca de aventura necesaria para todo senderista que no se resigna a los paseos trillados alrededor de un parque.


“El camín encantau” me parece por otra parte una feliz idea de la Consejería de Turismo de Asturias para animar a las familias con niños pequeños a que salgan los domingos y hagan recorridos a pie. En este caso, el circuito de 7 u 8 kilómetros, tiene una dificultad muy moderada y para aliciente de los más pequeños está jalonado de tallas en madera de nogal con algunos de los personajes mitológicos del folklore asturiano: El Pataricu, El hombre del sacu, El Busgosu o el Nuberu; o de personajes emblemáticos como El Segador, el Jugador de Bolos, La Lavandera o la Castañera. Nos movemos en un entorno encantador de robles, castaños, eucaliptos, y algún que otro boj centenario.


Por nuestra parte, al llegar a Villanueva, y orientados por personas del pueblo que salían de misa, partimos barranco arriba en busca de una cascada a dos o tres kilómetros del pueblo. La ascensión por caminos a penas esbozados, sorteando pedruscos y espinos y vadeando el arroyo no fue fácil, pero a medida que ascendíamos, el murmullo del agua iba creciendo y el paisaje que desde allí divisábamos se abría al valle y a las nevadas cumbres cercanas. El esfuerzo mereció la pena. La cascada no tiene un caudal excesivo, pero el agua cae desde una altura considerable. El pueblo cercano capta el agua en la cascada y la lleva para uso doméstico a través de  tuberías flexibles. Regresamos a Villanueva no sin antes hacernos una foto de grupo a pie de un enorme y vetusto castaño. El pórtico de la iglesia se convirtió en nuestro improvisado comedor y ya relajados y casi como haciendo tiempo, bajamos hacia Ricaliente donde nos reuniremos con el grupo de escaladores y con el autocar que nos devolvería a Suances.

31 de enero de 2011

Georges Rouault: El Viejo payaso

El viejo Payaso 1917-1920
Óleo 102 x 75,5 cm
Colección Particular


Está a punto de clausurarse la amplia Exposición que el Museo de Bellas Artes de Bilbao viene ofreciendo de Georges Rouault (1971-1958). Siendo aún un joven estudiante en Francia, vi en algún lugar, un cuadro o una vidriera suya y quedé cautivado por ese aire de serena y triste resignación que emana de su pintura. Discípulo, al igual que Matisse, de Gustave Moreau, muy pronto se aleja del fauvismo y experimenta con una pintura realista, que se fija en la condición humana, el mundo del circo, de las bailarina y prostitutas y en general de todos los que bajo una máscara u otra llevan el dolor escondido y no pueden evitar que asome en sus ojos. De convicciones profundamente cristianas, ve en todo hombre sufriente, la imagen de Cristo escarnecido, y a lo largo de los años su trazo su vuelve más grueso, lo que recuerda quizá sus años como aprendiz vidriero, y la pintura se carga de materia hasta parecer casi un bajo relieve.


“El viejo payaso” pintado entre 1917 y 1920 es un buen ejemplo de lo anterior. Sobre él comenta el pintor “Tras la brillante máscara, todos escondemos un alma atormentada, un drama”; Tal es el mensaje que Rouault lanza con sus imágenes de payasos. Un contraste que en este caso es evidente: la blancura del maquillaje, el pequeño sombrero o el atuendo decorado y festivo que se adivina no hacen más que subrayar las arrugas del personaje, sus enormes ojos y, en suma, la infinita expresión de tristeza de su rostro.

30 de enero de 2011

Ruta del Ebro: GR99 - 6ª Etapa


No pretendo hacer una descripción exhaustiva de esta ruta del Ebro que recién incorporado a la Agrupación de Montaña “Suances” he compartido en su sexta etapa entre Pesquera de Ebro y Manzanedo en la provincia de Burgos.

A los que hemos vivido muchos años en Burgos el paraje nos trae reminiscencias: excursiones escolares a Orbaneja del Castillo, y blancos acantilados fugazmente vislumbrados mientras subimos el puerto de Carrales camino de Santander.

Nevaba cuando salimos de Torrelavega, seguimos con nieve entre Reinosa y Carrales y la bajada a Pesquera de Ebro fue por momentos laboriosa para los autocares que llevaban a los 84 excursionistas que emprendíamos esta sexta etapa del GR 99 que bordea en sus más de 1200 Km los márgenes del Ebro. Hoy tocaba empezar en Pesquera de Ebro, silencioso a esa hora de la mañana del domingo. Hace frío pero luce un sol esquivo que sólo logra hacernos avivar el paso. En Pesquera me llama la atención el escudo de armas y sobre todo la curiosa leyenda en la fachada de una casa. Salvo en breves trechos del camino, al entrar o salir de los pueblos, la ruta, primorosamente marcada, discurre al mismo borde del río que en este lugar, y una vez que ha cavado un amplio y frondoso lecho, discurre manso entre hayas, robles y quejigos.
Sin desviarnos, vemos la torre de la iglesia románica de Colina y muy pronto, al otro lado de la corriente empezamos divisamos las primeras casas de Villanueva Rampalay. Cruzamos el río por el viejo puente medieval y a su vera izquierda, seguimos camino hasta Tubilleja que tras un breve alto dejamos para llegar a Tudanca, una aldea que conserva todo su encanto rural con su gran campa verde en la que picotean las gallinas y el río que parece haberse ensanchado en este lugar para que en su espejo se mire completa la montaña vecina y agrupe en su arco las casas y la iglesia.

 Nosotros aprovechamos el lugar para almorzar, y lamentamos que la cantina del pueblo no tenga cafetera y no podamos meter algo caliente en el estómago en esta fría mañana de enero. Al menos hemos cogido fuerzas y las necesitamos pronto pues las paredes rocosas van encajonando el río y nos obligan a subir zigzagueando por una estrecha senda que con cerrados y empinados bucles nos lleva al Portillo del Oso. El esfuerzo tiene su recompensa. Desde esa altura divisamos un largo trecho del Ebro festonado de verde y vigilado de cerca por los altos muros calizos que lo encuadran. A partir de este punto sólo queda bajar entre carrascas hasta llegar nuevamente a orillas del río que nos encamina hacia Cidad de Ebro y su ermita románica de la Virgen Blanca. El río aquí se ha vuelto perezoso y forma un amplio meandro. Llegamos a Manzanedillo y tras cruzar de nuevo el Ebro por un pontón subimos hasta Manzanedo fin de nuestra etapa. Han sido 18,5 Km de fácil y agradable caminar, de sosegada escucha de los murmullos del río y de estrecha comunión con la naturaleza.