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28 de julio de 2020

Biografía indeseada

Hace muchos años escribíamos nuestras biografías con pluma y papel en  cuadernos y en diarios , pero como ahora eso ya no se lleva vamos plasmando nuestro día a día en esporádicos mensajes gráficos y fotográficos en teléfonos, tablets o laptops y a través de las redes sociales de facebook, twiter, instagram o tantas otras.

Sin haberse modernizado a lo largo de los años, ni cambiar de aplicación, nuestro cuerpo escribe mucho mejor y de manera indeleble, en nuestro propio cuerpo el historial de nuestras alegrías y disgustos, nuestros excesos y accidentes, nuestras  penas, nuestras enfermedades y dolencias.

Sin ser conscientes de ello, día a día, se van esculpiendo en nuestro cuerpo y llega un día que nos da por mirarnos y a penas nos reconocemos: ese rictus en la cara, esas arrugas en torno a los ojos,  ese enrojecimiento de las palmas de las manos, esas descamaciones de la piel, las excoriaciones de las rodillas, los dolores lumbares, la rigidez en la espalda,  las migrañas, los olvidos, los moratones y las verrugas  son un relato que sin exclamaciones ni signos de interrogación proclaman alto y claro nuestra historia.

Acontece sin embargo que contrariamente a lo que  ocurre cuando escribimos, y el papel acepta todo lo que le contamos, aquí solo podremos disimular por un tiempo, pero nunca engañar del todo y menos a nosotros mismos.  Por mucho que nos empeñemos en ocultarlas nuestras pequeñas miserias acaban saliendo a la luz y a cada momento nos recuerdan nuestra historia.

3 de septiembre de 2014

Finanzas bajo Escrutinio


Hace unas semanas las prestigiosa revista norteamericana Fortune publicaba un extenso y elogioso artículo sobre las finanzas de la  Iglesia Católica y la ingente labor que el  Papa Francis está realizando para  despejar el oscurantismo que hasta ahora las envolvían,   restablecer la credibilidad y las buenas prácticas de la Banca Vaticana y para cambiar por laicos  a los miembros de la curia que hasta ahora  se encargaban  de gestionar  su contabilidad.

El Empeño del Papa es encomiable  y aunque todo no  está terminado, según Fortune se estarían dando los pasos correctos  hacia una mayor transparencia.  Esperemos que el ejemplo  que da a la Iglesia Católica el Papa Francis cunda también   y  desciende  a los niveles de diócesis y parroquias.  ¿Son igual de transparentes  que lo intenta ser el Papa Francis?  Y las Órdenes y Congregaciones religiosas?  ¿Quién controla su contabilidad? Que sabemos de las cuentas  y finanzas de  Organizaciones como  Jesuitas, Opus Dei, o ursulinas?

Curiosamente en el  Bangkok Post del lunes  aparece una curiosa encuesta sobre  el dinero  de los templos budistas.  En un país donde  el budismo es la religión oficial del país y practicada  de forma activa por más del  90% de la población  leo  sorprendido el siguiente titular: ”Una encuesta señala que los budistas desean la  transparencia  contable de sus templos”.  La encuesta señala así mismo que   los templos y sus monjes debieran declarar sus  bienes    aunque dichos bienes  estén  exentos de  pagar  impuestos.

En concreto , en dicha encuesta realizada entre 1254 budistas de diversos niveles de educación y ocupación sólo un 10,6 % cree  que los templos  llevan sus cuentas de forma transparente frente al  58,2% que cree todo lo contrario.  Cerca del 87,2%  cree que los templos debieran estar obligados a declarar anualmente sus bienes ante La Oficina Nacional del Budismo.  y un 78% cree que los monjes debieran hacer lo mismo  por razones de transparencia.  Algunos de los encuestados creen  que los templos  están cayendo en el  mercantilismo y que  estas declaración de bienes contribuiría a que prevaleciera la transparencia.  Cuando se preguntó a los encuestados  si las diversas formas de limosas y donativos  debieran estar sujetas  al pago de impuestos  un mayoritario 82,8 % se declaró contrario a la medida mientras  el resto contestó afirmativamente o se abstuvo de contestar.

Como vemos, en todos los sitios se cuecen habas,  esperemos que muy pronto la Iglesia Católica abra puertas y ventanas y ventile los rincones  oscuros de algunas de sus arcaicas instituciones.  Al menos servirá para acallar a los ignorantes que hablan de las fortuna de la iglesia confundiendo  los tesoros arqueológicos  patrimonio de los lugareños cuando no de toda la humanidad,  con el dinero con el que a veces  malviven esos curas de parroquia  que tanta ayuda  y consuelo  aportan a los más desheredados de la fortuna.




30 de julio de 2014

Meditación Budista


En el texto que sigue trato de hacer una interpretación  personal de lo que entiendo por meditación budista. Puesto que parto de consideraciones fruto de mis lecturas y vivencias personales presento sobre todo una reflexión personal y por consiguiente subjetiva, sobre lo que entiendo por meditar y sobre la meditación budista en general.

Cuando hablamos de meditación a secas podemos estar hablando de cualquier cosa: reflexión, introspección,  contemplación,  repetición hipnótica de mantras  o incluso arrebatos místicos.  Para hablar de meditación por consiguiente, es  imprescindible hacerlo refiriéndonos a  una tradición:  cristiana, sufí, budista,  pero sobre todo a un objetivo.  Un monje  budista,  un cartujo,  un lama  o  un derviche  pueden  utilizar  posturas corporales, y métodos para centrar la atención  muy similares, pero dado que los objetivos que cada uno busca son muy diferentes, la meditación será también diferente.  Personalmente creo  que la meditación es ante todo una experiencia  personal  que tiene que ver con la búsqueda de  nuestra  unicidad. 

Es parte de nuestra naturaleza vivir la dualidad de mente, alma, espíritu o como queramos llamarlo y cuerpo   como dos realidades que conforman nuestro ser  pero que raramente coinciden y que actúan  de forma  independiente  y a veces antagónica.  Nuestros pies nos llevan a un lugar pero nuestra cabeza  sigue pensando en el lugar del  que hemos salido;  nuestros ojos contemplan un paisaje, pero nuestra imaginación  se recrea en otra escena;  alguien nos  habla de sus problemas pero pensamos  mientras le escuchamos en  qué vamos a hacer mañana;  queremos cambiar una mala costumbre pero  hacemos  lo contrario de lo que nos proponemos.   Pues bien, creo que meditar es ante todo buscar  esa  concentración de cuerpo, mente, alma, espíritu,  o  facultades humanas  en  un solo y único objeto:  respiro y mis pulmones,  mi voluntad,  mi atención, mi imaginación sólo viven esa unicidad que es el acto de respirar.    A veces  me lo explico a mi mismo con la imagen de aquellas cámaras fotográficas  que antes de la era digital teníamos que enfocar:  aparecía en el visor  la imagen que queríamos fotografiar como desdoblada, y a base de girar la ruleta íbamos haciendo que las dos imágenes se superpusieran  exactamente  en una sola.  Pues bien, algo parecido ocurre al meditar: enfocamos, centramos,  nuestro cuerpo nuestra mente, nuestro ser  nuestras energías en  un solo acto  evitando cualquier tipo de dispersión  y durante el  mayor tiempo posible.  ¿Pero, para qué?

 Pues bien, cuando hablamos de meditación budista podemos decir que la práctica de la meditación    “bhavana” o “cultivo de la mente” es una predisposición a situarnos  en la realidad para de ese modo aprehenderla mejor, y así erradicar  de nuestra vida el “dukkha” o sufrimiento  que podríamos quizá  matizar como angustia existencial.
 Como ya sabemos , casi desde el inicio del budismo  surgieron  en los países por los que se fue extendiendo diferentes escuelas de práctica budista:  budismo Mahayana en el  Tibet y Nepal, Confucionismo en China, Taoismo   en Japón. etc.
En el Sudeste asiático, en Tailandia,  predominó la práctica del Budhismo Theravada  y aunque se conocen más de cuarenta  métodos meditativos todos ellos tienen dos componentes básicos  que se denominan “Samantha” o calma mental  y tranquilidad  y “Vipassana”  o conocimiento directo e intuición. Se considera que los métodos derivados del “samantha”   preceden y sirven  para preparar  la meditación “Vipassana”.  En cualquier caso, todas las formas de meditación, sirven en último caso para “cultivar la mente” y evitar el sufrimiento, es decir, para contrarrestar  los cinco agregados que lo producen, a saber: 1  mente, cuerpo;  2  sentimientos y sensaciones;  3  percepción y memoria;  4  estados mentales  y  5 conciencia.

Las técnicas de meditación varían según las diferentes escuelas pero se intenta siempre predisponer una determinada condición mental que favorezca el “estado de máxima atención y tranquilidad”. En el núcleo central de toda  meditación budista hay una observación tranquila y atenta tanto de los propios procesos mentales como de los fenómenos de la vida.  Pese a la variedad de tradiciones, técnicas y variantes meditativas, es difícil que en una tradición budista no se encuentre por lo menos señalado aquello que ocupa la tradición de las otras.  De cualquier forma y a modo de descripción de rasgos distintivos  podemos decir que  el Budismo Therevada hace hincapié en el análisis y descripción de los diferentes estados de meditación.   Desprovisto de cualquier ritual y con un fuerte componente de estudio, enfatiza un camino progresivo de práctica para pulir los progresos del practicante. El análisis y la sistematización de la experiencia meditativa es por consiguiente la característica principal de Budismo Theravada.
Por su parte, el Budismo Zen destaca el carácter intuitivo y espontáneo de la sabiduría. Intenta buscar una armonía natural en el individuo que le predispone a realizaciones directas e intuitivas, evitando el dualismo en la comprensión de la realidad  En contrapartida, en el budismo Tibetano sobresalen los mecanismos simbólicos e inconscientes de la mente. Es una práctica ritualista que intenta establecer  nuevos patrones psicológicos para aumentar la comprensión de la realidad a niveles profundos. Es la más simbólica y mágica de todas las tradiciones budistas.

Cuando leo y pienso sobre meditación budista y más particularmente sobre la meditación practicada en la escuela Theravada, no me siento muy lejos de San Juan de la Cruz o de Santa Teresa. Me concentro en la respiración, en los  latidos del corazón, en mi realidad física, pero no como algo mágico que por si sólo va a operar en  mi una transformación, sino como una manera de evitar la dispersión de mi mente, como una forma de estar entero en el lugar y momento que estoy, para propiciar esa  atenta pero sosegada  quietud  y tranquilidad que Santa Teresa resumía a su manera castiza con ese “Mira que te mira Dios”.

18 de julio de 2014

Voluntarios


Vienen de cualquier país: Inglaterra, Australia, España, Singapur. Unos estudian, otros trabajan; son profesores, enfermeras, cocineros, electricistas,  vienen a compartir con nosotros unas semanas de su tiempo, un poco de su dinero, pero sobre todo a compartir con nosotros su entusiasmo, su disponibilidad, sus ganas de ser  útiles, de ayudar, de enseñar y de aprender.
Por mucha preparación que se haya tenido, por más que se haya leído sobre el país que se visita  o el trabajo que se va a realizar, nada es realmente como uno  lo figuraba.  El proyecto es claro, la misión también, pero en estos países muchas cosas, necesariamente tienen que dejarse a la improvisación del momento,  la benevolencia del clima, las festividades religiosas que se presentan o incluso la inesperada  ausencia de los obreros a quien se supone se viene a ayudar. El tiempo discurre de otra manera y nuestras mentes cuadriculadas creen estar perdiendo el tiempo si cada  momento de la jornada no tiene una tarea asignada.  Pero estar quieto, mirar, dejarse impregnar por el ambiente es parte de la experiencia.

Trabajar  chapoteando en el barro hasta media pierna, acarrear canastas de grava, arena o ladrillos, sentirse indefenso ante las picaduras de mosquitos y otros insectos, y sonreír al final de la jornada, tener humor para dejarse abrazar por los niños o incluso transportar dos o tres sobre los hombros es digno  de admiración.  casi todos tienen la inmensa suerte de interactuar, jugar, enseñar, divertirse con  los niños.

Según me cuentan, meses después, las ampollas en las manos se curan, las picaduras de insectos se olvidan, pero lo que  no podrán  olvidar es esa  sonrisa  hecha de dientes como perlas, de labios abiertos y de ojos  chispeantes como estrellas.  Lo que recordarán siempre  son los abrazos espontáneos, las manos tendidas que se enganchan  en tus dedos y es difícil  sacudir. 


Las pequeñas compensaciones  por  venir tan lejos,  la vegetación exuberante,  el colorido de las tribus con  su música y sus bailes,  la extensión de los lagos y  la majestuosidad  los ríos y de las cascadas  palidecen  ante la dimensión humana de la experiencia.  Recuerdos  inolvidables  como las anécdotas de la convivencia,  el paseo a lomos de elefante o el descenso de  un río en una estrecha  balsa de bambú,  quedan en desventaja cuando  después de un tiempo se  revive en el recuerdo el tiempo de voluntariado.

Veo partir grupo tras grupo, y mi admiración va con ellos. Admiro su generosidad, su espíritu de sacrificio y su alegre  generosidad.  Olvidaré algunos nombres, pero lo que yo tampoco olvidaré es haber compartido con ellos una algo más dilatada experiencia, pero  idéntica  disponibilidad  solidaria.






2 de diciembre de 2012

Club de lectura


Ayer, celebrábamos en Suances una entrañable efeméride: nuestro  Club de lectura celebró su décimo aniversario.  Era para celebrarlo.  Cuántas veces proyectos culturales como éste,  nacen,  tienen dos o tres años de esplendor y luego, sin saber muy bien las razones  se marchitan, pierden adeptos, y acaban desapareciendo.
Llevo  sólo dos años en el club de lectura y he podido constatar el entusiasmo que anima a nuestro grupo.  Los libros propuestos no son necesariamente siempre del gusto  de todos nosotros, pero procuramos asistir todos a esas  reuniones del club  en las que  de manera  casi espontánea,  aunque sabemos que no lo es,  nuestra moderadora,  nos lleva a  reflexionar sobre nuestra lectura y a  enriquecernos con las ideas,  sentimientos y emociones de  todos y cada uno de los miembros del club que han leído en mismo libro  y sin embargo han sabido ver cosas que quizá   nosotros hemos pasado por alto. 
Cada libro que he leído en el club de lectura es como si lo hubiera mirado a través de un  prisma de doce caras cada una con matices de color propias.  Por eso, no puedo dejar de añadir  una cita  de la última  novela de Amin Maalouf,  “ Los Desorientados”   que dice:
“Se habla muchas veces del hechizo de los libros. No se dice lo suficiente que es por partida doble. Está el hechizo de leerlos y el de hablar de ellos. Todo el encanto de un Borges está en que leemos las historias que cuenta mientras sueña con otros libros inventados, soñados, fantasmagóricos. Y, en el espacio de pocas páginas, tenemos los dos encantamientos a la vez.
He podido, en mi vida, notar con frecuencia esa virtud de los libros. Pero fue ese día cuando la descubrí. Estás con una extraña, te pregunta que estás leyendo, o se lo preguntas tú, y, si los dos pertenecéis al universo de los que leen, ya estáis a punto de entrar cogidos de la mano en un paraíso compartido. Y, como un libro llama a otro vais a saber juntos de hazañas, de emociones, de mitos, de ideas, de estilos, de esperanzas”.
  

3 de septiembre de 2011

"Siempre duele hablar de la felicidad del pasado"



 El otro día oía una frase que aunque me sonó bonita me dejó pensativo: “Siempre duele hablar de la felicidad del pasado”. Sólo estaría de acuerdo con esta afirmación si lleno de nostalgia me negara a seguir avanzando. El pasado puede haber sido hermoso, los recuerdos imborrables, su evocación placentera, pero es pasado, y por consiguiente ya no es vida. La vida es devenir, la vida es lo que me espera, la vida es lo que sigo construyendo, lo que falta por construir. No hay motivos para que sea menos placentera que la que ya fue. Será diferente, serán otras las personas que nos acompañen, otros los paisajes, otros los caminos, pero seguimos siendo nosotros los que vivimos, los que amamos los que espigamos la belleza a lo largo del recorrido, los que seguimos aprendiendo de los errores de entonces.

Por largo que sea el sendero andado, ya no es . La inmensidad del instante se abre ante mí, ofrecido, generoso, para que lo viva en plenitud, lleno de esperanza por éste y por los instantes que vengan, sin arrepentimientos, sin nostalgias, sin echar nada en falta. Todo lo que somos se lo debemos a nuestro pasado, por consiguiente sigue ahí con nosotros. La felicidad consiste precisamente en disfrutarlo construyendo con él nuestro propio futuro.

28 de agosto de 2011

A la JMJ se le cayó una C

Ahora que ya se han desmantelado los grandes escenarios de Cibeles y Cuatro Vientos , cuando ya no se ven por las calles de Madrid bulliciosos mochileros luciendo sombreros y camisetas rojas o amarillas con tres letras estampadas, ahora que ya no es momento de polémica sino de tranquila reflexión me pregunto: ¿No se olvidaron los organizadores de añadir una C a las tres simétricas siglas? Ciertamente, quizá dañaba la eufonía del eslogan pero ¿no hubiera sido más exacto y más honesto?


Admirable como ha sido esta concentración de jóvenes, siguen sin representar el amplio espectro de la juventud mundial. La Iglesia Católica y el Papa, tienen una enorme capacidad de convocatoria y lo han demostrado, pero me imagino que los que se han concentrado en Madrid han sido sobre todo jóvenes católicos, por lo que hubiera sido más honrado llamar a las cosas por su nombre y haber rotulado el evento como “Jornada Mundial de la Juventud Católica”. No es lícito utilizar provechosos sobreentendidos con fines propagandísticos. La juventud mundial está también compuesta por musulmanes, budistas, y ateos que obviamente no estaban convocados a esta Jornada Mundial de la Juventud.

Dicho esto y sin ánimo de más polémica, me hago una segunda pregunta, no menos importante: ¿Cuál es la fórmula que consigue que, de pronto, aparezcan concentrados un millón de jóvenes católicos que sin embargo parecen estar ausentes de las iglesias en las misas de los domingos? No hay una respuesta única: la atracción del viaje, el poder de convocatoria , la organización casi impecable, la euforia colectiva…., seguramente forman parte de la respuesta. Pero no pueden ser “la respuesta”. Estos jóvenes han venido en busca de algo más. Cuando los ideales se desmoronan, cuando los valores morales parecen diluirse en el relativismo, cuando ser cristiano no está de moda, creo que la juventud busca respuestas, busca sobre todo una esperanza a la que aferrarse y una voz que les guíe y de sentido a sus vidas.

27 de agosto de 2011

Como veníamos diciendo...

No, no pretendo equipararme a Fray Luis de León, ni la prolongada interrupción en mi blog tiene nada que ver con un encarcelamiento. Necesitaba parar, agarrar la vida por la solapa y preguntarle qué hacer mientras el viento sople aún a mi favor.
No he encontrado una respuesta. Tampoco albergo nuevos proyectos. Quiero seguir escribiendo para sacar de dentro tormentas, batallas y rumores y dejar que quizá de vez en cuando destile también una gota de bálsamo.

14 de diciembre de 2010

Hospitalero en el Camino de la Plata

El Lazarillo de Tormes
Preciosa estatua a orillas de este manso y sinuoso Tormes que abraza por el talle a Salamanca. Nos recuerda a la genial pareja y evoca toda la chispa y gracejo de nuestra picaresca.
He bajado varias veces a orilla del río, para observarla con diferentes luces, para encuadrarla bajo otros ángulos. Me fijo en ese anciano que mira al cielo porque sus ojos vacíos y su ruin corazón le impiden acercarse a la tierra. Abandona la ciudad y camina con paso firme apoyándose en el esquelético muchacho que con aire ausente, parece estar fraguando su próxima treta para conseguir algo de comida.

En esta época de crisis, pienso en el Lazarillo que deberíamos llevar todos dentro, para permitirnos sobrevivir, porque sabemos “apañarnos”, porque los tiempos nos obligan a agudizar el ingenio, cambiar viejas rutinas, usar nuevas aptitudes o sencillamente acortar nuestras metas, adelgazar necesidades y estar dispuestos a contentarnos con menos.

Hospitalero en el Camino de la Plata

Entre Rejas

Al ver esta imagen pienso en los dos peregrinos que han dormido esta mañana en el albergue… No hacen el camino, viven en el camino. Todas sus pertenencias caben en la mochila. Son amables, filósofos, y van buscando un algo que no saben definir. Pero no les ofendas diciendo que son mendigos… a su manera son peregrinos y su viaje se confunde con su vida.
Para ellos, quizá para nosotros también aunque nos de miedo confesarlo, por muy labradas que estén las piedras, por bello que sea el edificio, a pesar de la perfección de las rejas toda atadura es una cárcel.
Han optado por ser pájaros, vivir del aire, y volar fuera de cualquier jaula por muy dorada que sea.

7 de agosto de 2010

Ser profesor es un privilegio...


Hace unos días recibí una emocionante misiva. A través de Facebook me llegó una carta de agradecimiento de alguien que fue alumno mío allá por los años 70. Aunque me dice su nombre y apellido soy incapaz de poner un rostro a ese nombre. Sin embargo, él me recuerda detalles de mis clases que me asombran y me conmueven.

No me he emocionado tanto por las cosas agradables que dice, como por el gesto en sí mismo de alguien, que rondando la cincuentena, se ha tomado la molestia de buscarme en Google y en Facebook para darme las gracias por mis clases de francés y de literatura francesa.

¿Quién me iba a decir a mí que unas clases impartidas hace un montón de años iban a seguir produciendo aún hoy una onda expansiva capaz de inducir , al alumno de ayer, hombre ya hoy, a escribir una carta de agradecimiento tan emotiva?

En un momento en que tantos profesores se sienten desanimados por la poca estima que reciben, por los problemas con los que se encuentran para desempeñar su labor, traigo aquí este pequeño testimonio como homenaje a su labor y a sus insospechadas consecuencias.

12 de marzo de 2009

Para pensar


Trato de recordar en qué libro reciente fue y no lo logro, pero en algún sitio de ese libro se decía:

"Sólo un consejo te voy a dar: Nunca permitas que la idea, la doctrina, prevalezca sobre las personas".

Cuántas veces nos obcecamos en defender nuestra posición, nuestro punto de vista sin tener en cuenta a las personas. Nos escudamos y defendemos detrás de conceptos tales como el reglamento, las normas, lo acordado, el contrato, los principios, incluso los mandamientos de la ley de Dios, para amordazar el corazón y mantenernos en nuestros trece, para no dar el brazo a torcer o sencillamente para justificar nuestra cobardía.

Hace ya muchísimos años, estando de vacaciones en un pueblecito cristiano de Tailandia, recibí una lección magistral en el mismo sentido. Recién empezada la misa del domingo, el sacerdote fue avisado de que una de sus feligresas estaba muy enferma. Despojándose de sus vestimentas, nos dejó plantados en la iglesia sin más explicaciones. Los murmullos de desaprobación y de escándalo no tardaron en hacerse oír. El domingo siguiente, sin emabargo, le oímos la siguiente explicación: si la anciana a la que asistí el domingo pasado y a quien administré una dosis de morfina, sufrió un poco menos en su tránsito al más alla, seguramente valió la pena suspender una ceremonia a la que acudimos todos los domingos, sin estar de verdad convencidos de por qué lo hacemos.

17 de septiembre de 2008

Amistad hombre-Mujer


“Una amistad profunda, después de todo, es un afecto apasionado hacia otra persona y yo creo que en el fondo de toda gran amistad hay un componente amoroso, aunque no exista un deseo erótico. Este componente es más fuerte en la amistad entre personas de distinto sexo, lo que da un valor muy alto a la amistad entre hombre y mujer, no sólo por la percepción de ese componente, sino porque nos enriquece mucho más que la amistad con nuestro mismo sexo al aportarnos una visión distinta de las cosas. Creo que en toda gran amistad hombre-mujer hay un fondo de enamoramiento mutuo y eso nos lleva a una situación sensual fabulosa, combinada con el placer intelectual del intercambio y con, a veces, la ilusión de lo que podría haber sido amor. Un amor que, al no realizarse como tal, no produce nunca el desengaño.”

José Luis Sanpedro
La escritura necesaria

Retomo hoy este pequeño extracto de la interesantísima biografía del escritor, economista y filósofo José Luis Sanpedro para reflexionar sobre las relaciones de amistad hombre-mujer.
Tengo muchos amigos y no pocas amigas y tengo que admitir que en términos generales estoy de acuerdo con el escritor. Es cierto que mis amistades masculinas han sido algunas veces más profundas y casi siempre más desinhibidas, menos cautas, menos formales, que mis relaciones con personas de sexo diferente, pero también es cierto que cuando se han establecido claramente los términos de esa amistad las relaciones con mis amigas han supuesto un importante contrapeso a mis prejuicios, posiciones radicales, incomprensiones y brusquedades. Es como cambiar de filtro en fotografía. El paisaje es el mismo, pero las tonalidades, los matices, han cambiado

En otro tiempo, participando en un foro me hice una serie de preguntas que me contesté a mis mismo de la manera siguiente:

Son idénticas mis reacciones ante un amigo o una amiga?
La respuesta es "no". Creo que culturalmente hemos sido programados para reaccionar de manera diferente. Mi amistad con mujeres tiene un componente afectivo que en el caso de los hombres se transforma en algo más viril, algo bruto, que nos se identifica más con nuestra manera de ser.

¿Hablo de las mismas cosas con mis amigos que con mis amigas?
La respuesta es de nuevo "no". Con mis amigos hablo de cosas que indirectamente me afectan: trabajo, hobbies, deportes, literatura; pero por más que me analizo, casi nunca hablo de sentimientos. Con mis amigas, el tema principal de mis conversaciones gira en torno a los sentimientos. Míos propios o de otros.

Cuando planteo una pregunta personal, ¿recibo la misma respuesta independientemente del sexo del interrogado?
Una vez más, la respuesta es "no". Mis amigas suelen dar respuestas con enfoques diferentes. Ni mejores ni peores. Simplemente diferentes. El aspecto psicológico, emotivo tiene una mayor preponderancia.

¿La amistad con mis amigas tiene o podría tener un componente amoroso?
Si por amoroso entiendo "afectivo, cariñoso, más emotivo que con un hombre", la respuesta es positiva. Es evidente que esos sentimientos pueden derivar en algunos casos hacia relaciones de componente emocional mas comprometido o incluso de enamoramiento. Pero no es necesariamente el caso, y afortunadamente gracias a ello la permanencia de mi amistad está asegurada.

5 de septiembre de 2008

Arrugas en la mente

Las empresas dedicadas al cuidado de la piel están de enhorabuena. Todos nos apuntamos a sus servicios, hombres y mujeres porque todos huímos del envejecimiento. Las arrugas nos asustan. No queremos enfrentarnos en el espejo con nuestro propio envejecimiento, Sentimos miedo, nos irritamos y nos deprimimos.
Curiosamente sentimos menos terror ante el envejecimiento cerebral. ¿Será porque las arrugas de la mente no se ven? ¿Será quizá porque no veden cremas especiales ni remedios milagrosos en las dermofarmacias?

Sin embargo existe un remedio infalible y baratísimo para retrasar las arrugas de la mente: seguir aprendiendo.

La curiosidad intelectual, el afán por leer, por aprender cosas nuevas, por disfrutar de las ciencias y de las artes es el mejor antídoto contra el envejecimiento del alma.

28 de julio de 2008

Los lenguajes del amor


- ¿Cómo puedes decir que no te quiero, con todo lo que yo he hecho por ti? ; Quién te compró el collar de perlas? ¿quién saca todos los días al perro y de paso baja la basura?
- ¿Os suena esta frase? ¿o esta otra: “Te pasas todo el día limpiando la casa, haciéndome comiditas y ocupándote de los niños, pero no tienes un minuto para preguntarme por mi trabajo”?

¿Quién puede poner en duda de que todas esas acciones son gestos de amor? Por qué entonces, en lugar de satisfacernos crean frustración o no son bien entendidas?

¿No es cierto que a veces una mujer prefiere una cena romántica fuera de casa a un collar de perlas?

El Doctor Chapman, destaca las cinco maneras básicas en las que las personas expresan y reciben amor: a través del contacto físico, compartiendo tiempo e calidad con las personas, haciendo regalos, con actos de servicio o a través de las palabras. Los demoniza “lenguajes de amor” porque gracias a ellos podemos comunicar y recibir amor de forma directa y clara.

Cada persona tiene uno o dos lenguajes específicos con los que se siente especialmente cómodo para percibir y expresar amor. A veces expresamos amor en un lenguaje y deseamos recibirlo en otro. Si nadie nos habla en nuestro lenguaje de amor, nos resultará difícil sentirnos amados. Intentaremos provocar en los demás la expresión de amor en el lenguaje que entendemos mejor y sentiremos frustración si no lo conseguimos.

La parte difícil del caso estriba en que no siempre nuestra pareja expresa explícitamente el tipo de lenguaje que desea recibir en un momento determinado. Nos esforzamos por satisfacerle o satisfacerla con actos de servicio y lo que está esperando es que le o la escuchemos.

Para descubrir el lenguaje de amor de nuestros hijos o de nuestra pareja, debemos fijarnos en aquello que tienden a reclamar más a menudo: “Quisiera irme de viaje contigo, a solas”; tomar nota de sus quejas más frecuentes, como por ejemplo: “Nunca me abrazas”; y ofrecerles opciones de ocio y de tiempo compartido, para ver qué lenguaje de amor prefieren. Si nos acostumbramos a dar y recibir amor en todos los lenguajes, lograremos cortar ese nudo de incomunicación que a veces se establece entre nosotros.

Un amigo, recientemente divorciado, se lamentaba de no haber entendido a su esposa y de haber confundido las prioridades y me resumía lo que trato de expresar en esta sencilla reflexión cuando me decía: “He trabajado toda mi vida para que mi mujer y mis hijos vivieran como reyes y se hubieran contentado con un beso todos los días, aunque fuera en una choza”.

1 de junio de 2008

Dímelo hilando


En las montañas de León, en las largas tardes de invierno, se reúnen las mujeres del pueblo a contar historias mientras hilan la lana. Cuando una de ellas se embelesa en su historia y se olvida dell trabajo las otras la reconvienen diciendo: "Dímelo hilando".

Cuantas veces nos embelesamos nosotros también con nuestra historia y nos olvidamos de "hilar". El refranero español, que tiene receta para todo, nos lo recuerda: "Obras son amores y no buenas razones".

Últimamente, cada vez que surge la polémica en nuestras asociaciones y movimientos ciudadanos, suelo recordar que si queremos cavar un pozo los importante es que tomemos en mano el pico y empecemos a dar los primeros golpes. Surgirán problemas, nos preguntaremos si es preferible que sea redondo o cuadrado, más ancho o más estrecho, pero empuñar picos y palas ya nos estará uniendo, y las decisiones sobre el modo y la manera se irán resolviendo por sí solas.

8 de abril de 2008

En-redados


Las dos de tarde. Después de una mañana agotadora vuelvo a comer a mi casa en un autobús atestado. A mi espalda suena un teléfono. Alguien llama a la señora que tiene su codo hincado en mis riñones. La conversación va de médicos, y tengo que tragarme con pelos y señales la última operación de próstata de su suegro y la exploración que acaba de hacerle el ginecólogo. Me siento agredido y violentado. Las cuatro de la tarde, acabo comer y me quedo adormecido en el sofá de casa. Suena el teléfono; a trompicones llego hasta la mesita de la entrada donde he dejado mi móvil. No espero llamadas pero cuando se tiene hijos, puede suceder cualquier cosa. ¡Fiasco! Sólo es Telefónica ofreciéndome una promoción si me apunto a no sé que nuevo programa de puntos. Las ocho de la tarde. Estoy con unos amigos en el bar. Suena un teléfono. Instintivamente cuatro o cinco de entre nosotros sacan el teléfono para comprobar que no es el suyo el que suena….La lista y las circunstancias son inagotables. Pero no se trata aquí de eso. Son meros ejemplos de cómo nos estamos dejando invadir por una contaminación tan insidiosa y nefasta como la contaminación atmosférica.

Me dirán que son los tiempos. Que no se puede vivir de espaldas a la modernidad. Que ya no se concibe la vida sin los teléfonos móviles. Totalmente de acuerdo y nadie que no haya pasado la vida viajando sabe tanto de las ventajas de poder comunicar con la familia sin tener que pasar por demoras y operadoras de hotel. Pero, desde el “mesotes” de Aristóteles, “En el justo medio está la virtud” y yo creo que paulatinamente estamos resbalando hacia una comunicabilidad a ultranza que está añadiendo estrés e irritabilidad en nuestras vidas.

A poco que nos fijemos las facilidades que nos conceden las operadores nos daremos cuenta que tanta generosidad tiene un precio. Nos regalan teléfonos, nos dan puntos para que cambiemos a otro mejor y más sofisticado, nos proponen tonos e imágenes, nos ofrecen mayores y más superfluas prestaciones y nos vamos dejando arrastrar por un canto de sirena que como la flauta de Hamelin nos aleja más y más de la vida real, nos aturde y vacía nuestros bolsillos.

No seré yo quien fije pautas y recomendaciones sobre el uso del teléfono. Cada cual sabe dónde está su justo punto intermedio, Sin embargo existen síntomas inequívocos de que el teléfono móvil se está dejando de ser un instrumento útil y convirtiéndose en una obsesión: volver a casa a buscar el teléfono olvidado pese a que hemos salido a hacer un pequeño recado; llamar varias veces al día al alguien para preguntarle que está haciendo; contar por teléfono una película o una gestión al alguien que vamos a ver unos minutos más tarde; aceptar habitualmente las invitaciones de las diferentes cadenas de televisión para enviarles mensajes a cambio de hipotéticos premios.


¿Seríamos capaces hoy de prescindir voluntariamente del teléfono móvil durante veinticuatro horas seguidas? A la manera de la iglesia católica que prohíbe comer carne los viernes de cuaresma salvo casos de edad o de fuerza mayor, quizá debiéramos imponernos al menos un día al mes la jornada sin teléfono móvil para asegurarnos que no hemos sucumbimos a esta insidiosa plaga que poco a poco nos envuelve y con hilos tan sutiles como invisibles nos inmoviliza, nos acogota y nos impide pensar.

1 de abril de 2008

¿Placer o felicidad?


Muchas veces confundimos placer y felicidad y sin embargo no son en absoluto conceptos equivalentes. El placer es maravilloso, lo percibimos a través de nuestros sentidos y hace que nuestra vida sea más agradable. Percibido por los sentidos es por consiguiente externo a nosotros, procede del exterior pero lamentablemente es tan efímero como la excitación que lo produce.
La felicidad sin embargo es interna a nosotros. Procede de nuestra mente. Es un estado de ánimo, un actitud que depende de nuestra manera de enfocar los acontecimientos de nuestra vida. La felicidad no es estática. No se "consigue" por el contrario la experimentamos cuando menos pensamos en ella, cuando aún estamos tendiendo ahcia ella.

24 de marzo de 2008

Todo es relativo


“Maldecía por no tener zapatos hasta que conocí a un hombre que no tenía pies”. Dice un proverbio persa. Me he quedado pensando en este proverbio y me doy cuenta de que la mejor manera de relativizar nuestros problemas es tomar perspectiva y proyectarlos contra los problemas con mayúscula que asolan nuestra sociedad. No quiero decir con esto que debo ignorar mis problemas porque hay problemas mayores en el mundo. Se trata simplemente de no perder perspectiva y hacer una montaña de lo que es una “topera" Otra forma de ver los problemas es proyectarlos en el tiempo. Qué importancia tendrá este problema de hoy, en mi vida del próximo año?

20 de febrero de 2008

Incomunicación cibernética


Ya he comentado en algún otro lugar que una de las cosas más paradójicas de nuestro tiempo es que entre más interconectado está nuestro mundo actual: antenas parabólicas, teléfonos móviles, Internet, chats, blogs, menos nos conectamos emocionalmente. Pasamos horas navegando en Internet pero nos falta tiempo para una conversación sosegada, sin prisas con un amigo. Atrás ha quedado aquella costumbre de sentarse a la puerta de casa y entablar conversación con los pasantes o hacer tertulia con vecinos y amigos. Nuestro círculo social tangible se estrecha mientras el virtual se expande. Hay tener madurez y seguir manteniendo un cierto equilibrio entre realidad virtual y realidad tangible. Nuestros sentimientos y nuestras emociones necesitan nutrirse equitativamente de ambas.