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28 de marzo de 2013

Mujer Dormida




                                                                                  Pintura:  Famalyel Romero

Con ojos que el amor tal vez confunde,
en tu dormir dejada, miro los párpados cerrados
y levemente rubios, los labios entreabiertos
a un suave respirar,
las apacibles formas de hermosura
bajo los pliegues tenues del justillo.
Cuida de ti el silencio.
Las ropas en la alfombra, algún libro
que no ayuda a vivir ni tampoco lo impide,
la vieja lámpara, objetos temporales
que en el recuerdo serán el amor
y la dicha serán, porque dicha hay siempre
que el silencio haya envuelto un cuerpo de mujer
a nuestro lado, un silencio nocturno,
sólo real para los ojos que aman.
                              
Fernando Aramburo
                               Yo Quisiera Llover (2010)

6 de marzo de 2013

Espejismo


  
He soñado que iba caminando
a través de los años que he vivido.

De pronto  por sorpresa aparecieron
compañeros queridos de la infancia.

De los días aquellos que mostraban
la secreta inocencia de su mundo,
quise atrapar las cosas que esplendían
con el brillo impostor de lo que arde.
Digo quise – no pude – pues no eran
sino sombras de un tiempo ya perdido,
y, al querer recobrarlas, sus contornos
se hundían en la bruma del pasado.

Espejismo del tiempo es cuanto fuimos.
Espejismo también lo que ahora somos.
Desperté de mi sueño, y pude entonces
palpar la realidad que me abrazaba:
la verdad de otro sueño acostumbrado 
que trasiega, sin rumbo, en la vigilia.

Ginés Aniorte
Los Azares  (2007)

30 de enero de 2012

Realismo Sucio: José Emilio Pacheco













Realismo sucio del despertador,
su irrupción malsonante
en el abismo lírico del sueño.

Bomba de precisión el feroz reloj
que vuela en mil pedazos el video intimísimo,
filmado noche a noche por nuestro inconsciente dramático,
máquina de narrar extrañas ficciones,
siempre al alcance involuntario de todos.

Nunca sabré cómo iba a terminar esa historia onírica.
Hicimos una cita y se quedó sin desenlace
por culpa del despertador que no se apiada de nadie,
Por obra del estallido del deber y de la realidad,
gran enemiga de los sueños.

José Emilio Pacheco
Como Lluvia (2001-2008)

1 de septiembre de 2011

Velada Poética: Luis Alberto de Cuenca

 Con un recogimiento propio de una capilla, nos hemos reunido un centenar de personas en la Universidad Internacional Menédez Pelayo en la última velada poética del verano en torno a Luis Alberto de Cuenca. El poeta ha espigado entre en sus libros y antologías para leernos una treintena de sus poemas preferidos.

Había tenido ocasión de leer muchos de ellos, pero escuchados así, en directo, modulados, casi interpretados por el autor, me sonaron diferentes. Era como si me hablara, como si pusiera en mis labios esas palabras que alguna vez quise tener, que alguna vez quise decir a alguien muy especial.

Algunos de los poemas leídos como Julia , Volveremos a vernos, Cuando vivías en la Castellana, La noche blanca, me emocionaron particularmente. A modo de homenaje transcribo aquí uno de los poemas leídos esta noche.

Bébetela

Dile cosas bonitas a tu novia:
“Tienes un cuerpo de reloj de arena
y un alma de película de Hawks.”
Díselo muy bajito, con tus labios
pegados a su oreja, sin que nadie
pueda escuchar lo que le estás diciendo
(a saber, que sus piernas son cohetes
dirigidos al centro de la tierra,
o que sus senos son la madriguera
de un cangrejo de mar, o que su espalda
es plata viva). Y cuando se lo crea
y comience a licuarse en tus brazos
no dudes ni un segundo:
bébetela.

El bosque y otros poemas (1997)

19 de abril de 2011

Dicho en silencio y escuchando



 Nada dicen jamás las elocuencias,
cuando se habla de amor,
cuando el amor exige ser hablado.

Sólo el silencio alcanza la elocuencia
que al amor corresponde,
el timbre justo
con que correspondemos al amor.

Todo cuanto se dice acaba en eco,
por eso dice más lo que se calla.
Lo que callamos juntos nos define,
como el amor da voz a lo que somos.

Te quiero – escucha bien –
en lo que digo,
y sobre todo vivo en lo que callo,
porque dice mejor lo que más quiero.

Silente sé que escuchas lo que escucho.
Tácito, sé que tú me sabes, tácita.

Te querrá mi mudez como ella explica.
Tú entiendes más allá:
me sobreentiendes.

Quiero ser imprudente en mi cautela.
Mi palabra por fin se despalabra
de todo su rumor,
para servirte.
Mi palabra de honor te está rendida.

Esta boca fue mía y hoy es tuya,
como tuyo es también mi estar ausente.
Como también son tuyas mis mudanzas.

Tuyos, de nadie más, son los siglos,
para tanto silencio enamorado.

                              Carlos Marzal
                              Anima Mia  2009

10 de marzo de 2011

Poema


XIII
Nada de lo que diga dará cuerpo
al milagro de un pétalo. Acaricio
su vértigo y temblor, su luz en fuga
hacia la oscuridad que asperja el día
y alumbra el refulgir de su deseo,
un latido solar de la belleza.
Suave punta dormida entre mis yemas.

Jorge Valdés Díaz Vélez
Otras horas  (2010)

25 de enero de 2011

Poesía China: Li Po


Proclamado “El Dios de los Versos” por muchos críticos, Li Po ocupa un puesto trascendental en la literatura china. Ejerció una poderosa influencia en los poetas de su época y de posteridad, como fueron Du Fu y Bai Juyi, de la dinastía Tang, y Lu You y Xin Qiji, de la dinastía Song del Sur,

Nostalgia en primavera

 Las hierbas de yen
son hilos de seda esmeralda.
El peso de las hojas
inclina las verdes ramas
de las moreras de Qin.
Mi corazón anhelante ya está destrozado.
Y sólo ahora piensas tú, mi amor, tornar a casa.

¡Oh viento de primavera!
Tú, que eres un extraño,
¿por qué levantas
mi cortina de raso?


Melancolía primaveral


Montando un caballo blanco con silla dorada,
mi esposo se fue a la guerra.
Bajo cortinas de seda,
cubierta con una manta bordada,
duermo mecida por la brisa de primavera.

A través de la ventana
la baja luna lanza una mirada furtiva
a mi agonizante candelabro.
Las flores indiscretas
se asoman a mi morada
y se burlan de mi cama vacía.





27 de octubre de 2010

Mar inaprehensible


Me estoy ahogando por lograr tu imagen
mar inaprensible
inexplicable mar de mis insomnios.

Miro otra y otra vez más en mi recuerdo
de ti
y no te entiendo.

Y mis manos se extienden casi, casi
crispándose en un llanto
por recoger tu sombra o tu esperanza
mar inaprensible
huidizo mar de mis locuras.

Y mi voz confundida con tu espuma
quiere volar más dentro
de tu noche
y amarte con esa posesión desorbitada
que suscita lo eterno,
mar. Indecible
mar de mis silencios.

Luis Gª Camino Burgos
Todo el mar Un momento

16 de septiembre de 2010

Todavía

Ha llegado el verano, y como siempre
que da comienzo y que la plenitud
de cuanto me rodea va cumpliéndose,
surge en mi corazón la expectativa
de una vida mejor, de un cambio súbito
que arrase mis monótonas costumbres
y me lleve a fundirme en este todo
que hoy unánime canta, vibra y arde
en una luminosa hoguera.
Sé muy bien
que mis anhelos, lamentablemente,
no se realizarán: a estas alturas
del vivir no es probable que el verano
quiera contar conmigo y me conceda
el saber desprenderme del que soy,
olvidar mis asuntos y sumarme
- rotos los lazos, libre de mí mismo –
a la gran muchedumbre jubilosa
que forma su cortejo.
Sí, lo sé:
no ocurrirá el milagro: pesa ya
mucho en mi espalda el tiempo que he vivido.
Pero aún sabiendo lo que sé, no logro
desechar la esperanza de que ocurra
lo que no ha de ocurrir.
Miro este día,
su luz hermosa y tan interminable,
el cielo que entrecruzan los vencejos
con frenesí dichoso, las muchachas
que llevan en sus ojos la certeza
de ser dueñas del mundo.
Y nada puede
impedir que fulguren en el aire
de mi presente viejas ilusiones,
ni evitar que despierto sueñe el sueño
de que todo es posible todavía.

8 de agosto de 2010

Amo tu grácil cuello bajo el pelo


Amo tu grácil cuello bajo el pelo
recogido, cuando un imperceptible
movimiento ilumina
la línea que, tan dulcemente,
desciende hasta tu hombro;
cuando un asomo de cansancio abate
su dorada esbeltez de espiga y todos
los oros del atardecer se posan
sobre tu nuca; cuando mido
sobre su piel desnuda esa distancia
que va de tu inconsciencia
a mi deseo; cuando, pensativa
y lejana, movida
por no sabes qué impulso,
sonríes y te vuelves levemente
para mirarme.
Rafael Guillén

31 de mayo de 2010

Alga quisiera ser

Alga quisiera ser, alga enredada,
en lo más suave de tu pantorrilla.
Soplo de brisa contra tu mejilla.
Arena leve bajo tu pisada.

Agua quisiera ser, agua salada
cuando corres desnuda hacia la orilla.
Sol recortando en sombra tu sencilla
silueta virgen de recién bañada.

Todo quisiera ser, indefinido,
en torno a ti: paisaje, luz, ambiente,
gaviota, cielo, nave, vela, viento…

Caracola que acercas a tu oído,
para poder reunir, tímidamente,
con el rumor del mar, mi sentimiento.

Angel González

18 de febrero de 2010

Merodeadores

Pensar que ahí fuera,
detrás de esta ciudad y de su ruido,
no tan lejos del libro que he cerrado,
apenas a unas horas de andadura,
se despereza el río.

No sé por qué esa noche
el viento me lo evoca
cuandu ulula y sacude las persianas
como una bestia sin resuello.

Qué quiere de nosotros, que al oírlo
el pulso se devela
y quiere contestar, sin saber cómo.

Nos ha reconocido su jauría
y ciega, insomne, a coro, nos reclama
como uno más entre los suyos.

Sí, bate las persianas, viento, aúlla,
gira en torno a la casa donde estamos,
haz resallar las ramas de los chopos vivido,
agita lo que queda de río en nuestras venas.

Arturo Tendero (Albacete, 1961)
Adelántate a toda despedida (2004)

9 de enero de 2010

Carlos Bousoño: Verdad, mentira


VERDAD, MENTIRA

Con tu verdad, con tu mentira a solas,
con tu increíble realidad vivida,
tu inventada razón, tu consumida
fe inagotable en luz que tu enarbolas;

con la tristeza en que tal vez te enrolas
hacia una rada nunca apetecida,
con la enorme esperanza destruida,
reconstruida, como el mar sus olas;

con tu sueño de amor que nunca se hace
tan verdadero como el mar suspira,
con tu cargado corazón que nace,

muere y renace, asciende y muere, mira
la realidad inmensa, porque ahí yace
tu verdad toda y toda tu mentira.


Carlos Bousoño
Selección de mis versos
Edición del Autor
Ediciones Cátedra 1982

15 de octubre de 2009

Era el viaje como una Epifanía

Era el viaje como una epifanía
como el canto fluvial
como una novia
y la ciudad tenía, luna niña
un polisón bordado de equinoccios.
Llegaste tú como un presentimiento
caminando despacio por la lluvia
de una tarde lejana, dibujada
en la húmeda espalda del invierno.
Hicimos el camino en un abrazo
tranzamos el paisaje con adioses
para encontrarnos solos, finalmente
en la estación de nunca
junto al sauce.
Y fue azul y roja la mañana
y el despertar se hizo en tu pecho
apeadero de nuestros desencuentros.
Al final esperaba la alborada
como una campesina en otoño
aguardando la luz y descorriendo el alba.
Sabia que te irías
y te fuiste.
Era el viaje como una fuente seca
como un árbol caído
como una puñalada.

Ramón Pernas
Poesía (in)completa 2009

24 de septiembre de 2009

Primer Amor

“Es por nosotros”,
dijiste señalando aquella tímida
nube que parecía un corazón
en el inmenso cielo azul de agosto,
aquella cifra
de nuestra avergonzada y palpitante
alegría.

Y nos besamos muy despacio.
Recuerdo el olor tibio de tu piel,
el modo exacto en que tus párpados
temblaron al cerrarse,
el brillo húmedo
de tu boca entreabierta,
el gozoso desorden de tu pelo
entre mis manos…
Y luego no pudimos decir nada
(fue como si después de separarse
aún siguiesen unidos nuestros labios).

Vagamente sentía
que hacías existir aquella tarde,
que el verano era sólo tu sonrisa,
que la vida sin ti es la de los otros;
y tú pensabas (tan encantadora-
mente romántica)
que si aquello no fuese más que un sueño
despertarías de él entre mis brazos
y volveríamos
a amarnos para siempre como entonces.

Mientras tanto, olvidada,
sobre nuestras cabezas, poco a poco,
una nube se iba deshaciendo.

Javier Almuzara
Primer Amor
Renacimiento 1994

30 de julio de 2009

Miguel Angel Velasco : Manos

Manos

I
Sobre mi pecho tu mano se apacigua.
tan tímida que apenas se diría
que la han modelado los adioses,
que dócil se somete a esa música
precisa de la sangre,
y que acepta su sombra
como la mitad de sí misma.
¿Quién diría, al contemplarla agazapa,
apenas palpitante,
embriagada por el murmullo
de una espuma nocturna,
que anhela dispararse más allá
del arrullo y la caricia.

II
Tras el amor mi mano se demora
sobre tu corazón, como un oído,
desmemoriada de las formas,
como si nunca hubiese
albergado una vaso
o apretado una llave,
deseosa tan sólo de asomarse
a ese vivo pozo,
y como araña pálida
beberle todo el sueño y,
lejos de sus telares, sucumbir.
Mansa mano dichosa
de encallar en tus dunas,
varada mano
amorosa, que sólo
busca arder en tu cuerpo y reposar
en él como una rosa calcinada.


Miguel Angel Velasco

El Sermón del Fresno (1995)

11 de julio de 2009

Vicente Aleixandre: En la Plaza


Hermoso es, hermosamente humilde y confiante, vivificador y profundo,
sentirse bajo el sol, entre los demás, impelido,
llevado, conducido, mezclado, rumorosamente arrastrado.

No es bueno
quedarse en la orilla
como el malecón o como el molusco que quiere calcáreamente imitar a la roca.
Sino que es puro y sereno arrasarse en la dicha
de fluir y perderse,
encontrándose en el movimiento con que el gran corazón de los hombres palpita
extendido.

Como ese que vive ahí, ignoro en qué piso,
y le he visto bajar por unas escaleras
y adentrarse valientemente entre la multitud y perderse.
La gran masa pasaba. Pero era reconocible el diminuto corazón afluido.
Allí, ¿quién lo reconocería? Allí con esperanza, con resolución o con fe, con
temeroso denuedo,
con silenciosa humildad, allí él también transcurría.

Era una gran plaza abierta, y había olor de existencia.
Un olor a gran sol descubierto, a viento rizándolo,
un gran viento que sobre las cabezas pasaba su mano,
su gran mano que rozaba las frentes unidas y las reconfortaba.

Y era el serpear que se movía
como un único ser, no sé si desvalido, no sé si poderoso,
pero existente y perceptible, pero cubridor de la tierra.

Allí cada uno puede mirarse y puede alegrarse y puede reconocerse.
Cuando, en la tarde caldeada, solo en tu gabinete,
con los ojos extraños y la interrogación en la boca,
quisieras algo preguntar a tu imagen,

no te busques en el espejo,
en un extinto diálogo en que no te oyes.
Baja, baja despacio y búscate entre los otros.
Allí están todos, y tú entre ellos.
Oh, desnúdate y fúndete, y reconócete.


Entra despacio, como el bañista que, temeroso, con mucho amor y recelo al agua,
introduce primero sus pies en la espuma,
y siente el agua subirle, y ya se atreve, y casi ya se decide.
Y ahora con el agua en la cintura todavía no se confía.
Pero él extiende sus brazos, abre al fin sus dos brazos y se entrega completo.
Y allí fuerte se reconoce, y se crece y se lanza,
y avanza y levanta espumas, y salta y confía,
y hiende y late en las aguas vivas, y canta, y es joven.

Así, entra con pies desnudos. Entra en el hervor, en la plaza.
Entra en el torrente que te reclama y allí sé tú mismo.
¡Oh pequeño corazón diminuto, corazón que quiere latir
para ser él también el unánime corazón que le alcanza!
Vicente Aleixandre (En la Plaza)

21 de abril de 2009

Blues de las preguntas


Hace tiempo que estoy entristecido
porque mis palabras no entran en tu corazón.
Muchos días estoy entristecido
porque tu silencio entra en mi corazón.

Hay veces que estoy triste a tu lado
porque tú solo me amas con amor.
Muchos días estoy triste a tu lado
porque tú no me amas con amistad.

Todos los hombre aman mucho la libertad.
¿Sabes tú lo que es vivir ante una puerta cerrada?
Yo amo la libertad y te amo a ti.
¿Sabes tú lo que es vivir ante un rostro cerrado?
Antonio Gamoneda
Blues Castellano

26 de marzo de 2009

Desconocido en ti


Yo estaré en tu pensamiento, no seré más que una sombra
imprecisa;

Habré existido un instante en que la alegría y la piedad
ardían en tus ojos.

Pero también, quiero permanecer desconocido en ti.

Desconocido. Simplemente envuelto en tu felicidad.

Tú distraída en tu luz y yo apenas viviente en ella
y así imperceptiblemente amado, esperar la desaparición.

Aunque quizá estamos ya separados por un hilo de sombra
y cada uno está en su propia luz

y la mía es la que tú vas abandonando.

Antonio Gamoneda
De Cecilia

3 de marzo de 2009

La Viajera de Madrugada

¿Alguna vez os habéis encontrado de pronto, solos, en un
vaporeto, un domigo a las siete de la mañana, con
la más hermosa de las viajeras japonesas?
Entonces sabréis de qué os hablo.

Si habéis sentido su olor mezclarse con el de la madrugada;
si habéis visto sus manos, delicadas como la flor del cerezo;
si habéis visto sus ojos transparentes como las aguas del Xunyang;
si os habéis acordado sin saber por qué del capítulo que Ueda Akinari
dedica en sus Cuentos de la lluvia de primavera a loar la poesía,
y los poemas de los que habla,
que dicen barcos y ríos y amadas siempre lejanas,
si ella se ha ido y no habéis cruzado palabra,

entonces sabréis de qué os hablo

Martín López Vega
Gajos (Pre - Textos 2007)