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28 de septiembre de 2014

El Buda de Oro del templo Traimit Witthayaram


Por fin he podido visitar en Bangkok  el Templo Traimit Witthayaram que alberga la mayor estatua de Buda construida en oro macizo.
Fundida hace más de setecientos años, esta imagen de Buda sentado en posición de rechazar a Mara está diseñada estilo Sukhotai  y como todas la imágenes de esa época  presenta a un Buda de rostro sereno, lóbulos de las orejas grandes,  sonrisa a penas sugerida y un aspecto general de profunda serenidad.


Pero lo que de verdad es extraordianrio es el material con el que está construida:  5, 5 toneladas de oro macizo  para una estatua que mide 5,20 metros de altura sobre una base de 3,77 metros.  Se estima que su valor crematístico supera los 30 millones de libras Esterlinas pero su valor cultural y  religioso  para Tailandia y para el Budismo es incalculable.

Originalmente, para evitar  la codicia del enemigo, particularmente en aquella época de frecuentes guerras entre Tailandeses y Birmanos y estatura fue recubierta de estuco y se la colocó  durante el tercer reino Chakkri  como estatua principal  en  el edificio principal del templo Choti-naran  o Templo Phrayakrai  en el distrito  Yannarawa de   Bangkok. 

Incomprensiblemente, con el paso del tiempo se perdió la información sobre la verdadera naturaleza de la estatua y el templo que la albergaba, desafectado de su uso religioso fue cedido a East Asiatic Company en 1931 para  ampliar sus actividades madereras a orilla del río.  Antes de iniciar la actividad febril la Comisión  Religiosa  procedió al traslado de la estatua  al templo Traimit Witthayaram  donde se encuentra actualmente.  Pero no fue hasta 1955  en su segundo y definitivo emplazamiento en  el templo, cuando  al izarla con una grúa  las cuerdas que la sujetaban cedieron, cayó al suelo, saltó el estuco, y asombrados pudieron constatar  que la anodina estatua de yeso  era en realidad una estatua de oro macizo.  Restos del estuco que recubría la estatua y numerosas fotografías son pueden verse en el museo contiguo al templo.       

Me pregunto desde hace tiempo que tiene un templo budista que lo hace tan diferente de pongamos por caso una iglesia católica.  No tengo una respuesta concreta pero desde luego una marca distintiva del templo budista es que es un lugar habitado.  Mientras que la iglesia  permanece cerrada la mayor parte del día, el templo es un lugar de continuo trasiego de gente que vienen a rezar, a hacer ofrendas, a vender, a comer, a sentarse, y ello sin que haya una intervención directa  y ejemplarizante de los monjes  que atienden a su meditación y sus rezos  casi siempre  salvo   de espaldas a  los fieles devotos.



26 de septiembre de 2014

อำลานักเรียนปราณมาณี Goodbye to the students of Pranmani Adiós a mis alumnos de Pranmani


เมื่อวานนี้ผมมีช่วงเวลาที่ยากมากที่กล่าวคำอำลาให้กับนักเรียนของโรงเรียนลาซาลในสังขละบุรี  มันเป็นการยากมากเพราะความปรารถนาอย่างจริงใจที่จะได้เห็นฉันกลับมาในหมู่พวกเขาโดยเร็วที่สุดเท่าที่เป็นไปได้  อีกครั้งหนึ่งฉันตระหนักดีว่านี่ความพยายามเล็ก ๆ ที่คุณทำเพื่อเด็กที่ได้รับและคำตอบในทันทีและความรัก  ผมเชื่อว่าผมได้รับจากพวกเขามากขึ้นกว่าที่ฉันได้ให้  และความประทับใจของหนี้ต่อพวกเขานี้ทำให้คุณรู้สึกมากยิ่งขึ้นไม่เต็มใจที่จะหายไป  คำทักทายของพวกเขาในตอนเช้าให้ความสนใจของพวกเขาในชั้นเรียนใบหน้ายิ้มของพวกเขาและความตั้งใจที่จะร้องเพลง, เล่น, ทำซ้ำหรือสอดคล้องกับความต้องการของคุณเป็นสิ่งที่ฉันจะไม่มีวันลืม


Yesterday I  had  a  very difficult time saying goodbye to my students of La Salle School  in Sangklabury.  It was even more so difficult because their sincere wish to see me back among them as soon as possible.  Once again I realize that here, any small effort you do for the children  gets and immediate  and affectionate answer.  I am convinced that I have received from them much more than I have given and this impression of debt towards them make you  feel even more reluctant to go away. Their morning  salutation, their attention in class,  their smiling faces, and their willingness to sing, play , repeat  or comply with your requirements is something  I will never forget.


Ayer me costó despedirme de mis alumnos del colegio La Salle de Sangklaburi.  Y fue tanto más difícil al constatar su sincero y afectuoso deseo de verme pronto de nuevo entre ellos. Una vez más constato que cualquier esfuerzo, por pequeño que sea que hacemos por estos niños, recibe una respuesta de afecto inmediato.  Estoy convencido de que he recibido mucho más de lo que he dado y esta impresión de deuda hacia ellos me hace tanto más difícil la despedida.  Su saludo matinal, su atención en clase, sus rostros sonrientes, su disponibilidad para cantar, jugar, repetir o cumplir con cualquier petición es algo que nunca olvidaré.

23 de septiembre de 2014

อำลานักเรียนโรงเรียนไม้ไผ่ Adiós, niños de la Escuela de Bambú, Farewell Bamboo School Children


เมื่อวานนี้ฉันให้คุณชั้นสุดท้ายของฉัน  มันไม่ใช่เรื่องง่ายที่จะบอกลา  มันก็ไม่ง่ายที่จะบอกว่าดีมากที่คุณได้กระทำกับผมและเท่าใดว่าผมได้เรียนรู้จากคุณ และเท่าใดมีความสุขในการช่วยให้คุณกับภาษาอื่นเพื่อเพิ่มในรายการของคุณ
บางท่านเป็นพยานของการเข้าชมของนักเรียนบางคนที่ผมยังสอนภาษาอังกฤษเป็นเวลานานเป็นห้าสิบปีที่ผ่านไปแล้ว   ผมรู้สึกมีความสุขมากและในเวลาเดียวกันนิด ๆ หน่อย ๆ คิดถึง  เพราะพวกเขาแสดงว่าสิ่งที่ผมทำมานานแล้วและสิ่งที่ฉันได้พยายามที่จะทำตอนนี้เป็นสิ่งที่ดี
ฉันหวังว่าคุณจะยังคงเป็นนักเรียนที่ดี  ดูแลที่ดีของโรงเรียนต้นไม้ของพืชและสวนของคุณในขณะที่คุณได้ทำมาจนถึงตอนนี้  ให้มันสะอาดและสวยงามและมีความสุขมากในเวลาเดียวกัน   พระเจ้าอวยพรคุณ

Yesterday  I gave you my last lesson and it was not easy to say good bye. It was neither easy to say how much  good you have done to me, how much I have learned from you  and how happy  I have been  helping you with another  language  to add to your  list.
Some days ago, some of you were  witnesses of the visit  of some students to whom I also taught English  as long as fifty years ago. I felt very happy and at the same time  a little bit nostalgic because they  showed me that what I did long ago and what I have tried to do now was a good thing.
I wish you continue being good students, take good care of your school, its trees, plants and gardens as you have done until now.  Keep it clean and beautiful  and  be very happy  at the same time. God bless you.

Ayer os di la última clase y no me fue fácil deciros adiós, ni deciros tampoco todo el bien que me habéis hecho, lo mucho que he aprendido de vosotros, y lo feliz que he sido  ayudándoos con  un idioma más en vuestra ya abultada lista.
Hace unos días algunos fuiste testigos de la visita que me hicieron en vuestra escuela alumnos  a los que también había enseñado inglés nada menos que hace cincuenta años.  Me sentí muy feliz  y al mismo tiempo nostálgico porque me demostraron  que lo que hice entonces y lo que he tratado de hacer ahora  está bien.
Deseo que sigáis siendo buenos estudiantes, que cuidéis de vuestra escuela de sus árboles, plantas y jardines como lo estáis haciendo, que la mantengáis limpia como y bonita.  y que haciéndolo  seáis muy felices. Que Dios os Bendiga


18 de septiembre de 2014

Wat Phra Dhammakaya


Congregar  a más de diez mil personas para  meditar,  dar limosna e instruirse en la doctrina  Budista no es una pequeña  hazaña,  hacerlo domingo tras domingo  y en ocasiones llegar a congregar a más de 100.000 fieles  y 7.000 monjes es algo que  merecía la pena investigar, sobre todo cuando  la simple mención de  Wat Phra Dammakaya suscita entre los tailandeses  instruidos una avalancha de comentarios, a favor unos y muy  críticos o incluso  acusadores otros.

Lo primero que llama la atención  evidentemente es el gigantismo.  Necesario si se tiene en cuenta  la cantidad  de personas que  tiene que albergar;  en ocasiones durante  más de  veinticuatro horas. Es necesario  hacer un esfuerzo de imaginación  y pensar en  cinco estadios de futbol uno al lado del otro,  para hacerse  una idea  de las dimensiones de esta gigantesca  obra de más de 1000 millones de Dólares  en una finca de 400 Hectáreas. 

Es casi natural que uno se ponga a pensar  y se pregunte  ¿de dónde sale tanto dinero? y sobre todo ¿quién controla las finanzas de una organización de tamaña  envergadura?  En mi visita tuve la oportunidad de entrevistarme con el  Venerable Phra Kittipong Hemawango, Director de Relaciones Internacionales y ante mi asombro ante las dimensiones de las edificaciones y el coste  resultante, sencillamente me contestó que era la obra de todos los fieles budistas que cada domingo vienen al templo y depositan sus limosnas.  Eso es precisamente lo que algunos critican: la insistencia en  dar limosnas, como manera de “Tham Boun”  (hacer  buenas obas)  y hacerse perdonar  los pecados.

Que nadie sin embargo se espere aquí  la grandiosidad de una  catedral, o el lujo de cualquier palacio.  Miles toneladas de hormigón y enormes pabellones  de cemento vista para  poder  sentar  bajo cubierto, con las  piernas cruzadas y sin apretujarse  (se necesita espacio vital para meditar)  a miles de personas  que  a través de una perfecta megafonía  escuchan al monje  que dirige la Asamblea aunque debido a la distancia  no lo puedan haber salvo a través de pantallas  estratégicamente  repartidas.

Lo más llamativo  del conjunto son unas pocas esculturas y dos estupas en  forma de  cono aplastado y escalonado  y frente a ellas,  grandes explanadas  rodeadas  por  tres costados de  una estructura  de cemento, de dos pisos  que sirve  de albergue, de claustro y de aparcamiento subterráneo.  En las estupas  se colocan los monjes, y el color azafrán de  sus  ropajes  da continuidad  al color oro de la redondeada cúpula.  En la explanada se sientan y rezan los fieles,  todos vestidos  de blanco en señal  pureza de intenciones. El dorado  de la  Estupa mayor  es consecuencia de  las 300.000 estatuillas de Buda que la adornan.

No tengo una idea muy clara de lo que puede ser verse envuelto en una semejante multitud orando o meditando, pero  algo me dijo el monje que me dejó pensativo: “Meditar  solo está bien.   Meditar en grupo  es además beneficiarse del permeable flujo  de paz, energía  e intuición  que se desprende del colectivo  que te acompaña en la meditación”.

Por eso es preferible visitar el lugar un domingo temprano. Sin fieles estamos ante  bloques de cemento sin alma.  Para evitar volverme con esa impresión es por lo que quise contactar con algún monje  que me explicara el proyecto.  Al parecer todo es consecuencia de una escuela de meditación re-descubierta y restaurada por  Phra Mongkolthepmuni   y su discípula  la monja budista Khun Yai Maha Ratana Upasik.  El número creciente de files budistas que venían a ellos para aprender a meditar  según la Escuela  Dhammakaya   es lo que ha hecho que  el proyecto original  que apenas  cubría  30  hectáreas   se haya ido desarrollando hasta las enormes proporciones que  lo convierten en el templo budista mayor de Tailandia y probablemente del mundo.







7 de septiembre de 2014

Lecciones de solidaridad



Re Re Mon es una  alumna  primer año de primaria. Últimamente ha faltado a clase con frecuencia  e incluso algunas de sus compañeras  nos han dicho que ha dejado definitivamente la escuela.  Acompañados por el  profesor Jae decidimos ir a visitarla a su casa en el pueblo  Mon de Rai Oi.  Oficialmente Rai Oi  está en suelo birmano y hay soldados tailandeses que controlan la entrada y salida al pueblo pero en esta zona la cuestión de fronteras es siempre algo permeable porque sus habitantes más que birmanos o tailandeses se sienten sobre todo Mon.

Re Re Mon vive con  un abuelo.  Su padre y su madre se separaron  y la niña no ha vuelto a verlos.  El padre  que al parecer trabaja en Bangkok envía, los meses que se acuerda, 500 o  1000 baht para  el mantenimiento del abuelo y de la niña. (12 o 24 Euros).  Viven a  orilla del pueblo en medio de una plantación de caucho.

 La cabaña en la que viven no tiene puertas y sólo le quedan dos  de sus cuatro paredes.  El tejado es de chapa ondulada pero con no pocos agujeros. Solo hay un jergón y una mosquitera  apolillada  y comparten una sola manta para protegerse del relente de la mañana.  Habitualmente este tipo de cabañas suele tener un pequeño  chamizo exterior que  sirve de retrete pero  ellos  tienen que perderse entre los árboles para hacer sus necesidades.  El abuelo está a menudo enfermo. Sospechamos que tiene malaria,  y la niña cuando no está enferma ella también, tiene que quedarse a cuidar del abuelo  lo que explica sus frecuentes ausencias.   Ninguno de los dos ha ido al hospital  por falta de dinero, y a  todas luces pasan hambre. 

Volvemos a visitarlos unos días más tarde aportando ayuda económica para que puedan acercarse al hospital y de paso les entregamos un saco de 20 kgs. de arroz. Lo más interesante de esta segunda visita es que nuestro compañero profesor, se compromete con algunos de los alumnos a venir el fin de semana siguiente para construir un pequeño retrete para la pequeña Re Re Mon y su abuelo.


Aplaudimos la idea, y ofrecemos la financiación necesaria, pero dejamos la realización del proyecto enteramente en manos del profesor.  Aunque se suman otros profesores al proyecto, cuando al domingo siguiente vamos a verlos  constatamos que están sobredimensionando la obra y  que tienen poca idea de carpintería pero es su proyecto y lo que no debemos hacer de ningún modo es intervenir.  En este trabajo,  profesores y alumnos se sienten solidarios y orgullosos de lo que están haciendo y nosotros nos sentimos orgullosos con ellos. No tardan en reconocer sus errores, pero  nosotros los minimizamos.  En esta ocasión, además de ayudar a una niña en peligro, hemos hecho algo más importante, hemos involucrado a otros en la tarea y les hemos dejado libertad para equivocarse.  Muchos otros alumnos viven en situaciones parecidas, sin aseo, en casas que se vienen abajo, sin agua potable, etc.  Cuando se enfrenten a una nueva tarea  estamos seguros que se se acordarán  de los fallos de ésta, corrijan  y se sientan cada vez más orgullosos de  ayudar  a  otros aún más necesitados que ellos mismos.




14 de agosto de 2014

Mo Mo Eh


Hace un par de meses  me encontré por primera vez  con Mo Mo Eh.   Había ido con mi amigo Víctor a visitar la familia de una alumna que había venido a decirnos que no tenían arroz en casa.  En efecto el padre se había ido a trabajar a Bangkok y se olvidaba de mandar dinero a casa, la madre estaba enferma y con sus tres hijos más el que estaba en camino vivían en casa de la abuela que también se sentía mal    pero no iba al hospital por falta de dinero.

Víctor llevaba ayuda a esta familia, pero  mirando alrededor vimos  lo que podría llamarse un  precario chamizo que parecía sostenerse en  equilibrio inestable y que  ciertamente no podría proteger a una familia de las inminentes lluvias del monzón.  Descubrimos que allí vivía  Mo Mo Eh, con su madre y su padre, recién llegados de Myanmar.  También nos enteramos que  el joven padre estaba sin trabajo, que  bebía con exceso y se drogaba.  Ayudamos también a esta familia y conseguimos que la niña, que  no  estaba escolarizada, viniera al colegio.

Unas semanas después,  la niña dejó de venir a clase.  Supimos por su vecina que la madre había huido de casa porque el padre borracho  la había pegado. Encontramos su paradero no lejos del colegio  y la niña volvió con sus amiguitas, luego  el marido se enteró  dónde vivían, volvieron a juntarse y la niña llegó a clase tan contenta   porque los padres se habían reconciliado. Una sonrisa más grande que se cara  volvió a dibujarse en su carita morena  e hizo brillar sus enormes y bonitos ojos marrones.

Pero Mo Mo  Eh  volvió a desaparecer y  ya no hubo manera de saber qué había sido de la niña.  Al cabo de un tiempo nos dijeron que como consecuencia de una nueva paliza, la madre se había vuelto a Myanmar llevándose con ella a la niña.  Parecía que ya nada más se podía hacer, pero Víctor no es de los que se rinden fácilmente.  Ante todo  se preocupaba por el bienestar y la escolarización de la niña.  Llegó finalmente a nuestros oídos que  alguien conocía la casa donde madre e hija vivían del otro lado de la frontera.   Preocupado por ellas, Víctor me  invitó a acompañarle en una aventura  un tanto arriesgada puesto que la frontera  entre  Myanmar  y Thailandia está cerrada para los europeos en este punto.  Le echamos un poco de valor temerario, fuimos a buscar a nuestra guía,  y por caminos  secundarios 
controlados por los Mon nos adentramos en Myanmar.  De pronto,  cuando  ya no había marcha atrás nos encontramos con una barrera  y   un soldado  birmano, que metralleta en ristre nos conminaba a bajar del vehículo.  Nuestra guía, explicó al soldado en birmano, que sólo pretendíamos visitar a una alumna, pero el soldado seguía firme en su propósito.  Un oportuno billete de 100 Baht ( 2,5 Euros)  finalmente suavizó la tensión del momento.  A recoger ese billete el soldado probablemente estaba   ganando más  del doble de su paga diaria. Cómo no iba a  mirar un momento para otra parte?

Con algo de susto en el  cuerpo, hay que decirlo, llegamos por fin a la casa en la que ahora vive Mo Mo Eh y su madre.  Una sola pieza, de paredes  sin encalar, sin cocina y sin baño,  donde se juntan seis personas:  El  hermano mayor con su mujer, su hijita de meses y una  tía más las dos recién llegadas. El hombre trabaja  12 horas al día en una fábrica de zapatos del otro lado de la frontera  por algo más de  3500 Baht al mes.  (Unos 83 Euros) . Teniendo en cuenta que paga 1500 Baht por la casa donde viven  significa que la familia de seis personas tiene que arreglarse con menos de dos Euros  al día!   La niña quería volver al colegio y convinimos en que la niña  viniera a la “Escuela de Bambú”  del lado tailandés pero no lejos de la frontera.  Después de aportar un poco de ayuda a la familia volvimos hacia Tailandia  por caminos en los que parecía que el coche iba a quedar embarrado  para siempre.

Unos días más tarde vuelvo a ver a So So Eh en brazos de su madre.  Se la ve tan débil que a penas puede abrir los ojos.  No tienen dinero para llevar a la niña al hospital.  Víctor parece la solución a todos los males.  Sin pensárselo dos veces, cogemos a la madre y a la niña y las llevamos al hospital donde diagnostican que la niña padece  anemia y la dejan hospitalizada  enchufada a la botella de suero.

A los pocos días,  como todos los lunes, voy a la escuela de Bambú a dar mis clases de inglés, y  de pronto veo a Mo Mo Eh que viene corriendo hacia mí para abrazarme.  Se la ve sonriente y alegre. Es una niña feliz y parece muy recuperada.   Días más tarde, con ocasión del “Día de la Madre”  Mo Mo Eh y su mamá se presentan en el colegio  y Víctor  se lleva una enorme alegría.  Sabe que él solo puede poner  un granito  de arroz,  que nunca solucionará todos los problemas  con los que se encuentra,  pero también sabe que siempre es más fácil buscar disculpas para no mover un dedo  que echarle un poco de valor  y arriesgarse por ayudar al prójimo.

    

4 de agosto de 2014

La Kao Kain Jo "muñecas enlazadas"


Es una casa  antigua, grande, espaciosa y muy ventilada.  Abajo, casi al aire libre está la cocina, y en un rincón, supongo que los servicios.  Es resto es un espacio diáfano en el que se aparcan las motos, se cuelgan los aperos y herramientas de trabajo,  y escarban las gallinas. Al piso propiamente dicho se accede por una escalera de barrotes que subo pensando sobre todo en cómo bajarla. Nos acaban de invitar al enlazado de las muñecas  una ceremonia Karen de profundas connotaciones ancestrales y familiares que se remontan a los orígenes del pueblo Karen en el desierto del Gobi y que a nosotros como extranjeros y extraños al clan nos conmueve por lo que supone de franca acogida.

En efecto, al menos una vez al año, generalmente en el mes de agosto y en un  día sagrado, es decir  un día de luna nueva o de luna llena,  los Karen, llevan a cabo un sencillo y emotivo rito de bienvenida y acogida, algo así como un “vuelta a casa por Navidad”  de todo el clan familiar  y en localidades más pequeñas  de todos los nacidos en el pueblo.

Se trata en efecto de reunir ese día, bajo un mismo techo,   al mayor número de miembros de la familia posible, que por lejos o dispersos que se encuentren harán lo posible por acudir a la llamada del jefe del clan o del patriarca de la familia.
Sa Ai, una de las profesoras, nos ha invitado a la ceremonia y nos sentimos muy honrados en participar. De una manera  indirecta está mostrándonos su consideración y respeto y nos invita a formar parte de su familia.  El parquet de la casa, diáfano salvo por algunos rincones separados por mamparas o cortinas, está recubierto de esteras de paja trenzada  sobre  las que  a pesar de nuestra falta de flexibilidad intentamos sentarnos  erguidos, sin cometer la descortesía de poner los pies por delante,   pero incapaces de  adoptar esa aparente cómoda posición de piernas cruzadas que a  ellos les resulta tan natural.
Cuando todos los invitados  están por fin reunidos, los más jóvenes,  nos agasajan con una larga canción de bienvenida en lengua  Karén.  Los anfitriones,  sacan una de  las bandejas de comida a la puerta, en este caso a pie de escalera y  batiendo la bandeja con  una cuchara  llaman a los rezagados o a cualquiera que pase quiera compartir esa comida con ellos. 


Ahora ya estamos todos reunidos  y formamos una familia. La manera de simbolizarlo  es tocar todos con la mano el borde de la bandeja de  comida mientras  los más mayores pronuncian  una oración ritual que supongo de bendición.  Luego,  recibimos  con la dos manos   una porción de comida en la que se mezcla fruta, flores y sobre todo bolas de  “sticky rice”  (arroz pegajoso)  y diversos pasteles, también de arroz. El arroz pegajoso es el elemento imprescindible en la comida del día, puesto que del mismo modo que los granos de arroz quedan pegados unos a otros y no se pueden separar, así el pueblo Karen es uno y la familia  permanece unida por muy lejos que sus miembros tengan que dispersarse. Es entonces  cuando la anfitriona procede a  rodear ambas muñecas con tres vuelas de  doble hilo rojo y blanco. El hilo rojo es símbolo de pureza de espíritu y el hilo rojo simboliza con su color a todo el pueblo Karen.  Mientras ella  invoca  su  plegaria,  me hace sentir de una  extraña manera  que soy uno más de esta  gran familia Karen  que  contra viento y marea , desplazada quizá de su tierra de origen, sigue conservando sus tradiciones y reuniendo  al menos una vez  al año a sus miembros dispersos  por lejos que se encuentren.  Se supone que los hilos hay que dejarlos en la muñeca hasta que se deshagan por sí mismos.  Estoy convencido que eso ocurrirá mucho antes de que yo pueda olvidar esta sencilla e inesperada ceremonia









8 de junio de 2014

Escuela de Bambú: Solidaridad periférica


Una de las razones por las que me gusta el proyecto en el que colaboro  es su carácter universal que si lo pensamos bien no deja de ser otra forma de decir solidario.  Aquí no hay espíritu de “capilla”. Ni mi ONG, ni mi colegio, ni mi pequeño proyecto, ni la obra de… Siempre que se puede ayudar se ayuda, si se puede colaborar con otros proyectos, con otras ONG, con otros grupos de ayuda solidaria se hace.

 Los sábados, un grupo de aproximadamente 30 chicas y chicos de entre 8 y 16 años vienen al colegio. Sería casi más acertado decir todos los escolares del pueblo de Mongsatoy.  ¿No tienen colegio allí?  Si, naturalmente, pero es un colegio pobre donde hay  sólo un par de ordenadores.  Los sábados, los ordenadores de nuestro  colegio están libres, así pues los niños vienen a recibir clases de informática  aquí y de paso, como complemento les damos también clase de inglés para reforzar las que reciben en la escuela del pueblo.

Los miércoles, chicos y chicas mayores del  Orfanato que sostiene  la ONG “Children of the Forest” (Chicos del Bosque) vienen a clase de informática a nuestro centro. Ellos a penas tienen  ordenadores. El Hno. Víctor , les ha hecho un hueco en los horarios de clase. Los  alumnos están encantados de poder tocar  un ordenador, y el colegio abre puertas y ventanas más allá de su pequeño perímetro.

Todos  los días, de lunes a viernes, y a  iniciativa  y sostén del colegio se creó en el pueblo  de obreros  de Hok Pan Rai  (Seis mil Hectáreas)  una escuela nocturna.  Inicialmente se pensó en los adultos recién llegados de Birmania  que trabajaban en la fábrica  de caucho. Queríamos darles la oportunidad de aprender algo de Tailandés.  Los adultos dejaron de venir porque ya se defendían  y la escuela nocturna siguió para ayudar a los alumnos más retrasados en sus tareas escolares. Ahora, los padres, vienen orgullosos a comprobar lo aplicados que son sus hijos.  Hace unos días, en una de las visitas regulares que hacemos a la escuela nocturna, vimos, sorprendidos, nuevos  alumnos adultos haciendo aplicadamente palotes en sus cuadernos, pero lo que  de verdad nos llenó de satisfacción, fue comprobar que nuestros propios alumnos  se habían convertido en improvisadores profesores que ayudaban a esas jóvenes muchachas recién llegadas de Birmania a dar los primeros pasos en un idioma desconocido.

La solidaridad es una cadena. Cada uno sabe y hace lo que puede.  Pero no se puede poner límites ni  barreras de antemano.  “Hasta aquí”  No es una frase muy acertada cuando se trata de aportar nuestro  grano de arena  a un mundo más justo.





5 de junio de 2014

A day of Joy among the Brothers


It was a big day at  Bagna  (Bangkok) College. After pronouncing their First  Religious Vows two new Thai brothers became part of the big de La Salle Institute.  Founded  in France in the 18th   Century  by Saint John Baptiste de la Salle, the brothers  devoted themselves to give free schooling to poor boys, first in France and later on through Europe , America, and  those countries they used to call  “Mission countries”.

The Brothers arrived in Thailand in the middle fifties. They were originally French Brothers detached from obvious reasons from their original  posts in  Vietnam.  They founded  a school  in Nakhonsawan which became very soon the best  reputed private school  in the city . A few years later they started  a second school  in  Chantaburi,  and  in 1963  they moved to  the capital with a  school that has grown from the original  500 students to the more than 4.000 today. Along these years, the original “missionaries” but for one exception, have been substituted by Thai  Brothers  who at present  number  about  twenty of them.

I was happy to join in the welcome feast  of the latest two new comers   and I couldn’t help  thinking that  everything looked very much like a wedding feast.  Two young men were pledging their lives, consecrating themselves to  God and  giving themselves to others  through  their religious vocation. As in a wedding  there was joy and feasting  and since the  two young Brothers  came from the Northeast of Thailand  what could be more enjoyable than to watch the traditional  Isan dances?


4 de junio de 2014

Escuela de Bambú: El colegio sigue creciendo


Muy pronto, el chamizo que  mal sirve de cantina comedor  de nuestro colegio pasará a la historia. La confianza  de nuestros patrocinadores y las generosas aportaciones  de  los donantes internacionales  han hecho posible los dos proyectos más ambiciosos para el colegio en este año:  un edificio multiusos que servirá de cantina comedor  pero también de lugar de recreo y juegos en época de lluvia,  y de salón de actos en  celebraciones y festividades por un lado, y por otro un pabellón de ocho clases en dos pisos que permitirá al colegio completar el cerrar  el ciclo de primaria con dos clases para cada  curso y sala de profesores, sala de ordenadores, y biblioteca  del colegio.

 Las futuras columnas del edificio multiuso ya están colocadas y hoy, en presencia de todos los alumnos, ataviados con su traje  étnico regional  nuestro párroco  cuya iglesia se encuentra a unos  100 kilómetros de nosotros, ha venido para bendecir la colocación de la primera piedra.  Los obreros se apresuran  ahora, antes de que empiecen las lluvias torrenciales para tener  la estructura del edificio en pie.   Pero esta es una obra solidaria, y a lo largo de Julio y agosto grupos de voluntarios llegados de Inglaterra y de España ayudarán en la colocación de los ladrillos, el alicatado de las paredes  y demás trabajos en los que se codearán con  los  trabajadores  contratados por el colegio parfa intentar concluir la obra  antes de que finalice el mes de Agosto.

Pese al colorido de la ceremonia no se perdió ni un segundo de clase y a las ocho treinta como de costumbre  explicaba por  enésima vez a mis alumnos la  construcción de frases que les resultan imposibles porque  son exactamente lo opuesto a su  estructura  verbal o gramatical. 

El viejo adagio de  “la letra con sangre entra”  ya no tiene cabida en nuestros días, pero las imágenes, la  repetición, el juego y las canciones,  van poco a poco calando y me llena de alegría ver con que soltura  me lanzan can mañana el  “Good morning, how are you?”    que contesto sin falta aunque tenga que hacerlo  doscientas veces.






29 de mayo de 2014

Operación calzado


Me pregunto cómo pueden  caminar, correr y jugar descalzos por caminos pedregosos. Les veo llegar descalzos al colegio y sé que han recorrido varios kilómetros a pie sin enterarse  de que van descalzos.  Les pregunto dónde están sus zapatillas y me dicen que las han olvidado, o que se les han roto, o que su mamá  no tiene dinero para comprarles  unas zapatillas nuevas,  y me siento un poco culpable por los baht  que tintinean en mi bolsillo. 

Algunos niños ya lo saben. En cuanto se quedan sin zapatillas, acuden al profesor  Fred que siempre está dispuesto a  comprarles zapatillas nuevas.  Esta mañana me he adelantado yo a ellos y cuando formaron filas para entrar en clase fui apartando los que iban descalzos.  Reuní una buena docena. con la ayuda de mi amigo Victor y de la cocinera los metimos a todos en la pick up y nos los llevamos al pueblo  para comprarles zapatillas nuevas.  Todos volvieron contentos  luciendo  sus nuevas chancletas.  ¿Cuánto les durarán?  Seguramente muy poco. Las zapatillas de goma  aguantan  peor  las piedras  y guijarros del camino que las encallecidas plantas de  sus  pies.  Están tan habituados a descalzarse  en cualquier momento para entrar en casa, en clase, en la tienda o en el templo,  que no es de extrañar que  al salir de cualquiera de estos sitios  se las dejen olvidadas y sigan caminando tan ricamente, hasta que de nuevo les vea llegar descalzos y sonrientes.

Una voluntaria que pasó por aquí el año pasado me dejó algo de dinero para dispusiera del él a favor de los niños.  En el colegio, la operación calzado lleva su nombre.