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14 de octubre de 2008

Escasez de recursos

"El mundo está constituido por bienes escasos y por necesidades insatisfechas"

Lo que me parece grave es que partiendo de estas premisas se han construido históricamente las bases doctrinales de la Economía que se imparte en las universidades de todo el mundo.
Pensemos un poco: Si hay escasez de recursos el otro será siempre visto como un competidor, como una amenaza. Si hay necesidades insatisfechas, hay frustración, este mundo no es un lugar para gozar, sino un lugar para luchar, pelearse, sufrir.

¿Y si diéramos la vuelta a la tortilla? ¿Y si pensáramos que el mundo es lugar de abundancia y satisfacción, no sería el otro automáticamente alguien con quien compartir?

Pienso que los recursos más escasos de este planeta no son las materias primas tangibles: gas, carbón, fuel. Los recursos más escasos son el amor, la solidaridad, la generosidad, la cooperación, la confianza. Sin embargo, el ser humano puede producir tanta cantidad de esas materias primas y fuentes de energía como voluntaria y conscientemente desee.

Ya lo decía el gran maestro del Management, Peter Drucker: "Toda las dimensiones de lo que supone ser un "ser humano" y ser tratado como tal no han sido incorporadas al cálculo económico del capitalismo".

4 de octubre de 2008

El poder de la palabra

Érase un monje tan santo y tan sabio, dicen, que después de toda una vida de estudio y meditación no había dicho nunca ni una sola palabra. Todos los novicios del monasterio respetaban y reverenciaban su sabiduría, pero al cumplir los ochenta y cinco años y declinar su salud se decidieron a pedirle que hablara, por fin.
- Explícanos, antes de morir, lo que en estos años habéis aprendido y contemplado. No os vayáis sin dejarnos algo..., algo como una pista que nos ayude en nuestro estudio y nos oriente en la contemplación.
El anciano les respondió con una sonrisa, pero siguió callado. A medida que su salud se debilitaba la impaciencia cundía entre los novicios. Y creció al punto que, ya en el lecho de muerte comenzaron a gritarle, a zarandearle incluso, para conseguir que soltara aunque fuera una pizca de su tesoro espiritual.
- ¡No seáis egoísta y cruel! No os llevéis todo aquello que habéis acumulado y que puede servirnos como luz y guía.
Pero el anciano seguía silencioso, imperturbable entre los jóvenes que empezaban ya a maltratarlo. Y fue sólo en el momento de exhalar el último suspiro cuando dijo una palabra, su única palabra:
¡Fuego!
Y el monasterio empezó a arder.
Esta es la eficacia, pienso, que tendría la palabra, cualquier palabra, en la que pusiéramos toda la intensidad que a lo largo de la vida hemos ido dilapidando en las mil y una tonterías que decimos y repetimos sin parar, sin pensar. Una palabra, que si fuera “agua” inundaría, que si fuera “paz” acallaría los cañones, que si fuera “primavera” abriría todas las flores, que si fuera “frío” congelaría el mundo entero.