7 de septiembre de 2014

Lecciones de solidaridad



Re Re Mon es una  alumna  primer año de primaria. Últimamente ha faltado a clase con frecuencia  e incluso algunas de sus compañeras  nos han dicho que ha dejado definitivamente la escuela.  Acompañados por el  profesor Jae decidimos ir a visitarla a su casa en el pueblo  Mon de Rai Oi.  Oficialmente Rai Oi  está en suelo birmano y hay soldados tailandeses que controlan la entrada y salida al pueblo pero en esta zona la cuestión de fronteras es siempre algo permeable porque sus habitantes más que birmanos o tailandeses se sienten sobre todo Mon.

Re Re Mon vive con  un abuelo.  Su padre y su madre se separaron  y la niña no ha vuelto a verlos.  El padre  que al parecer trabaja en Bangkok envía, los meses que se acuerda, 500 o  1000 baht para  el mantenimiento del abuelo y de la niña. (12 o 24 Euros).  Viven a  orilla del pueblo en medio de una plantación de caucho.

 La cabaña en la que viven no tiene puertas y sólo le quedan dos  de sus cuatro paredes.  El tejado es de chapa ondulada pero con no pocos agujeros. Solo hay un jergón y una mosquitera  apolillada  y comparten una sola manta para protegerse del relente de la mañana.  Habitualmente este tipo de cabañas suele tener un pequeño  chamizo exterior que  sirve de retrete pero  ellos  tienen que perderse entre los árboles para hacer sus necesidades.  El abuelo está a menudo enfermo. Sospechamos que tiene malaria,  y la niña cuando no está enferma ella también, tiene que quedarse a cuidar del abuelo  lo que explica sus frecuentes ausencias.   Ninguno de los dos ha ido al hospital  por falta de dinero, y a  todas luces pasan hambre. 

Volvemos a visitarlos unos días más tarde aportando ayuda económica para que puedan acercarse al hospital y de paso les entregamos un saco de 20 kgs. de arroz. Lo más interesante de esta segunda visita es que nuestro compañero profesor, se compromete con algunos de los alumnos a venir el fin de semana siguiente para construir un pequeño retrete para la pequeña Re Re Mon y su abuelo.


Aplaudimos la idea, y ofrecemos la financiación necesaria, pero dejamos la realización del proyecto enteramente en manos del profesor.  Aunque se suman otros profesores al proyecto, cuando al domingo siguiente vamos a verlos  constatamos que están sobredimensionando la obra y  que tienen poca idea de carpintería pero es su proyecto y lo que no debemos hacer de ningún modo es intervenir.  En este trabajo,  profesores y alumnos se sienten solidarios y orgullosos de lo que están haciendo y nosotros nos sentimos orgullosos con ellos. No tardan en reconocer sus errores, pero  nosotros los minimizamos.  En esta ocasión, además de ayudar a una niña en peligro, hemos hecho algo más importante, hemos involucrado a otros en la tarea y les hemos dejado libertad para equivocarse.  Muchos otros alumnos viven en situaciones parecidas, sin aseo, en casas que se vienen abajo, sin agua potable, etc.  Cuando se enfrenten a una nueva tarea  estamos seguros que se se acordarán  de los fallos de ésta, corrijan  y se sientan cada vez más orgullosos de  ayudar  a  otros aún más necesitados que ellos mismos.