15 de enero de 2014

Escuela de bambú: Ritos de Incineración


Su ilustrísima el Abad del Monasterio  Somdet de Sangklabury  finalmente va a ser incinerado  en estos días.  Phra Khru Wimon Khanchana Khun  murió hace un año.  Desde entonces ha permanecido embalsamado en espera del día propicio para su cremación  según corresponde a sus méritos y su categoría. En efecto  Los últimos 59 años de su vida  los ha pasado  en el Monasterio de Somdet la mayor parte de ese tiempo  como Abad principal.  Los astrólogos, que en el Budismo Mon nunca están lejos de la vida religiosa,   han dictaminado el día doceavo día del segundo mes lunar   como día propicio  incinerar  los restos mortales  de tal  insigne abad según el  rito de la tribu  Mon al que pertenece  este Monasterio.  Recordemos  que antes que los Tai  o los Brimanos llegaran a Tailandia fueron los Mon los  primeros receptores   de las Enseñanzas del Budismo Therevada llegado de Ceylan (actual Sri Lanka) y  a su vez  lo transmitieron a sus conquistadores.
En torno al Monasterio se ha venido desarrollando una gran actividad estos días pasados.  Se despejó una gran explanada contigua al monasterio y en ella sobre una estructura de bambú  se erigió un auténtico palacio de cuento de hadas. Luces de colores, pináculos y ojivas, papel de colores y abalorios de todo tipo crean una sensación de autentico palacio de ensueño.  Pregunto por su significado y me dicen que simboliza el cielo  que pronto alcanzará el alma del  difunto.  Han preparado igualmente una muy ornamentada  pagoda en forma de barco sostenida sobre una cuadrícula de palos de bambú que servirán de angarillas a los porteadores.  La estructura luce los mismos colores,  y avalorios que el efímero palacio y en un momento determinado llego a pensar que quizá se trata de una estilizada pila funeraria. Nada de eso: se trata sencillamente de un simbólico barco en el cual los restos del abad harán su último viaje pero no sin antes haber sido venerados, bailados y zarandeados por los fieles.

En efecto, desde hace tres días, al atardecer, se congrega una gran multitud  en torno a la explanada. Los diferentes pueblos Mon de la región, han rivalizado en preparar sus bailes rituales en torno al difunto  alojado la pagoda con forma de barco.  Parte importante del ceremonial consiste en que los hombres ataviados con trajes regionales, suban la estructura sobre sus hombres y efectúen una danza rítmica y sincopada con flexiones  de rodilla, alzado de una pierna  etc.   No pude evitar pensar en ese momento en los costaleros castellanos que también  “bailan” los Pasos de Semana  Santa  pese a que éstos son muchísimo más pesados que la endeble estructura que alberga el féretro del difunto abad.  A su lado, las mujeres, engalanadas con
trajes  Mon de alegres y vistosos colores acompañan a los danzantes .  Al  rítmico juego de piernas  de los hombres se contrapone  en el caso de las mujeres  el lenguaje y baile de las manos y los brazos.

Mientras tanto, en los alrededores se ha ido formando un auténtico mercadillo donde no faltan ropas de todo tipo, utensilios nuevos o de segunda mano,  toda clase de calzado, pero principalmente  comida, mucha comida y sobre todo muy variada.  En algún rincón los más piadosos se unen al rezo de los monjes llegados para la ocasión.  En otro lugar alguien ha pagado a una tropa de Ram  Khon (baile clásico tailandés)  que interpreta con mejor o peor fortuna escenas del Ramayana.  La mayoría del público que me rodea no  abandonará  el lugar hasta altas horas de la madrugada.  El trabajo puede esperar. 

He asistido a la ceremonia en primera fila uno de los tres días de fiesta.  Sentado cerca del actual Abad del monasterio he  podido interrogarlo sobre el difunto abad.  He podido constatar también el ambiente festivo de la ceremonia.  El pueblo Mon decía adiós definitivamente a uno de los suyos y lo hacía bailando y festejando el acontecimiento. 

10 de enero de 2014

Escuela de bambú: El duelo itinerante

EL DUELO ITINERANTE
Fernando Cerutti

He leído “El duelo Itinerante”  de Fernando Cerutti    y no podré dejarlo completamente  atrás mientras no escriba la reseña  que me quema en los dedos desde hace varios días.  Se trata de un libro extenso, denso si  se quiere,  anecdótico también pero sobre todo rezumante de sinceridad, cargado de humanidad y  rico en personajes retratados  con sus fallos y sus virtudes pero sobre todo con una  fina ironía.

Sin   ser  exactamente un típico libro de viajes, un  informe  técnico - sociológico, o una novela  de intriga, el autor ha querido combinar  esas tres características  en un todo harmonioso como las tres patas de un mismo banco.  El resultado no podía haber sido más logrado.  A la aridez de los datos demográficos  o de las técnicas de evaluación de los proyectos de cooperación de la Unión Europea se contraponen  los rasgos de carácter, las pequeñas manías, los problemas personales que arrastran los propios evaluadores de proyectos y de la mano  de Fernando recorremos  a caballo  la jungla de Honduras para llegar a  una tribu que intenta mantener el ecosistema  adaptarse  a  la nueva realidad de sus vidas sin dejarse arrastrar  por una civilización depredadora que amenaza su futuro.  A miles de kilómetros  y en terrorífico contrate podemos  recorrer los sedientos caminos de Somalia, viajar con el pensamiento a Sudán o maravillarnos por la forma en que gracias a un hombre recientemente fallecido, la República de Sudáfrica pudo pasar de la Apartheid  a  una democracia con cabida para negros y blancos sin rencores ni venganzas.

Después de leer el libro de Fernando Cerutti no nos queda la menor duda de que la Unión Europea trata de hacer un seguimiento exhaustivo de cada Euro que entrega como cooperación para  proyectos de desarrollo puestos en marcha directamente por la propia Unión Europea o por alguna ONG especializada  y  las autoridades y los  gobiernos concernidos. Pero la evaluación de esos proyectos no está hecha por robots.  Al final de cada informe hay una persona. Personas con un perfil personal y profesional diferente, con ambiciones,  planes de vida, sueños, y a veces fantasmas diferentes, y esta es quizá la parte que más me ha llamado la atención en la novela de Cerutti.

En mi opinión el autor se revela como un sutil observador del alma humana, y sabe contraponer todo lo que de noble y sincero tenemos las personas, con las frustraciones, los desengaños o las encubiertas  motivaciones  que dictan nuestros actos.  Personajes como la austríaca Úrsula o el italiano Mario Orsini, quedarán grabados en mi memoria.

Cuando escribo estas líneas, me encuentro del otro lado de la barrera, inmerso en un proyecto de ayuda humanitaria que lamentablemente no goza de subvención oficial de ningún tipo.  Por aquí no pasarán evaluadores de la Unión Europea, pero he tomado buena nota de sus criterios de evaluación. Debemos definir claramente lo que queremos, circunscribirlo en el tiempo, fijar metas  y marcadores de realización medibles y  mantener un desprendimiento suficiente  de nuestras propias  realizaciones como para cambiar  de planes  y de orientación a medida que la sociedad en la que nos movemos cambia .

Nuestro lema de hoy  “No child left behind”  (Ningún niño sin  una oportunidad)  tendrá  que cambiar necesariamente   cuando todos los niños Karen, Mon o Birmanos,  inmigrantes ilegales en la frontera entre Birmania y Tailandia estén escolarizados,  tengan acceso a la escuela primaria y su existencia sea reconocida por  el Gobierno de Tailandia de modo que sin necesidad de ninguna ONG puedan acceder libremente a las escuelas y colegios del Estado.

9 de enero de 2014

Escuela de bambú: Espíritus y seres mitológicos



El budismo, entendido como filosofía de vida, regla de conducta, o conjunto de normas y consejos para ser feliz, ha puesto el acento en la conducta más que en la creencia y esto a su vez le ha permitido ser una religión sincretista con cabida para expresiones de religiosidad que nada tienen que ver con el mensaje original de Lord Buda.

En Tailandia, en la vida cotidiana de cualquier fiel devoto, e incluso dentro del propio templo budista conviven pacíficamente elementos que tienen que ver con el animismo, los espíritus o la mitología unas veces de origen local anteriores al propio budismo y otras veces heredada junto con el budismo de la tradición védica de la India y de las grandes epopeyas del Ramayana y del Mahabharata.

Uno de los primeros detalles que llama nuestra atención cuando visitamos Bangkok es ver esos diminutos templos profusamente adornados, colocados sobre una columna a la puerta de las casas, de los establecimientos comerciales o incluso de los hoteles. Si nos acercamos, veremos que en ellos se han depositado velas e incienso pero también fruta y algún alimento fresco. Se trata de los “Ban Phi” o casa de los espíritus y se consideran tanto el lugar adecuado para venerar a los espíritus protectores de la familia, como el lugar para realojar a los espíritus de la naturaleza que ocupaban el solar antes de que se construyera la casa. Tratarlos adecuadamente, darles comida y hacer que se sientan a gusto es una manera de evitar males mayores, y hacer que estén de nuestro lado.

Dos animales mitológicos son indisociables de la cultura tailandesa. Su origen se remonta a los libros sagrados de la India pero en Tailandia han adquirido una simbología particular hasta el punto de que “garuda” el hombre-pájaro que vemos sosteniendo las estupas de los templos, no solamente simboliza la supremacía y la fortaleza sino que simboliza también la realeza y como tal figura en el escudo de Tailandia. Otro ser mitológico hermano y antagónico del anterior es “naga” la serpiente sagrada, mujer cobra, símbolo del confort y de la seguridad y que en su forma estilizada se ha convertido en el elemento más destacado para coronar los aleros de templos y casas de estilo tailandés. Nagas de cinco cabezas encontramos también por ejemplo en las escalinatas del templo de Esmeralda y en los pórticos de algunos templos son veneradas por haber formado una especie de sombrilla para proteger a Lord Buda de los rigores sol.


Entre los animales mitológicos llegados a Tailandia a través del Ramayana, aquí bautizado como Ramakien, probablemente el más querido es Hanuman. el hombre mono, fiel servidor de Rama en la incansable búsqueda de su esposa Sita. Es el protector de los enamorados y simboliza la lealtad, el valor, la fidelidad, la abnegación y la amistad.

Una de la figuras mitológicas que probablemente más veces se fotografía en el Templo de Esmeralda es la de Kinari Mitad humano y mitad pájaro, tiene la cabeza, el torso y brazos de una bella mujer y las alas, cola y los pies de un cisne. Su voz es encantadora y su andar agraciado. Ella es patrona de la danza, la poesía y la música. Muchos padres tailandeses alientan a sus hijas a emular la gracia y la elegancia de la dama cisne. Un tema favorito de los artistas, Kinnari aparece con frecuencia en forma de esculturas y murales. El león de Tailandia, el rey de las bestias míticas. Se representa con llamas ardiendo en la cabeza, el cuello, la espalda y detrás de cada una de sus patas, es verdaderamente una magnífica criatura. v. La mayoría de los habitantes de los bosques de Himmapan tienen miedo del rey león por su esplendor. Aunque Rajasi simboliza la grandeza y magnificencia, muchos tailandeses, especialmente aquellos que viven en el norte lo culpan de los incendios forestales. No podemos cerrar este pequeño repaso a la mitología tailandesa sin hacer mención de los Dhosa Kiridhorn, gigantes a mitad de camino entre elefantes y demonios que sin embargo guardan las siete puertas del templo de esmeralda e impiden que los malos espíritus pueblen su interior.

El mito, la fábula, pero también un auténtico fervor religioso nutre la vida del pueblo llano. Quizá no sepa de teología, ni pueda explicar muy bien en lo que cree, pero desde niños, en las casas, en los templos, en las escuelas, a través del ejemplo de los mayores, a través de . los ritos de la vida y de la muerte, han ido interiorizando un mundo lleno de connotaciones religiosas que se traduce con frecuencia en una actitud de benevolencia hacia los más desprotegidos, de solidaridad y de rectitud moral.

Iman Maleki: Hiperrealista iraní


Iman Maleki ( Teherán 1976 - ) es un pintor iraní el  Hperrealismo. Desde muy niño sintió la vocación por la pintura; se graduó en la Universidad de Arte de Teherán como diseñador y estudió con el mejor pintor hiperrealista de Irán,Morteza Matouzian perfeccionando una minuciosa técnica de  realismo casi fotográfico. Fue galardonado con el premio William Bouguereau y el “Chairman’s Choice” en la II Competición Internacional de  Art Renewal Center. Algunos le consideran el mejor pintor de arte realista del mundo.  Sus cuadros muestran la sencillez del pueblo iraní y la crudeza de la realidad en que se mueven, con ocasionales toques poéticos y surrealistas

Escuela de bambú: Año Nuevo

Como el alumno que tiene ante sí una página en blanco y se dispone a escribir la redacción de su vida, así, ante este nuevo año que se ofrece  a cada uno de nosotros, me siento cohibido, casi temeroso, y me pregunto qué sabré hacer  con cada uno de sus días… Tailandia seguirá siendo una realidad al menos en los tres próximos meses pero  ¿Luego?

Nada está del todo en nuestras manos y por consiguiente hacer planes minuciosos no nos lleva sino a la decepción o al desengaño.  A cada día le basta sus fatigas dice algún pasaje de la Biblia. Pues bien, que estos días ya casi de final de curso me llenen y me basten.  Confío en que como en esos edificios modernos en los que las luces se van encendiendo a medida que uno camina por los pasillos, así el futuro se vaya iluminando a medida que avanzo hacia él y que sin titubeos  sepa aprovechar cada instante  para sembrar sonrisas y plantar conocimientos.

29 de diciembre de 2013

Escuela de Bambú: El Buda de Esmeralda


Mide a penas 65 cm de altura  y aunque se le conoce como el Buda de Esmeralda  está tallado en una sola pieza de jade oscuro.  Cambia de ropaje, a manos del Rey de Tailandia ,  tres veces al año atendiendo la estación de lluvias, de verano o de invierno, como algunas de nuestras Madonas en España.  Ha peregrinado por numerosos países asiáticos desde su probable lugar de origen en India. Ha  padecido las veleidades del destino:  naufragios en alta mar,  elefantes  negándose a  moverlo  de su  emplazamiento en Lampang,   o la sacudida de un rayo que desconchó el estuco que lo recubría para evitar la codicia de los ladrones. Domina desde su alto pedestal  uno de los templos más hermosos del mundo, cataliza el sentimiento religioso de la casi totalidad de la población tailandesa y aunque no se le puede fotografiar atrae  la atención  de cuanto turista se acerca por Bangkok.
Se trata del  icono más emblemático del budismo tailandés,  y aunque su origen preciso se pierde en mil leyendas,  la estatuilla después de haber  pasado por  Cambodia, estuvo durante años en  Chieng Rai, en  Lampang,   Chieng Mai  y  Vientiane nueva capital del Reino de Laos durante más de 200 años,   de donde finalmente fue  rescatada por  el General Taksin ,  que  poco después  y bajo el nombre de  Rey Chulaloke  o Rama I   trasladaría  la capital del Reino desde Ayuthaya a Thomburi  y posteriormente a Bangkok  y  fundaría la dinastía Chakri que sigue reinando en Tailandia desde entonces, siendo el actual Rey Bumiphon Adunadet,   Rama IX.
Para albergar tan venerada y  codiciada imagen  el monarca inició en 1778 la construcción , dentro del recinto  del palacio real,  de uno de los templos más hermosos  jamás construidos. El templo del  Budha de Esmeralda,  que aunque  consta de varios  edificios y estupas no es propiamente un templo, pues no habitan monjes en él,  siendo más propiamente   una capilla real  anexa al palacio.
La capilla principal que alberga la estatuilla está construida en estilo Rattanakosin, es decir en estilo Viejo Bangkok,  con  tejados superpuestos recubiertos de tejas vitrificadas de color rojo, naranja y verde,  con aleros  terminados en paneles profusamente decorados cuyos extremos se curvan graciosamente hacia el cielo en forma de  “nagas” o serpientes mitológicas  muy estilizadas. Las columnas están recubiertas de cristales, espejos y mosaicos y se asientan sobre una base recubierta de mármol .  El interior de la capilla totalmente recubierto de pinturas  representa por un lado escenas de la vida de Buda y por otro la concepción del universo según la cosmología budista. Sobre un  exageradamente alto pedestal  se erige  la diminuta  estatuilla.  Pero la altura tiene una explicación:  otras capillas se asientan en el recinto y albergan estatuas de Buda de mayor tamaño. Ninguna sin embargo puede sobresalir  por encima del venerado  icono de Tailandia.
El “templo”  comprende además  otros edificios como  la Biblioteca  “Phra Mondop”  cuyas puertas  se adornan con bellas incrustaciones de madreperla y que alberga  los libros sagrados del budismo , o las diferentes  “ estupas” entre los que cabe destacar el Gran Cheddi  que contiene una reliquia de Buda  y está recubierto de diminutos mosaicos dorados traídos directamente de Italia por el Rey Mongkut (Rama V) en su primer viaje a Europa.
El recinto está rodeado por una galería o claustro   con siete puertas, todas ellas custodiadas por las famosas parejas de "Yaksha", verdes y rojos, gigantes benévolos,  guardianes del templo. En las paredes interiores del claustro  178 grandes   paneles  pintados  a mano  nos cuentan  la versión tailandesa del  Ramayana, la saga épica  del hinduismo.  El oro de las figuras, el detalle de los rostros, la belleza de cada cuadro me  entusiasma y cada vez que visito el templo no dejo de sorprenderme de la poca atención que reciben estas pinturas  en comparación con la muchedumbre que abarrota  los patios, fotografía  los monumentos y se fotografían a sí mismos imitando las poses de las “kinnaris”  (figuras mitológicas mitad mujer mitad cisne que simbolizan la danza y  la poesía  o  más generalmente la belleza) o  de los “Hanuman”  ( hombres mono)  que con brazos levantados parecen sostener las paredes de los  “Cheddis”. 

El templo del Buda de Esmeralda es probablemente la mayor atracción turística de  Bangkok. Es inútil pretender visitarlo en solitario.  China parece haber abierto un  túnel  directo por el que se cuelan cada día  miles de ruidosos nuevos   turistas ávidos de inmortalizar el “yo estuve allí”. Es el tributo que pagan  estos lugares emblemáticos.  Cada vez que me acerco a este lugar  necesito hacer pequeñas pausas de silencio.  Sé donde refugiarme:  inmóvil ante uno de los cuadros del "Ramakien"  contemplo con detalle cada rasgo, cada gesto de  monos, gigantes, y humanos luchando o parlamentando.  Me tranquilizan  y vuelvo a deambular  bajo un sol abrasador y el resplandor de espejuelos y mosaicos  que me transportan a un país de fábula.






27 de diciembre de 2013

Escuela de Bambú: Una Navidad diferente


En las tiendas no hay turrón, ni se amontonan las botellas de cava.   En las calles no hay luces de colores, ni se oyen  machacones villancicos.  Navidad es un día más  del calendario, pero  detrás llega el Año Nuevo  2557  que aunque no coincide con el  Año nuevo Budista, sin embargo  a efectos  oficiales y comerciales se alínea con nuestro calendario eso sí, añadiendo  543 años  en recuerdo del nacimiento de Lord Buda. 
Salvo raras excepciones de  origen musulmán nuestros alumnos son budistas. El colegio respeta  sus creencias y en ningún momento fuerza  la asistencia a ninguna  ceremonia  cristiana, sin embargo y de forma excepcional este año  hemos  celebrado una misa en nuestra Escuela de Bambú.  La ofició el Sr. Obispo de la diócesis que abarca una extensión más amplia que Andalucía y Extremadura  juntas.  Me sorprendió la asistencia masiva de  niñas y niños y sobre todo la asistencia de los padres  que a una  hora  temprana  ya llenaban el patio del colegio pese a la niebla y frío de esta época del año en las montañas del Noroeste del país.
Después de la misa, un grupo de  alumnos escenificaron  el misterio de la Navidad  en un estilo casi naif pero al mismo tiempo conmovedor.   Los  protagonistas  representaban las escenas : el edicto de Roma, la búsqueda de la posada,  el Establo, el anuncio a los pastores,  la visita de los Reyes… Mientras tanto, las voces  llegaban de detrás del escenario  en  idioma birmano  y con una sincronización tan perfecta que costaba darse cuenta del engaño.  Hay que tener en cuenta de que la escuela no tiene electricidad  y todo el sonido que podemos producir es a través de un micrófono y altavoz activado con un pequeño generador  de electricidad.
Como todos los días, el colegio ofreció la comida a los niños pero esta vez además, hizo extensiva la invitación a los padres que asistieron a la representación.  Me encantó  poder conocer y saludar a esas madres sencillas, dichosas viendo a sus hijos alegres y un poco acobardados mientras ellas me saludaban con una hermosa sonrisa.  De qué hubiera servido que  me hablaran en Mon,  en Karien, o en Birmano, cuando la sonrisa y los ojos dicen y hablan todos los idiomas del mundo?
A lo largo de los últimos meses los alumnos habían ido comprando  ( Dos baht por  vale, equivalente a  0,05 € )  o consiguiéndolos  por buena conducta, por trabajos bien hechos, por pequeñas tareas realizadas en el colegio.  Llegó el momento de intercambiarlas por papeletas de una rife y probar suerte con los regalos: mantas, ropa, muñecos, y varias bicicletas.  No olvidaré la expectación de madres y niños  ante el sorteo de las bicicletas. Equivalía en Europa a la rifa de un coche de marca.  La Fiesta no había acabado pero un
puñado de  alumnos, sin que  aparentemente nadie que les dirigiera ya se habían puesto a limpiar  todas las instalaciones del colegio,  recoger papeles tirados en el suelo,  guardar bancos y sillas, descolgar  carteles etc.  Y es que  en este colegio, creo que en esta cultura, los niños aprenden muy pronto a compartir las tareas de la casa, al menos aquellas que están al alcance de sus fuerzas.
Los profesores aún tuvimos un buen rato de alegre convivencia compartiendo canciones, juegos en los que el perdedor  era enharinado, y hasta un bingo con premios en juguetes y en metálico.  Me enharinaron, pero también  canté bingo  y obtuve la fortuna de  200 Baht ( 5 Euros) y un muñeco que me sigue mirando desde un rincón de la  atestada mesa en la que escribo este  relato.







19 de diciembre de 2013

Escuela de Bambú: Un corazón más grande que la selva que la rodea


Ayer me invitaron a hacer un viaje especial. Después de cargar en la furgoneta una veintena de cajas de leche que otros colegios han regalado a nuestros chicos, nos adentramos en la selva por una carretera que a los pocos kilómetros se convirtió en pista de tierra roja. El paisaje no podía ser más agreste, la pista menos transitable y la vegetación más exuberante. La pista ascendía colinas y se precipitaba por los barrancos con inclinaciones cada vez más atrevidas. Coronada una de esas colinas, llegamos por fin a un claro en el que se apiñaban unas construcciones variopintas y desparejadas: ladrillo, bambú, madera, paja y uralita se combinaban de manera tan insólita que resultaba casi pintoresco. 
 Detuvimos la furgoneta y al instante estábamos rodeados por un tropel de niñas y niños de edades comprendidas entre los 4 y los 15 años.  No era difícil adivinar que se trataba de algún orfanato pero lo que no podía imaginar es que quien salió a recibirnos fue una monja budista revestida de un impoluto sari blanco. Estaba por fin ante “ Mae Chin Jack”, una mujer de quien que ya había oído hablar. Esta monja budista, al darse cuenta que los niños huérfanos confiados al templo en el que profesaba no estaban bien atendidos decidió hacer algo por su cuenta. Compró un terreno, pidió dinero a derecha e izquierda y construyó en plena selva un hogar para niños procedentes de hogares destrozados. Familias en las que la madre huyó del marido para casarse con otro, madres solteras que abandonan a sus hijos con una vecina para ejercer la prostitución en la capital, hijas e hijos de mujeres abandonadas por sus maridos y con cuatro o más niños pequeños a su cargo, mujeres maltratadas que huyen del marido violento, borracho o drogadicto… Sin importarle la procedencia , muchos vienen de la vecina Myanmar (Birmania) ni la etnia, allí se mezclan birmanos, Karen, Mon y Tailandeses, todos encuentran acogida, un techo, y milagrosamente una comida caliente que llevarse a la boca. 
 Son más de sesenta niños y se les ve contentos y relajados. Los mayores ayudan a los pequeños y cuidan de los árboles de caucho que han ido adquiriendo. Los más pequeños aprenden tailandés en la casa, los que pueden y tienen papeles van a la escuela nacional en una furgoneta que viene a recogerlos, aunque sospecho que en tiempo de lluvias y con la pista convertida en barrizal, más de una vez se habrán tenido que quedar en casa, pues con esas pendientes ni siquiera un todo-terreno con tracción a las cuatro ruedas es capaz de trepar por esas laderas.
Hablo con la monja y me sorprende su tranquilidad. Es como si estuviera convencida de que nadie la necesita en ese momento. De algún modo, la comida de mañana llegará. Algún benefactor llegará de un momento a otro. La marcha de la casa sigue su curso. Siempre hay voluntarias y personas dispuestas a arrimar el hombro. A veces vecinos casi tan pobres como ella misma. Las palabras del Evangelio a propósito de los pájaros del cielo me vienen a la mente. Sin haberlo previsto, de repente, me sentido muy cerca del Portal de Belén.

8 de diciembre de 2013

Escuela de Bambú: Rojos y Amarillos, una disputa que no cesa


Los manifestantes han cambiado su camiseta  amarilla y se ha arrogado  para ellos solos la Bandera Nacional  roja, azul y blanca. Están empeñados a llevar a cabo un golpe de estado esta vez de corte popular (los 17 anteriores desde 1932 fueron golpes de Estado provocados por los Militares) . Entre tanto, los vendedores ambulantes de Pratunan siguen ofreciendo sus gangas a los turistas que se sienten nerviosos ante los alborotos callejeros,  la respuesta de la policía con gases lacrimógenos los cortes de calles, y las manifestaciones más o menos  autorizadas y más o menos violentas.

Entiendo que es un buen momento para tratar de  esbozar  la situación política de Tailandia sin por ello tomar posiciones en ningún sentido.  La primera característica del sistema político de Tailandia es  su inestabilidad.  17 constituciones en 80 años, y una veintena de golpes de estado dan buena prueba  de esta afirmación.  En segundo lugar, es imposible entender lo que ocurre en Tailandia sin tomar en consideración el papel especial que  desempeña el Ejército.  Los Golpes de Estados y las diferentes constituciones “Democráticas” redactadas por ellos mismos ha hecho que su poder y su independencia  frente al Gobierno no haya dejado de aumentar.  Podría casi decirse que los Militares constituyen casi un Estado dentro del Estado  y se rigen al margen de cualquier decisión parlamentaria.

La situación actual de Tailandia no se entendería sin remontarnos a  2001 cuando un hábil y capacitado Thaksin Shinawatra  líder del Partido  “Thai Rak Thai”(Tailandia ama Tailandia) más popularmente conocidos como “Camisas Rojas” sube al poder. Pese a la oposición  del Partido Demócrata  o más popularmente “Camisas amarillas”  Taksin emprende una serie de reformas  de corte populista que renuevan la confianza de los inversores extranjeros y dan una cierta estabilidad económica al país. Gracias en parte a esa bonanza vuelve a ganar las elecciones  pero  so pretexto de  “deterioro político”  en 2006 los militares dan un golpe de estado,  deponen al primer Ministro   Thaksin  por  irregularidades financieras, abuso del poder y utilización de las leyes para favorecer sus propios intereses.  Limitan las libertades democráticas, crean un “Consejo para la Reforma Democrática” que se encargará de redactar una nueva Constitución   de la que  sale fortalecido sobre todo el poder de los Tribunales.

Thaksin abandona el  país antes de que la condena a dos años de cárcel  se haya ejecutado  pero en las elecciones de 2007 su partido  dirigido por Samak Sundararavej vuelve a ganar  y aunque éste es inhabilitado por haber dirigido un programa televisivo,  Somchai Wongsawat, cuñado  de Thaksin se convierte en Primer Ministro. Cuatro años más tarde en 2011 el partido  “Thai Rak Thai”  vuelve a ganar las elecciones  apoyado sobre todo por los campesinos del Norte y Noreste del país  y el 5 de Agosto de 2011 la propia hermana de Thaksin, Yingluck Shinawatra  es nombrada primera ministra.
El actual Gobierno pretendía pasar  una Ley de amnistía general para todos condenados en 2006 por delitos políticos y financieros incluido el propio Thaksin. Es en ese momento cuando la oposición,  dirigida en la calle por Suthep Thangsuban, secretario general de los Demócratas, se lanzó masivamente a la calle para protestar contra la medida.  Desde entonces La Corte suprema  ha declarado inconstitucional la pretendida Ley de Amnistía  pero los ánimos siguen exacerbados y   ahora  los camisas amarillas se han revestido de banderas tailandesas  y bajo la denominada “Alianza Popular para la Democracia reclaman la disolución del Parlamento , la disolución del partido “Thai Rak Thai” y sobre todo la inhabilitación de cualquier miembro de la familia de Thaksin para ejercer un cargo público.
La manifestación está apoyada principalmente por  estudiantes, funcionarios  e intelectuales de  Bangkok. La policía, que tradicionalmente simpatiza con el partido en el poder,  ha utilizado en las últimas algarabías medios  disuasorios y contundentes  para disolver las manifestaciones, y los Militares  rápidamente ha dado  aviso de que no tolerarán la acción violenta de la policía.  ¿Hasta cuando durarán las protestas?  El Rey, que con ocasión de su Cumpleaños debía dirigirse a la nación a penas a mencionado la tensión que vive el país. 


Entretanto los vendedores de Pratunam  suspiran por que haya tranquilidad en las calles, y nosotros exiliados en este rincón noroeste del país, a penas nos enteramos de lo que ocurre en la capital  si no es por lo que nos cuentan  los que por obligación tienen que desplazarse a la capital.

5 de diciembre de 2013

Escuela de Bambú: Fiesta Parroquial

El domingo pasado  celebramos la fiesta de San Francisco Javier, patrono de la parroquia de  Phu Thong a la que pertenecemos.  Resulta sin embargo que la iglesia en cuestión está  a más de 100 km de distancia de nuestro colegio y el  Párroco que la atiende  tiene a sus  escasos feligreses desperdigados  en una área  de tres  distritos administrativos  que cubren un área  aproximada  de unos 80 km cuadrados.  En cuanto a la diócesis, pertenecemos a la  de Rachburi que abarca una superficie equivalente a cinco o seis provincias Españolas
Esta escasez de católicos y el  esfuerzo  que supone  acercarse a la iglesia, asistir a misa o recibir los sacramentos hace que  las fiestas  religiosas no sólo se vivan  con intensidad  sino que además constituyan un acontecimiento festivo al que se acude con un sentimiento de fervor, pertenencia y  de disfrute.
Nuestro colegio no podía permanecer ajeno a la festividad de la parroquia y con ese espíritu festivo acudimos acompañados de nuestros dos grupos de danzas que interpretaron para los asistentes  hermosos bailes Karen.

Sacerdotes de toda la diócesis, colegios de religiosas, y numeroso público   de parroquias cercanas viajaron también y acompañaron a  los escasos feligreses que componemos el  elenco parroquial. 

En este país una fiesta no se concibe sin un mercadillo, y todos los que quisieron pudieron hacerse con los productos típicos de la zona: fruta, especialmente plátanos y pomelos,  miel, telas bordadas al estilo Karen,  y cestería variada.  Numerosos puestos de comida ambulante  se ocuparon de saciar el apetito de los asistentes.

Prácticamente único extranjero  en un lugar tan remoto y asistiendo a una ceremonia religiosa dio pie a la gente me tomara por un sacerdote. Más de una vez tuve que aclarar que sólo era un profesor  voluntario,  pero guardé silencio cuando amablemente me invitaron a compartir el ágape preparado para el Sr. Obispo y los sacerdotes asistentes a la fiesta.
        


28 de noviembre de 2013

Escuela de bambú: Meditando


Ocho de la mañana en la Escuela de bambú. Los últimos jirones de niebla se enganchan aún perezosos en los arbustos que recubren la montaña vecina.
       
         Suena la campana. Los niños forman filas. La bandera se iza al son del himnos nacional, luego, ordenadamente los alumnos se dirigen , al recién reconstruido  espacio multiusos, donde como todos los lunes, participan en la sesión de meditación colectiva  dirigida por uno de los profesores. Todos los niños, incluidos los más pequeños asisten. Se sientan en el suelo, los chicos cruzan las piernas en posición de loto, las niñas se las recogen a un lado, todos cierran los ojos, colocan la mano derecha abierta sobre la palma de la mano izquierda y escuchan las palabras que en voz baja y suave el profesor les va susurrando.  Son frases breves, tranquilizantes, cada vez más espaciadas. Invitan a los niños a saborear el silencio, la calma, la tranquilidad que poco a poco les invade.  Su rostro sereno e inmóvil denota una profunda concentración. Se podría oír el vuelo de una mosca.  Un niño de unos cinco años  se cansa, mira a su alrededor, busca alguien con quien hablar, sonreír, jugar, pero nadie parece percatarse. Resignado . preguntándose quizá qué es lo que ocurre, vuelve a agachar la cabeza y concentrase en alguna hormiga que cruza su campo de visión.

                Han pasado diez minutos como en un soplo. De nuevo se oye la voz del profesor que invita a los niños a abrir los ojos, a mirar en torno a sí y recobrar conciencia de las cosas familiares  que les rodean y que tan a menudo pasan desapercibidas. Forman de nuevo filas y se dirigen a sus clases. En el trayecto recobran de pronto su natural alegre y bullanguero. Algunos tienen tiempo incluso de gastar una broma al que va delante. Cuesta creer que sean los mismos  niños que hace un momento parecían pequeños budas en el claustro del templo No es fácil calcular el efecto, pero estamos convencidos que a la larga, esta práctica semanal les ayudará algún día para escapar de la confusión  o de la angustia del momento  para llegar a lo más profundo y valioso de sí mismos.  Su inquebrantable esencia.  De algún modo, y casi de forma inconsciente,  yo también he ganado  serenidad y mi clase seguramente se  beneficia de ello.


24 de noviembre de 2013

Escuela de Bamboo: Loy Kratong


El día 17 de Noviembre, aquí en Tailandia fue el día de la Luz, el día de la Belleza , el día de “Loy Kratong”. 
La luna ha pulido sus mejores galas y brilla plateada y llena como nunca en este  doceavo mes lunar.  En las casas, en los colegios, grandes y chicos se han dedicado a preparar los “kratong”.  Han elegido un tronco de banano, y han seccionado un disco de aproximadamente tres centímetros de grosor. Sobre él, con hojas de banano cortadas en tiras y trenzadas hábilmente  han formado una especie de canastilla que han rellenado de flores, de velas y de bastoncillos de incienso. Más tarde añadirán unas monedas y algún otro pequeño objeto, pero de momento se concentran en adornar la canastilla de forma sencilla pero original. Quizá se decidan presentar el “kratong”  (cestillo)  al concurso que se celebra en el barrio, o en colegio para elegir el más vistoso.  Salinee, la hija mediana de la familia, viste un precioso traje de seda y está engalanada como una princesa.  Ha sido elegida en el colegio para actuar como  Nang Noppamas  o reina de la fiesta y se presentará al concurso de belleza que se celebra en el municipio en recuerdo de aquella concubina del rey Loethai de Sukhotai que allá por el siglo XIII fue la primera en  dejar flotar sobre el río su barquichuela cargada de flores, incienso, velas y otras ofrendas en honor y agradecimiento a la diosa del agua Phra Mae Khongkha
Desde entonces, en Tailandia se viene celebrando la fiesta de Loy Kratong, una de las fiestas más bellas, más románticas, y más cargadas de simbolismo del calendario tailandés.
Al anochecer, cuando la luna llena hace brillar como un espejo  la superficie de los canales, ríos y estanques, hombres y mujeres se acercarán en familia o en grupos a la orilla del agua, depositarán unas monedas en el “kratong” encenderán las velas y los bastoncillos de incienso, formularán sus deseos y se quedarán inmóviles,  durante mucho tiempo, la mirada fija  viendo como su  “kratong” se aleja por el “klong” o canal llevándose todo lo malo acaecido  durante el año, incluido aquello de lo que ellos  mismos han sido responsables. El agua que todo lo purifica, limpiará también todo lo negativo de sus vidas.
Evidentemente, cada cual añadirá  a la celebración su interpretación particular. Para unos será la manera de reverenciar la huella de Buda  en la playa  Nammathanati de la India;  para otros, una manera de evitar desgracias siguiendo la tradición  Bhramánica,   para los campesinos del Norte, será la manera de congraciarse y presentar agradecimiento a  Uppakhud  el monje que con sus poderes sobrenaturales venció a Mara. Para los más ecologistas será la manera de pedir perdón  por el mal uso que hacemos del agua, y  por la continua agresión a la que los  humanos  sometemos al precioso líquido fuente de la vida. Ellos, lamentarán de paso, que algunos desaprensivos  en lugar de utilizar únicamente  plantas y otros productos biodegradables  utilicen  plásticos   contaminantes para hacer sus kratong más grandes y más vistosos. 

Para todos es un día de alegría, y para los jóvenes enamorados  es el día de los besos furtivos  a la luz de la luna y la sombra de algún rincón escondido.  No hace frío, las lluvias  han desaparecido y nadie tiene prisa por volver a casa. Los fuegos artificiales amenizan la noche los puestos callejeros  se encargan de ofrecer comida y golosinas  a los transeúntes,  y algunos, siguiendo una tradición reciente, no satisfechos con el “kratong” que han depositado en el canal,  lanzan al aire linternas encendidas que ascienden  en el cielo y multiplican el efecto  mágico de la noche.






27 de octubre de 2013

Escuela de Bambú: Voluntariado



Hoy regreso a España después de una estancia de seis meses en Tailandia. No ha sido un viaje turístico, aunque he hecho turismo.  No ha sido un viaje de placer, aunque he disfrutado cada minuto que he pasado en este país. No he conseguido grandes logros, ni curado enfermos, ni cavado pozos, no siquiera creo que nadie hable mejor inglés porque yo les haya dado unas clases.   Vistas así las cosas, ¿para qué ha servido ir tan lejos, perder el contacto con la familia, con los amigos, con la casa a la que me estaba acostumbrando, con dejar de hacer las cosas que me gustaban: pintar, leer, asistir al taller de escritura, hacer excursiones por el monte los domingos?
No tengo una respuesta clara. Desde luego nada de lo que pueda decir es cuantificable, medible, transformable en estadística.  Como un grano de arena más, he contribuido a la buena marcha de un proyecto.  Un grano de arena entre muchos otros granos,  una gota de agua como tantas otras. Juntos hacemos algo que merece la pena: dar una oportunidad, por efímera que sea, a unos niños que están condenados a vivir sin papeles, sin nacionalidad, sin oportunidades, en ese “no man’s land” entre dos países, sin acabar de pertenecer a ninguno de ellos, porque étnicamente  son diferentes,  ni thais ni birmanos,  sino tan sólo Mon o Karien, pero queriéndose integrar en un mundo que a pesar de ellos pasa porque hablen thai y encuentren una oportunidad en Tailandia.
He participado colectivamente en  algo que merecía la pena. Algunos niños se beneficiaran del empeño de unos religiosos que cumpliendo el mandato de su fundador de enseñar  a los pobres, están proporcionando educación, transporte, comida y a veces ayuda material a cientos de niños y a algunas de sus familias.
A cambio de tan poco he recibido tanto que casi me da vergüenza reconocerlo.
He comenzado a ver en torno a mi, a personas  individuales, con su nombre, su identidad, su situación económica, sus problemas. Ya no son gente. Son ellos y  les saludo, hablo con ellos, les sonrío, y si puedo les ayudo.  Detrás de cada muchacho que llega a la clase hay una historia, una familia, una situación económica que a veces puedo mejorar.
Estoy  aprendiendo a medir el tiempo de otra manera.  Estos países budistas te enseñan a pesar tuyo a  medir los minutos con otros criterios que el reloj y la eficacia.  Saber esperar, dar tiempo al tiempo,  ser conscientes de  “ser” y de “estar”  aunque no se esté haciendo nada
A pesar de mi mismo  estoy tomando nota de que se puede vivir con muy poco, que todas esas cosas que nos parecían indispensables pueden faltar y no pasa nada.  Que no es imprescindible tener un televisor, ni aire acondicionado a pesar de los 40ºC, ni se hunde el mundo porque se caiga la red de internet  y quedes incomunicado durante días.
 El voluntariado implica mucha humildad, que no tengo, mucha generosidad, que me falta,  buena salud, pero sin tomarse el pulso cada poco rato, capacidad para adaptarse a las circunstancias que no siempre se pueden  elegir,  paciencia para saber esperar , a mi me sigue costando una barbaridad, y por último pero no por eso menos importante  un sentido religioso, moral o ético que te inspire y de auténtico sentido a lo que haces.
Pero no he aprendido bien la lección.  Por eso después de unas semanas de descanso, volveré a la tarea para tratar de aprender bien la lección.  Creo que si apruebo el examen seré luego una persona más feliz.

25 de octubre de 2013

Escuela de Bambú: Sukhothai en imágenes

Escuela de bambú: El Reino de Sukhothai


No siempre  las gloriosas gestas de nuestros países se sustentan en contrastados hechos históricos pero indudablemente para cualquier tailandés culto, Sukhothai significa el compendio de todos los valores que conforman la identidad nacional: el idioma, la religión, el arte, la cultura y la autoridad.
A partir del siglo X  diferentes tribus Thai llegaron  desde el Sur de China en busca de tierras fértiles en las cuencas del  Mekong y del Chao Praya.  Los caudillos thai  ofrecieron vasallaje a los reinos ya establecidos : el  Reino Kmer en el Centro Este,  el Lanna en el Norte o el Reino Mon en el oeste.   En  1239  sin embargo dos caudillos hermanos   arrebataron la ciudad de Sukhothai a los Mon y extendieron  el territorio hasta ocupar parte de los reinos vecinos.   Bang Muang se conviritió en el primer rey Thai de Sukhothai  bajo el nombre de Sri Indraditya.  Veinte años más tarde el  reino se había extendido hasta ocupar  por completo el valle alto del  Chao Praya. 
 La fundación de Sukhothai supone para los tailandeses mucho más que una conquista. Se trata en efecto del nacimiento de una nación.  A partir de 1240  los  reyes  Pho Khum Ban Muang y su hermano Ram Kham Haeng  extendieron el reino hacia el Sur, se independizaron de los Kmer  estabilizaron el reino gracias a estratégicos matrimonios y aprovechando ese período de prosperidad del reino,  adoptaron  el Budismo Tharavada  procedente de Ceylán y transmitido a  través de los recién sometidos  pueblos Mon.  Además, en 1283, inspirado por los Mon  y ,utilizando como modelo el Sánskito usado por los Monjes,  el propio rey Ram Khan Haeng  inventó  el alfabeto Thai  según consta en la controvertida estela  Ram Khan Haeng descubierta por el Rey Mongkut 500 años más tarde.
Sin embargo el esplendor de Sukhothai  fue de corta duración.  A partir de la muerte de Ram Khan Haeng, los reinos tributarios se rebelaron y Sukhothai fue perdiendo  importancia hasta  que finalmente en 1378 el Rey Thamaracha tuvo que someter  someterse al emergente reino de Ayuthaya. 
Aunque breve fue en general  una época de bonanza y expansión cultural y artística de todo orden como lo queda patente en las  impresionantes  ruinas de la antigua capital  de Sukhothai,  hoy Parque Histórico Patrimonio de la Humanidad.
Al recorrer el parque de cerca de 60 km cuadrados uno no puede por menos de preguntarse qué sentido religioso pudo en tan corto período de tiempo levantar tantos y tan impresionantes templos.  Hoy los estucos, los muros,  y la mayoría de las estatuas han desaparecido. Algunas de las más valiosas las encontraremos en los templos de Bangkok, pero a  través de las columnas  de las gigantescas figuras de los armazones de ladrillo de los diferentes cheddis  y estupas,  podemos adivinar  la influencia del arte kmer por un lado y el propio estilo naciente protagonizado por estilizadas estupas de base octogonal  y sobre todo por las estatuas de bronce representando budas sentados en postura de medio loto, con la mano derecha haciendo el gesto de tocar el suelo, o caminado con la mano levantada. Los escultores no se basan en la analogía de la forma natural ya que por ejemplo los lóbulos de las orejas suelen llegar casi a tocar los hombros, o la cabeza muestra una protuberancia en llamas, pero estas imágenes poseen una ingrávida elegancia y una hierática serenidad. 
 

23 de octubre de 2013

Escuela de bambú: Phanthurat, una leyenda tailandesa


Sung Thong  era el hijo del Rey Prohmtat y de la Reina Chandradhevi.  Pese a ello, sospechoso de ser  un mal presagio,  fue desde niño  alejado de sus padres y desterrado de la ciudad.  Lo abandonaron  en una balsa de bambú a merced de la corriente  que lo llevó río abajo hasta la ciudad de la ogresa  Panthurat .  La giganta sintió compasión de de Sung Thong y acabó aceptándolo como su propio hijo. Panthurat dio órdenes a todo su séquito de tomar la apariencia de seres humanos normales para que el muchacho no se asustara.
Pasaron los años y Sung Thong se convirtió en un joven apuesto y fuerte.  Pero, pese a todos los desvelos que se tomaron el joven  empezó a sospechar  que   Thanturat escondía algo y empezó a sentir miedo.  Temeroso, empezó a hacer  pesquisas y  pronto encontró  en  sus indagaciones muchos objetos mágicos pertenecientes  a su benefactora que demostraban la verdadera naturaleza de su benefactora:  camas tan enormes como una campo de arroz, sillas que asemejaban pequeñas montañas, y descubrió también, por ejemplo, un pozo de oro y plata en el que se  sumergió y salió    con el cuerpo recubierto de oro. También encontró una armadura llamada “Ngor Pa” un par de zapatos de oro y una espada.   Cuando Sung Thong se colocó la armadura “Ngor Pa” se transformó en una persona horrorosa de complexión oscura y rizados cabellos, pudiendo así  esconder su verdadera identidad. Se calzó los zapatos de oro que le permitieron volar, empuñó la espada mágica y escapó por el gran río arriba.
  Muy pronto la ogresa Panthurat  descubrió que Sung Thong se había escapado.  Lo persiguió hasta orillas del Gran Rio y le pidió que volviera, pero  Sung Thong estaba demasiado asustado para volver.  A la ogresa se le  partió el corazón de pena, pero antes de caer muerta enseñó a Sung Thong dos encantamientos  uno para cazar  venado y el otro para sacar del río los más exquisitos peces.  Sung Thong  lloró mucho la muerte de su benefactora .  Esperó a que se celebraran los ritos  de la cremación, y  se revisitió con la coraza “Ngor Pa”  y encaminó sus pasos hacia la ciudad de Paranasi.

El Rey Samol,  regente de Paranasi tenía siete hijas.  Pensaba encontrar para ellas maridos adecuados y por consiguiente  hizo saber a los demás  reyes de las ciudades vecinas sus intenciones.  Todas las hijas del Rey Samol pudieron así  elegir  dignos  príncipes con quien casarse, todas excepto Rojana, la más joven de las princesas.   El Rey  Samol  se enfureció tanto  por la indecisión de Rojana que ordenó  a sus vasallos que hicieran venir a todos los hombres de Paranasi incluyendo al feo “Kgor Pa”  para presentárselos a su hija.  Rojana fue la única capaz de ver  el hermoso cuerpo dorado de Pra Sung Thong  y lo eligió como marido.  El rey  loco de ira  desterró a su hija de palacio y la envió a vivir con el feo “Ngor Pa”  a  una pequeña cabaña en medio de los arrozales.
El rey Samol  buscaba por todos los medios  deshacerse de su feo yerno pero sin resultado alguno. Indra, el gran Señor de los Cielos se percibió de las malas artes del rey y queriendo darle una lección, decidió bajar de los cielos y  desafiarlo para decidir quién se quedaría con la ciudad de Paranasi.  El Rey Samol envió a sus seis yernos a luchar contra el Señor Indra  pero ninguno de ellos pudo vencerlo.  Queriendo ayudar a su padre, la princesa Rojana  acudió a pedir ayuda a su marido.  Lleno de amor hacia su esposa, Sung Thong se despojó de su armadura “Ngor Pa”  y se enfrentó al Señor Indra venciéndolo en el combate.  El Rey Samol   lleno de alegría y arrepentimiento por su mala conducta pidió perdón a Sung Thong y le ofreció el trono de Paranasi.
 En la zona de Pechburi, en la costa oeste del Golfo de Siam, la historia tiene una lectura algo diferente.  La ogresa Panthurat murió de dolor  y su cuerpo se petrificó  cambiando la silueta de la ciudad que ahora yace a pie de una montaña que tiene aspecto de  una mujer gigante recostada. Sólo que la ogresa antes de morir lloró lágrimas de fuego que horadaron la montaña formando algunas de las conocidas cuevas del lugar.
Las Apariencias engañan. Corazones de oro pueden  esconderse  bajo apariencias  anodinas.  De todos modos, si venís de excursión por estas playas de Huan Hin, Phranburi, Kuiburi,  tampoco os dejéis engañar, si veis mujeres gigantes  que surgen del agua no se trata de sirenas que corren tras de vosotros.  Es un cariñoso recuerdo y homenaje de cemento y piedra a  esta encantadora leyenda.