29 de agosto de 2010

El Concierto

"El Concierto"
Le Concert
Francia 2009
Dirigida por Radu Mihaileanu
Duración 119 minutos

Mientras escribo estas líneas estoy escuchando el "Concierto apra piano de Tchaikovski, y es que hace unos días tuve la oportunidad de ver la película del director rumano afincado en Francia Radu Mihaileanu "El Concierto".

Una comedia desternillante ciertamente, pero al mismo tiempo una inevitable sacudida a nuestras más sensibles fibras musicales. La película parte de un hecho histórico referido a la caída en desgracia del director de orquesta del Bolchoï, Andréi Filipov en época de Brézhnev, por haberse negado a despedir de su orquesta a los músicos de origen judío.

Como revancha y reivindicación de su antiguo prestigio, Filipov, reducido a simple empleado de la limpieza del Bochoï intercepta un fax procedente del teatro "Le Châtelet de Paris" e idea con algunos de aquellos viejos artistas acallados y represaliados de entonces, suplantar a la orquesta oficial.

Ciertamente la idea es descabellada aunque no original, su puesta en marcha surrealista y las posibilidades de éxito totalmente inexistentes. Lo sabemos, y sin embargo nos dejamos embaucar por el cándido, infantil y ruidoso entusiasmo de esas viejas glorias y desde el primer momento nos ponemos de su lado confiando, contra todo pronóstico, que no se descubra la superchería al menos hasta que hayan dado su anhelado Concierto.

En la encrucijada entre cine serio de transfondo político y comedia fácil de alto voltaje sentimental, Mihaileanu opta por la fórmula más taquillera y se deja llevar por algunos excesos vodevilescos como la pintoresca informalidad de la "troupe" de músicos rusos o las variopintas e infrecuentes habilidades de sus componentes. Para compensarlo, Alexei Guskov encarna de verdad a su personaje, el atormentado Filipov, y Mélanie Laurent, con su belleza y encanto natural protagoniza unos solos de violín que nos estremecen.

Al margen de la comedia, todo el final de la película, con la interpretación del Concierto para violín Opus 21 de Tchaikovski es una auténtica apoteosis aunque quien lo interprete no sea la orquesta del Bolchoï sino la orquesta Sinfónica de Bucarest.

24 de agosto de 2010

Cabuérniga

Estamos en Cantabria, en la cuenca del río Saja. Este valle, hoy verde, rebosante de luz, moteado de pueblos fue utilizado ya en tiempo de los romanos para acercar al mar, en Portus Blendius (la actual Suances) el grano de la meseta. Siglos más tarde, serviría a los nobles castellanos de vía de escape ante la invasión musulmana y poco después, en el siglo IX, fue la ruta de los "Foramontanos", aquellos hombres que partiendo de la Malacoria de los Anales (la actual Mazcuerras) emprendieron el lento avance hacia el sur, espada al cinto y empuñando el arado, buscando los amplios horizontes de Castilla. Mitad labriegos, mitad guerreros repoblaron las calcinadas y desérticas tierras altas del Duero. Por este valle discurrió así mismo el Camino Real, utilizado en 1517 por Carlos V, que pernoctó en Los Tojos, en su regreso de Flandes.

Hoy, todo eso es historia. La subida hacia la meseta se hace por una moderna autovía a través de la cuenca del Besaya, pero quizá sea por tanta historia acumulada que el valle de Cabuérniga, y por extensión toda la zona de Saja-Nansa es una de la regiones cántabras que mejor condensan la esencia y el espíritu montañés. La abundancia de verde pasto, las brañas, los hayedos, los serbales, los bosques de robles centenarios, algunos con nombre propio como el ya derrotado "Cajigu del Cubilón" o "El Mellizu", los castaños de Terán, ellos también con nombre propio tan descriptivo como el "Cuatro patas" o "El duende", el autóctono ganado "Tudanca", los pueblos de piedra y teja, de calles empedradas, de casas blasonadas, con sus portaladas, solanas, balconadas de madera cuajadas de flores cosntituyen un paisaje único que entra en el alma por todos los sentidos y nos cautiva para siempre.

Mi recorrido del valle ha sido incompleto; eso es bueno porque he quedado con ganas de volver, de seguir descubriendo Cantabria, recorriendos a pie sus numerosos caminos y pistas perfectamente señalizadas para quienes disfrutamos haciendo senderismo. Quiero desgustar también el cocido montañés hecho de alubias, berza y el compango de cerdo.

Me adentré en el valle por Cabezón de la Sal y a los pocos kilómetros hice una primera parada en Carrejo. El Museo Regional de la Naturaleza estaba cerrrado, pero la parada mereció la pena. Las casonas con soportal y gran portalón en arco de medio punto, las balconadas de madera, la profusión de geranios y petunias fueron una invitación para seguir la excursión. En Ruente, visité la Fuentona, impresionante caudal que nace directamente bajo una peña y se convierte en el acto en caudaloso e intermitente río. El pueblo, famoso por su gastronomía, tiene además un curioso y estrechísimo puente romano de ocho arcos de medio punto, nobles casonas y un humilladero medieval.

Siguiendo la carretera, pasé por Barcenillas, Sopeña y Valle y poco después de Fresneda tomé la desviación hacia Bárcena Mayor. Pese a que tengo que dejar el coche en un parking a las afueras del pueblo, me siento agobiado por tanto visitante. Es el pueblo cántabro por excelencia, el más visitado y también según consta, el más antiguo de Cantabria. Hay que decir que todo el pueblo es un auténtico museo. Egoístamente pediría que los vecinos también dejaran sus coches en el parking a la entrada del pueblo, pero entiendo que no pueden estar supeditados a los caprichos estéticos de los visitantes. Afortunadamente pese a tanto turismo, el pueblo no está invadido por el comercio chinesco que afea a tantos pueblos. Alguna tienda vende productos de la tierra: sobaos, quesadas, orujo y licor de hierbas, madreñas, bastones de cerezo y poco más. Sobre todo no he visto esa exhibición de productos en la acera que tanto daña la estética por lo chillón de sus colores y la incongruencia de sus productos.

De Bárcena Mayor regresé a Valle para pasar a través de la Braña de Novales y el collado de Carmona al valle del río Nansa. La parada en Carmona era obligatoria por el tipismo de sus casas, por su palacio convertido en parador y porque a esa hora de la mañana había que reponer fuerzas.

Sé que el Valle del Nansa y en particular Tudanca y Puente Nansa merecen una visita más reposada. Volveré para visitar la zona con detenimiento y de paso volver a deleitarme en la incomparable gruta de estalactitas y estalagmitas de "El Soplao".

18 de agosto de 2010

Clara Sánchez: Lo que esconde tu nombre


LO QUE ESCONDE TU NOMBRE
Novela
Clara Sánchez
Premio Nadal 2010
Ediciones Destino 2010
Áncora y Delfín 1176
426 páginas

He leído con avidez casi todas las nvoelas de Clara Sánchez. Tiene una prosa fluida y sus historias enganchan desde las primeras páginas. Por eso, al saber que había ganado el Nadal de este año, pensé que sería un buen festín de lectura para este verano.

Y de alguna manera lo ha sido. En el primer centenar de páginas he visto de qué manera Clara Sánchez trae a nuestra atención un tema que, nos guste o no nos guste, sigue estando de actualidad. me refiero a la Memoria Histórica y al deseo de venganza disfrazado siempre de justicia. Para ello, la escritora plantea una trama irreprochable. Una pareja de cotogenarios nazis perdidos en una de esas recónditas urbanizaciones de la costa levantina en pueblo apenas disfrazado con su nombre en latín, y un faro, probablemente el de La Nao en Xátiva. Por otra parte, un superviviente de mauthausen, Julián, también octogenario, decidido a tomarse la justicia por su cuenta. Como nexo de unión entre ambos mundos, Sandra, una joven de 30 años, embarazada de un hombre al que no ama y que se retira al chalet de su hermana en la costa para buscar sosiego y recomponer su vida.

El suspense está servido: el terror psicológico también. La víctima espía a sus verdugos, establece contacto con Sandra y cuando ya aprece que la acción va a empezar, llega la desilusión. Nada ocurre. Julián que dice pertenecer a una organiación dedicada a desenmascarar a antiguos nazis, no establece contacto con ellos después de identificar a varios de ellos. Se contenta con seguir sus dias y venidas que acabamos de conocer hasta el aburrimiento pues a los seguimientos de Julián se añaden en alternancia las propias revelaciones de Sandra.

Lo que prometía ser una buena novela se pierde en las laberínticas carreteras que llevan a las urbanizaciones de la costa. Los antiguos nazis están organizados en una especie de Hermandad que tampoco actúa y las págians se suceden sin más aliciente que unas misteriosas ampollas o el extraño e inverosímil ednamoramiento de Sandra. La lectura es amena y siempre se espera un desenlace inesperado que vuelva a dar sentido a la obra. Vana espera. No ocurre nada, o mejor dicho, ocurre lo más difícil todavía: Julián se recluye en una Residencia de ancianos junto con alguno de esos nazis a los que perseguía y cosas de la literatura no sólo se enamora de matrona que los cuida sino que ésta a su vez se muere por tener relaciones sexuales con el anciano.

Verdaderamente decepcionante. Un comienzo que prometía una seria reflexión sobre la justicia y la venganza, sobre la memoria histórica, sobre el arrepentimiento y el perdón y que se ha perdido en una mediocridad nada digna de Clara Sánchez

17 de agosto de 2010

Fra Filippo Lippi: La Virgen y el Niño entre dos ángeles


La Virgen y el Niño entre dos ángeles
1464, Temple sobre tabla 95 x 62 cm.
Galería de los Uffici (Florencia)

Durante muchos años, ha sido mi preferida entre las innumerables Madonas del Renacimiento. Hace unos meses, durante un viaje a Florencia, la incluí entre los seis cuadros que deseaba contemplar sin prisas en la Galería de los Uffizi. El embrujo sigue ahí, más fuerte si cabe después de contemplar sin máscaras interpuestas, sin veladuras, la serenidad ausente, la dulzura, la alegría contenida de ese perfil de mujer a la vez tan humano y tan espiritual.

Para quitarme el cuadro de la cabeza, he leído todo lo que sobre Fra Filippo Lippi y su obra ha estado a mi alcance: una infancia de extremada pobreza, una vocación religiosa impuesta por la necesidad y Filippo entra en la orden de los Carmelitas, pero negado para el estudio, se dedica a la pintura y se convierte en discípulo y ayudante de Masaccio de quien aprendió una nueva concepción del espacio y la elgancia del dibujo y los efectos del color.

En este cuadro, la Virgen está situada frente a una ventana, lo que permite al pintor crear profundidad e introducir al espectador dentro del cuadro. Además añade un elemento novedoso en la pintura del Quattrocento: el paisaje, que en este caso está esquematizado en forma de árboles, montañas y praderas lejanas.

Contemplamos a una Virgen que "está como ausente", la mirada baja, las manos juntas en oración, ajena casi a ese niño que le tiende los brazos sostenido por dos ángeles. Pero para paliar tanto hieratismo ahí está ese guiño malicioso y cómplice del angelote que nos mira y nos acerca, más si cabe, a la escena y la llena de humnidad.

Destaca por otra parte su búsqueda de los efectos del color: el azul intenso del manto contrasta con la pálida blancura del cuello y el juego de luz y sombra, sumado a la transparencia del velo de la Virgen genera la ilusión de movimiento.

El Renacimiento Italiano redescubrió a la mujer en carne y hueso. La mujer dejó de ser figura de piedra en las iglesias románicas y se convirtió en humana, con rostro definido, contornos sensuales y erotizados. Para ello, los artistas retrataron a amantes, esposas o favoritas de sus mecenas como si fueran diosas, santas o Vírgenes. Leonardo da Vinci pintó a Giovanna Tornabuoni en "La Dama del armiño", Botticelli a la bella Simonetta Vespuci en "La Primavera"; pues bien, la mujer que sirvió de modelo para esta etérea Madonna, no fue otra que Lucrezia Buti, una monja de 21 años a quien Filippo Lippi, aprovechando su condición de capellán del convento, sedujo, raptó y dejó embarazada de un niño que con el tiempo se convertiría a su vez en el gran pintor Filippino Lippi.

8 de agosto de 2010

Amo tu grácil cuello bajo el pelo


Amo tu grácil cuello bajo el pelo
recogido, cuando un imperceptible
movimiento ilumina
la línea que, tan dulcemente,
desciende hasta tu hombro;
cuando un asomo de cansancio abate
su dorada esbeltez de espiga y todos
los oros del atardecer se posan
sobre tu nuca; cuando mido
sobre su piel desnuda esa distancia
que va de tu inconsciencia
a mi deseo; cuando, pensativa
y lejana, movida
por no sabes qué impulso,
sonríes y te vuelves levemente
para mirarme.
Rafael Guillén

7 de agosto de 2010

Ser profesor es un privilegio...


Hace unos días recibí una emocionante misiva. A través de Facebook me llegó una carta de agradecimiento de alguien que fue alumno mío allá por los años 70. Aunque me dice su nombre y apellido soy incapaz de poner un rostro a ese nombre. Sin embargo, él me recuerda detalles de mis clases que me asombran y me conmueven.

No me he emocionado tanto por las cosas agradables que dice, como por el gesto en sí mismo de alguien, que rondando la cincuentena, se ha tomado la molestia de buscarme en Google y en Facebook para darme las gracias por mis clases de francés y de literatura francesa.

¿Quién me iba a decir a mí que unas clases impartidas hace un montón de años iban a seguir produciendo aún hoy una onda expansiva capaz de inducir , al alumno de ayer, hombre ya hoy, a escribir una carta de agradecimiento tan emotiva?

En un momento en que tantos profesores se sienten desanimados por la poca estima que reciben, por los problemas con los que se encuentran para desempeñar su labor, traigo aquí este pequeño testimonio como homenaje a su labor y a sus insospechadas consecuencias.

6 de agosto de 2010

Cuarenta años después...


Éramos jóvenes, sin preparación montañera, sin equipo, sin botas de trekking, sin bastones telescópicos, pero con la vida por delante y unas ganas enormes de vivir y de disfrutar. La Coral Isidoriana de León hacía una excursión al Cares y yo me uní al grupo pues allí iba a quedar de manifiesto que la joven con quien se me veía a menudo se convertía definitivamente en mi novia.
En aquella época la travesía comenzaba obligatoriamente en Posada de Valdeón puesto que Caín era un pueblo perdido en las montañas de León, sin acceso alguno por carretera. El autocar nos acercó pues hasta Posada y desde allí empredimos la marcha hasta Caín, donde pasamos la noche, para al día siguiente continuar la caminata a través de la garganta del Río Cares hasta Poncebos.

Guardo aún hoy muy buenos recuerdos de aquella travesía: el mirador del Pombo y las vistas impresionantes que desde allí se contemplan, la noche tumbado sobre un duro banco de la escuela, la somera "toilette" en las heladas aguas del río, la tortilla de patatas de la cena, las canciones espontáneas en torno a una improvisada hoguera, y luego los túneles, los puentes, los pasadizos y las sendas que como una oscura herida iban surcando el costado de la montaña, el ruido del agua allá en el fondo de la garganta, y los corzos cramponados milagrosamente en los salientes de las rocas. También recuerdo las rozaduras en los pies, fruto de un calzado inadecuado, el miedo a no llegar, la alegría al divisar el autocar azul allá abajo junto a la Central hidroeléctrica de Poncebos, y la largúisima siesta que siguió unas horas después en la playa de Celorio en Asturias.

Día más día menos, CUARENTA AÑOS más tarde he vuelto a repetir la travesía. En esta ocasión en compañía muy amena pero diferente, con calzado más adecuado y con una cámara fotográfica en bandolera. La excursión se limitó a recorrer, eso sí en ida y vuelta, el trayecto de 24 kilómetros Poncebos a Caín, pero la emoción, las fulgurantes impresiones, el afán de superación, y la alegría al conseguir la meta no han sido menos intensas.

He sentido los años en cada una de mis pisadas cuesta arriba, pero el esfuerzo, la fatiga, merecieron la pena. Me detuve con más frecuencia, pero eso hizo que me fijara más en el paisaje y no sólo en las majestuosas cumbres que como telón de fondo parecen robar protagonismo al azul del cielo, sino también mirando con detenimiento los planos medios, los árboles, las canalizaciones de agua, los rebecos y las cabras y hasta los pequeños detalles de los primeros planos: flores silvestres, nidos, insectos. Las paradas frecuentes para tomar aliento y reponer fuerzas han sido una mejor ocasión para saborerar y complacerme en una excursión inolvidable.

Evidentemente Caín ya no es aquel pueblo de hace cuarenta años perdido entre peñascos. Las diferentes adminsitraciones fomentan el senderismo y la vida al aire libre y el Parque Nacional de los Picos de Europa tiene catalogada esta travesía entre sus favoritas. Los albergues, los hoteles, bares y restaurantes y la buena carretera que une ya Caín con Posada de Valdeón han hecho que nos encontremos ante un pueblo vivo y pujante a mitad de camino en un recorrido duro y exigente pero al tiempo bello y reconfortante. Las palabras, las fotografías serán siempre un pálido reflejo de lo que en realidad se siente haciendo esta ruta, las brindono obstante para animar a cualquier amante de la naturaleza que tenga que tenga la oportundidad de disfrutarla.

12 de julio de 2010

11 de Julio 2010 Campeones del Mundo de Fútbol

Como cualquier español, anoche sufrí, me emocioné, y exulté de alegría cuando España se proclamó Campeona del Mundial de Fútbol 2010 en Johanesburgo.

Admiré la humildad y la sensatez de Del Bosque, el gesto de Iniesta y su recuerdo del amigo ausente, el espontáneo y nervioso beso de Casillas, los abrazos de los jugadores, tantos abrazos que al final han quedado en mis ojos como el testimonio de una amistad y un compañerismo que durante todo el campeonato ha planeado por encima de sus respectivos equipos, sus Autonomías, sus "nacionalidades" y la "memoria histórica".

¡Que fantástica lección para nuestros políticos y qué pena que, pasado el ruido de estos días, no sepan aplicarla en su labor!

Si los políticos aunaran esfuerzos, hicieran piña y lucharan por sacar a nuestro país de la crisis, como han hecho estos jóvenes, todos a una, para dar este triunfo del Mundial a España, seguramente estaríamos mirando el provenir con más optimismo.

26 de junio de 2010

Arto Paasilinna: Delicioso suicidio en grupo


DELICIOSO SUICIDIO EN GRUPO
Novela
Arto Paasilinna
Anagrama 2007
Panorama de Narrativas
Título original: Hurmaava joukkoitsctnurha 1990
270 páginas

Aunque había hojeado esta novela en varias ocasiones, el Club de Lectura al que pertenezco me ha forazo por fin a leer esta novela de Paasilinna, simpática y profunda, irónica y sería, sombría y esperanzadora todo a la vez No se trata de gran literatura, pero es que con palabras de Manuel Vicent “La verdad es más profunda cuanto más sencillas las palabras”.

Que las eternas noches invernales de Finlandia, la soledad, el alcoholismo, han hecho que Finlandia tenga una de las mayores tasas de suicidio de Europa es un hecho. Que Paaselinna utilice el humor agrio la ironía, y la sinceridad aplastante para tratar el problema y lo haga de modo que sonriamos al terminar la novela y nos queden muchos puntos de reflexión recurrentes y como flotando en nuestra mente mucho después de terminar la novela es un auténtico logro.

El suicidio es un acto solitario. El fortuito encuentro de dos suicidas en el mismo lugar, al mismo tiempo, frustra su intento. Sin embargo, a partir de ese momento, los dos candidatos al suicidio celebran una asamblea y organizan una especie de excursión con 33 candidatos que buscan poner fin a sus miserias.

A lo largo del periplo que les hará recorrer Escandinavia, Francia, Suiza, Italia, España y recalar finalmente en el Algarve, Paasilinna aprovecha para trazar una crudísima caricatura de la sociedad finlandesa que podría ser igualmente la de cualquier otro país occidental en la que ni el ejército, ni el gobierno, ni la sanidad, ni la administración, la publicidad, los patronos, los trabajadores, la publicidad, o las inmobiliarias quedan indemnes.

Sin embargo, el unirse con un fin común, el compañerismo, compartir los problemas, y sobre todo el alejarse de los problemas y relativizarlos desde la objetividad que da la distancia darán un giro inesperado a su aventura.

Quizá no estamos ante una gran novela, quizá el suicidio esté tratado de una manera excesivamente “Light”. Paasilinna es así. se compadece de nuestros pecados y se ríe de nuestras virtudes. Pero desde luego ha dejado para quien lo quiera explotar un extraordinario guión de película.


Los hombres estaban de acuerdo en que, al menos por ese día, le habían perdido el gusto al suicidio. Sus ansias de morir se habían serenado. Quitarse la vida es algo tan personal, que exige una tranquilidad absoluta.


. El hombre se siente impelido a vivir cuando se entera de que también a los demás les van mal las cosas, de que no es el único pobre diablo que existe en el mundo.


“Para ser un hogar, un piso necesita la presencia de una mujer. Si ésta se marcha o muere, el lugar se convierte en un simple alojamiento, un lugar de paso, un agujero.


Por el contrario, el resto del grupo había empezado a dudar sobre la utilidad de un suicidio colectivo. Más de uno se había dado cuenta de que el mundo era un lugar bastante agradable y que los problemas que en la madre patria les habían parecido insuperables, les parecían ahora realmente nimios vistos desde aquel rincón, el más alejado de Europa. El largo peregrinar con sus compañeros de infortunio les había devuelto las ganas de vivir. La fraternidad había reforzado su autoestima y el hecho de distanciarse de sus pequeños y cerrados mundos les había proporcionado nuevos horizontes. La vida empezaba a mostrar un nuevo rostro: el futuro se anunciaba más luminoso de lo que hubiesen podido imaginar al comienzo de aquel verano.


Los aspirantes a suicida llegaron a la conclusión de que, aunque la muerte era lo más importante en la vida, finalmente no era tan importante.

25 de junio de 2010


"La verdad es más profunda
cuanto más sencillas son las palabras"

Manuel Vicent
(Escritor)


24 de junio de 2010

Noche de San Juan



No sólo en el Mediterráneo, aquí también, a pie de las frías aguas del Cantábrico, en Suances, hemos celebrado la noche de San Juan con hogueras chicas y grandes, con pinchos de chorizo, con fuegos artificiales y con un concierto de "La Unión". Todo el pueblo en la calle viviendo la noche más corta del año.

18 de junio de 2010

La culpa


“El partido se suspendió por culpa de la lluvia” oí decir a un locutor de radio esta mañana. “Yo no tengo la culpa de ser tan impulsivo” me digo a veces a mí mismo. Hoy sin embargo me pregunto ni no estaremos vaciando esta palabra de su sentido profundo a fuerza de emplearla como palabra comodín en nuestro lenguaje de todos los días.

Y no es que yo quiera confinarla en el mundo de la psiquiatría como expresión de un conflicto entre el yo y un muy exigente, autocrítico y castigador super Yo del que habla Freud. Tampoco quiero circunscribirla exclusivamente al dominio jurídico para el que la culpa nada tiene que ver con los sentimientos, ya que, contrapuesta al dolo, la culpa consiste en la omisión de aquellas diligencias que exigen la naturaleza de una obligación o dicho de manera más sencilla, la culpa se produce cuando, sin intención de dañar, se procede sin la diligencia debida y se causa un resultado dañoso y tipificado por la ley penal.

El diccionario dice que la culpa es “un sentimiento de responsabilidad o remordimiento por alguna ofensa, crimen o equivocación ya sea este real o imaginario”, pero tampoco esta definición parece explicarme esa obsesión que tenemos por la culpa.

Una definición sencilla de la culpa podría ser: “una emoción muy dolorosa de arrepentimiento en la que el sujeto considera que es responsable de acciones en las que ha dañado a otros, a sí mismo y/o ha infringido leyes de cualquier clase”.

Herederos a veces de una educación restrictiva, de códigos morales muy rígidos o de convicciones religiosas atormentadas por el pecado, con frecuencia nos sentimos atosigados por la culpa lo cual no sería del todo malo si no fuera porque generalmente el sentimiento de culpa es tanto más atosigante cuanto menos materia, razón o motivo existe para ello.

Desde los tabús totémicos de las civilizaciones primitivas, pasando por los sentimientos de trasgresión y de pecado de las religiones monoteístas, hasta los chantajes emocionales y/o educacionales de épocas más recientes, el sentimiento de culpa ha existido siempre como un método de educación, o coacción, para conseguir el sometimiento del individuo a unas normas ligadas a la conciencia moral es decir a la conciencia colectiva o ética de una cultura o de una época.

Basta echar la vista atrás para descubrir en nuestra educación numerosos ejemplos de este reforzamiento del sentimiento de culpa. Seguramente a todos nos suenan frases del tipo:¿Qué va a decir la gente? ¿No te da vergüenza…? ¡Vaya disgusto se va a llevar mamá!. Y es que en educación, se ha utilizado el sentimiento de culpa para que unos hagan lo que otros pretenden.
Por otro lado, y en parte debido a nuestra educación y a la escala de valores que hemos asumido, la culpa se convierte en el precio que debemos pagar cada vez que transgredimos una norma. En ese sentido, la culpa actúa como castigo, pero debemos administrar ese sentimiento con precaución porque si bien la culpa es en sí misma el castigo por la acción reprochable, es el mismo sujeto quien valora la acción y se convierte así en el juez que proporciona el veredicto. Debido a ello, a veces, el sentimiento de culpa se da de manera más intensa o incluso patológica en personas que se atormentan por daños ya sea de acción u de omisión de los que no son responsables y en los que no han tenido ninguna participación. Se trata muchas veces de personas que influidas por vestigios educacionales, por rigidez en su escala de valores, por inseguridad o falta de madurez se sienten responsables de los males que ocurren a su alrededor como si de ellos dependiera el poder evitarlo.

En el otro extremos existen personas que sistemáticamente inculpan a otros de todo lo negativo que sucede. Ello se debe a que no soportan la carga de su responsabilidad y dirige a los demás la culpa. Es una forma de liberación agresiva que les impide aceptar la autocrítica. Estilos de educación permisivos, falta de valores concretos, actitudes narcisistas, reiteración del “todo vale” o por el contrario una educación excesivamente crítica hacen que el individuo no sea consciente de los límites de su conducta ni de las consecuencias de sus errores.

La palabra culpa parece tener mala prensa sólo cuando se aplica a nuestros fallos por acción o por omisión. Preferimos hablar de nuestra responsabilidad. Sin embargo, sentirse culpable cuando hay un motivo real para ello no es malo. Ese sentimiento nos ayudará a disculparnos y a resarcir o reparar el posible daño causado cuando esto es posible, pero la culpa no es un fin en sí misma. La culpa, como el miedo, son sentimientos que es bueno tener, porque nos ayudan en el camino, pero no podemos instalarnos en ellos porque nos pueden paralizar, son buenas estaciones de paso pero pésimas estaciones de destino.

17 de junio de 2010

Joaquín Leguina: La luz crepuscular


LA LUZ CREPUSCULAR
Biografía novelada
Joaquín Leguina
Alfaguara 2010
540 páginas

Siempre he sentido debilidad por este político que no renuncia a ser escritor. Su última obra, "La luz crepuscular", a pesar de sus 540 páginas, se deja leer con interés y las últimas páginas casi con avidez.

Una novela histórica describe perfectamente documentada y basada en hechos reales, acontecimientos y personajes del pasado a los que se les añade y contrapone personajes de ficción que hacen más amena o trepidante la narracion. Una biografía novelada describe a un personaje real del pasado cuyos avatares esenciales y conocidos se describen con minuciosidad pero al que se le prestan otras acciones y palabras de relleno inventadas por el novelista. Joaquín Leguina utiliza aquí una tercera categoría, la de la autobiografía novelada, lo cual no deja de ser un auténtico “tour de force” para decir sin haber dicho o para insinuar sin que podamos tomar nada al pie de la letra.

Con un inteligente cambio de la primera persona a la voz de un narrador omnisciente, Leguina describe en nueve grandes apartados los avatares de su vida: niñez en Cantabria, estudios en Bilbao y en París, primer empleo en Madrid, estancia en Chile durante la caída de Allende, Trabajo en el INE, vida política, presidencia de la Comunidad de Madrid, y desencanto final. Entreteje su autobiografía con supuestas o reales aventuras amorosas, pero sobre todo con reflexiones, esas sí muy certeras, sobre el nuevo socialismo de ZP y sus cachorros y su necesidad de “matar al padre” para afirmarse y montarse al carro del poder.

He disfrutado en particular los últimos capítulos porque en ellos aparece una auténtica crónica de la transición con las negociaciones, acuerdos y zancadillas tras las bambalinas y a modo de resumen nos deja una especie de testamento político que cualquiera que sean mis ideas sobre la “res publica” no dejo de suscribir:

"Si quiero expresar mis creencias actuales deberé partir de un viejo principio: el Estado es el único fundamento seguro para la convivencia. Por eso estoy en contra de todo aquello que lo debilite, desde el invento de la “España plural” mediante el cual se pretende demediarlo, hasta el ultraliberalismo que predica su encogimiento permanente.

Pero el realismo que defiendo no me conduce a decir que las cosas, por ser como son, hay que dejarlas como están. No. No tengo una visión tan roma de las posibilidades que se abren ante nosotros cada mañana. Por eso creo que existen formas – distintas de las ya trilladas – para tejer la realidad con las ideas, apostando – eso sí – por la mesura. A esas alturas, ¿por qué otra cosas e puede apostar?

¿Y cuál es tu decálogo?, se me puede preguntar, y se me pondrá en un aprieto, más intentaré contestar a tan incómoda cuestión sin caer en tópicos manidos.

I. Podemos empezar con un mandamiento escrito hace muchos años ya por Albert Camus: “para ser hombre hay que negarse a ser Dios”. Por eso los líderes políticos debieran llevar con ellos en el coche o tener en su despacho un Pepito Grillo que- como a los triunfantes mílites romanos – les recuerde que son mortales, señalándoles, además, con el dedo cuando se comporten como necios.

II. El segundo mandamiento viene de la mano de Adorno: “Piensa y actúa de tal modo que Auschwitz no se pueda repetir”. Se trata, pues, de evitar a cualquier precio el mal mayor.

III. El tercero asegura que “la bondad no basta” y no basa porque no siempre el bien se deriva del bien. en otras palabras, la política exige, a menudo, pactos con gentes nada angelicales. Es más, con frecuencia se trata de elegir no lo mejor, sino lo menos malo.

IV. Hay que tomar postura, incluso cuando no estamos totalmente seguros de nada, porque la duda es compatible con la acción, sabiendo que cada decisión nos enfrenta a una pérdida, porque cada decisión nos exige dejar de lado las alternativas no escogidas, incluso al decidir podemos herir algún valor querido, porque, a veces, habrá que apoyar – por ejemplo – alguna guerra para evitar males mayores.

V. Es preciso mancharse las manos, lo contrario es apostar por la inacción. No hay alternativas impecables, pero hay que saber marcar la raya roja que no debemos sobrepasar, y no se trata de escuchar a Dios, a la razón ilustrada, a la moral universal o al derecho natural. Se trata de un esfuerzo reflexivo y cívico en el cual cada uno está solo y sin excusas.

VI. No conviene luchar contra males abstractos, porque no existen esos males, existen daños concretos y para combatirlos es preciso tener la mirada puesta sobre los seres humanos, tan cercanos, tan reales y tan adoloridos. Estar con los de abajo es mi apuesta, pues aunque hayamos aprendido que ni los ”condenados de la tierra” ni la “famélica legión” nos van a conducir a ningún paraíso, todos tenemos derecho a una vida decente. Al fin y al cabo, la finalidad de la buena política no ha de ser otra que la disminución – real y concreta – de la crueldad, de la injusticia y del dolor.

VII. Ocuparse del mundo, saber que la política no puede hacerse desde un campanario, que existen “otras voces y otros ámbitos” y, aunque nadie lo haya comprobado, el movimiento de las alas de una mariposa en Australia puede provocar un huracán en Montevideo.

VIII. Huir, como de la peste, de las consignas y de las manipulaciones y aplacar cuanto se pueda el sectarismo en sus cada vez más numerosas y variadas expresiones.

IX. Mirar y oír al adversario con la atención debida, porque nadie tiene en exclusiva ni la verdad ni el error… Además, negarse a escuchar equivale a perder una ocasión de aprender. Hay que tener muy presente que por necesarios que sean los cambios que nosotros proponemos, a la hora de la verdad ésos siempre producirán algún efecto perverso.

X. Luchar por las convicciones, incluso si hay que pagar por ello un alto precio. Conviene recordar que – hace ya muchos siglos – un hombre murió por sus ideas, aunque confesaba sin rubor: “Sólo sé que no sé nada”… y desde entonces otros muchos de igual estirpe y coraje han sufrido persecución por actuar en consonancia con sus credos. "

11 de junio de 2010

El original y la copia



Ha terminado el curso de pintura. No he aprendido a pintar pero he cogido aficción a los matices, a los colores, a las sombras, y a las mezclas. Un cuadro nunca está terminado y es difícil establecer el justo equilibrio entre capacidades, eficacia, y finalización. En Otubre retomaré el curso con neuvos ímpetus y ojalá con nuevos retos.

10 de junio de 2010

J'entends siffler le train

Cuántos silbidos de tren, cuántos adioses a pie del andén, cuánta nostalgia y cuantos recuerdos pueden volver a evocar unas estrofas en la voz de Richard Anthony, uno de mis cantantes contemporáneos y favoritos. He vuelto a escuchar esta canción con deleite y sosiego y la traigo aquí como testimonio.

8 de junio de 2010

Hace mucho que te quiero

HACE MUCHO QUE TE QUIERO
Il y a longtems que je t’aime
Francia, 2008
Dirigida por Philippe Claudel
Duración 115 minutos

En mi opinión, una de las características del cine francés es su apego a las palabras. Los personajes parecen estar siempre escuchándose a sí mismos mientras nos ilustran con sus opiniones sobre arte, sobre literatura o sobre la marcha del universo.

Éste, desde luego no es el caso de la película que aquí comento. Todo lo contrario, y por eso me ha llamado mucho la atención. Parece que su Director, Philippe Claudel, conocido novelista francés, ha dejado las palabras para sus novelas y ha construido una película a base de miradas, de gestos esquivos y de silencios.

Parte de su éxito se debe a la elección de la protagonista encargada de vivir y de contarnos esa historia sin palabras y Kristin Scott Thomas, ya conocido por su papel estelar en “El paciente Inglés” borda el personaje.

Kristin interpreta a una mujer, que tras pasar 15 años en la cárcel, es acogida en casa de su hermana pequeña, que le resulta casi una desconocida porque durante los años de reclusión su entorno familiar y de amistades había construido un profundo foso de silencio y aislamiento a su alrededor.

Juliette, nuestra protagonista, sale de prisión pero sigue encerrada en su mundo, apática, ruda, desprovista de emociones, insensible a cuanto la rodea, incluidos los pequeños gestos de acercamiento de la hermana y de su familia. Era necesario, que una actriz de la talla de Scott Thomas, renunciando a su belleza natural, pudiera interpretar sin maquillajes, pero con punzante veracidad a su personaje, con las únicas armas de sus miradas, sus prolongados silencios, sus evasiones.

Poco a poco, al contacto con una familia unida, construida sobre sólidos cimientos y muchos esfuerzos, Juliette comienza a evolucionar. Empieza descubriendo a otros personajes encerrados en sus propios silencios: el abuelo que tras un accidente ha dejado de hablar, el policía que abandonado por su esposa vive encerrado en el sueño de viajar a las fuentes del Orinoco, el profesor de literatura que vive en un mundo imágenes literarias…

Vamos viendo cómo la mirada de nuestro personaje se ilumina, nuestra simpatía por ella aumenta, crece la curiosidad por saber el por qué, pero Philippe Claudel maneja bien el suspense, alarga quizá innecesariamente algunas escenas o incluye otras totalmente superfluas o inverosímiles, como la cena campestre en la que Juliette no deja de ser presionada para que hable de su pasado. Tampoco puede dejar de ser totalmente francés y literato y a través de Lea, hermana de Juliette y profesora de literatura en la Universidad, nos trae a colación el recuerdo de Racine y de Dostoievski.

Estas reflexiones literarias acrecientan nuestra curiosidad. Queremos saber qué hizo Juliette y por qué lo hizo. La tensión emocional aumenta. La película adquiere un tono de mayor amplitud: se trata del amor maternal y de la familia, de la culpa y del arrepentimiento, del drama existencial, de personajes encerrados entre rejas, o en el marco de un cuadro, o en una mente enferma de Alzheimer.

La historia, acompañada por las guitarras de Jean Louis Aubert, con la música pegadiza de una canción tradicional francesa “Il y a longtemps que je t’aime”, sembrada de primeros planos muy bien orquestados, y encuadrada por las gotas de lluvia sobre el parabrisas del coche al inicio de la película y por las gotas de lluvia en la ventana de una habitación durante la confesión final, dan testimonio de un cine elegante, sobrio y muy respetable. Cine de autor (francés) de digno trazo humanista. Cine además del primerizo Philippe Claudel que, sin lugar a dudas nos ofrecerá en un futuro obras tan contundentes y mejor realizadas.

5 de junio de 2010

Tamara Lempicka: Tamara en Bugatti verde


1925 Autorretrato o Tamara en Bugatti Verde
Colección privada

Tamara de Lempicka, la bella polaca, la estrella de la época de entreguerras simbolizó su época como pocos. Perteneció a la élite de su tiempo, a aquella élite que solía frecuentar el Ritz en París y el Gran Hotel en Monte Carlo, y que hoy llamaríamos jet-set.

Todavía en 1978 la caracterizaba el New York Times como “diosa de ojos de acero de la era del automóvil”. Ciertamente, su cuadro más famoso, el autorretrato con el título Autorretrato o Tamara en Bugatti verde, delata un poco el tipo de relación que Tamara mantenía con la mecánica, fuera ésta de acero d de carne.

Exactamente en esas condiciones tuvo lugar su primer encuentro con la directora de la revista de moda alemana Die Dame, que solicitó su asentimiento para publicar el Autorretrato en la portada de la revista. Resultado: el cuadro adquirió fama inmediata y fue celebrado como imagen de la mujer moderna. Con el tiempo llegaría a convertirse en el retrato perfecto de la época. En adelante se equipararía la representación de la artista con la de la mecánica. El “Teatro Hollywood” utilizó el cuadro incluso como póster para la obra “Tamara: A living Movie”.

En Das Magazín, Lempicka fue comparada con una hermosa Brunilda: ella y su auto encarnaban el doble aspecto de la mujer superior, pero a un tiempo voluptuosa. Auto-Journal en 1974, celebraba el autorretrato como fiel retrato de la mujer independiente, de la mujer que sabe afirmarse. “Lleva guantes y un casco. Es inaccesible: una belleza fría e irritante tras la que se adivina a un ser formidable ¡esta mujer es libre!”.

1 de junio de 2010

Hospitalero voluntario


Albergue del Monasterio benedictino de Samos. Los peregrinos que desatendiendo el más popular recorrido de San Xil, y pese a la lluvia persistente, que no nos abandona desde hace varios días, alargan su caminar y se dirigen hacia Samos, saben perfectamente por qué y para qué vienen aquí. El pueblo es pequeño y carece de cualquier otro aliciente salvo el Monasterio. Pero ellos lo saben y saben que quieren precisamente estar aquí para asistir y compartir con los monjes el canto de las Vísperas y la celebración de la Misa. Algunos, se hospedan en albergues más cómodos con calefacción, lavadora y cocina. Otros prefieren los hoteles y pensiones del lugar, pero casi todos, a la caída de la tarde asisten a los Oficios.

Unos días antes había completado el cursillo de Hospitalero Voluntario en Logroño. A su término, me preguntaron si estaría disponible para acudir como hospitalero a Samos del 1 al 15 de mayo. No podían prometerme ayuda, pero intentarían enviar un segundo hospitalero si encontraban uno disponible. Acepté en el acto y lo primero que me impresionó al llegar a este frondoso valle, fue precisamente su monasterio. Todo el pueblo gira en torno a él pero ni el monasterio ni los monjes dan la espalda al pueblo. Dependen uno del otro y en consecuencia se crea una pacífica y beneficiosa coexistencia.

El albergue es austero. En un ala del monasterio, en lo que antaño fuera un almacén abovedado, se han instalado 64 camas dispuestas en literas. Los colchones no tienen sábanas ni almohadas pero cambiamos las fundas regularmente. No hay calefacción aunque disponemos de mantas para cuando el saco de dormir no es suficiente. Tiene duchas de agua caliente y aunque no hay lavadora, se puede lavar la ropa y secarla en un tendal en frente del albergue. Desde hace un par de años, unos hospitaleros han decorado las paredes del albergue con el calendario y otros motivos tomados del Panteón de Reyes de San Isidoro de León.

El trabajo de hospitalero no deja de ser sencillo y repetitivo: Vaciar papeleras, alisar colchonetas, cambiar fundas, barrer y fregar los suelos, limpiar a fondo las duchas y los servicios, pero también es un reto: acoger a los peregrinos con una sonrisa, ser breve en las explicaciones y escuchar, escuchar y seguir escuchando a pesar de la tentación de constituirnos en expertos del camino o de contar nuestra batallita, lo que nos sucedió cuando…. la anécdota que nos pasó en….

Cuando se logra esa predisposición y se abre uno a los demás puede ocurrir de todo: que te encuentres con un grupo danés que viene rodando un reportaje sobre el camino y quiere filmar cada detalle de la inscripción, del albergue y del monasterio; que un muchacho al poner el pie en el albergue caiga inconsciente bajo el peso de su mochila; o que una señora bajo una fuerte crisis emocional rompa a llorar frente a ti y no encuentres otra alternativa que estrechar sus manos, abrazarla y dejar que se desahogue.

Puedes encontrar al peregrino sibarita que a cambio de su escaso donativo se cree con derecho a una habitación de hotel de tres estrellas, al turista de poco pelo, al vagabundo itinerante que ha hecho del Camino y de los albergues su domicilio esporádico, al recordman de las etapas, al esteta, fotógrafo o pintor para quien lo que cuenta es el paisaje, o al tan profundamente religioso que no contento con llevar su propia credencial, se hace sellar una credencial a nombre de cada uno de los Santos que le acompañan.

Ser hospitalero es fácil, ningún caso problemático dura más de un día, y cuando persisten se recurre a San Cucufato. Nuestro compañero hospitalero, cuando lo tenemos, es un valor añadido. Al contrario que los peregrinos, él no se va a la mañana siguiente. Sigue a tu lado día tras día tal como es. con sus virtudes, pero también con sus costumbres, su manera de hacer, sus propias opiniones. No es más que tú, pero tampoco menos y por consiguiente el éxito de nuestra labor depende en gran medida del buen equilibrio en nuestra convivencia.

Ser hospitalero es voluntario. Como no cesaron de insistir en el cursillo, lo hacemos porque “nos da la gana”. Nadie nos obliga, pero tampoco nadie tiene por qué agradecérnoslo, pagárnoslo, o admirárnoslo. Somos un diminuto eslabón en una cadena ininterrumpida de hospitaleros que desde hace siglos han puesto su granito de arena para hacer del Camino una experiencia a la vez personal, interior y profunda. En ocasiones, esta experiencia reviste además connotaciones religiosas, éticas o filosóficas. Para nosotros, lo que cuenta es que los peregrinos llegan fatigados, doloridos a veces incluso heridos, y casi siempre profundamente emocionados. Nada de lo que nos dicen tiene consecuencias más allá del momento y del ambiente emocional que los rodea. Por eso, cada mañana, les veo alejarse con la nostalgia de mis propios caminos. Pero no hay tiempo para la tristeza. Dentro de unas horas llegará otro grupo con sus mochilas, sus fatigas y sus ilusiones. El albergue, rico o pobre, cómodo o incómodo tiene que estar como recién estrenado y los hospitaleros tenemos que estrenar también nuestra sonrisa del primer día.

Sin a penas enterarme, se agotan los días en Samos. Es hora de irse, la lluvia ha desaparecido y luce un sol primaveral, da pena ahora que hace bueno, pero otros hospitaleros han tomado el relevo. El recuerdo del monasterio, de sus monjes y novicios y en particular el recuerdo del entregado y servicial P. Domingo que con sus más de ochenta años sigue cuidando de nosotros, el recuerdo de mi compañero José y de la sonriente, eficaz y dulce Mar, responsable de la Oficina de Turismo anexa, me acompañarán junto con una gavilla de recuerdos y momentos felices que colman con creces unos días devolviendo al Camino lo que el Camino me ha dado.

31 de mayo de 2010

Alga quisiera ser

Alga quisiera ser, alga enredada,
en lo más suave de tu pantorrilla.
Soplo de brisa contra tu mejilla.
Arena leve bajo tu pisada.

Agua quisiera ser, agua salada
cuando corres desnuda hacia la orilla.
Sol recortando en sombra tu sencilla
silueta virgen de recién bañada.

Todo quisiera ser, indefinido,
en torno a ti: paisaje, luz, ambiente,
gaviota, cielo, nave, vela, viento…

Caracola que acercas a tu oído,
para poder reunir, tímidamente,
con el rumor del mar, mi sentimiento.

Angel González

28 de mayo de 2010

Un viaje por la Toscana

Había preparado meticulosamente este viaje para que fuera un viaje corto, económico, y cultural y sin embargo me permitiera una inmersión total en la Toscana de onduladas colinas y reconocidos tesoros renacentistas.

Las cenizas desprendidas por un lejano volcán en Islandia estuvieron a punto de dar al traste con mis planes. Las cancelaciones de vuelos, el alargamiento de la estancia, los repetidos viajes al aeropuerto de Pisa y la búsqueda de retornos alternativos no enturbiaron, sino que sirvieron de acicate para vivir unos días de profunda comunión con la belleza de unos paisajes únicos y con la riqueza de tesoros artísticos y arquitectónicos que a fuerza de haberse visto en reproducciones y en la ficción, parecían haberse desdibujado o banalizado en mi memoria.

No pretendo hacer un repertorio de ciudades, monumentos, cuadros, o lugares comunes de la campiña italiana. Sería aburridísimo. A la manera de los artistas bizantinos iré yuxtaponiendo diminutas y dispares teselas de color con la esperanza de que al colocar la última pieza aparezca un mosaico único, una impresión envolvente que me permita olvidar la cronología, el detalle, las circunstancias, para quedar al menos marcado en la frente por el dedo de la belleza.

En Pisa, una Campanario que se cae, una Basílica y un Baptisterio concitan todas las miradas. En su explanada se concentran miles de turistas. Yo me he parado en un puente sobre el Arno y he acariciado con la mirada, el arco de las casas que se reflejan en sus aguas; me he paseado por un mercado al aire libre y he olido especias, he tocado verduras desconocidas, he contemplado un tapiz de colores y he visto a la sonriente verdulera extrañada de un turista que no compraba pero parecía querer llevarse con la mirada y gratuitamente todo su tendal. Los Oratorios del Mesías de Heandel cantados por un coro universitario, o la suave música de un espeso bosque de bambús en el Jardín Botánico podrían ser dos insignificantes pero decisivas pinceladas en la memoria compartida de mi estancia en esa ciudad.

Florencia puede convertirse en una trampa mortal para cualquier turista. Yo no quise distraerme más allá de lo inevitable. Ni siquiera cerrando los ojos podría sustraerme a tanto monumento, al Duomo de Brunelleschi, visible desde cualquier punto de la ciudad, iglesias, puentes, monumentos, plazas y museos que se suceden a la vuelta de cada esquina. Visité el Museo de los Uffici con el único fin de contemplar detenidamente dos obras de Botticelli, una Madona de Filippo Lippi, y la Venus de Tiziano. Salí del museo sin querer ver ningún otro cuadro, pero ante los cuatro elegidos me dejé inundar por mil sensaciones de color, de historia, de recuerdos, de lecturas, de vínculos, connotaciones y transferencias. En arte, todo está entrelazado: la naturaleza, el ambiente, la época conforman un estilo, dan lugar a unas obras que fuera de su contexto parecen tan extrañas como una estatua etrusca.
Me impresionaron las proporciones y la belleza del David de Miguel Ángel, pero no más que el placer que sentí tomando café en Galli, o comiendo pasta en una trattoria a pie de la catedral. Admiré la puerta Oeste del Baptisterio y la algarabía del Ponte Vecchio con sus tiendas de oro, sus pintores y sus vendedores ambulantes pero disfruté por encima de todo subiendo a la colina de San Miniato, y desde allí, me dejé mecer en los colores del paisaje al atardecer, en la vista de la ciudad surcada por el un Arno plateado cuyos márgenes parecen cosidos por sus numerosos y esbeltos puentes.

Lucca es una ciudad amurallada que encierra mil rincones y lugares donde perderse. La fachada de la catedral es una joya y la representación en su fachada de los meses del año por las tareas agrícolas correspondientes me recordó nuestro románico y por consiguiente más antiguo calendario en la Cripta del Panteón de Reyes de San Isidoro. Sin embargo, esta ciudad se asociará en mi mente con un pasajero mal humor de incomunicación y con una luminosa y asimétrica plaza, “Anfiteatro” construida sobre las ruinas del antiguo teatro Romano cuyos cimientos y parte de los muros han servido de base a las casas que la rodean.

De San Gimignano atesoro un vaso de vino Vermentino compartido a la sombra de una parra, en la enoteca situada en la parte alta del pueblo mientras contemplo en primer plano las numerosas y desproporcionadas torres que dan carácter al lugar y sobre todo, la cromática gama de verdes del paisaje: verdes oscuros, casi negros de los cipreses que crecen por doquier, verdes frutales, verdes hierba y verdes casi amarillos de los campos de colza que se extienden en suaves ondulaciones hasta perderse en la neblina del “mezzogiorno” puenteados aquí y allá, por alguna granja con su tejado rojo, sus miradores y balconadas y sus inconfundibles ocres.

Muchos otros pequeños momentos, lugares, recuerdos, podrían constituir por si mismos auténticos cuadros de luz: la solitaria torre de San Miniato y sus rincones románticos; Valterra con sus alabastros y sus ruinas romanas y etruscas; Bolgheri y una comida donde un histriónico cocinero supo crear un ambiente distendido en el que degustar la auténtica pasta italiana y disfrutar viendo comer una caracolada; o finalmente Bibbona y una plazoleta encantadora donde un par de señoras se contaban de balcón a balcón las últimas novedades de una ininterrumpida historia.

Lugares, momentos, personas, paisajes, colores, belleza, avatares, soluciones, y el encanto de la improvisación. El mosaico está completo, las teselas, algunas de ellas al menos, en su sitio. Un ferry enorme, sale a medianoche de Livorno, y me aleja de estos días inolvidables cuyo recuerdo he intentado apresar.