1 de junio de 2010

Hospitalero voluntario


Albergue del Monasterio benedictino de Samos. Los peregrinos que desatendiendo el más popular recorrido de San Xil, y pese a la lluvia persistente, que no nos abandona desde hace varios días, alargan su caminar y se dirigen hacia Samos, saben perfectamente por qué y para qué vienen aquí. El pueblo es pequeño y carece de cualquier otro aliciente salvo el Monasterio. Pero ellos lo saben y saben que quieren precisamente estar aquí para asistir y compartir con los monjes el canto de las Vísperas y la celebración de la Misa. Algunos, se hospedan en albergues más cómodos con calefacción, lavadora y cocina. Otros prefieren los hoteles y pensiones del lugar, pero casi todos, a la caída de la tarde asisten a los Oficios.

Unos días antes había completado el cursillo de Hospitalero Voluntario en Logroño. A su término, me preguntaron si estaría disponible para acudir como hospitalero a Samos del 1 al 15 de mayo. No podían prometerme ayuda, pero intentarían enviar un segundo hospitalero si encontraban uno disponible. Acepté en el acto y lo primero que me impresionó al llegar a este frondoso valle, fue precisamente su monasterio. Todo el pueblo gira en torno a él pero ni el monasterio ni los monjes dan la espalda al pueblo. Dependen uno del otro y en consecuencia se crea una pacífica y beneficiosa coexistencia.

El albergue es austero. En un ala del monasterio, en lo que antaño fuera un almacén abovedado, se han instalado 64 camas dispuestas en literas. Los colchones no tienen sábanas ni almohadas pero cambiamos las fundas regularmente. No hay calefacción aunque disponemos de mantas para cuando el saco de dormir no es suficiente. Tiene duchas de agua caliente y aunque no hay lavadora, se puede lavar la ropa y secarla en un tendal en frente del albergue. Desde hace un par de años, unos hospitaleros han decorado las paredes del albergue con el calendario y otros motivos tomados del Panteón de Reyes de San Isidoro de León.

El trabajo de hospitalero no deja de ser sencillo y repetitivo: Vaciar papeleras, alisar colchonetas, cambiar fundas, barrer y fregar los suelos, limpiar a fondo las duchas y los servicios, pero también es un reto: acoger a los peregrinos con una sonrisa, ser breve en las explicaciones y escuchar, escuchar y seguir escuchando a pesar de la tentación de constituirnos en expertos del camino o de contar nuestra batallita, lo que nos sucedió cuando…. la anécdota que nos pasó en….

Cuando se logra esa predisposición y se abre uno a los demás puede ocurrir de todo: que te encuentres con un grupo danés que viene rodando un reportaje sobre el camino y quiere filmar cada detalle de la inscripción, del albergue y del monasterio; que un muchacho al poner el pie en el albergue caiga inconsciente bajo el peso de su mochila; o que una señora bajo una fuerte crisis emocional rompa a llorar frente a ti y no encuentres otra alternativa que estrechar sus manos, abrazarla y dejar que se desahogue.

Puedes encontrar al peregrino sibarita que a cambio de su escaso donativo se cree con derecho a una habitación de hotel de tres estrellas, al turista de poco pelo, al vagabundo itinerante que ha hecho del Camino y de los albergues su domicilio esporádico, al recordman de las etapas, al esteta, fotógrafo o pintor para quien lo que cuenta es el paisaje, o al tan profundamente religioso que no contento con llevar su propia credencial, se hace sellar una credencial a nombre de cada uno de los Santos que le acompañan.

Ser hospitalero es fácil, ningún caso problemático dura más de un día, y cuando persisten se recurre a San Cucufato. Nuestro compañero hospitalero, cuando lo tenemos, es un valor añadido. Al contrario que los peregrinos, él no se va a la mañana siguiente. Sigue a tu lado día tras día tal como es. con sus virtudes, pero también con sus costumbres, su manera de hacer, sus propias opiniones. No es más que tú, pero tampoco menos y por consiguiente el éxito de nuestra labor depende en gran medida del buen equilibrio en nuestra convivencia.

Ser hospitalero es voluntario. Como no cesaron de insistir en el cursillo, lo hacemos porque “nos da la gana”. Nadie nos obliga, pero tampoco nadie tiene por qué agradecérnoslo, pagárnoslo, o admirárnoslo. Somos un diminuto eslabón en una cadena ininterrumpida de hospitaleros que desde hace siglos han puesto su granito de arena para hacer del Camino una experiencia a la vez personal, interior y profunda. En ocasiones, esta experiencia reviste además connotaciones religiosas, éticas o filosóficas. Para nosotros, lo que cuenta es que los peregrinos llegan fatigados, doloridos a veces incluso heridos, y casi siempre profundamente emocionados. Nada de lo que nos dicen tiene consecuencias más allá del momento y del ambiente emocional que los rodea. Por eso, cada mañana, les veo alejarse con la nostalgia de mis propios caminos. Pero no hay tiempo para la tristeza. Dentro de unas horas llegará otro grupo con sus mochilas, sus fatigas y sus ilusiones. El albergue, rico o pobre, cómodo o incómodo tiene que estar como recién estrenado y los hospitaleros tenemos que estrenar también nuestra sonrisa del primer día.

Sin a penas enterarme, se agotan los días en Samos. Es hora de irse, la lluvia ha desaparecido y luce un sol primaveral, da pena ahora que hace bueno, pero otros hospitaleros han tomado el relevo. El recuerdo del monasterio, de sus monjes y novicios y en particular el recuerdo del entregado y servicial P. Domingo que con sus más de ochenta años sigue cuidando de nosotros, el recuerdo de mi compañero José y de la sonriente, eficaz y dulce Mar, responsable de la Oficina de Turismo anexa, me acompañarán junto con una gavilla de recuerdos y momentos felices que colman con creces unos días devolviendo al Camino lo que el Camino me ha dado.

10 comentarios:

Blanca dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

un abrazo Federico

Excelente relato.

Paulí

Durrell dijo...

Creo que ha sido una grande y feliz experiencia para ti, amigo Fede. Me alegro. Lo que nos has contado hoy, habla de la generosidad de tu alma y me gusta la gente como tú. Sois la sal de la tierra, los que hacen que el mundo siga adelante.

Te deseo mucha felicidad.

José Núñez de Cela dijo...

Por lo que dices, parece otro final de camino, pero intuyo que no será así que TU camino no tiene fin.
Un abrazo

Prometeo dijo...

Muy bueno tu relato y como lo cuentas, ese sacrificio de trabajo tan gratificante...yo estare fuera ahora una semana, hasta la vuelta a seguir y un fuerte abarzo.

Aiol dijo...

Me ha encantado escuchar tu letra escrita.
Gracias por la referencia que haces a nosotros, los simples ocupantes de este monasterio, (desde el siglo VI), y que como tú, hospitaleros del camino...
Esperamos tu regreso, aunque sea sólo de visita.
Buen camino, hermano.

Anónimo dijo...

Actualmente creo que los albergues que lleva Hospitaleros Voluntarios de la Federación Española de Asociaciones de Amigos del Camino de Santiago son:

+ En el Camino Aragonés: Arrés.
+ En el Camino de la Plata: Alcuéscar, Salamanca capital y Zamora capital.
+ En el Camino Francés: Estella (el parroquial), Viana (el parroquial), Logroño (el parroquial), Nájera (el municipal), Santo Domingo de la Calzada (Casa del Santo, de la Cofradía del Santo), Grañón, Villalcázar de Sirga (el municipal), Sahagún (Madres Benedictinas, puede que ya no), Bercianos del Real Camino, Calzadilla de los Hermanillos (el municipal), El Burgo Ranero (Domenico Laffi, municipal, lo gestiona la Asociación de Amigos del Camino de León), León (el del Monasterio de las Benedictinas o Carbajalas), Ponferrada, Samos (el del monasterio).

En ninguno de ellos, por definición o norma, se cobra a los peregrinos. Sólo se admiten donativos.

Pero también hay hospitaleros voluntarios en muchos otros albergues de los distintos Caminos a Santiago, tanto públicos como privados. En algunos casos se encargan de ellos las Asociaciones de Amigos del Camino locales, en otros los dueños de los albergues privados, etc.

Anónimo dijo...

+ En el Camino Francés (anexo):

El albergue de León capital de las Carbajalas ya no lo llevan Hospitaleros Voluntarios de la Federación, pues han empezado a cobrar 5 euros en lugar de ser de donativo como hasta ahora.

Hospitaleros Voluntarios de la Federación también ha dejado de gestionar los hospitaleros voluntarios de los albergues de Foncebadón (Domus Dei) y El Acebo (Apóstol Santiago) (aunque parece que siguen siendo de donativo o la voluntad). Si alguien quiere ser hospitalero voluntario ahí puede mandar un mensaje electrónico a peregrinosflue@terra.es

Anónimo dijo...

Como se apunta arriba, el albergue de Sahagún de las Madres Benedictinas ya no lo deben de llevar los de Hospitaleros Voluntarios de la Federación pues, igual que en el de León capital de la misma Orden, han empezado a cobrar 5 euros para dormir en el refugio de peregrinos, dejando de ser de donativo o la voluntad.

Saludos y gracias

Anónimo dijo...

A partir del 1 de marzo de 2013 también van a haber Hospitaleros Voluntarios de la Federación en el albergue de peregrinos de Castilblanco de los Arroyos (Sevilla), en el Camino de Santiago de la Plata. ¡Enhorabuena y buena suerte!