26 de marzo de 2009

Desconocido en ti


Yo estaré en tu pensamiento, no seré más que una sombra
imprecisa;

Habré existido un instante en que la alegría y la piedad
ardían en tus ojos.

Pero también, quiero permanecer desconocido en ti.

Desconocido. Simplemente envuelto en tu felicidad.

Tú distraída en tu luz y yo apenas viviente en ella
y así imperceptiblemente amado, esperar la desaparición.

Aunque quizá estamos ya separados por un hilo de sombra
y cada uno está en su propia luz

y la mía es la que tú vas abandonando.

Antonio Gamoneda
De Cecilia

23 de marzo de 2009

El eco de tu voz


Cuando mencionamos la palabra ECO automáticamente nos imaginamos caminando por un desfiladero y lanzando llamadas que se estrellan contra las rocas y regresan a nosotros con una miseriosa reverberación. Recordamos también que la mitología se apoderó del fenómeno para explicar cómo Hera fue engañada por Zeus utilizando la voz de una oréada o Ninfa de la Montaña.

Pero no trato aquí de hablar de Eco como figura mitológica ni como fenómeno físico, sino del eco como arte de saber escuchar. Creo que escuchar es algo que nos cuesta mucho a todos. Oímos, escuchamos de pasada, pero no ejercemos la escucha atenta, la escucha que anima y ayuda a clarificar ideas. La Eco mitológica fue castigada por Hera a repetir la última palabra de cada frase y desaparecer ... desvanecerse...
Y en eso precisamente consiste la escucha atenta. Tan atenta que acabamos fundiéndonos con nuestro interlocutor, repitiendo su última palabra, para asegurarle que seguimos escuchando, que reformulamos lo que nos dice obligándole así a explicarse y precisar su pensamiento.
Las personas que apreciamos y que nos aprecian, no necesitan generalmente de nuestros consejos y desde luego, cuando los necesitan nos los piden directamente y sin rodeos. Pero lo que siempre necesitan es que les escuchemos.

Unas veces hablan por vanidad, por necesidad de sentirse importantes de justificar su mediocre existencia. Tienen que encontrar a alguien a quien contar sus proezas, sus conquistas, sus logros en el deporte, en la pesca, o en el trabajo. Escuchar con atención en estas ocasiones es una auténtica proeza porque además de aburrirnos sentimos un irreprimible deseo de mandarles a paseo

Otras veces nos buscan porque no tienen claro lo que quieren. Se debaten en una maraña de alternativas y una confusión mental tal, que lo que buscan es aclarar las ideas. No necesitan que acrecentemos su confusión aportando soluciones. Los argumentos están ahí a favor y en contra de su proyecto, pero necesitan verbalizarlos para ordenarlos, priorizarlos y tomar una decisión. Si a caso, en estos casos sólo cabe hacer alguna pregunta aclaratoria sobre sus argumentos, para ayudarles a reformularlos de manera congruente con el caso.

Con frecuencia alguien que confía en nosotros nos habla porque se siente abatido, sin ganas, deprimido, nostálgico y no sabe muy bien por qué. Nuestro error en estos casos es ofrecer recetas como quien dispensa pastillas en una farmacia. Frases como "Lo que tienes que hacer es..." "No pienses en ello..." "Eso son tonterías..." son recurrentes cuando alguien nos está contando sus pequeñas frustraciones o sus desánimos. Necesitamos enormes dosis de empatía para silenciar nuestras recetas, y sobre todo para callar nuestras propias y parecidas congojas. No es el momento de decir: "igual que lo que me pasó a mí cuando... " y lanzarse en una perorata sobre nuestros propios problemas. Sentir empatía supone intentar pensar y sentir con nuestro interlocutor, pero no para suplantarlo sino para entender lo que nos cuenta sintiendo como él siente y con la misma intensidad que él está experimentando. Las palabras de asentimiento, las interjecciones breves que denotan nuestra presencia y nuestra escucha, y breves preguntas aclaratorias, pero nunca indagatorias, son algunas de las reacciones válidas en estos casos. El mejor alago que nos pueden hacer después de haber escuchado en perfecto silencio las confesiones o las angustias de un amigo, es que se despida diciendo : "¡Muchas gracias! No sabes cuánto me han ayudado tus consejos!”

Actuar así, es convertirse en ese anhelado eco que todos buscamos alguna vez y sinceramente a veces, me gustaría encontrar esa peña perfecta en la que se refracten mis pensamientos y mis dudas y me reboten como un límpido eco que me ayude a comprenderme mejor.

17 de marzo de 2009

Richard Yates: Vía Revolucionaria


VIA REVOLUCIONARIA
Novela
Richard Yates
Alfaguara 2008
Título original: Revolutionary Road 1961 y 1989
Traducida del inglés por Luis Murillo Fort
364 páginas

La reciente película de Sam Mendes, protagonizada por Leonardo DiCaprio y Kate Winslett, que ha merecido tres nominaciones a los Oscar 2009, ha puesto nuevamente en el candelero y ha revalorizado la obra de Richard Yates y en particular la novela que ha servido de guión a la película del mismo título y que ya en 1961 fue finalista del prestigioso Nacional Book Award.

Sin embargo, Richard Yates es un escritor desencantado y su novela nos sume en una profunda tristeza. La nueva urbanización en las afueras de Nueva Cork a la que se mudan la joven pareja formada por Frank, April y sus dos hijos, no debería llamarse “Via Revolucionaria” sino “El callejón de los sueños rotos”

Y es que Yates, como pocos escritores de su época ha calado en el desencanto americano de los años sesenta, ha presentido el final del gran sueño americano de la familia feliz, con su casita blanca, el jardín con el césped primorosamente cortado, el cadillac a la puerta y la barbacoa de fin de semana con unos vecinos que intentan aparentar una felicidad de revista, tan vacía, tan insustancial como la suya propia.

La novela describe con implacable, yo diría con inmisericorde realismo cómo los sueños de juventud, la ambición por destacar y ser alguien, los proyectos de futuro con renombre se van diluyendo paulatinamente en la rutina, la mediocridad del día a día, el conformismo o el acechante brillo de un posible ascenso, de unas rutilantes monedas.

April, la esposa ha creído que podría llegar a ser una gran actriz pero su estrepitoso fracaso en una obra de aficionados acaba por revelarle sus limitaciones. Frustrada, descontenta consigo mismo y con el ambiente vulgar que la rodea se vuelca entonces en hacer que su marido Frank llegue a ser el escritor famoso que juntos vislumbraron cuando aún vivían de sus sueños en un mísero apartamento de Brooklyn. Para ello nada mejor que salir de el ambiente que les rodea, viajar a Paris, mítico lugar donde parecen gestarse los grandes movimientos filosóficos o literarios. No importa que su marido no sepa francés, no importa que los niños no estén muy entusiasmados con el proyecto. Irán a Paris, ella se pondrá a trabajar y dejará que su marido se encuentre a sí mismo y por fin encuentre la inspiración perdida.

Sin embargo, el rutinario, casi canallesco ambiente de trabajo de Frank ha ido limando una a una todas sus ambiciones. Ya no es más que un títere que se deja arrastrar por los compañeros de trabajo borrachines y desnortados, que se embarca en un “affair” sin salida y sin alicientes con una secretaria de la oficina y a quién la vaga promesa de un futuro ascenso acaba de convencer de que no se encuentra a la altura de los planes que su mujer teje para ellos, pero tampoco tiene el coraje de rechazarlos.

Se necesita valentía para enfrentarse a la realidad. Las oportunidades se pierden y la vida pasa de largo. No importa cuán diferentes se sientan, ni que crean que tienen almas de artistas o son mejores de los que les rodean por eso, la soledad les acecha, nada nuevo acontece en sus vidas, pero el terreno que pisan se vuelve cada vez más inestable y empezamos a presentir la tragedia. Frank llega cada vez más tarde a casa, April le es infiel por despecho y cuando ésta se da cuenta de que está embarazada acaba provocándose un aborto chapucero y poco creíble en una persona de su cultura.

La novela me ha impactado. Los tiempos han cambiado, estamos en España, pero me quedo pensando en tantas jóvenes parejas que llenas de ilusión se lanzan a la conquista de una casa maravillosa en una urbanización de ensueño, a pocos kilómetros de la capital. ¿Y luego? ¿Y los valores? A parte de la casa que proyectos, que sueños en común van a hacer que perdure la relación? Por eso, me ha parecido un libro de actualidad, un libro realista que aunque habla de una América de los años sesenta y de unas circunstancias muy particulares, algunos de sus pesimistas postulados son perfectamente aplicables a nuestros días.

16 de marzo de 2009

Fernando Botero: Familia Colombiana:

Familia Colombiana
1999 Óleo sobre tela 195 x 165 cm
colección delo Artista

Botero es un pintor figurativo, pero no realista; sus obras se orientan por la realidad, pero no la plasman. En sus cuadros, todo es voluminoso; tanto el plátano, la bombilla, la palmera y los animales como los hombres y las mujeres. A Botero no le interesa pintar determinadas cosas – por ejemplo, hombres gordos o mujeres gordas -, sino que desea convertir, mediante transformación o deformación, la realidad en arte. Su nostalgia creativa, su ideal estético, gira en torno a formas y volúmenes, a un estilo que permita expresar esas visiones. Botero, el artista contemporáneo que probablemente haya estudiado más tiempo el arte de todas las épocas en los museos, remite a la larga tradición de la deformación.

También artistas como Giotto, Rafael, El Greco Rubens y Picasso deformaron las cosas y la realidad para expresar lo que querían. El Giotto temprano, en una época en que la perspectiva no se había descubierto aún para la pintura, buscaba sugerir en la superficie una forma táctil, plasticidad, espacio. A su vez, Rubens llevó al lienzo, con la sensualidad de la carne, también el éxtasis religioso, muy al contrario del místico El Greco quien, con sus figuras exageradamente alargadas, que giran extendiéndose hacia lo alto, expresó una religiosidad tan extática como profundamente española. Por otro lado, las figuras ascéticamente “delgadas” de Giacometti se han puesto una y otra vez en relación con el existencialismo.

La exageración, permanente universal, y su repetición ininterrumpida dentro de las obras completas de un artista, como fue el caso de los pintores anteriormente mencionados, y también lo es de Botero, eleva la deformación a regla, con lo que la transforma en un estilo. La deformación sin un sentido superior, por sí misma, es o monstruosa o una caricatura; en el caso de Botero no es ni lo uno ni lo otro, sino que la deformación se debe siempre al deseo de elevar la cualidad sensual de los cuadros. Lo regordete responde a una preferencia formal por los valores plásticos en el arte clásico.

Sea cual sea el tema que Botero trae, con su estilo ampuloso y personal, pierde la dureza, lo cáustico, lo drástico. Las “casas” ya no llaman la atención, el toreo se despoja de crueldad: la dama con las uñas pintadas de rojo pierde su ridiculez, e incluso el amor se despoja de erotismo. Sus volúmenes sublimados son la varita mágica con que transforma el mundo y la vida y los viste de irrealidad flotante: por muy paradójico que parezca, el mundo de masas de Botero aparece tan ligero como un globo de aire.

12 de marzo de 2009

Para pensar


Trato de recordar en qué libro reciente fue y no lo logro, pero en algún sitio de ese libro se decía:

"Sólo un consejo te voy a dar: Nunca permitas que la idea, la doctrina, prevalezca sobre las personas".

Cuántas veces nos obcecamos en defender nuestra posición, nuestro punto de vista sin tener en cuenta a las personas. Nos escudamos y defendemos detrás de conceptos tales como el reglamento, las normas, lo acordado, el contrato, los principios, incluso los mandamientos de la ley de Dios, para amordazar el corazón y mantenernos en nuestros trece, para no dar el brazo a torcer o sencillamente para justificar nuestra cobardía.

Hace ya muchísimos años, estando de vacaciones en un pueblecito cristiano de Tailandia, recibí una lección magistral en el mismo sentido. Recién empezada la misa del domingo, el sacerdote fue avisado de que una de sus feligresas estaba muy enferma. Despojándose de sus vestimentas, nos dejó plantados en la iglesia sin más explicaciones. Los murmullos de desaprobación y de escándalo no tardaron en hacerse oír. El domingo siguiente, sin emabargo, le oímos la siguiente explicación: si la anciana a la que asistí el domingo pasado y a quien administré una dosis de morfina, sufrió un poco menos en su tránsito al más alla, seguramente valió la pena suspender una ceremonia a la que acudimos todos los domingos, sin estar de verdad convencidos de por qué lo hacemos.

8 de marzo de 2009

8 de Marzo, Día de la Mujer Trabajadora


No es fácil plasmar en unas líneas todas las ideas, opiniones, e interpretaciones a las que da lugar una fiesta como la de "La mujer trabajadora".
Como no quiero convertir mi blog en un lugar de polémica, he decidido surprimir el "post" inicial pidiendo perdón a las personas que ya han tenido la oportunidad de opinar sobre él. (Según como se mire todos tienen razón...)
Sigue incólume mi admiración por todas las mujeres que trabajan: fuera o dentro del hogar, con frecuencia fuera y dentro del hogar, por todas las mujeres que le han plantado cara a la vida y que solas o en pareja luchan por sacar adelante a su familia.

4 de marzo de 2009

Leonard Cohen: "Everybody Knows"

La verdad es que no sé si me gustan las canciones de Leoanard Cohen por su musicalidad o por lo que dicen; por la extraña profunda voz del cantante o por su increíble vida.
Probablemente sigue siendo mi cantante favorito para las horas de añoranza

3 de marzo de 2009

La Viajera de Madrugada

¿Alguna vez os habéis encontrado de pronto, solos, en un
vaporeto, un domigo a las siete de la mañana, con
la más hermosa de las viajeras japonesas?
Entonces sabréis de qué os hablo.

Si habéis sentido su olor mezclarse con el de la madrugada;
si habéis visto sus manos, delicadas como la flor del cerezo;
si habéis visto sus ojos transparentes como las aguas del Xunyang;
si os habéis acordado sin saber por qué del capítulo que Ueda Akinari
dedica en sus Cuentos de la lluvia de primavera a loar la poesía,
y los poemas de los que habla,
que dicen barcos y ríos y amadas siempre lejanas,
si ella se ha ido y no habéis cruzado palabra,

entonces sabréis de qué os hablo

Martín López Vega
Gajos (Pre - Textos 2007)

Málaga


A veces ocurre que, de repente, descubrimos una ciudad que a fuerza de ser conocida, pasamos por ella sin a penas verla, o fijándonos solamente en lo más obvio, lo periférico o lo banal. Algo así me ha ocurrido en mi reciente, inesperado y brevísimo viaje a Málaga. Hasta ahora siempre había viajado allí en avión desde Madrid y dado que los viajes tenían como destino final Algeciras y Gibraltar dejaba la capital a mis espaldas y enfilaba la carretera de la costa.

Málaga es tan conocida que intentar describirla demostraría una enorme ingenuidad. Subí al mirador de Gibralfaro y a través de la neblina contemplé la ciudad con su puerto, sus jardines y su mar. Paseé sin prisas por los patios y jardines de la Alcazaba, contemplando la filigrana de las celosías, las esbeltas columnas de mármol rescatadas de las vecinas ruinas romanas, las cantarinas fuentes, los estanques y las arcadas. Me rezagué en los quicios de las puertas en escuadra y contemplé el cielo azul a través del denso enramado de los naranjos cuajados de fruta. Palacio dentro de un inexpugnable castillo, fortaleza triplemente amurallada, pequeña joya celosamente protegida por la más adusta coraza.
Y luego, bajada al corazón de la ciudad: maciza catedral, plazuelas silenciosas, calle Larios, bulliciosa y peatonal, parque de la Marina chiringuitos de la Malagueta. Esta vez, por fin os he bebido con todos mis sentidos. Hoy, Málaga ya no es ni un nombre ni una ciudad, es un nuevo rincón en el que se refugia mi memoria.

2 de marzo de 2009

El Juego del Ángel : Carlos Ruiz Zafón


EL JUEGO DEL ÁNGEL
Novela
Carlos Ruiz Zafón
Planeta 2008
663 páginas

Leí hace tiempo “La sombra del tiempo” porque quería saber qué había detrás del fenómeno editorial Carlos Ruiz Zafón. La novela me gustó por lo insólito del encuadre, un mundo de misterio y de libros, con una pizca de romance y mucha, mucha imaginación pero sobre todo un gigantesco montaje de Marketing de Editorial Planeta. Me resultó el libro perfecto para una larga convalecencia o para unas vacaciones chafadas por el mal tiempo.

Aventurarme ahora con su reciente obra “El Juego del ángel” creo que ha rozado el masoquismo. No tengo otra disculpa que la “cazurrería” que caracteriza a las gentes de mi tierra que cuando se les mete algo en la cabeza tienen que llegar hasta el final. Carlos Ruiz Zafón se ha hecho millonario con el primer libro mencionado, pero no creo que se haya labrado un hueco en los anales de la literatura española. Es un autor de éxito, entretenido, que dosifica sabiamente el humor, la intriga decimonónica, el romanticismo esperpéntico a lo Allan Edgar Poe, y escenarios dignos de los mejores folletines de terror con virginales doncellas al borde siempre del abismo.

He concluido el libro con un cierto alivio, pero confieso que no sabría explicar muy bien toda la intriga. Como en su anterior novela, nos lleva a los pocos escenarios que nos quedan de la Barcelona de principios del siglo XX con sus palacetes, sus recién estrenado teleférico, sus pabellones de la exposición universal, el saber-vivir de la burguesía explotadora de unas clases obrera y campesina que subsiste en la más cochambrosa miseria. Recurre nuevamente a la cripta de los libros olvidados para encender la mecha del enigma y explicar por qué nuestro escritor en ciernas se convierte en el predestinado creador de una nueva religión bajo la insidiosa influencia de un patrón que tan pronto identificamos con las fuerzas del mal como con personajes reales que van cambiando de nombre y de apariencia aunque siguen dotados de un increíble don de ubicuidad.

Tampoco podemos decir que la novela destaque por su depurado estilo, sus hallazgos metafóricos o sus ingeniosos diálogos. Algunas escenas, a fuerza de ser repetitivas se convierten casi en parodia de ellas mismas. Los dos ayudantes del Inspector de Policía repiten los mismos gestos y las mismas palabras una y otra vez. Las descripciones del amanecer o de la noche son monótonas y los diálogos con las dos protagonistas femeninas son todo menos espontáneos y verosímiles.
El tiempo es oro y si Ruiz Zafón vuelve con otra novela me dedicaré a leer unas cuantas reseñas sobre la obra antes de aventurarme en otra lectura interminable.

17 de febrero de 2009

Hokusai: La Gran Ola de Kanagawa

La Gran ola de Kanagawa
Katsushishika Hokudai
1832 Woodblock

Se trata de un grabado de madera (xilografía) producido por Katsushika Hokudai como primero de una serie de “Treinta y seis vistas del Monte Fuji” y quizá uno de los cuadros más famosos de todo el arte pictórico oriental representado tantas veces como algunos de los más famosos cuadros del Arte Occidental. Corresponde al período Edo, (Tokio) y fue publicado en torno a 1932.
El grabado describe una enorme ola cerca de la prefectura de Kanagawa. En el hueco de la ola puede verse el Monte Fuji cuya cima esta coronada de nieve. Existen varias copias de este grabado en Museos del mundo entero y en particular en el Museo Británico, en el Museo Metropolitano de Nueva York y en la casa de Claude Monet en Givenchy (Francia).
Entre las características que hacen este cuadro particularmente hermoso podemos señalar la pureza de la línea que define claramente los contornos y establece el ritmo de la composición. y la inconfundible maestría en la aplicación del color con predominio del azul de Berlin que llegó a Japón a través de China.
Llama la atención el contraste entre el movimiento de la ola que se abre como unas enormes fauces prestas a engullir las barquichuelas en las que se afanan los marinos y la imperturbable serenidad del Monte Fuji que se encoge en la distancia. Parece como si el ying representado por la violencia de la Naturaleza, fuera equilibrado con el yang del hueco de la ola, la imperturbable quietud del monte o la tranquila laboriosidad de los marineros que se afanan en tarea.

15 de febrero de 2009

Woody Allen: Vicky Cristina Barcelona

VICKY CRISTINA BARCELONA
USA 2008
Dirigida por Woody Allen
Duración 96 minutos
Comedia romántica

Todos los cinéfilos hemos encasillado a Woody Allen en una especie de cliché compuesto de humor ácido, desengaño, angustia vital, sarcasmo y caracteres sumamente complejos. Películas como “Annie Hall”, “Manhattan” o “Hanna y sus hermanas” nos han acostumbrado a esperar de él películas plagadas de un humor inteligente que atacan nuestros paradigmas, nos divierten y nos cuestionan.
Parece, sin embargo, que en sus últimas películas Woody Allen se vuelve más condescendiente, pierde mordacidad, se redondean sus aristas y su ironía se vuelve más humana. Es probablemente lo que ocurre en su última película “Vicky Cristina Barcelona” y quizá por eso no acabamos de encajarla en nuestros esquemas habituales.

La película se asienta sobre el típico triángulo amoroso en el que dos amigas, de temperamento muy dispar en lo que a costumbres amorosas se refiere, viajan a España, o mejor dicho a Barcelona, y se enfrentan el típico “latin lover” o “macho ibérico” que sin ningún preámbulo, casi sin mediar palabra les propone acostarse con ambas. Pero resulta que el seductor (Javier Bardem) pintor bohemio acaba de separarse de su amor de toda la vida (Penélope Cruz) una artista temperamental y desquiciada que sigue ocupando un espacio importante en la vida del pintor. Está tan locamente enamorada de Juan Manuel que no es capaz de vivir su amor. En cuanto a nuestras dos turistas, Vicky (Rebeca Hall) es una joven cerebral que está a punto de casarse aunque no tiene tan seguro que el propuesto matrimonio la libre de una vida rutinaria y sin aliciente. En cuanto a Cristina (Scarlett Johansson) es una muchacha desinhibida dispuesta a probarlo todo sin pensar en las lágrimas del mañana . Entre escena y escena, pequeños flashes de la Barcelona de las postales pero también de Oviedo y de la campiña cercana a Avilés. Es un pequeño tributo de Woody Allen a su Príncipe de Asturias y alguna probable dotación económica de la Ciudad de Barcelona, pero no creo que esas imágenes supongan ningún desmérito para la película.

Personalmente me ha gustado la película pero antes quiero decir que me habían recomendado verla en versión original y estoy de acuerdo en que en español, probablemente se pierda gran parte del encanto de las escenas en las que más se luce Penélope Cruz. Quiero señalar también que en mi opinión, lo peor de la película es ese narrador en off que cuenta inútilmente lo que es evidente o hace comentarios que distraen la atención del espectador sin aclarar nada en particular. Por otra parte no dudo que podemos encontrar bastantes tópicos sobre España y los españoles y que ciertas situaciones son como mínimo poco creíbles. La película me ha traído reminiscencias de la ya antigua película de Truffaut “Dos inglesas y el amor” pero en general me he divertido con escenas bien rodadas, con una trama que no pierde interés en ningún momento y con una tragicomedia que explora de forma irónica y divertida las relaciones humanas y amorosas a través de personajes muy diferentes entre sí.

14 de febrero de 2009

Amar


Pero amar no es instalarse para siempre en la cima de las propias certezas. Es dudar siempre, temblar siempre. Y también permanecer vigilantes para evitar que el veneno mortal de la costumbre se insinúe y nos mate o, peor aún, nos anestesie. No creer que no queda nada por hacer sino, al contrario, seducir, seducir de nuevo.
Amar no es ganar en cada intento. Es correr riesgos, hacer apuestas inciertas, conocer el terror de perder la apuesta para saborear mejor la emoción de doblarla.
Amar no es adentrarse por caminos trazados y balizados. Es avanzar como un funámbulo por encima de precipicios y saber que hay alguien al final que dice con voz suave y tranquila: avanza, continúa avanzando, no tengas miedo, vas a llegar, estoy aquí.

Philippe Besson
Decierte Adiós (Alianza Literatura, 2008)

13 de febrero de 2009

Volver a enamorarse


No sé por qué motivo, a los que alcanzamos la cota 50 de nuestra regata por la vida, hablar de enamorarse, pensar en el día de San Valentín, o tener un gesto romántico nos pilla siempre un poco a desmano y nos obliga casi a disculparnos, a restarle importancia, a reírnos de nuestra propia incongruencia.

Es como si enamorarse fuera un pequeño vicio de la juventud. De alguna manera parece que estemos confesando que aquello que sentimos un día por primera vez, o lo que hemos vuelto a sentir más adelante, sin merecerlo quizá, fuera un error, un traspiés achacable a la inexperiencia o a una idea equivocada de la vida.

Nos avergüenza, crea en nosotros desasosiego y sin embargo, sabemos que fue algo maravilloso mientras existió, mientras siga existiendo, y tímidamente si lo hemos perdido deseamos recobrarlo aunque no tengamos el coraje de hablar de ello. Seguramente hay pocas cosas que nos creen tanta confusión como confesar que estamos enamorados. Esto es particularmente verdad en los hombres. Algo falla cuando no hemos aprendido a verbalizar los sentimientos y el amoroso menos que cualquiera.

En su libro “El rompecabezas de la sexualidad” el conocido filósofo José Antonio Marina define el amor como “el deseo de que otra persona sea feliz por mediación mía, y el sentimiento de plenitud y de alegría que acompaña a su cumplimiento”. Probablemente hallemos tantas definiciones diferentes del amor y del enamoramiento como autores consultemos, pero en este día, víspera de San Valentín, me gustaría quedarme con esta definición por lo que tiene de permanente y desinteresada. Cuando nos enamoramos de manera recíproca, cuando la felicidad de uno mismo está basada en ser capaz de complacer, de hacer feliz al otro, ni la edad, ni los avatares de la vida, ni los desengaños pueden destruir ese profundo sentimiento de pertenencia y dedicación.

Si, alguna vez esa reciprocidad se descompensa o desaparece, se está abriendo una puerta al desengaño. La pareja puede seguir unida por motivos o intereses variopintos, pero el enamoramiento se desvanece, y en el mejor de los casos la convivencia se convierte en un intercambio de concesiones. No es de extrañar que en la sociedad actual, en que se han multiplicado los cauces de relación personal a través de la movilidad en el trabajo, internet, y sus variadísimos foros, chats, blogs, etc., surja a veces la oportunidad de conocer a otra persona que nos parezca capaz de llenar el vacío que dejó la relación del desengaño.

Seguramente es posible entonces volver a enamorarse. El porcentaje de segundas relaciones surgidas a través de la red no hace más que multiplicarse pero a veces olvidamos que según la definición que resaltaba anteriormente, el enamoramiento tiene esa doble vertiente de sentirse feliz haciendo feliz al otro, lo cual pese al avance de las comunicaciones, y la multiplicación de las oportunidades, supondrá siempre, saber transigir, renunciar, y anteponer mutuamente los intereses del otro a los intereses propios.

10 de febrero de 2009

Dionisia García: Aún


Las noches ya son largas y cede la memoria
para traer de atrás el jugoso delirio,
que fue flamante acopio de un tiempo lento y claro,
precisa referencia que al recodar nos dice
del anticipo fiel del pensamiento.

Levantarse no duele, es caer en la cuenta
de que estar y no estar ya viene a ser lo mismo.
Importan los susurros, las voces que te amaron
y acuden sin cesar en el silencio.

Todo se mueve y cesa al descender la tarde.
Le sonrío a la urgencia del ansiado crepúsculo,
y celebro el aún, mientras mis manos palpan,
me llevo a la boca, con sosiego,
el crujiente espesor de una manzana.

El Engaño de los días (2006)

Haruki Murakami: "After Dark"

AFTER DARK
Novela
Haruki Murakami
Tusquets Editores 2008
Colección Andanzas
Edición original: 2004
Traducción del japonés de Lourdes Porta
248 páginas

Nada es sencillo en el mundo de Murakami, y su última novela publicada en España no podía ser de otra manera. Sin embargo, estamos ante un relato lineal, nocturno, en el que aparentemente no pasa nada, en el que el tic-tac del reloj va midiendo las horas y los escasos personajes que pueblan la novela esperan el final de un hechizo.

Mari es una muchacha corriente, que insomne se va a una cafetería que abren las 24 horas para pasar la noche leyendo. Entre tanto su hermana, “bella durmiente” urbana, está sumida en un profundo y misterioso sueño que la ha transportado al otro lado de la realidad.

Un narrador omnisciente, nos transporta de una escena a la otra y nos mantiene en un punto elevado, por encima de los personajes, como si viajáramos en un extraño artefacto, dotado de un potente zoom que nos acerca y nos aleja de la escena, y que nos hace traspasar todas las barreras entre lo que es y lo que soñamos, entre la realidad y el deseo, entre el sujeto y su imagen. Como a Alicia en el País de las Maravillas nos hace pasar a través del espejo, en este caso, a través de la pantalla de un televisor y constatar que detrás de la máscara de la realidad hay alguien con el que estamos conectados y sigue nuestros pasos lo mismo que el suelo que pisamos hunde sus raíces en las profundidades de la tierra.

Pero, no sólo la imagen de la bella, silenciosa, y durmiente hermana nos causa desasosiego. Meri, la lectora insomne parece sacada de un cuadro de Hopper. Sus gestos, sus movimientos se reducen al mínimo y sin embargo, como en la películas de Godard o de MichelangeIo Antonioni, tenemos la impresión de que algo tremebundo va a ocurrir.

Es una constante de Murakami, sembrar sus novelas de guiños a la cultura occidental, a la música moderna, al Jazz. El título del libro está sacada del título de la canción del trombonista Curtis Fuller “Five Spot After Dark” y el nombre del hotel de citas al que acude Meri una clara referencia a Godard y su película “Alphaville” y el restaurante en el que está leyendo, Denny’s una alusión a la vida moderna americana.

“After Dark” es sobre todo una novela urbana y nocturna, llena de un sutil realismo, que describe la soledad y el aislamiento de la vida moderna japonesa, en particular para los jóvenes desnortados y confusos que acaban de salir de la adolescencia. Murakami fue el primer traductor al japonés de “El guardián en el centeno” y encontramos alusiones en su novela. Encontramos también otra idea fundamental que es la interconexión que ofrece la vida en la ciudad, en particular en las horas de los gatos, las horas nocturnas, cuando la noche establece sus propias reglas, casi opuestas a las reglas del día. Se diría que una vez que se encienden las luces de la gran ciudad, una vez que ha partido el último tren la lógica se evapora, la razón cierra los ojos, y la vida en la tierra pierde sus límites y sus fronteras y se convierte en algo difuso, evanescente. Basta estar ahí para sentirse involucrado. A pesar de que Meri no busca el contacto con los demás, se aísla mediante la lectura, le ha bastado con estar ahí para atender primero a Takahashi, un músico extrovertido y generoso y luego a Kaoru y las muchachas del Hotel Alphaville.

Es posible que después de haber leído su incomparable “Tokio Blues” sintamos que esta novela no da la talla, que le falta un mensaje claro. En mi opinión sin embargo es una novela espléndida, cuajada de simbolismo escrita con su habitual fluidez, sus diálogos espléndidos, llevándonos del mundo de acá al mundo de los sueños, del realismo a la magia, saltando de uno a otro para hacernos desconectar, para obligarnos a salir de nuestras vidas estancas y bien ordenadas.

28 de enero de 2009

Magritte: Amoríos peligrosos

Les liaisons dangereuses
Oleo sobre lienzo
Colección particular

La pintura de Magritte modifica las apariencias haciendo de ellas ficciones, pero, a la vez, reflexiona sobre el sentido de esta modificación. En otras palabras, su pintura es reflexiva. El cuadro Amoríos peligrosos, interpretado acertadamente por Max Loreau, muestra a una mujer desnuda. El espejo que sostiene en las manos está vuelto hacia el espectador. Cubre el cuerpo desde los hombros hasta los muslos; sin embargo, en él se refleja – a una escala reducida y vista desde otro ángulo – justamente la parte cubierta por él. Magritte ha pintado, por tanto, dos aspectos distintos del cuerpo femenino: el aspecto inmediato y el imaginario, reflejado en el espejo. Magritte muestra al espectador dos vistas incompatibles y lo obliga a reflexionar sobre su incompatibilidad - sobre el misterio que caracteriza toda su obra -. El cuerpo femenino no lo contemplamos como todo unitario, sino en fragmentos. En la pintura, el cuerpo pierde su integridad, traiciona su unidad interna y se convierte en una apariencia fragmentaria. En este caso, Magritte muestra además que en la pintura los amoríos siempre son peligrosos: en cada obra la perspectiva del pintor, su mirada concupiscente, desempeña un papel importante.

27 de enero de 2009

Gibraltar: Viajar en círculo

Algunas veces recorremos medio mundo sin salir de casa. La imaginación es el corcel veloz que nos lleva a través de mares y montañas, nos zambulle en peripecias increíbles y hasta nos deja cara de pánico o de beatitud que sorprende a quienes nos rodean. Pero no me refiero a ese tipo de viajes cuando hablo de viajar en círculo. Estoy hablando de viajes en los que después de salir de un lugar, pasas horas viajando para llegar a menos de dos kilómetros del punto de partida. Eso es lo que ocurría antiguamente con en los necesarios viajes de trabajo a Gibraltar.

Por razones políticas la verja en su sentido más literal estaba cerrada. Entrar en Gibraltar por carretera desde la Línea era imposible, y sin embargo, en Gibraltar se seguían vendiendo todos los productos españoles disponibles en Algeciras: vinos, embutidos, quesos, pastas, chocolates y un largo etcétera.

Viajaba a Málaga en avión y luego en automóvil alquilado hasta Algeciras. Tras pasar la noche en el romántico y decimonónico Hotel Reina Cristina, por la mañana temprano iba al puerto y embarcaba en un hidrofoil hasta Tánger. No era necesario desembarcar pues a los pocos minutos el hidrofoil cruzaba de nuevo el Estrecho desviando ligeramente su curso para adentrarse en el puerto de Gibraltar.

No es fácil olvidar aquellos viajes porque lo que parecía una tonta y pesada traba en nuestro trabajo se convertía a veces en azarosa aventura. En una ocasión, navegando con mar picado, los motores de hidrofoil fallaron y lo que a plena marcha parecía un elegante caballito de mar irguiendo orgulloso su proa por encima de las olas, de convirtió de repente en un largo tubo oscuro, bamboleándose al capricho de temporal. Afortunadamente, tras varias horas de angustia, los motores volvieron a resoplar y trabajosamente alcanzamos la otra orilla.

También ocurría a veces que el Estrecho quedaba cerrado a causa del temporal, y que pese a estar a unos pasos de distancia de nuestro destino por carretera, teníamos que hacer noche en Gibraltar o en Tánger según los casos, y hacer la travesía en Ferries de mayor porte. Pese a que de estos viajes siempre veníamos bien aprovisionados en whisky y cigarrillos, pocas veces encontraba en nuestra Delegación de Algeciras voluntarios que quisieran acompañarme a visitar a nuestros clientes de Gibraltar. No sé si temían más los posibles avatares del hidrofoil o verse retenido una tarde noche en algún histórico pero inhóspito hotel de Tánger.

Para mí, viajar fue siempre una aventura y los sobresaltos, cambios de programa, incidentes, no me eran desconocidos. Aprovechaba las visitas para adentrarme en la vida de los “llanitos”, subir por algunas rutas autorizadas del Peñón, vara ver de cerca de los famosos monos de la Roca, y contemplar de lejos la horadada mole de piedra y escuchar de boca de mis clientes historias de las Segunda Guerra Mundial y de soldados Británicos emparedados en las cuevas del Peñón con provisiones y equipamiento para resistir durante meses el asedio y desde sus privilegiados puntos de observación comunicar con Londres los movimientos de barcos por el Estrecho.

He vuelto varias veces a Gibraltar en época reciente y tengo que confesar que llegar a la Línea en coche, aparcar, cruzar la frontera, y visitar a los clientes, había perdido su mayor encanto, que era algo así como vivir el sobresalto de las pateras y lo absurdo e inútil del trayecto y el seco sabor de la aventura.