15 de febrero de 2009

Woody Allen: Vicky Cristina Barcelona

VICKY CRISTINA BARCELONA
USA 2008
Dirigida por Woody Allen
Duración 96 minutos
Comedia romántica

Todos los cinéfilos hemos encasillado a Woody Allen en una especie de cliché compuesto de humor ácido, desengaño, angustia vital, sarcasmo y caracteres sumamente complejos. Películas como “Annie Hall”, “Manhattan” o “Hanna y sus hermanas” nos han acostumbrado a esperar de él películas plagadas de un humor inteligente que atacan nuestros paradigmas, nos divierten y nos cuestionan.
Parece, sin embargo, que en sus últimas películas Woody Allen se vuelve más condescendiente, pierde mordacidad, se redondean sus aristas y su ironía se vuelve más humana. Es probablemente lo que ocurre en su última película “Vicky Cristina Barcelona” y quizá por eso no acabamos de encajarla en nuestros esquemas habituales.

La película se asienta sobre el típico triángulo amoroso en el que dos amigas, de temperamento muy dispar en lo que a costumbres amorosas se refiere, viajan a España, o mejor dicho a Barcelona, y se enfrentan el típico “latin lover” o “macho ibérico” que sin ningún preámbulo, casi sin mediar palabra les propone acostarse con ambas. Pero resulta que el seductor (Javier Bardem) pintor bohemio acaba de separarse de su amor de toda la vida (Penélope Cruz) una artista temperamental y desquiciada que sigue ocupando un espacio importante en la vida del pintor. Está tan locamente enamorada de Juan Manuel que no es capaz de vivir su amor. En cuanto a nuestras dos turistas, Vicky (Rebeca Hall) es una joven cerebral que está a punto de casarse aunque no tiene tan seguro que el propuesto matrimonio la libre de una vida rutinaria y sin aliciente. En cuanto a Cristina (Scarlett Johansson) es una muchacha desinhibida dispuesta a probarlo todo sin pensar en las lágrimas del mañana . Entre escena y escena, pequeños flashes de la Barcelona de las postales pero también de Oviedo y de la campiña cercana a Avilés. Es un pequeño tributo de Woody Allen a su Príncipe de Asturias y alguna probable dotación económica de la Ciudad de Barcelona, pero no creo que esas imágenes supongan ningún desmérito para la película.

Personalmente me ha gustado la película pero antes quiero decir que me habían recomendado verla en versión original y estoy de acuerdo en que en español, probablemente se pierda gran parte del encanto de las escenas en las que más se luce Penélope Cruz. Quiero señalar también que en mi opinión, lo peor de la película es ese narrador en off que cuenta inútilmente lo que es evidente o hace comentarios que distraen la atención del espectador sin aclarar nada en particular. Por otra parte no dudo que podemos encontrar bastantes tópicos sobre España y los españoles y que ciertas situaciones son como mínimo poco creíbles. La película me ha traído reminiscencias de la ya antigua película de Truffaut “Dos inglesas y el amor” pero en general me he divertido con escenas bien rodadas, con una trama que no pierde interés en ningún momento y con una tragicomedia que explora de forma irónica y divertida las relaciones humanas y amorosas a través de personajes muy diferentes entre sí.

14 de febrero de 2009

Amar


Pero amar no es instalarse para siempre en la cima de las propias certezas. Es dudar siempre, temblar siempre. Y también permanecer vigilantes para evitar que el veneno mortal de la costumbre se insinúe y nos mate o, peor aún, nos anestesie. No creer que no queda nada por hacer sino, al contrario, seducir, seducir de nuevo.
Amar no es ganar en cada intento. Es correr riesgos, hacer apuestas inciertas, conocer el terror de perder la apuesta para saborear mejor la emoción de doblarla.
Amar no es adentrarse por caminos trazados y balizados. Es avanzar como un funámbulo por encima de precipicios y saber que hay alguien al final que dice con voz suave y tranquila: avanza, continúa avanzando, no tengas miedo, vas a llegar, estoy aquí.

Philippe Besson
Decierte Adiós (Alianza Literatura, 2008)

13 de febrero de 2009

Volver a enamorarse


No sé por qué motivo, a los que alcanzamos la cota 50 de nuestra regata por la vida, hablar de enamorarse, pensar en el día de San Valentín, o tener un gesto romántico nos pilla siempre un poco a desmano y nos obliga casi a disculparnos, a restarle importancia, a reírnos de nuestra propia incongruencia.

Es como si enamorarse fuera un pequeño vicio de la juventud. De alguna manera parece que estemos confesando que aquello que sentimos un día por primera vez, o lo que hemos vuelto a sentir más adelante, sin merecerlo quizá, fuera un error, un traspiés achacable a la inexperiencia o a una idea equivocada de la vida.

Nos avergüenza, crea en nosotros desasosiego y sin embargo, sabemos que fue algo maravilloso mientras existió, mientras siga existiendo, y tímidamente si lo hemos perdido deseamos recobrarlo aunque no tengamos el coraje de hablar de ello. Seguramente hay pocas cosas que nos creen tanta confusión como confesar que estamos enamorados. Esto es particularmente verdad en los hombres. Algo falla cuando no hemos aprendido a verbalizar los sentimientos y el amoroso menos que cualquiera.

En su libro “El rompecabezas de la sexualidad” el conocido filósofo José Antonio Marina define el amor como “el deseo de que otra persona sea feliz por mediación mía, y el sentimiento de plenitud y de alegría que acompaña a su cumplimiento”. Probablemente hallemos tantas definiciones diferentes del amor y del enamoramiento como autores consultemos, pero en este día, víspera de San Valentín, me gustaría quedarme con esta definición por lo que tiene de permanente y desinteresada. Cuando nos enamoramos de manera recíproca, cuando la felicidad de uno mismo está basada en ser capaz de complacer, de hacer feliz al otro, ni la edad, ni los avatares de la vida, ni los desengaños pueden destruir ese profundo sentimiento de pertenencia y dedicación.

Si, alguna vez esa reciprocidad se descompensa o desaparece, se está abriendo una puerta al desengaño. La pareja puede seguir unida por motivos o intereses variopintos, pero el enamoramiento se desvanece, y en el mejor de los casos la convivencia se convierte en un intercambio de concesiones. No es de extrañar que en la sociedad actual, en que se han multiplicado los cauces de relación personal a través de la movilidad en el trabajo, internet, y sus variadísimos foros, chats, blogs, etc., surja a veces la oportunidad de conocer a otra persona que nos parezca capaz de llenar el vacío que dejó la relación del desengaño.

Seguramente es posible entonces volver a enamorarse. El porcentaje de segundas relaciones surgidas a través de la red no hace más que multiplicarse pero a veces olvidamos que según la definición que resaltaba anteriormente, el enamoramiento tiene esa doble vertiente de sentirse feliz haciendo feliz al otro, lo cual pese al avance de las comunicaciones, y la multiplicación de las oportunidades, supondrá siempre, saber transigir, renunciar, y anteponer mutuamente los intereses del otro a los intereses propios.

10 de febrero de 2009

Dionisia García: Aún


Las noches ya son largas y cede la memoria
para traer de atrás el jugoso delirio,
que fue flamante acopio de un tiempo lento y claro,
precisa referencia que al recodar nos dice
del anticipo fiel del pensamiento.

Levantarse no duele, es caer en la cuenta
de que estar y no estar ya viene a ser lo mismo.
Importan los susurros, las voces que te amaron
y acuden sin cesar en el silencio.

Todo se mueve y cesa al descender la tarde.
Le sonrío a la urgencia del ansiado crepúsculo,
y celebro el aún, mientras mis manos palpan,
me llevo a la boca, con sosiego,
el crujiente espesor de una manzana.

El Engaño de los días (2006)

Haruki Murakami: "After Dark"

AFTER DARK
Novela
Haruki Murakami
Tusquets Editores 2008
Colección Andanzas
Edición original: 2004
Traducción del japonés de Lourdes Porta
248 páginas

Nada es sencillo en el mundo de Murakami, y su última novela publicada en España no podía ser de otra manera. Sin embargo, estamos ante un relato lineal, nocturno, en el que aparentemente no pasa nada, en el que el tic-tac del reloj va midiendo las horas y los escasos personajes que pueblan la novela esperan el final de un hechizo.

Mari es una muchacha corriente, que insomne se va a una cafetería que abren las 24 horas para pasar la noche leyendo. Entre tanto su hermana, “bella durmiente” urbana, está sumida en un profundo y misterioso sueño que la ha transportado al otro lado de la realidad.

Un narrador omnisciente, nos transporta de una escena a la otra y nos mantiene en un punto elevado, por encima de los personajes, como si viajáramos en un extraño artefacto, dotado de un potente zoom que nos acerca y nos aleja de la escena, y que nos hace traspasar todas las barreras entre lo que es y lo que soñamos, entre la realidad y el deseo, entre el sujeto y su imagen. Como a Alicia en el País de las Maravillas nos hace pasar a través del espejo, en este caso, a través de la pantalla de un televisor y constatar que detrás de la máscara de la realidad hay alguien con el que estamos conectados y sigue nuestros pasos lo mismo que el suelo que pisamos hunde sus raíces en las profundidades de la tierra.

Pero, no sólo la imagen de la bella, silenciosa, y durmiente hermana nos causa desasosiego. Meri, la lectora insomne parece sacada de un cuadro de Hopper. Sus gestos, sus movimientos se reducen al mínimo y sin embargo, como en la películas de Godard o de MichelangeIo Antonioni, tenemos la impresión de que algo tremebundo va a ocurrir.

Es una constante de Murakami, sembrar sus novelas de guiños a la cultura occidental, a la música moderna, al Jazz. El título del libro está sacada del título de la canción del trombonista Curtis Fuller “Five Spot After Dark” y el nombre del hotel de citas al que acude Meri una clara referencia a Godard y su película “Alphaville” y el restaurante en el que está leyendo, Denny’s una alusión a la vida moderna americana.

“After Dark” es sobre todo una novela urbana y nocturna, llena de un sutil realismo, que describe la soledad y el aislamiento de la vida moderna japonesa, en particular para los jóvenes desnortados y confusos que acaban de salir de la adolescencia. Murakami fue el primer traductor al japonés de “El guardián en el centeno” y encontramos alusiones en su novela. Encontramos también otra idea fundamental que es la interconexión que ofrece la vida en la ciudad, en particular en las horas de los gatos, las horas nocturnas, cuando la noche establece sus propias reglas, casi opuestas a las reglas del día. Se diría que una vez que se encienden las luces de la gran ciudad, una vez que ha partido el último tren la lógica se evapora, la razón cierra los ojos, y la vida en la tierra pierde sus límites y sus fronteras y se convierte en algo difuso, evanescente. Basta estar ahí para sentirse involucrado. A pesar de que Meri no busca el contacto con los demás, se aísla mediante la lectura, le ha bastado con estar ahí para atender primero a Takahashi, un músico extrovertido y generoso y luego a Kaoru y las muchachas del Hotel Alphaville.

Es posible que después de haber leído su incomparable “Tokio Blues” sintamos que esta novela no da la talla, que le falta un mensaje claro. En mi opinión sin embargo es una novela espléndida, cuajada de simbolismo escrita con su habitual fluidez, sus diálogos espléndidos, llevándonos del mundo de acá al mundo de los sueños, del realismo a la magia, saltando de uno a otro para hacernos desconectar, para obligarnos a salir de nuestras vidas estancas y bien ordenadas.

28 de enero de 2009

Magritte: Amoríos peligrosos

Les liaisons dangereuses
Oleo sobre lienzo
Colección particular

La pintura de Magritte modifica las apariencias haciendo de ellas ficciones, pero, a la vez, reflexiona sobre el sentido de esta modificación. En otras palabras, su pintura es reflexiva. El cuadro Amoríos peligrosos, interpretado acertadamente por Max Loreau, muestra a una mujer desnuda. El espejo que sostiene en las manos está vuelto hacia el espectador. Cubre el cuerpo desde los hombros hasta los muslos; sin embargo, en él se refleja – a una escala reducida y vista desde otro ángulo – justamente la parte cubierta por él. Magritte ha pintado, por tanto, dos aspectos distintos del cuerpo femenino: el aspecto inmediato y el imaginario, reflejado en el espejo. Magritte muestra al espectador dos vistas incompatibles y lo obliga a reflexionar sobre su incompatibilidad - sobre el misterio que caracteriza toda su obra -. El cuerpo femenino no lo contemplamos como todo unitario, sino en fragmentos. En la pintura, el cuerpo pierde su integridad, traiciona su unidad interna y se convierte en una apariencia fragmentaria. En este caso, Magritte muestra además que en la pintura los amoríos siempre son peligrosos: en cada obra la perspectiva del pintor, su mirada concupiscente, desempeña un papel importante.

27 de enero de 2009

Gibraltar: Viajar en círculo

Algunas veces recorremos medio mundo sin salir de casa. La imaginación es el corcel veloz que nos lleva a través de mares y montañas, nos zambulle en peripecias increíbles y hasta nos deja cara de pánico o de beatitud que sorprende a quienes nos rodean. Pero no me refiero a ese tipo de viajes cuando hablo de viajar en círculo. Estoy hablando de viajes en los que después de salir de un lugar, pasas horas viajando para llegar a menos de dos kilómetros del punto de partida. Eso es lo que ocurría antiguamente con en los necesarios viajes de trabajo a Gibraltar.

Por razones políticas la verja en su sentido más literal estaba cerrada. Entrar en Gibraltar por carretera desde la Línea era imposible, y sin embargo, en Gibraltar se seguían vendiendo todos los productos españoles disponibles en Algeciras: vinos, embutidos, quesos, pastas, chocolates y un largo etcétera.

Viajaba a Málaga en avión y luego en automóvil alquilado hasta Algeciras. Tras pasar la noche en el romántico y decimonónico Hotel Reina Cristina, por la mañana temprano iba al puerto y embarcaba en un hidrofoil hasta Tánger. No era necesario desembarcar pues a los pocos minutos el hidrofoil cruzaba de nuevo el Estrecho desviando ligeramente su curso para adentrarse en el puerto de Gibraltar.

No es fácil olvidar aquellos viajes porque lo que parecía una tonta y pesada traba en nuestro trabajo se convertía a veces en azarosa aventura. En una ocasión, navegando con mar picado, los motores de hidrofoil fallaron y lo que a plena marcha parecía un elegante caballito de mar irguiendo orgulloso su proa por encima de las olas, de convirtió de repente en un largo tubo oscuro, bamboleándose al capricho de temporal. Afortunadamente, tras varias horas de angustia, los motores volvieron a resoplar y trabajosamente alcanzamos la otra orilla.

También ocurría a veces que el Estrecho quedaba cerrado a causa del temporal, y que pese a estar a unos pasos de distancia de nuestro destino por carretera, teníamos que hacer noche en Gibraltar o en Tánger según los casos, y hacer la travesía en Ferries de mayor porte. Pese a que de estos viajes siempre veníamos bien aprovisionados en whisky y cigarrillos, pocas veces encontraba en nuestra Delegación de Algeciras voluntarios que quisieran acompañarme a visitar a nuestros clientes de Gibraltar. No sé si temían más los posibles avatares del hidrofoil o verse retenido una tarde noche en algún histórico pero inhóspito hotel de Tánger.

Para mí, viajar fue siempre una aventura y los sobresaltos, cambios de programa, incidentes, no me eran desconocidos. Aprovechaba las visitas para adentrarme en la vida de los “llanitos”, subir por algunas rutas autorizadas del Peñón, vara ver de cerca de los famosos monos de la Roca, y contemplar de lejos la horadada mole de piedra y escuchar de boca de mis clientes historias de las Segunda Guerra Mundial y de soldados Británicos emparedados en las cuevas del Peñón con provisiones y equipamiento para resistir durante meses el asedio y desde sus privilegiados puntos de observación comunicar con Londres los movimientos de barcos por el Estrecho.

He vuelto varias veces a Gibraltar en época reciente y tengo que confesar que llegar a la Línea en coche, aparcar, cruzar la frontera, y visitar a los clientes, había perdido su mayor encanto, que era algo así como vivir el sobresalto de las pateras y lo absurdo e inútil del trayecto y el seco sabor de la aventura.

25 de enero de 2009

Tarde de invierno

El sol languidece pero con su su último aliento acaricia los muros de la vieja ermita.

22 de enero de 2009

¡¡ Basta !!

Admiro los surtidores de las gasolineras que se paran automáticamente cuando el depósito del automóvil está lleno. El hombre a lo largo de su evolución a desarrollado un maravilloso sistema de alerta que encienden los mecanismos imprescindibles de supervivencia como la sed, el hambre, el miedo o la ira. Sin embargo, cuando estas necesidades están cubiertas o las causas que las provocan han desaparecido, el mecanismo que nos indique el punto de saciedad es mucho más difuso y con frecuencia pervertido o atrofiado por los sentimientos y las emociones.

Sabemos cuando tenemos hambre pero nuestro cuerpo no emite señales distintivas para que dejemos de comer cuando estamos saciados . Todos tenemos la experiencia de “habernos pasado”, de “haber comido de más”. El lugar donde comemos y las personas que nos rodean tienen una influencia directa en nuestra ingesta de alimentos. Está demostrado que en los restaurantes de comida rápida, rodeados de personas que engullen “big Macs”, comemos más de prisa y generalmente nos pasamos más fácilmente de la raya que cuando comemos pausadamente en un restaurante caro alternando nuestra comida con una conversación amena entre amigos. Según cómo y donde, lo tenemos más difícil para decir ¡Basta! Nuestro cuerpo no nos ayuda demasiado en esta tarea.

Nuestros ancestros, para poder sobrevivir los crudos inviernos post-cuaternarios aprendieron a acumular no sólo para el momento presente sino también en previsión de necesidades futuras. Aunque nuestras vidas han cambiado drásticamente, en nuestros genes siguen inscritos algunos de estos atavismos primigenios, y todos, de alguna manera, sucumbimos a la necesidad de acumular, almacenar, adquirir para tiempos malos. Somos más partidarios de las hormigas que de la cigarra de la fábula, y eso está muy bien, pero ¿cuál es el mecanismo que nos dice ¡basta!? ¿Hasta dónde es suficiente? Merece la pena acumular objetos, utensilios o bienes, a cambio del tiempo de trabajo necesario para pagarlos? ¿Dónde se encuentra el punto de equilibrio entre lo que se tiene y el tiempo necesario para disfrutarlo? Me hago estas preguntas y creo que no hemos encontrado tampoco en este terreno el punto de saciedad responsable que nos permita prever y proveer para el futuro sin por ello dejar de disfrutar del presente.

Cuando llego por la mañana a mi despacho, he ojeado dos periódicos locales. Abro el ordenador y veo las principales noticias mundiales en Internet. Llego a casa a medio día y veo las noticias en la televisión. En el correo electrónico, amén de la publicidad no deseada (Spam) me invaden los pps, los mensajes, los chistes, y afortunadamente cartas de amigos siempre deseadas. Sobre la mesa se amontonan los libros por leer, las películas en DVD por ver, los CD de música por escuchar y me vuelvo a preguntar: ¿Cuándo es la información suficiente? ¿Cuándo hay que decir ¡Basta!? Pienso sinceramente que a fuerza de tener información perdemos capacidad de opinión. Oímos versiones contradictorias de los hechos, y más de una vez tendemos a repetir lo que se dice en lugar de reflexionar sobre lo que ocurre.

Cada vez que necesito cambiar de teléfono móvil siento la tentación de echar a suertes cuál escoger, y es que aquí también estamos inundados de alternativas y empieza a ser hora de decir ¡basta de opciones! Tantas alternativas acaban agobiándonos. Acabamos no sabiéndo cuál es la elección correcta y además eso crea en nosotros un cierto estado de ansiedad ya que recién hemos comprado una cámara, un ordenador portátil, o un videojuego, ya ha salido un nuevo modelo que hace el nuestro obsoleto. Nuestra sociedad está tan montada en el carro de la producción en masa que sería peligroso que de pronto dejáramos de consumir, pero creo que estamos abusando de los recursos disponibles en el planeta y está siendo hora de decir ¡Basta!

17 de enero de 2009

17 de Enero: Día de San Antón

Desde hace más de 300 años, el pueblo de Gamonal, populoso barrio de Burgos anexionado a la capital en los años 50, reparte hoy día 17 de Enero, dia de San Antón, los Titos y el Pan del Santo.

La tradición está vinculada con La Cofradía de San Antón, que atendía a los peregrinos que transitaban por el camino de Santiago, con el plato habitual en las mesas castellanas de la época: los titos, leguminosa parecida al garbanzo, aunque de textura más suave.

Miles de Burgaleses se acercan con cazuelas y otros recipientes para recibir su porción de titos que siguiendo la tradición servirán de primer plato en el menú de ese día.

Más de 2000 kilos de titos, 250 litros de aceite, 200 kilos de cebolla, pimientos picantes, ajos y otros condimentos son cocinados a fuego lento en 11 gigantescas ollas con leña de roble.

Bonita tradición que desde mi puesto de Presidente del Consejo de Barrio vivo en primera línea como invitado y que tendremos que reciprocar el próximo día 2 de Febrero día de las Candelas.


15 de enero de 2009

La sembradura del deseo


Soy al vez el que estuvo en cierta calle
besando a una mujer.
Tú eras esa mujer y estás aquí ahora,
ahora y todavía.
Ahora y aquí,
pero tan solo en mi recuerdo,
porque en el sueño no eres tú tampoco:
somos hombres y mujer,
hombre y mujer de amortiguadas ansias,
envueltos como en aire,
tendidos sobre un lecho de hojas húmedas,
un aire respirado por mil almas,
compartido con sueños de otras noches,
aire y húmedas hojas,
turba infinita pero insuficiente
para la sembradura del deseo.

José María Micó
La Sangre de los fósiles (2005)

4 de enero de 2009

La Dulce Envenenadora de Arto Paasilinna


LA DULCE ENVENENADORA
Novela
Arto Paasilinna
Anagrama 2008
Panorama de narrativas
Título original: Suloinen myrkynkeittäjä 1998
Traducido del finlandés por Dulce Fernández Anguita
197 páginas

El humor cáustico y desopilante de Arto Paasilinna ha tenido el mérito nada menos que de hacer bajar la tasa de suicidios en Finlandia tras la publicación de su libro: “Delicioso suicidio en grupo” No sé si tras la publicación de “La dulce envenenadora” las autoridades de ese país tendrán más en cuenta los males que aquejan a la sociedad finlandesa, pero desde luego al lector le deja un regusto agridulce en los labios y la sensación de que tras el gélido humor nórdico se nos pinta un sombrío cuadro donde aparecen de manera descarnada bajo la aparente chifladura de los personajes, los males que aquejan no sólo a la sociedad finlandesa, sino a toda la sociedad occidental en general: pérdida de valores morales, corrupción e indiferencia policial, pérdida de respeto hacia los demás, vejez olvidada, juventud marginada, choque generacional, desmoronamiento de las instituciones, droga, alcoholismo, sida:

Pero no se puede leer a Paasilinna buscando una trama sorpresiva, llena de giros inesperados. A las pocas líneas y teniendo en cuenta el título del libro ya podemos reconstruir mentalmente de qué va la historia. Sin embargo, para entonces ya estamos enganchados, porque a pesar de que la historia se desarrolla como un cuadro tan naïf como el que ilustra la portada del libro, empezamos a ver continuos guiños a la farsa y escenas que serían hilarantes si no fuera por el trasfondo dramático que revelan.

En el jardín de su casita roja, en la quieta campiña de los alrededores de Helsinki, una dulce viejecita riega sus arriates de violetas. Las golondrinas vuelan gorjeando, los moscardones zumban, un gato dormita en el prado. Pero el idilio sólo es aparente: la vida tranquila de Linnea Ravaska, octogenaria viuda de un coronel, es emponzoñada por una banda de malhechores que llega regularmente cada mes a la capital para arrebatarle su escasa pensión. El desnaturalizado nieto Kauko y sus dignos acólitos Jari y Pera, no se contentan con despojarla sino que destrozan todo lo que encuentran a su paso, torturan al gato, golpean por puro placer, roban ensucian, destruyen, sin que Línnea ose rebelarse, hasta el fatídico día en que decide no soportarlo más. Kauko la obliga a firmar un testamento en su favor, y la coronela, aterrorizada por haber sellando su condena, llama a la policía y huye a Helsinki, a casa de un viejo amigo médico de la familia.

A partir de ahí los acontecimientos dramáticos y cándidos a la vez se van sucediendo de forma trepidante y nuestra heroína víctima inocente de sus perseguidores se convierte inconscientemente en su implacable verdugo.

30 de diciembre de 2008

Y finalmente, Gracias a vosotros


Y finalmente Gracias a vosotros,

A vosotros, técnicos, albañiles, fontaneros, electricistas,
que hacéis que las cosas funcionen y reparáis las que están cansadas.
A vosotros, transportistas, pilotos, maquinistas, conductores de autobús
que nos lleváis y nos traéis por los senderos del mundo.
A vosotros, médicos, enfermeros, militares, guardias, policías y bomberos,
que habéis hecho de nosotros un acto de servicio.
A vosotros, maestros, profesores, mentores, amigos del pasado
que ya no estáis pero cuya huella no puedo borrar.
A vosotros los condiscípulos de escuela, los colegas de universidad
y los compañeros de trabajo que me habéis empujado, ayudado o estimulado
A vosotros, amigos y amigas de ayer, amigos y amigas de hoy,
amigos y amigas de siempre y para siempre
A vosotros parientes idos y parientes lejanos, a vosotros hermanos y
a mi familia en la que crezco, gozo, sufro y me renuevo cada día.
A vosotros los que sin querer he omitido u olvidado, a todos de verdad
gracias por estar ahí, porque sin vosotros el mundo se vendría abajo,
por el pan y la sal y por tanto trabajo

Gracias

Gracias por la naturaleza


Gracias también:
Por el agua de lluvia que resbala en mi ventana
y los humildes ríos que surcan como venas el campo.
Por las nubes blancas que dibujan pantomimas
contra el deslumbrante cielo azul.
Por el sol que me alumbra y la luna que me hace soñar
y por los guiños de las minúsculas estrellas
Por el viento huracanado que hulula en las persianas
y por la suave brisa que mece las ramas del jardín.
Por el mar que ruge y levanta montañas de espuma,
y por las olas que peinan sus rizos en la límpida arena.
Por el tupido bosque que exhala al aire su verde aliento
y por las últimas hojas que caracolean y alfombran el paseo.
Por la blanca nieve que sacia la sed de los montes
y la escarcha invernal que viste de novia a las zarzas
Por los animales domésticos y los peces del mar
las frutas y hortalizas que nos sirven de sustento.
Por las flores del campo que adornan la existencia,
y los trinos gratuitos de los pájaros en sus nidos.
Por la naturalaza entera en la que vivimos y olvidamos
y a veces profanamos haciendo mal uso de ella.

28 de diciembre de 2008

Gracias por las cosas

>> Gracias por el obediente grifo que a un toque me dispensa agua en abundancia y me evita tener que ir buscarla a un pozo.
>> Gracias también por la cómoda ducha que me acaba de despertarme por la mañana, me hace sentir limpio y me da bríos para empezar el nuevo día.
>> Gracias por el discreto interruptor que ilumina las habitaciones a un toque de mi dedo sin tener que recurrir a las velas y los candiles que ahúman y ensucian las paredes
>> Gracias por los radiadores escondidos detrás de las cortinas, que hacen que toda la casa esté cálida y acogedora, aunque en el exterior nieve y haga ventisca.
>> Gracias por los limpios cristales de las ventanas que inundan la casa de luz durante el día y me permiten mirar al exterior y contemplar bellas puestas de sol al caer la tarde.
>> Gracias por las sillas y las mesas que hacen tan cómodas las acciones de todos los días y aquellas en particular que más nos gustan como compartir el pan y la palabra.
>> Gracias por el frigorífico que conserva los alimentos y me evita tener que salir en su búsqueda todos los días.
>> Gracias por la cocina de vitrocerámica, tan limpia, tan inofensiva, y que con tanta rapidez cocina, hornea, fríe, cuece, guisa los alimentos que le confiamos.Gracias a todos los utensilios de la casa que mis abuelos no conocieron y que me hacen hoy la vida tan cómoda que ni siquiera me doy cuenta de ello. Gracias.

19 de diciembre de 2008

Las otras caras de la Navidad

Es la Navidad
De los niños pobres.
Agujeros en las mangas,
Mugre entre los dedos,
Hambre de animal herido,
Festejan el nacimiento.
No hay globos
Ni regalos.
Una hoguera
De cuatro leños mojados
Calienta sin ganas
La navidad de los niños
Pobres.
No muy lejos,
Las risas y los juegos
Alumbran el pesebre.
Nadie pregunta
Cómo son los niños
Pobres.
No gusta
Que les muestren
Sus miserias.
Prefieren,
En la misa de
Medianoche,
Iluminar el sagrario
Con velas de colores.

Fernando Giucich (De su poemario: Clara) ( http://clarasofia.blogspot.com/)



Las viejas maderas crepitan junto a los cartones ardiendo. La noche es fría, y allá en el limpio cielo, las estrellas titilan, componiendo un mágico decorado.

Manos con guantes rotos, dejan ver unos pequeños dedos que se extienden acercándose a la fogata, buscando el calor.

En los bolsillos, un trozo de pan mordisqueado, con olor al queso, que hace tiempo desapareció.

Se oyen canciones que rompen el silencio de la noche, y la curiosidad infantil, le hace ir en pos del lugar donde suenan.

En aquella vieja calle hay una luz encendida que sale de un escaparate.

Junta su nariz al frío cristal, que se humedece con el vaho de su boquita, y contempla maravillado, todo lo que en sus sueños, cada noche imagina poseer.

Malena (http://eltinterodechina.blogspot.com/)


Bajarás la calle con los pies helados
Llevando en tus manos el trozo de pan
Y en la plaza vieja del árbol de fuego
El cielo y los sueños
Te harán capitán
De un barco velero con alas de seda
Repleto de cuentos donde navegar
Siguiendo la estela de la luna blanca
Lograrás el puerto
Es
La Navidad.

El Viento en la Isla. (http://vientoenlaisla.blogspot.com/)


Alguien mira sonriente al niño, sentado en el cuerno blanco de la luna.

Durante un buen rato, ha estado soplando suavemente, para que el aire llevase al pequeño, sus palabras disfrazadas en los copos de nieve que caen, en las notas musicales de las risas y en el pentagrama de las canciones que resuenan por la calle.

El chicuelo no sabe por qué, pero mientras encamina sus pasos a la plaza vieja, lleva grabada en su retina, la imagen de un barco velero que vio en el escaparate, casi oculto entre mil juguetes.

Sus ojos se abren con infinito asombro, al ver junto al árbol de fuego, un enorme barco, réplica perfecta del otro.

El hombre de la luna, sopla de nuevo, y la nave se eleva, una vez el niño a bordo, surcando aires y nubes, alto, alto, cada vez más alto.

La cola de un cometa estrellado, aparece repentinamente ante la proa, y por ella, desciende la nave hasta aterrizar frente a un humilde pesebre.

Sobre una sabanita, entre pajas, duerme un bebé al cuidado amoroso de sus padres, de un buey y una mula que con su aliento, intentan defender el cuerpecito infantil del frío intenso.

La temperatura es muy baja, no hay juguetes, ni globos, ni velas de colores, ni el bebé, ni sus padres, visten ropas bonitas y abrigadas, pero los labios del niñito dormido, se curvan en la más bella sonrisa que nadie haya visto, y la de sus padres, al contemplarlo, no lo es menos.

El barco comienza a balancearse, y el pequeño se apresura a subir. De regreso, en la plaza del árbol de fuego, corre apresurado hacia el escaparate. Su vista escudriña cada uno de los mil juguetes que se muestran ante él, pero… por ningún lado ve lo que busca: una sonrisa.

No hay ninguna en la tienda. De repente, repara en el reflejo de su propio rostro en el cristal, y es entonces, cuando advierte que sus labios dibujan una sonrisa, y que era tan bonita como la de aquel bebé.

Por alguna razón, cuando el pequeño se alejaba del escaparate, el frío era menos intenso en la noche.

Calle Quimera (http://callequimera.blogspot.com/)

Por las frías avenidas van caminando, pero no les preguntes, ni de dónde vienen, ni a donde van.
Caminan por sobrevivir. Mientras caminan, saben que están vivos. Sus pasos les llevan, y un instinto casi animal, les hace buscar cobijo.

Una chabola destartalada les llama la atención. Dentro hay luz y cuando llegan a la puerta del chamizo, se les ensancha la sonrisa.

La luz proviene de una hoguera encendida, y en torno a ella, niños y adultos extienden las manos. No es necesario insistir, dónde caben cinco caben siete y todos se apretujan un poco más, que de cuerpo con cuerpo nace el calor.

Las trémulas llamas ponen en sus mejillas color, mientras sus ojos brillan con un oscuro calor.

Atraviesan con su mirada las llamas y descubren el silencio que impera allá: Una mujer muy joven y tímida, mece en sus brazos a un rorro mientras los demás, le acunan con su silencio a su alrededor.

Lo envuelve en una raída toquilla, y cerca del fuego, lo deposita en un amplio cesto de mimbre.

Es Navidad.

Federico (Quizá soñar) (http://quizasoñar.blogspot.com/)


Sigue la noche, el frío arreció y las estrellas juegan con el crepitar de las maderas, pero alrededor de la hoguera, no hay nadie ya.

El barco no vuela atravesando el cielo, los niños de la calle continúan en aquella chabola dando su calor al bebé que nació y que duerme tranquilamente en los brazos de su madre que lo mira con amor.

Calor junto a calor. El padre saca de su vieja mochila, embutidos y pan, que comparten con ilusión.

Las barrigas agradecidas, hacen que los ojos se vayan lentamente cerrando. Cuerpos contra cuerpos dan siempre calor.

En sus mentes hay barcos que cruzan el espacio. Jóvenes capitanes que los tripulan por un camino cuajado de estrellas.

Sonrisas inocentes en sus labios y corazones llenos de emoción.

No hay luces en sus árboles, ni bolas de colores, ni espumillón.

Sólo una vida por delante y un futuro en el que creen que serán capitanes de veleros, y lo conseguirán, y nosotros lucharemos para que algún día puedan decir a sus hijos con un barco de juguete en las manos:

- “Uno de éstos, en una fría noche de diciembre, tripulé yo”.

- “Hijo mío: ¡Feliz Navidad!”

Malena (El Tintero de China) (http://eltinterodechina.blogspot.com/)
Fernando Giucich, Elsa(El Viento en la Isla), Avalon y Etinarcadia(Calle Quimera), Federico(Quizá Soñar) y yo, Malena(El Tintero de China), con nuestras manos unidas, a pesar de las distancias, os abrazamos con calidez y os deseamos una Feliz Navidad, con todo nuestro corazón.

15 de diciembre de 2008

Kirchner; "Cinco mujeres en la calle"


Cinco Mujeres en la calle
Ernst Ludwig Kirchner
1913, Museo Wallraf-Ritchartz (Colonia)
Óleo sobre lienzo 120,5 x 91 cm

“Ahora, en todas las paredes cuelgan Heckels y Kirchners, se quejaba en 1920 un crítico de arte ante la abundancia inflacionaria de arte expresionista, una tendencia que tras la Primera Guerra Mundial se había erigido como marca cultural de la República de Wiemar. Erich Heckel y Ernst Ludwig Kirchner eran considerados los máximos exponentes de dicho estilo. Junto con compañeros afines, en 1905 fundaron en Dresde el grupo artístico Die Brüecke, que un año más tarde publicó un programa dirigido a una “nueva generación tanto de creadores como de espectadores”, a la juventud como portadora de futuro, a todo aquel que “de forma directa y auténtica” trasmite “lo que le impulsa a crear”.
El aura conscientemente acentuada de exotismo y primitivismo y la libre sexualidad constituyen la clave de la desenfrenada “naturalidad” y alegría vital de la creación expresionista, la flecha envenenada contra el mundo tecnócrata y burgués, un gesto oposicionista, indudablemente sin fundamentos políticos.
La serie de cuadros urbanos comenzada en 1914 tuvo su inicio en el cuadro Cinco mujeres en la calle, completado en Colonia en 1913: en esa escena nocturna, las mujeres situadas en la acera resaltan bajo el cono de luz que arrojan las farolas; a la derecha se insinúa un escaparate y a la izquierda, la rueda de un coche; la perspectiva queda rota. De este modo, Kirchner estableció el prototipo de la mayoría de sus cuadros dedicados a la calle, un prototipo que le permitía rescatar a los individuos del anonimato de las masas. Las mujeres elegantes aunque no llamativas, adoptan una posición afectada; son busconas como las que rondaban en cuadrillas y con un marcado desinterés por la calle Friedrich y la Plaza Postdam

Richard Anthony: J'entends siffler le train

Eran los últimos sesenta, principios de los setenta, yo vivía en Eibar (Guipúzcoa) y mi novia, hoy mi mujer en León. No teníamos coche y las despedidas en la estación eran tan frecuentes que esta canción se convirtió casi en un nostálgico himno a la brevedad de los encuentros.

9 de diciembre de 2008

Muriel Barbery: "La elegancia del erizo"


LA ELEGANCIA DEL ERIZO
Novela
Muriel Barbery
Seix Barral 2007
Biblioteca Fornentor
Título original: L’élégance du hérisson 2006
Traducido del francés por Isabel González Gallarza
367 páginas


Muriel Barbery nació en Bayeux en 1969. Profesora de filosofía, es autora de la novela Una golosina (2000), traducida a doce lenguas. La elegancia del erizo es un fenómeno editorial en Francia, donde ha superado los 250.000 ejemplares venidos. La novela, cuya versión cinematográfica está ya en preparación será publicada próximamente en toda Europa y Estados Unidos.

No es lo mismo tener estudios que ser inteligente. Pertenecer a una clase social acomodada no implica tener cultura. La portera del edificio de la calle Grenelle nº 7 de Paris, ni tiene estudios, ni se codea con los vecinos de su inmueble, sin embargo tiene todas las dificultades del mundo para esconder su inteligencia y sus amplios conocimientos sobre literatura, arte o filosofía. De hecho, disimula vistiendo, poniendo los programas de la tele, y comportándose aparentemente según los patrones al uso entre las porteras de Paris.

Todo va bien, hasta que una niña de doce años, Paula, dotada ella también de una inteligencia poco común intuye que Renée Michel, la portera, no es lo que parece y que su mundo es mucho más complejo y enriquecedor que la banalidad y mediocridad que se esconde tras los lujosos pisos de sus padres y de sus vecinos.

Cuando empecé a leer esta novela de Muriel Barbery me sentí defraudado. Me esperaba una novela de acción y me encontré con algo así como una segunda versión de “El mundo de Sofia” de Jostein Gaardner. Afortunadamente, el mensaje que traspira en cada página del libro es mucho más sencillo: La filosofía, como decía Nietzsche, debe ser pensamiento para la vida y aunque de manera indirecta se haga referencia a Spinoza, Schopenhauer, Kant, Husserl o Ockham, sus teorías se reducen a un estilo de vida en el que prima la sencillez, el amor por las pequeñas cosas, la amistad, el amor.
La Sra. Michel puede disfrutar de la música clásica pero se entusiasma también con Eminem; busca en el Arte una filosfía de vida pero es sensible a la belleza de una naturaleza muerta de la Escuela Flamenca.

Nada en el relato sigue las pautas habituales de la novela. Es un libro atípico en su estructura, en sus personajes, en sus reflexiones sobre la guerra, la inmigración, las clases sociales, el sentido de la vida; y a pesar de tratarse de una novela sin trama, de un libro sin estructura, de una historia en la que no pasa nada, quedamos enganchados desde las primeras páginas.

Muriel Barbery, profesora de filosofía en la vida real, no da consejos, no utiliza la novela como receta de la felicidad, pero a mitad de la novela introduce un tercer personaje que le sirve de catalizador. El pequeño y arrugado sexagenario Kukuro Ozu, encarna esas virtudes de la vida sencilla características de la cultura japonesa: el culto por la belleza sin estridencias, la belleza de las pequeñas cosas, la comida exótica, el haiku el manga, el cine de autor. Nada de largos discursos, de frases intricadas o capítulos tediosos. Por el contrario el libro rezuma humor y algunas perlas como las que siguen:

“Ser pobre, fea y, por añadidura, inteligente, condena en nuestras sociedades a trayectorias sombrías y desengañadas a las que más vale resignarse lo antes posible. A la belleza se le perdona todo, incluso la vulgaridad”.

“A fin de cuentas quizá sea eso la vida: mucha desesperación pero también algunos momentos de belleza donde el tiempo ya no es igual. Es como si las notas musicales hicieran una suerte de paréntesis en el tiempo una suspensión, otro lugar aquí mismo, un siempre en el jamás. Sí, eso es, un siempre en el jamás. A partir de ahora buscaré los siempres en los jamases. la belleza en este mundo.”

5 de diciembre de 2008

Días de frío en Burgos

Ya casi es invierno. Los chopos desnudos a orillas del río se dejan peinar por unos rayos de sol que languiden. La vista es preciosa, pero para no detenerse.