
29 de agosto de 2009
Egon Schiele: Autorretrato

Autorretrato
1910 Tiza y guacha 44,5cm x 30,4 cm
Leopold Museum (Viena)
Del mismo modo que existen palabras clave para una época en las que se expresan en esencia los ideales, deseos y metas de una sociedad determinada – pensemos por ejemplo en “Décadence” o “Fin de siècle” -, también existen cuadros clave en la obra de un artista en los que se pueden reconocer el carácter y las raíces de su obra. Tanta más razón para hacer esta suposición, cuando – como en el caso de Egon Schiele – es su autorretrato el que aparece de al modo en primer término. La enorme cantidad de autorretratos, alrededor de cien, prueba no sólo que, entre los pintores de su época, fue uno de los observadores más extremos del yo, sino que además podría despertar la sospecha de que nos encontramos ante una persona que quizá pudiera calificarse de narcisista.
En los primeros autorretratos, realizados entre 1905 y 1907, se expresa en principio el deseo imperioso de compensar la pérdida sufrida por la muerte de su padre, que siempre había alabado sus dibujos, mediante una exaltación grandiosa y exhibicionista del propio yo. La temprana admisión en la Academia de Viena – a la edad de dieciséis años – tuvo que haber confirmado sin duda alguna su ego artístico; consciente de sí mismo, aparecer a partir de entonces con la paleta y el aspecto de un dandy. Tras la “Fase Klimt”, a partir de 1910, aumenta progresivamente la tensión de los autorretratos. Desde entonces hasta 1913 la mayoría de las representaciones se caracterizan por el exceso de valores expresivos que dificultan su comprensión como simples autorretratos. El espejo se convierte en espejo deformante, el reflejo de su propia imagen en un alter ego, en otro yo extraño. Los rasgos dominantes de esta nueva fase, caracterizada por los permanentes intentos de evasión del corset de la personalidad fija, son la delgadez de al figura, las contorsiones virtuosas del cuerpo, una mímica entre estrafalaria y tétrica que no está dominada por ninguna regla comprensible de la afectividad, y un cabello corto y rebelde que se levanta como electrizado. La pose ante el espejo ha desarrollado progresivamente una dinámica propia enajenadora que se corresponde con una forma en el medio del dibujo y la pintura, la cual se aparta del modelo natural, es decir, de la reproducción en sentido realista. Esta forma no provoca una autenticidad arcaica, sino el moderno desgarramiento del propio yo.
En los primeros autorretratos, realizados entre 1905 y 1907, se expresa en principio el deseo imperioso de compensar la pérdida sufrida por la muerte de su padre, que siempre había alabado sus dibujos, mediante una exaltación grandiosa y exhibicionista del propio yo. La temprana admisión en la Academia de Viena – a la edad de dieciséis años – tuvo que haber confirmado sin duda alguna su ego artístico; consciente de sí mismo, aparecer a partir de entonces con la paleta y el aspecto de un dandy. Tras la “Fase Klimt”, a partir de 1910, aumenta progresivamente la tensión de los autorretratos. Desde entonces hasta 1913 la mayoría de las representaciones se caracterizan por el exceso de valores expresivos que dificultan su comprensión como simples autorretratos. El espejo se convierte en espejo deformante, el reflejo de su propia imagen en un alter ego, en otro yo extraño. Los rasgos dominantes de esta nueva fase, caracterizada por los permanentes intentos de evasión del corset de la personalidad fija, son la delgadez de al figura, las contorsiones virtuosas del cuerpo, una mímica entre estrafalaria y tétrica que no está dominada por ninguna regla comprensible de la afectividad, y un cabello corto y rebelde que se levanta como electrizado. La pose ante el espejo ha desarrollado progresivamente una dinámica propia enajenadora que se corresponde con una forma en el medio del dibujo y la pintura, la cual se aparta del modelo natural, es decir, de la reproducción en sentido realista. Esta forma no provoca una autenticidad arcaica, sino el moderno desgarramiento del propio yo.
28 de agosto de 2009
Efemérides: 23 de Agosto 2009
Ante mis ojos desfilan los bautizos en los que, después de actuar como monguillo de la ceremonia, me tiraba al suelo con los demás chavales en busca del último confeti, los bautizos de mis hijos, la emoción contenida y el miedo a no saber hacer de ellos personas felices e independientes. Y ahora, extasiado ante estas tradiciones de pueblo que perviven y me llevan inexorablemente al pasado, asisto como testigo al bautizo de mi nieto y deseo para él jalones de confianza y amor en su camino y una estrella en la que colgar sus ilusiones.
Humor inteligente
Cada vez que sale a la palestra algún comentario sobre el humor o los humoristas de inmediato, suele aparecer el calificativo de “inteligente”. Confrontado con tan recurrente binomio tengo un doble problema al definir qué entiendo por “humor” y cómo podría definir, o al menos distinguir lo que es el “humor inteligente”.
El diccionario de la RAE me sirve de poco. La palabra “humor” tiene un sentido fisiológico y en el mejor de los casos se refiere a “Genio, índole, condición, especialmente cuando se manifiesta exteriormente” "Humorismo" nos acerca algo más al concepto al definirlo como “modo de
presentar, enjuiciar o comentar la realidad resaltando el lado cómico, risueño o ridículo de las cosas”, pero evidentemente esta definición, a la manera de un gigantesco paracaídas recubre un sinfín de manifestaciones con elementos comunes y otros claramente específicos y definitorios: ironía, sarcasmo, anticlímax, enigma, antítesis, alusión, litotes, non sequitur, juego de palabras, sátira, parodia, paradoja etc.
No es mi intención emborracharme con palabras por lo que sin dudarlo un momento, y pese a posibles limitaciones elijo la definición que me llega en un mensaje a través del móvil: “Humor es el arte de expresar con simpatía los aspectos ridículos o chocantes de nuestros actos”.
Así definido, estamos más cerca de lo que podríamos definir como “humor inteligente”. Creo que bastaría añadirle una chispa de reflexión, que a manera de flash, se interponga entre la acción y la reflexión y haga que de alguna manera nos veamos interpelados, sacudidos o reflejados y nos obligue a tomar partido. Alguien en un blog lo sintetizaba diciendo: “frente al humor te ríes antes de pensar, pero si es humor inteligente, piensas antes de reírte”.
Si en el humor inteligente introducimos ese elemento nuevo, breve pero imprescindible que es la reflexión significa que nos incita a mantener una actitud abierta y activa, y nos obliga al mismo tiempo a vivir el presente y todas sus circunstancias.
No voy a citar humoristas que hacen un humor inteligente. Seguro que cada cual sabrá reconocer a sus favoritos. Una vez más y ciñéndome al humor gráfico voto por Mordillo y elijo la viñeta que ilustra esta reflexión.
El diccionario de la RAE me sirve de poco. La palabra “humor” tiene un sentido fisiológico y en el mejor de los casos se refiere a “Genio, índole, condición, especialmente cuando se manifiesta exteriormente” "Humorismo" nos acerca algo más al concepto al definirlo como “modo de
No es mi intención emborracharme con palabras por lo que sin dudarlo un momento, y pese a posibles limitaciones elijo la definición que me llega en un mensaje a través del móvil: “Humor es el arte de expresar con simpatía los aspectos ridículos o chocantes de nuestros actos”.
Así definido, estamos más cerca de lo que podríamos definir como “humor inteligente”. Creo que bastaría añadirle una chispa de reflexión, que a manera de flash, se interponga entre la acción y la reflexión y haga que de alguna manera nos veamos interpelados, sacudidos o reflejados y nos obligue a tomar partido. Alguien en un blog lo sintetizaba diciendo: “frente al humor te ríes antes de pensar, pero si es humor inteligente, piensas antes de reírte”.
Si en el humor inteligente introducimos ese elemento nuevo, breve pero imprescindible que es la reflexión significa que nos incita a mantener una actitud abierta y activa, y nos obliga al mismo tiempo a vivir el presente y todas sus circunstancias.
No voy a citar humoristas que hacen un humor inteligente. Seguro que cada cual sabrá reconocer a sus favoritos. Una vez más y ciñéndome al humor gráfico voto por Mordillo y elijo la viñeta que ilustra esta reflexión.
25 de agosto de 2009
Paraíso inhabitado
PARAÍSO INHABITADONovela
Ana María Matute
Ediciones Destino 2008
Áncora y Delfín 1086
396 páginas
En la trastienda de la mente, sigue desde hace varias semanas repicando el último libro de Ana María Matute y es que siempre que la lectura de un libro me impresiona no me libero del todo de él hasta que confío al papel algunas de las ideas que me rondan.
Ana María Matute es una niña grande de 85 años. Digo niña porque me parece que nunca ha dejado del todo el mundo de la infancia y porque todos sus escritos están impregnados del encanto y la magia de los cuentos de hadas. Y digo grande porque además de una gran persona, lúcida conversadora es una asombrosa escritora que sabe transmitir con palabras muy sencillas sentimientos complejos, a menudo escondidos en los recónditos pliegues de nuestra memoria infantil.
En una época en que la novela moderna discurre por caminos sentimentalmente áridos y despojados, choca encontrarse con una novelista que sigue insistiendo en sus vivencias infantiles como caldo de cultivo para unas novelas cargadas de emociones y del frescor de los cuentos de hadas.
“Paraíso inhabitado” es un libro que narra la coexistencia e interacción de dos mundos que se atraen y se repelen, del mundo infantil y del mundo de los adultos. Es un libro de iniciación que narra esa misteriosa transición entre la infancia y la adolescencia que según en qué época era casi ya una llamada a la responsabilidad y al “saber estar” de los adultos. La protagonista de la historia construida en parte con recuerdos autobiográficos de la propia escritora, es una niña que, en el seno de una familia de la burguesía de principios del siglo pasado vive la separación entre adultos, padres, monjas del colegio, hermanos mayores, vecinos, etc. caracterizados en la novela como los “Gigantes” y los niños al que se asimilan el personal subalterno: doncellas, cocineras, criadas, y algún sirviente. La separación es física ya que los espacios de la casa están definidos por zonas de parquet y zonas de terrazo pero es sobre todo emocional y vivencial. Mientras son pequeños, los niños sólo existen para darles un beso antes de que se vayan a dormir. Y la escritora aprovecha esta separación para introducir su particular visión maniquea de la existencia, la dualidad entre el bien y el mal, la felicidad y la desgracia, la sinceridad y la mentira.
Pero además Ana María Matute no da puntada sin hilo, y en la filigrana de una historia lineal, una especie de autobiografía de una infancia feliz, entreteje algunas joyas de perspicaz observación de nuestro mundo y de crítica mordaz de los convencionalismos y la frivolidad de una cierta burguesía, el rechazo por los que son diferentes: sean familiares como la tía o vecinos como el sirviente de Gavrila; o la hipocresía religiosa caricaturizada en la figura de las monjas.
En suma, una novela que se lee con deleite, que aún sabiendo que se trata de una novela es un retrato de un mundo que existió y en el que se desarrolló la infancia de la escritora, y que nos muestra una vez más su aguda obsevación y la fluidez de su lenguaje literario.
A veces los recuerdos se parecen a algunos objetos, aparentemente inútiles, por los que se siente un confuso apego. Sin saber muy bien por qué razón, no nos decidimos a tirarlos y acaban amontonándose al fondo de ese cajón que evitamos abrir, como si allí fuéramos a encontrar alguna cosa que no se desea o incluso se teme vagamente
- Me he dado cuenta de que lo mejor de algo que se espera es estar esperándolo.
Y volvía la promesa: “Aprenderás a volar, cuando llegue la primavera”.
30 de julio de 2009
Miguel Angel Velasco : Manos
Manos I
Sobre mi pecho tu mano se apacigua.
tan tímida que apenas se diría
que la han modelado los adioses,
que dócil se somete a esa música
precisa de la sangre,
y que acepta su sombra
como la mitad de sí misma.
¿Quién diría, al contemplarla agazapa,
apenas palpitante,
embriagada por el murmullo
de una espuma nocturna,
que anhela dispararse más allá
del arrullo y la caricia.
II
Tras el amor mi mano se demora
sobre tu corazón, como un oído,
desmemoriada de las formas,
como si nunca hubiese
albergado una vaso
o apretado una llave,
deseosa tan sólo de asomarse
a ese vivo pozo,
y como araña pálida
beberle todo el sueño y,
lejos de sus telares, sucumbir.
Mansa mano dichosa
de encallar en tus dunas,
varada mano
amorosa, que sólo
busca arder en tu cuerpo y reposar
en él como una rosa calcinada.
Sobre mi pecho tu mano se apacigua.
tan tímida que apenas se diría
que la han modelado los adioses,
que dócil se somete a esa música
precisa de la sangre,
y que acepta su sombra
como la mitad de sí misma.
¿Quién diría, al contemplarla agazapa,
apenas palpitante,
embriagada por el murmullo
de una espuma nocturna,
que anhela dispararse más allá
del arrullo y la caricia.
II
Tras el amor mi mano se demora
sobre tu corazón, como un oído,
desmemoriada de las formas,
como si nunca hubiese
albergado una vaso
o apretado una llave,
deseosa tan sólo de asomarse
a ese vivo pozo,
y como araña pálida
beberle todo el sueño y,
lejos de sus telares, sucumbir.
Mansa mano dichosa
de encallar en tus dunas,
varada mano
amorosa, que sólo
busca arder en tu cuerpo y reposar
en él como una rosa calcinada.
Miguel Angel Velasco
El Sermón del Fresno (1995)
Vía Revolucionaria
VIA REVOLUCIONARIAUSA 2008
Diririgida por Sam Mendes
Suración: 119 minutos
Duración
No me gustaría repetirme al hacer la reseña de la película “Via Revolucionaria” pero aunque he hecho recientemente la reseña del libro, me siento tentado de entrar una vez más en ese entresijo de sueños rotos, ideales frustrados, falsas apariencias yaspiraciones inalcanzables, tan genialmente plasmadas en imágenes por Sam Mendes y tan acertadamente interpretadas por Kate Winslett y Leonardo DiCaprio.
Con Oscars o sin ellos, Kate Winslett, es hoy por hoy una de las mejores actrices del panorama cinematográfico y Leonardo Di Caprio, empieza a ser creíble como actor más allá de la petulante juventud y envidiable aspecto físico que exhibió en ”Titanic”. Kate Winslett me había seducido en sus anteriores películas y muy recientemente la había visto brillante en “El lector” en un difícil papel pues debía mostrar alternativamente facetas de frialdad, ausencia de principios y por otra parte ingenuo afán por aprender, ternura y exacerbado erotismo. En esta película la vemos como una April seducida, defraudada, clamando por salir de la insoportable rutina a la que su vida se ve abocada. Su dureza, su mirada desolada, su melancolía, sus ansias de ser libre y su fatídica decisión, se leen en su rostro antes oírse de sus labios. En cualquier caso lo más destacable de ambos protagonistas es el haber transformado unos personajes de película en “personas absolutamente creíbles”

Hay en la película un personaje secundario que no obstante, en dos memorables escenas es capaz de transmitir todo el dramatismo de la situación. Se trata del John Givings, perfectamente interpretado por Michael Shannon. Él es responsable de desencadenar toda la tragedia al exponer las cosas como son. A pesar de ser considerado como una persona inestable y fuera de la realidad, aparece en sus dos breves apariciones como el único personaje lúcido de la película. Libre de prejuicios sólo él es capaz de enjuiciar el comportamiento de April y de Frank sin que su veredicto pase por el filtro de la racionalidad o de las conveniencias sociales.
Existe un cierto paralelismo entre “Vía Revolucionaria” y la opera prima de Sam Mendes “American Beauty”. Sin embargo ni las épocas se corresponden ni se analiza de la misma manera el desmoronamiento del “american way of life” (el estilo de vida americano). Mientras que en “American Beauty” la familia sucumbe bajo el peso de las convenciones sociales el afán de equiparación, el estar a la altura del vecindario, en el caso de “Vía Revolucionaria” el problema surge de motivaciones personales, sueños frustrados, desengaño al abrir los ojos y darse cuenta de que quienes se sentían especiales no se diferencian en realidad de sus vecinos y su vida está abocada al mismo monótono y prosaico futuro.
Se le acusa a Sam Mendes de abusar de los planos cortos en esta película. Yo creo que siendo una película construida casi exclusivamente en torno a sus dos protagonistas era importante aprovechar sus extraordinarias dotes para poner de relieve a través de su interpretación el dramatismo y la fatalidad de los acontecimientos que se avecinan y transmitir al espectador el sentimiento de melancolía con el que al final acaba abandonando la sala.
Probablemente una de las cinco mejores películas que habré tenido la oportunidad de ver este año.
Con Oscars o sin ellos, Kate Winslett, es hoy por hoy una de las mejores actrices del panorama cinematográfico y Leonardo Di Caprio, empieza a ser creíble como actor más allá de la petulante juventud y envidiable aspecto físico que exhibió en ”Titanic”. Kate Winslett me había seducido en sus anteriores películas y muy recientemente la había visto brillante en “El lector” en un difícil papel pues debía mostrar alternativamente facetas de frialdad, ausencia de principios y por otra parte ingenuo afán por aprender, ternura y exacerbado erotismo. En esta película la vemos como una April seducida, defraudada, clamando por salir de la insoportable rutina a la que su vida se ve abocada. Su dureza, su mirada desolada, su melancolía, sus ansias de ser libre y su fatídica decisión, se leen en su rostro antes oírse de sus labios. En cualquier caso lo más destacable de ambos protagonistas es el haber transformado unos personajes de película en “personas absolutamente creíbles”

Hay en la película un personaje secundario que no obstante, en dos memorables escenas es capaz de transmitir todo el dramatismo de la situación. Se trata del John Givings, perfectamente interpretado por Michael Shannon. Él es responsable de desencadenar toda la tragedia al exponer las cosas como son. A pesar de ser considerado como una persona inestable y fuera de la realidad, aparece en sus dos breves apariciones como el único personaje lúcido de la película. Libre de prejuicios sólo él es capaz de enjuiciar el comportamiento de April y de Frank sin que su veredicto pase por el filtro de la racionalidad o de las conveniencias sociales.

Existe un cierto paralelismo entre “Vía Revolucionaria” y la opera prima de Sam Mendes “American Beauty”. Sin embargo ni las épocas se corresponden ni se analiza de la misma manera el desmoronamiento del “american way of life” (el estilo de vida americano). Mientras que en “American Beauty” la familia sucumbe bajo el peso de las convenciones sociales el afán de equiparación, el estar a la altura del vecindario, en el caso de “Vía Revolucionaria” el problema surge de motivaciones personales, sueños frustrados, desengaño al abrir los ojos y darse cuenta de que quienes se sentían especiales no se diferencian en realidad de sus vecinos y su vida está abocada al mismo monótono y prosaico futuro.
Se le acusa a Sam Mendes de abusar de los planos cortos en esta película. Yo creo que siendo una película construida casi exclusivamente en torno a sus dos protagonistas era importante aprovechar sus extraordinarias dotes para poner de relieve a través de su interpretación el dramatismo y la fatalidad de los acontecimientos que se avecinan y transmitir al espectador el sentimiento de melancolía con el que al final acaba abandonando la sala.
Probablemente una de las cinco mejores películas que habré tenido la oportunidad de ver este año.
11 de julio de 2009
Vicente Aleixandre: En la Plaza

Hermoso es, hermosamente humilde y confiante, vivificador y profundo,
sentirse bajo el sol, entre los demás, impelido,
llevado, conducido, mezclado, rumorosamente arrastrado.
No es bueno
quedarse en la orilla
como el malecón o como el molusco que quiere calcáreamente imitar a la roca.
Sino que es puro y sereno arrasarse en la dicha
de fluir y perderse,
encontrándose en el movimiento con que el gran corazón de los hombres palpita
extendido.
Como ese que vive ahí, ignoro en qué piso,
y le he visto bajar por unas escaleras
y adentrarse valientemente entre la multitud y perderse.
La gran masa pasaba. Pero era reconocible el diminuto corazón afluido.
Allí, ¿quién lo reconocería? Allí con esperanza, con resolución o con fe, con
temeroso denuedo,
con silenciosa humildad, allí él también transcurría.
Era una gran plaza abierta, y había olor de existencia.
Un olor a gran sol descubierto, a viento rizándolo,
un gran viento que sobre las cabezas pasaba su mano,
su gran mano que rozaba las frentes unidas y las reconfortaba.
Y era el serpear que se movía
como un único ser, no sé si desvalido, no sé si poderoso,
pero existente y perceptible, pero cubridor de la tierra.
Allí cada uno puede mirarse y puede alegrarse y puede reconocerse.
Cuando, en la tarde caldeada, solo en tu gabinete,
con los ojos extraños y la interrogación en la boca,
quisieras algo preguntar a tu imagen,
no te busques en el espejo,
en un extinto diálogo en que no te oyes.
Baja, baja despacio y búscate entre los otros.
Allí están todos, y tú entre ellos.
Oh, desnúdate y fúndete, y reconócete.
Entra despacio, como el bañista que, temeroso, con mucho amor y recelo al agua,
introduce primero sus pies en la espuma,
y siente el agua subirle, y ya se atreve, y casi ya se decide.
Y ahora con el agua en la cintura todavía no se confía.
Pero él extiende sus brazos, abre al fin sus dos brazos y se entrega completo.
Y allí fuerte se reconoce, y se crece y se lanza,
y avanza y levanta espumas, y salta y confía,
y hiende y late en las aguas vivas, y canta, y es joven.
Así, entra con pies desnudos. Entra en el hervor, en la plaza.
Entra en el torrente que te reclama y allí sé tú mismo.
¡Oh pequeño corazón diminuto, corazón que quiere latir
para ser él también el unánime corazón que le alcanza!
Vicente Aleixandre (En la Plaza)
10 de julio de 2009
Premio
Durrell ha distinguido mi blog con un pequeño premio. Lo agradezco sinceramente porque no deja de ser una manera de animarme a seguir escribiendo... y no siempre es fácil. A veces siento la tentación de encadenarme a la silla frente al ordenador y tirar la llave del candado por la ventana.Gracias por los ánimos que me das, amiga, tu método quizá sea menos drástico pero espero que me ayude a ser más perseverante en el futuro.
Me gustaría compartir el premio con Elena: "Perdida entre libros"
y con José Nuñez: "Ideas idas y venidas" (Sus blogs les encontraréis en mi lista de blogs visitados)
3 de julio de 2009
LOS CONFINESNovela
Andrés Trapiello
Ediciones Destino 2009
Ácora y Delfín 1153
270 páginas
Querida Marisol,
Me has pedido que te recomiende un libro para el verano y no tengo una papeleta fácil porque me pones como “únicas” premisas que sea estimulante, te refieres sin duda a tu faceta intelectual, que sea entretenido, me imagino una historia que tenga mucha acción, que se desarrolle en lugares exóticos, y conlleve algo de intriga y además y sobre todo sea muy romántico…
Creo que te voy a recomendar la recién publicada novela de de Andrés Trapiello: “Los Confines” porque vas a encontrar algo de las tres cosas y presiento que además te va a gustar. Como me he prometido que no te voy a decir de qué va la historia, voy a intentar excitar tu curiosidad yéndome por las ramas.
Desde luego se trata de una historia romántica hasta el extremo. Yo diría que trata del amor llevado al grado absoluto, sin trabas, sin consideraciones morales ni sociales, sin códigos establecidos. Es el amor puro tal como lo pueden sentir un hombre y una mujer que acaban de descubrirse en circunstancias excepcionales aunque ya se conocían desde hacía muchos años. Y se enamoran el uno del otro sin medir tampoco las consecuencias que su decisión va a tener en sus familias, sus amistades, en su trabajo, o en su vida.
Por otra parte de trata de una novela exótica. Figúrate, él, ingeniero de caminos construyendo puentes en un país sudamericano, probablemente Colombia, bajo la presión de la guerrilla, de los narcotraficantes, ella, médico pediatra, constatando día a día los estragos de la pobreza, de la prostitución infantil, del chabolismo, pero ambos rodeados de toda la belleza y la sensualidad, que puede proporcionar el dinero y sobre todo una naturaleza exuberante cuyo clima vegetación, colores y olores, embriagan los sentidos.
No falta la acción ni intriga ya que los personajes se mueven entre el escenario urbano madrileño y los trepidantes y lujuriosos paisajes de la jungla colombiana: hay chantajes, hay secuestros, hay persecuciones, y hay una serie de personajes secundarios muy bien definidos.
Por último y no menos importante para ti, se trata de una novela diferente, que obliga a pensar, a tomar posiciones y a interrogarse sobre temas poco vistos en la literatura actual. Si a todo ello añades la prosa ágil y clara, las frases cortas, los cambios de escenarios y el depurado uso del lenguaje de Andrés Trapiello, comprenderás los motivos de esta elección y mi esperanza de no verte defraudada.
1 de julio de 2009
¡Pido disculpas!

Incomprensible, pero cierto, la configuración de mi blog cambió sin que yo me enterara y ha estado exigiendo la moderación de los comentarios transcurridos cinco días desde su publicación. Y yo sin enterarme. Eso explica que algunos de vuestros comentarios no hayan aparecido en mi blog hasta hoy.
Pido perdón a todos los que he "mal-tratado". Mi única excusa es no haberme enterado del fallo.
¿Ilusión o Entusiasmo?
Siempre había enarbolado la bandera de la ilusión. Me ilusionaba el trabajo realizado, tenía ilusión por las personas, me había hecho muchas ilusiones… y de pronto, él me dijo: “Deberías cambiar tanta ilusión por un poco de entusiasmo”.Perplejo, acudí al diccionario: El María Moliner define la ilusión como “imagen formada en la mente de una cosa inexistente tomada como real” y como “esperanza o creencia vana con que alguien se siente contento” . Sólo en tercer lugar pude atisbar un resquicio positivo al definir la ilusión como “Alegría o felicidad que se experimenta con la posesión, contemplación o esperanza de algo”
Así pues, del mismo modo que sufrimos de ilusiones ópticas y vemos dibujos en movimiento o nos encontramos ante ilusiones acústicas y percibimos sones engañosos, nuestra mente también nos puede hacer jugarretas emocionales elevando a la categoría de real lo que sólo es una construcción mental, una entelequia urdida en nuestra mente, un sueño que deseamos ver convertido en realidad. Sobre esa base, tan engañosa como falsa es imposible construir nada sólido, crear futuro. Ahora entiendo por fin aquella frase del poeta: “No te ilusiones por mí, entusiásmate conmigo”.
En efecto, el entusiasmo es algo mucho más concreto. El diccionario de María Moliner lo define como “el estado afectivo de excitación estimulante provocado por la fe en algo o la adhesión a alguien, que se manifiesta en la viveza o animación con que se habla de la cosa que lo provoca o en el afán con que se entrega uno a ella”.

Cuando indagamos en el origen etimológico de estas dos palabras vemos aún más clara la diferencia: mientras que ilusión viene del latín illusio – onis o engaño derivado de illudere, engañar, y a su vez de ludere, jugar; la palabra entusiasmo procede del griego Énthus, "inspirado por los dioses", o Enthusia "Inspiración divina", que a su vez ha dado lugar a "Entusiasmós" o arrobamiento, éxtasis, inspirado por la divinidad.
No se trata de diseccionar las palabras pero creo que tenemos que ubicar cada concepto en su debido contexto para no andar confundidos y poner mucho entusiasmo en ilusionarnos. Creo que la ilusión es necesaria, puede ser esa chispita que se enciende sin que pase por el razonamiento y que desata toda nuestra fantasía … después habrá que empecinarse en que la realidad se preñe de entusiasmo.
27 de junio de 2009
Mordillo
Estoy preparando una reflexión sobre la ilusión y el entusiasmo pero hoy necesito reír y os invito a reír conmigo el humor de Guillermo Mordillo
12 de junio de 2009
Baile del Agua
10 de junio de 2009
Dependencia

Hay objetos en torno a nosotros que han establecido tal derecho de propiedad sobre el lugar que ocupan que ya nos parece impensable ubicarlos en otro lugar. Algunas palabras actúan del mismo modo y a fuerza de verlas siempre en un determinado contexto, se asocian tan estrechamente con él que se vuelven inservibles para cualquier otro uso.
Una de esas palabras es la palabra “dependencia” le hemos adjudicado una función muy concreta en relación con el uso del alcohol, de las drogas, del tabaco y del juego y desde hace poco tiempo la hemos puesto de moda asociada al contexto social y refiriéndonos a la reciente ley de ayuda a las personas discapacitadas que necesitan la atención de terceros, parientes o extraños, para desarrollar en toda su potencialidad sus capacidades vitales.
Sin embargo, la dependencia a la que me quiero referir es la dependencia emocional que podríamos definir como "un patrón de necesidades emocionales insatisfechas en la niñez, y que ahora de mayores buscamos satisfacer, mediante la búsqueda de relaciones interpersonales muy estrechas".
En efecto, los psicólogos relacionan la dependencia emocional con una falta de afecto en los años cruciales de la niñez, un fallo en la percepción por parte del niño de las manifestaciones afectivas o incluso un miedo excesivo a perder el afecto de nuestros referentes emocionales, padres o tutores, si no acatamos estrictamente no sólo lo que nos piden que hagamos sino también lo que suponemos les gustaría que hiciéramos.
Independientemente de sus causas, los efectos prácticos de la dependencia emocional en la vida de una persona son su necesidad de afecto y su búsqueda instintiva de aprobación. Todos necesitamos afecto, pero la persona emocionalmente dependiente, además, busca a una persona a la que idealiza y por la que siente un apego y un enganche tal que necesita constantemente de su atención, su aprobación y su exclusiva dedicación.
La persona emocionalmente dependiente vive el amor como apego y admiración en lugar de intercambio recíproco. No sabe dar afecto pero necesita recibirlo y para ello está dispuesto a relegarse a un segundo plano a humillarse o incluso a sufrir vejaciones con tal de no perder esa relación de dependencia, como lamentablemente vemos tantas veces en la víctimas de la violencia de género. La persona dependiente tiene una gran falta de autoesima y se siente por ello necesitado de apegarse ansiosamente a alguien, no se siente capaz de resolver su cotidianidad y por eso necesita el apoyo de otro al que termina ahogando con sus demandas. Me parece que tienden a crear relaciones enfermizas con personas del tipo narcisista que necesitan tener alguien que los idolatre o consiguen relaciones con una importante carga sado-masoquista. Sufren lo indecible en las rupturas y a penas se han repuesto se lanzan a la búsqueda con entusiasmo de otra pareja.
Yo creo que lo que necesitan antes que nada es reforzar su autoestima ( cuestión nada fácil) para llegar a vivir la vida en pareja como una suerte de poder intercambiar ríos de afecto pero tener muy claro que dentro de cada uno ya está todo lo que necesita, que somos seres completos y que nadie va rellenar ningún hueco ( no hay huecos).
Partiendo del hecho de que todos en mayor o menor medida hemos sentido o sentimos algún grado de dependencia emocional no es fácil determinar cuándo ésta se vuelve patológica. Por ese motivo pienso que en lugar de luchar contra sus efectos negativos deberíamos concentrar nuestros esfuerzos en desarrollar todas aquellas estrategias en las que los afectos se establecen sobre un plano de igualdad:
Soy responsable de mi vida y de llenarla de gozo. ( no tengo otra ).
Puedo sentir como el otro , pero controlar su vida no le hará más feliz.
Si me ocupo de mí probablemente estaré ocupándome de otros.
Si hago lo que creo me sentiré honesto.
Una de esas palabras es la palabra “dependencia” le hemos adjudicado una función muy concreta en relación con el uso del alcohol, de las drogas, del tabaco y del juego y desde hace poco tiempo la hemos puesto de moda asociada al contexto social y refiriéndonos a la reciente ley de ayuda a las personas discapacitadas que necesitan la atención de terceros, parientes o extraños, para desarrollar en toda su potencialidad sus capacidades vitales.
Sin embargo, la dependencia a la que me quiero referir es la dependencia emocional que podríamos definir como "un patrón de necesidades emocionales insatisfechas en la niñez, y que ahora de mayores buscamos satisfacer, mediante la búsqueda de relaciones interpersonales muy estrechas".
En efecto, los psicólogos relacionan la dependencia emocional con una falta de afecto en los años cruciales de la niñez, un fallo en la percepción por parte del niño de las manifestaciones afectivas o incluso un miedo excesivo a perder el afecto de nuestros referentes emocionales, padres o tutores, si no acatamos estrictamente no sólo lo que nos piden que hagamos sino también lo que suponemos les gustaría que hiciéramos.
Independientemente de sus causas, los efectos prácticos de la dependencia emocional en la vida de una persona son su necesidad de afecto y su búsqueda instintiva de aprobación. Todos necesitamos afecto, pero la persona emocionalmente dependiente, además, busca a una persona a la que idealiza y por la que siente un apego y un enganche tal que necesita constantemente de su atención, su aprobación y su exclusiva dedicación.

La persona emocionalmente dependiente vive el amor como apego y admiración en lugar de intercambio recíproco. No sabe dar afecto pero necesita recibirlo y para ello está dispuesto a relegarse a un segundo plano a humillarse o incluso a sufrir vejaciones con tal de no perder esa relación de dependencia, como lamentablemente vemos tantas veces en la víctimas de la violencia de género. La persona dependiente tiene una gran falta de autoesima y se siente por ello necesitado de apegarse ansiosamente a alguien, no se siente capaz de resolver su cotidianidad y por eso necesita el apoyo de otro al que termina ahogando con sus demandas. Me parece que tienden a crear relaciones enfermizas con personas del tipo narcisista que necesitan tener alguien que los idolatre o consiguen relaciones con una importante carga sado-masoquista. Sufren lo indecible en las rupturas y a penas se han repuesto se lanzan a la búsqueda con entusiasmo de otra pareja.
Yo creo que lo que necesitan antes que nada es reforzar su autoestima ( cuestión nada fácil) para llegar a vivir la vida en pareja como una suerte de poder intercambiar ríos de afecto pero tener muy claro que dentro de cada uno ya está todo lo que necesita, que somos seres completos y que nadie va rellenar ningún hueco ( no hay huecos).
Partiendo del hecho de que todos en mayor o menor medida hemos sentido o sentimos algún grado de dependencia emocional no es fácil determinar cuándo ésta se vuelve patológica. Por ese motivo pienso que en lugar de luchar contra sus efectos negativos deberíamos concentrar nuestros esfuerzos en desarrollar todas aquellas estrategias en las que los afectos se establecen sobre un plano de igualdad:
Soy responsable de mi vida y de llenarla de gozo. ( no tengo otra ).
Puedo sentir como el otro , pero controlar su vida no le hará más feliz.
Si me ocupo de mí probablemente estaré ocupándome de otros.
Si hago lo que creo me sentiré honesto.
1 de junio de 2009

CALLE DE LAS TIENDAS OSCURAS
Novela
Patrick Modiano
Premio Goncourt 1978
Anagrama2009
Título original: Rue des boutiques obscures 1978
Traducido del francés por María Teresa Gallego Urrutia
233 páginas
Lo importante de una vida cabe en media cuartilla y con letra no muy apretada parece decirnos Patrick Mediano en su novela “La calle de las tiendas oscuras” ganadora del prestigioso Premio Goncourt francés en 1978 y recientemente traducida al español.
Guy Roland es un hombre sin pasado y sin memoria que durante los últimos años ha trabajado el la Agencia de detectives del Sr. Von Hutte y que a su cierre, utilizando el mismo olfato detectivesco, y siguiendo las pautas de la novela negra, decide dirigir una investigación privada en sentido inverso, es decir, una investigación sobre sí mismo: quién ha sido, cuáles son sus orígenes, quién le recuerda, que rastro ha ido dejando a lo largo de su trayectoria vital.
A pesar de su amnesia, detalle a detalle, va recomponiendo el puzzle de su vida. Sin embargo el resultado no puede ser más descorazonador. Su identidad se difumina en el pasado , como su propia imagen en unas fotografías color sepia en las que a penas se distingue y en las que nadie le reconoce. La investigación prosigue en diferentes partes del mundo pero sobre todo en el oscuro y siempre recurrente paisaje urbano de París durante la Ocupación Alemana y a medida que va encontrando y descartando pistas va creciendo la desolación. En efecto, al fondo de uno mismo siempre se baja solo. Nadie le puede ayudar a recuperar lo que de verdad es importante, lo que compone el palpitante meollo de su existencia.
La novela nos engancha desde la primeras líneas con una frase desolada: “No soy nada… Sólo una silueta clara, aquella noche, en la terraza de un café” Seguimos a Guy Roland buscando entre las sombras, y quizá recordamos amplias zonas de nuestro propio pasado como fogonazos que desaparecen condensados en una imagen que nos cuesta ubicar y que hace preguntarnos como el autor “¿Se trata de mi vida efectivamente? ¿O de la vida de otro, dentro de la que me he colado?” Y la novela termina con el mismo tono pesimista con que empezó: “Una niña vuelve de la playa al anochecer, con su madre. Llora por nada, porque habría querido seguir jugando. Se aleja. Ya ha doblado la esquina de la calle. ¿Y acaso no se esfuman en el crepúsculo nuestras vidas con la misma rapidez que ese disgusto infantil?"
Novela
Patrick Modiano
Premio Goncourt 1978
Anagrama2009
Título original: Rue des boutiques obscures 1978
Traducido del francés por María Teresa Gallego Urrutia
233 páginas
Lo importante de una vida cabe en media cuartilla y con letra no muy apretada parece decirnos Patrick Mediano en su novela “La calle de las tiendas oscuras” ganadora del prestigioso Premio Goncourt francés en 1978 y recientemente traducida al español.
Guy Roland es un hombre sin pasado y sin memoria que durante los últimos años ha trabajado el la Agencia de detectives del Sr. Von Hutte y que a su cierre, utilizando el mismo olfato detectivesco, y siguiendo las pautas de la novela negra, decide dirigir una investigación privada en sentido inverso, es decir, una investigación sobre sí mismo: quién ha sido, cuáles son sus orígenes, quién le recuerda, que rastro ha ido dejando a lo largo de su trayectoria vital.
A pesar de su amnesia, detalle a detalle, va recomponiendo el puzzle de su vida. Sin embargo el resultado no puede ser más descorazonador. Su identidad se difumina en el pasado , como su propia imagen en unas fotografías color sepia en las que a penas se distingue y en las que nadie le reconoce. La investigación prosigue en diferentes partes del mundo pero sobre todo en el oscuro y siempre recurrente paisaje urbano de París durante la Ocupación Alemana y a medida que va encontrando y descartando pistas va creciendo la desolación. En efecto, al fondo de uno mismo siempre se baja solo. Nadie le puede ayudar a recuperar lo que de verdad es importante, lo que compone el palpitante meollo de su existencia.
La novela nos engancha desde la primeras líneas con una frase desolada: “No soy nada… Sólo una silueta clara, aquella noche, en la terraza de un café” Seguimos a Guy Roland buscando entre las sombras, y quizá recordamos amplias zonas de nuestro propio pasado como fogonazos que desaparecen condensados en una imagen que nos cuesta ubicar y que hace preguntarnos como el autor “¿Se trata de mi vida efectivamente? ¿O de la vida de otro, dentro de la que me he colado?” Y la novela termina con el mismo tono pesimista con que empezó: “Una niña vuelve de la playa al anochecer, con su madre. Llora por nada, porque habría querido seguir jugando. Se aleja. Ya ha doblado la esquina de la calle. ¿Y acaso no se esfuman en el crepúsculo nuestras vidas con la misma rapidez que ese disgusto infantil?"
29 de mayo de 2009
Inspiración

El profano piensa que la inspiración es algo mágico y que el escritor ha de quedarse esperando a que llegue, cuando llega y si llega. Es muy bonito pensar en el poeta que mira al cielo azul en espera de inspiración. Pero no es así. Se escribe cuando se quiere, y la inspiración quizá no exista. Como con todas las cosas, sólo hace falta tener ganas de escribir, sentir ese placer. También para planchar la ropa o hacer un jersey de punto hay que tener ganas y sentir placer, de lo contrario se trabaja mal y no sale bien. No es inspiración lo que le falta al poeta cuando mira al cielo azúl, son ganas.
Giorgio Scerbanenco
Citado por Francesco Piccolo en "Escribir es un tic"
18 de mayo de 2009

Mario Benedetti
In Memoriam
CORAZÓN CORAZA
Porque te tengo y no
porque te pienso
porque la noche está de ojos abiertos
porque la noche pasa y digo amor
porque has venido a recoger tu imagen
y eres mejor que todas tus imágenes
porque eres linda desde el pie hasta el alma
porque eres buena desde el alma a mí
porque te escondes dulce en el orgullo
pequeña y dulce
corazón coraza
porque eres mía
porque noe res mía
porque te miro y muero
y peor que muero
si no te miro amot
si no te miro
porque tú siempre existes dondequeira
pero existes mejor donde te quiero
porque tu boca es sangre
y tienes frío
tengo que amarte amor
tengo que amarte
aunque esta herida duela como dos
aunque te busque y no te encuentre
y aunque
la noche pase y yo no tenga
y no
17 de mayo de 2009
El lector
EL LECTORUSA, 2008
Dirigida por Stephen Daldry
Duración 124 minutos
Drama
Pocas películas tan profundas, tan cargadas de emociones contradictorias, tan reflexivas como la que nos ofrece Stephen Daldry en "El Lector", y que sin embargo no se empieza a entender hasta que ha transcurrido más de un tercio de la cinta. Sólo entonces la historia empieza a cobrar sentido y advertimos que no se trata de una película de dudoso erotismo en el que una mujer madura, acomplejada y dominante seduce a un joven estudiante de quince años y a cambio de sexo exige que le lea trozos de sus libros de texto. Ciertamente estas escenas eróticas están narradas con impactante realismo y sin mojigatería. Se trata de erotismo de desahogo, frío y exigente por una parte y de un erotismo inexperto y de aprendizaje por otro. Pero un día Hanna Schmitz desaparece sin explicaciones y Michael Berg el joven estudiante, destrozado internamente y moralmente avergonzado emprende el laborioso ejercicio del olvido.

Volvemos a encontrar a nuestros dos personajes unos años más tarde. Michael es ahora un joven estudiante de Derecho, y Hanna una de las acusadas en un caso colateral a los Juicios por crímenes de guerra de Auschwitz ¿Cómo conciliar el amor que Michael ha sentido un par de años atrás por esta mujer y el repudio por los crímenes de los que se le acusa como guardiana de un campo de prisioneras? Michael se siente destrozado por la culpa y la vergüenza, y su dilema es una metáfora, un reflejo del drama que vive una generación de alemanes enfrentados a su propia responsabilidad, a la culpa implícita en su silencio. Por extensión, el espectador, se siente obligado a reflexionar, a tomar partido ante este dilema moral. No es fácil perdonar, pero más difícil aún es perdonarse por los errores cometidos.
Sin embargo, Hanna, lo descubrimos ahora, es analfabeta y por consiguiente no puede ser la única responsable. Ni siquiera pudo haber redactado el informe del que se le acusa. Tampoco puede haber leído todas las alegaciones del caso, pero el tribunal desconoce este hecho y Michael se encuentra nuevamente ante un dilema: ¿Tiene la obligación de salvarla? ¿Debería salvarla en contra de su voluntad? Y la pregunta es para todos: ¿cuáles son los límites del derecho a salvar a quien no quiere ser salvado?
Hanna es condenada a cadena perpetua y ahora somos los espectadores quienes reflexionamos. A pesar de la evidencia de los hechos, a pesar de haber sido condenada ¿es verdaderamente culpable? Michael, ya adulto, trata de convivir en soledad con su angustioso dilema. Se siente avergonzado y culpable, sigue enviando a Hanna libros grabados en casettes pero ya no hay amor ni perdón posible. Días antes de que Hanna sea finalmente puesta en libertad le busca un lugar donde vivir pero es incapaz de un abrazo, de un solo gesto de acogida. Hanna que
se ha ido liberando a través de su aprendizaje de la lectura elige finalmente una salida definitiva, pero Michael tendrá que seguir viviendo con la profunda amargura de una soledad atormentada. Nosotros, los espectadores salimos del cine pero seguimos haciéndonos preguntas.
Stephen Daldry, director conocido por películas como "Billy Elliot" o "Las Horas", ha llevado la película con mano maestra, sin estridencias pero manteniendo constante la tensión y el dramatismo del relato. Su guión es meticulosamente fiel a la novela del mismo título escrita por Bernhard Schlink. Kate Winslet está sencillamente soberbia en la piel de un personaje difícil. Es ruda hasta en su forma de caminar, su acento es marcadamente alemán y su mirada dura y fría como hielo. Está acompañado con el siempre misterioso Ralph Fiennes en el papel de Michael adulto y por un David Kross caracterizando al joven Michael que imprime a su personaje una profunda sensación de desasosiego y sentido de culpabilidad.

Volvemos a encontrar a nuestros dos personajes unos años más tarde. Michael es ahora un joven estudiante de Derecho, y Hanna una de las acusadas en un caso colateral a los Juicios por crímenes de guerra de Auschwitz ¿Cómo conciliar el amor que Michael ha sentido un par de años atrás por esta mujer y el repudio por los crímenes de los que se le acusa como guardiana de un campo de prisioneras? Michael se siente destrozado por la culpa y la vergüenza, y su dilema es una metáfora, un reflejo del drama que vive una generación de alemanes enfrentados a su propia responsabilidad, a la culpa implícita en su silencio. Por extensión, el espectador, se siente obligado a reflexionar, a tomar partido ante este dilema moral. No es fácil perdonar, pero más difícil aún es perdonarse por los errores cometidos.
Sin embargo, Hanna, lo descubrimos ahora, es analfabeta y por consiguiente no puede ser la única responsable. Ni siquiera pudo haber redactado el informe del que se le acusa. Tampoco puede haber leído todas las alegaciones del caso, pero el tribunal desconoce este hecho y Michael se encuentra nuevamente ante un dilema: ¿Tiene la obligación de salvarla? ¿Debería salvarla en contra de su voluntad? Y la pregunta es para todos: ¿cuáles son los límites del derecho a salvar a quien no quiere ser salvado?
Hanna es condenada a cadena perpetua y ahora somos los espectadores quienes reflexionamos. A pesar de la evidencia de los hechos, a pesar de haber sido condenada ¿es verdaderamente culpable? Michael, ya adulto, trata de convivir en soledad con su angustioso dilema. Se siente avergonzado y culpable, sigue enviando a Hanna libros grabados en casettes pero ya no hay amor ni perdón posible. Días antes de que Hanna sea finalmente puesta en libertad le busca un lugar donde vivir pero es incapaz de un abrazo, de un solo gesto de acogida. Hanna que
se ha ido liberando a través de su aprendizaje de la lectura elige finalmente una salida definitiva, pero Michael tendrá que seguir viviendo con la profunda amargura de una soledad atormentada. Nosotros, los espectadores salimos del cine pero seguimos haciéndonos preguntas.Stephen Daldry, director conocido por películas como "Billy Elliot" o "Las Horas", ha llevado la película con mano maestra, sin estridencias pero manteniendo constante la tensión y el dramatismo del relato. Su guión es meticulosamente fiel a la novela del mismo título escrita por Bernhard Schlink. Kate Winslet está sencillamente soberbia en la piel de un personaje difícil. Es ruda hasta en su forma de caminar, su acento es marcadamente alemán y su mirada dura y fría como hielo. Está acompañado con el siempre misterioso Ralph Fiennes en el papel de Michael adulto y por un David Kross caracterizando al joven Michael que imprime a su personaje una profunda sensación de desasosiego y sentido de culpabilidad.
11 de mayo de 2009
Suiza: Un lugar para vivir
Hay que haber recorrido Suiza en tren, sobrevolado sus campos y sus montañas, visitados sus pueblos y sus ciudades, para poder declarar, luego, que Suiza es un país aburrido.Es tan limpio, tan puntual, tan predecible, tan austero dentro de su burguesa complacencia que acaba siendo aburrido… y Sin embargo, creo que somos muchísimos los que envidiamos esa pulcritud, esa eficiencia, esa satisfecha rutina y suspiramos: ¡quién pudiera vivir en Suiza en plan de descanso como ellos eligen Marbella o cualquier otro punto de nuestra costa Mediterránea!
Empecé a viajar a Suiza hace muchos años. Casi siempre fueron viajes breves, de uno o dos días, pero con destinos tan diferenciados como Ginebra, Zurich, Berna, Basilea o Lugano. El motivo fue siempre el trabajo, pero de todas esas ciudades guardo un recuerdo imborrable. Por otra parte, el aeropuerto de Ginebra y sobre todo el de Zurich, se convirtió durante un tiempo en la placa giratoria que re-orientaba mis vuelos hacia extraños lugares como Estambul, Bucarest, Sofía, Zagreb, Split, Linz o Beirut.
Cierro los ojos y evoco, con torpes pinceladas, recuerdos de algunas de esas ciudades Suizas que con el paso de los años han ido tomando en mi memoria una cierta patina de nostalgia.
Ginebra: La más visitada, aunque en muchos de esos viajes no llegara a salir del Aeropuerto ya que Alguna gran empresa de distribución, para facilitarnos las cosas había instalado una oficina internacional de recaudación en el propio aeropuerto. Allí viajaba para negociar cada año el acuerdo internacional, que teóricamente facilitaba posteriormente los acuerdos comerciales con cada uno de los países en los que estábamos presentes. Afortunadamente he tenido ocasión, también, de almorzar a orillas del lago y de fotografiar su potente chorro de agua que como un geiser asciende y lucha contra su propio peso y contra la ley de la gravedad.
Desde Ginebra, bordeando el lago hasta Lausana, he visto los Alpes nevados reflejados en sus tranquilas aguas, y también he utilizado esta ciudad como punto de partida hacia Chamonix y los Alpes Franceses en cuyas estribaciones, durante algún tiempo tuvimos una fábrica.

De Zurich recuerdo sobre todo la laboriosidad. El centro de la ciudad es un lugar de culto al trabajo, las comidas son rápidas, sin fiorituras, un sándwich y un café para mantenerse en forma y luego a la hora precisa, la estampida hacia los barrios residenciales o los pueblecitos que rodean el gran núcleo urbano. Si eres extranjero, y llegas a Zurich en plan de trabajo, es mejor traer consigo una buena novela que logre hacerte olvidar las largas horas de aburrimiento hasta reanudar el trabajo del día siguiente.

Lugano es sobre todo paisaje. Impresiona volar entre picos y sortear las cimas como quien sortea los obstáculos en una pista de karting. Una vez en tierra, te sientes empequeñecido por las cumbres, aliviado por el catarín italiano del Tiszino, y algo envidioso de las magníficas mansiones y chalets de montaña que como nidos de águila se incrustan y amoldan al paisaje de la montaña.
Pero puesto a elegir, probablemente me quedo con Basilea. Es la más internacional de las ciudades suizas ya que comparte el aeropuerto con Francia y con Alemania hasta el punto que si te equivocas de puerta puedes acabar saliendo a cualquiera de esos países. El Rhin, majestuoso, la divide en dos, pero hay tanto verde, las casas, las fábricas, los bloques de oficinas se combinan tan bien con el paisaje que nunca tienes sensación de agobio o de ciudad. Pasear por Basilea, contemplar la impresionante fachada del Ayuntamiento, entrar en una tienda de antigüedades, o pararse a comprar una flores o un par de manzanas en el puesto de la esquina, se parecen tanto a los gestos de todos los días que uno acaba teniendo la sensación de haber llegado a casa
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