9 de septiembre de 2012

Paul Auster : Diario de Invierno


DIARIO DE INVIERNO
Novela
Paul Auster
Anagrama 2012
Panorama de narrativas
Título original : Winter Journal 2012
Traducido del inglés por Benito Gómez Ibáñez
248 páginas

Admito que soy un ferviente seguidor de Paul Auster. Sea cual sea el argumento de sus obras, la fluidez del lenguaje y la belleza de su prosa merecen por si solas una lectura atenta para intentar despejar su secreto. Por otra parte, en la obra de Auster hay mucho del maestro que juega con todas las argucias y estilos de escritura como si quisiera hacer una demostración de las alternativas de las que dispondría sus alumnos aventajados. En esta ocasión, con una narración casi siempre en segunda persona, Auster se dirige a ese tú que es él mismo, se cuenta su vida, y como los años han pasado y a lo hecho pecho. Se mira con sinceridad e indulgencia y habla de enfermedades, desilusiones, infancia , y defectos con un desapego no exento de resignación.

Sin embargo, “Diario de Invierno” me ha sabido a poco. Creo que en Paul Auster, una novela autobiográfica debería dar para algo más que enumerar una por una las 21 residencias que ha ocupado a lo largo de su vida. Evidentemente, son demasiados cambios de domicilio en una vida y eso habla de su temperamento inquieto, de su vocación de escritor, de su permanente y ansiosa búsqueda de si mismo, pero es también una manera fácil de rellenar páginas y de decir poco de lo que verdaderamente nos interesa. En mi opinión sobran las listas: cuatro páginas para enumerar sus comidas favoritas cuando era niño, dos páginas para enumerar las cosas que hace con sus manos, tres páginas para señalarnos los lugares a los que ha viajado, dos páginas de cicatrices. Por otra parte cae en algunas descripciones obvias como la que hace de la muerte “ese lugar al que todos vamos a llegar” o del caminar “un pie adelante y luego el otro”. Me gustaría conocer más al escritor y sus sentimientos, sus emociones, sus convicciones su opinión sobre los acontecimientos, su reflexión sobre el momento actual de la literatura.

Indudablemente hay relatos memorables como el que dedica a su madre de la que hace un auténtico panegírico. Esa mujer triple como él la describe, a la vez resplandeciente y angustiada, brillante y desquiciada. Auster habla también de sus escarceos amorosos, pero de una manera “light” como queriendo proteger a su actual pareja, la también escritora Siri Husdvedt, de la que se siente muy enamorado.

Paul Auster está en un momento de su vida, en que empieza a perder a algunos de sus contemporáneos, esa edad en la que empiezas a hacer cálculos y comparaciones con la vida de los que te han precedido. Ese momento en que recuerdas todas y cada una de tus cicatrices. Bello símil que utiliza para indicar que aunque la huella externa haya casi desaparecido, el recuerdo sigue intacto.

En resumen, un libre con luces y sombras, un libro autobiográfico deliciosamente escrito pero que me ha sabido a poco, el libro de una persona “precaria y dolida, un hombre que lleva una herida en su interior desde el principio mismo, ¿por qué, si no, te has pasado toda tu vida adulta vertiendo palabras como sangre en una hoja de papel?”

Camino de Santiago del Norte: Llanes - Oviedo - Luarca


Desde que quedé atrapado por el Camino hace casi tres años, mi entusiasmo sigue en aumento. En escritos anteriores he hablado de la naturaleza, de los paisajes, de los monumentos, del arte, del espíritu que parece impregnar todo lo que se refiere al Camino.


El tramo recorrido este verano ha tenido algo de todo ello. Caminar a orillas del Cantábrico, bajando y subiendo valles y colinas, asomándote a los acantilados, respirando el aroma de los eucaliptos, tumbándote en verdes praderas ha sido maravilloso, un sueño del que a cada paso te despiertas para contemplar iglesias prerrománicas como la de San Salvador de Priesca o el monasterio de Valdedios y su “Conventín”, una joya prerrománica mandada construir en el siglo IX por el Rey Alfonso III . Y luego, de trecho en trecho, ciudades como Llanes, Ribadesella, Villaviciosa, Oviedo, Avilés, Luarca, para las que la única definición que se me ocurre y que las engloba a todas es que son ciudades “cariñosas” , que te cuesta dejar atrás.

Pero el Camino es más que la suma de paisajes, arte y ambiente. Es también un crisol de personas que se encuentran, se cruzan y se recuerdan. Pueden ser peregrinos como nosotros, puede tratarse del hospitalero que nos acoge en el albergue o de personas anónimas que nos han parado para preguntarnos por qué caminamos, o para darnos un vaso de agua, o quizá para señalarnos detalles de algún monumento que ningún guía sabría igualar.

Del grupo de peregrinos, en esta ocasión, evoco el recuerdo de una pareja de enamorados, que parecían flotar por el Camino. Su itinerario particular les alejaba de los demás pero se les veía felices y ajenos a las contingencias de las etapas. Recuerdo también a un grupito de peregrinos, a la puerta del albergue de Oviedo que se contaban batallitas. Los “sabelotodo” dominaban el corro y hablaban de sus experiencias del camino como quien diserta sobre las partículas elementales. Y recordaré sobre todo y con cariño a Nicolás, un “Perriflauta” francés que utiliza los albergues del Camino como hoteles baratos en su deambular por las ciudades españolas tocando la “cornemuse”, una especie de gaita sencilla de un solo registro pero que maneja a la perfección y nos deleita con tonadas bretonas, muñeiras y música celta. Es simpático, limpio, y da calor y color a las tardes en el albergue.

De las personas con las que me he cruzado esta vez, quiero evocar aquí a Felipa. Es una anciana de Priesca, auténtica guía y erudita del prerrománico de la Capilla del San Salvador. A pesar de la edad y de su dificultad para caminar nos fue envolviendo con sus comentarios en la belleza del templo y casi sorprendidos, acabamos sentados en un banco entonando un “Salve Regina” en latín, como hicieran doce siglos antes los monjes que atendían ese lugar.
En otro orden de cosas, ¿cómo no recordar también a la cariñosa dueña de un bar de Posada, entre Oviedo y Avilés, que el día de mi cumpleaños a las 10 de la mañana, se brindó a organizar con mi amiga Marisol una pequeña fiesta de cumpleaños con tarta de galleta y chocolate, una improvisada vela hecha de papel aceitado, y un botellín de Benjamín que fue a buscar a su casa? Y de manera más humilde pero igual de cariñosa, ¡cómo olvidar a la mujer que nos ofreció agua y nos hizo sentar en el porche de su casa para que descansáramos antes de emprender camino hacia a Soto de Luiña? Nos conmovió su generosidad y nos hizo gracia su comentario de que aunque se volviera una joven de 20 años jamás haría una promesa como la nuestra aunque las “muletas” ( por los bastones) que llevábamos quizá nos hacían el camino más llevadero.

También están los hospitaleros, los dueños de albergues privados, y los pequeños hoteleros con los que necesariamente te encuentras y que recuerdas, unas veces por su generosidad, otras por su tacañería, por su vanidad o por la astucia con la que salen en busca del peregrino. Los recuerdo a todos con cariño. Me han ayudado en esta aventura y les estoy agradecido.

El Camino no es nunca el mismo. Cada peregrino hace su propio camino, diferente del de los demás aunque recorra los mismos pasos reciba en la cara la misma brisa o le moje el mismo aguacero. Mi camino es único e irrepetible. Tengo suerte: aunque volviera sobre mis pasos, estaría seguramente haciendo un nuevo Camino.

14 de julio de 2012

La meta es mi camino: Camino de Santiago en Aragón

La meta es el Camino. Siempre tengo la misma sensación cuando estoy a punto de completar un trayecto del Camino de Santiago. Como queriendo alargar un poquito más la experiencia, he añadido una etapa y he hecho noche en Tiebes. Las canteras cercanas han traído prosperidad a este pueblo y el flamante albergue municipal, limpio y funcional es un buen lugar para rememorar estos días de lluvia, de sol, de sed, de cansancio y de largos silencios.


Aquí no hay afluencia de peregrinos. He caminado en una casi absoluta soledad. El revoloteo de los insectos, en ocasiones, el murmullo del río Aragón, y la alargada sombra que avanza a mi paso, me hacen compañía y enmarcan mis pensamientos, que se enredan y entretejen al ritmo de la zarabanda nupcial de las mariposas.

¡Qué diferencia de paisajes! He dejado atrás las vertiginosas pendientes de Somport y las afiladas cumbres pirenaicas y he llegado a Jaca empapado de lluvia y del aroma del saúco, la madreselva y los aún esplendorosos rosales silvestres. Su obvio contrapunto tenía que ser la catedral de Jaca, auténtica enciclopedia del románico y origen del jaqueado que festona los templos del Camino. Visité también el Museo Diocesano y pude admirar los frescos románicos recuperados de iglesias, y ermitas de Aragón. Junto con el Panteón de Reyes de León son ahora el mayor tesoro de pintura románica en España.

Las etapas son largas y el tiempo ha cambiado. El sol aprieta y las fuentes escasean. Las cabañeras por las que transcurre el camino, orillan el monte, o bordean el río Aragón e intentan escapar del cercana N-240. Las fuerzas empiezan a flaquear y aún falta la subida a Arrès, pero al final de la etapa, ¡que recompensa! Esa noche somos cinco peregrinos y los hospitaleros Pilar y Ricardo nos ofrecen, a la fresca del atardecer, una buena cena comunitaria y una alentadora compañía.

Sigue el camino solitario y desnudo. Los pueblos que cruzo están demasiado desviados y sobre todo demasiado altos. Tengo sed pero encuentro a tiempo un tractorista que rellena mi cantimplora. El perfil de las montañas y la sombra que se alarga a mis pies me indican que voy en la buena dirección, aunque por momentos el terreno parece de tipo lunar. Luego descubriré que a este tipo de formación geológica que parece hormigón se le llama “badlands”. Y por fin aparece algo de verde. Voy ascendiendo y entre el follaje del robledal, empiezo a distinguir el ensanchamiento del pantano de Yesa. El Albergue, es el único edificio habitado en Ruesta, que sus habitantes tuvieron que abandonar al haber inundado el pantano sus tierras y su fuente de subsistencia.

Sangüesa será para mí un hito en este Camino. Es un pueblo grande, con varias iglesias, pero me quedo absorto ante la portada de la iglesia de Santa María. Está decorada con elementos que nada tienen que ver con los símbolos cristianos habituales. Me gustaría poder entenderlos. Hay que salir del albergue muy temprano para aprovechar el frescor de la mañana. Avanzo por campo abierto, por caminos rurales que serpentean entre trigales en sazón. Dentro de unos días, las maquinas habrán arrasado este ondulante mar amarillo. Llego por fin a Monreal. Ha sido una marcha de casi treinta kilómetros y mis piernas se quejan. Nada digno de mención en este pueblo. Aprovecho para dormir y por la tarde ver el partido de la Selección Española que juega contra Francia.

Hoy la ruta ha sido más corta pero no menos dura. Las continuas subidas y bajadas por caminos de cabras son verdaderamente rompepiernas. A lo lejos diviso Pamplona y el Alto del Perdón. Me voy acercando a la meta, pero quiero saborear mi camino y hago alto en este tranquilo pueblo de Tiebes donde me reencuentro con peregrinos que había conocido en Sangüesa. Juntos hacemos una cena comunitaria e intercambiamos anécdotas y reflexiones. Christian es un joven danés en busca de aventuras. Knut es alemán y es veterano en el camino, igual que Carmen que viene de Castellón.
Mañana será una etapa corta pero me espera un pequeño tesoro que quiero saborear: el misterioso monasterio de Eunate, de planta octogonal, rodeado de todo su perímetro por arcadas como si de un claustro se tratara. Sus viejas piedras ocres se confundirán ahora con el color de la mies pero confío que el silencio de sus muros me ayude a aclarar algunos de mis interrogantes.

Decía al principio que el camino es mi meta.. No me preocupa hacia donde voy pero sí cómo lo hago, qué encuentro, con quién me cruzo, qué aprendo. Ahora que ya noto la edad sobre mis espaldas, el camino es la escuela donde aprendo a reencontrarme y a valorar las pequeñas cosas, los escondidos placeres de la convivencia, la contemplación y el esfuerzo.

17 de junio de 2012

Las Hoces del Cabriel y los Cuchillos de Contreras

Había pasado cerca. Me había asombrado la obra de ingeniería que supuso hacer pasar la autovía de Valencia por encima del Embalse de Contreras y cómo no, recordaba la polémica y paralización que sufrió la autovía por el empeño de los ecologistas en preservar este singular paraje, el río Cabriel y sus hoces sinuosas y profundas en la confluencia de las provincias de Cuenca y Valencia.


Sin casi proponérmelo, he tenido ahora la oportunidad conocerlo y dar la razón a los ecologistas, de pasearlo, disfrutarlo y maravillarme de la caprichosa la naturaleza y de la erosión que en unos lugares ha creado profundas gargantas y en otras inhiestas y afiladas cuchillas rocosas. Se puede decir que Venta del Moro es punto neurálgico de este Parque natural. Su Museo municipal y Centro de Interpretación ofrecen diversas alternativas y rutas de senderismo para admirar y disfrutar de este paraje. Las actividades al aire libre y de aventura, han movilizado a las empresas de turismo activo que se han establecido en el municipio y ofrecen a colegios y particulares actividades de rafting, trekking, descenso de barrancos etc.
http://www.youtube.com/watch?v=0vp91ernzOs&feature=colike 

16 de junio de 2012

La Cena de Hermann Koch

LA CENA

Novela
Herman Koch
Salamandra 2010
Narrativa
Título original Het Diner 2009
Traducido del holandés por Marta Aguilé Bernal
284 páginas

Un hecho real, acaecido en Barcelona en 2004 en que unos jóvenes de buena familia matan a un mendigo en un cajero automático, sirve de punto de partida a este escritor holandés para hacer una radiografía de la sociedad europea contemporánea y plantear dudas y preguntas sobre la responsabilidad de los padres de la conducta de los hijos, el libro albedrío, el dilema entre ética y defensa de los intereses personales.

Extraordinario creador de personajes el escritor nos va trazando muy paulatinamente el retrato de los cuatro protagonistas principales. No podemos tomar nada por sentado, de hecho, a medida que avanza en el relato nuestra percepción de los personajes va cambiando y sólo al final de la novela tenemos elementos suficientes como para emitir nuestro propio juicio sobre la conducta de estos padres que por preservar su tranquilidad y su modo de vida, por egoísmo o por defender su carrera política, prefieren mirar para otro lado aún a sabiendas de que sus hijos son los autores de un crimen, aunque no haya indicios que los puedan delatar.

Hermann Koch va dosificando la información de manera a mantener la tensión a lo largo de las casi trescientas páginas del libro. Se sirve para ello de una estructura lineal: una cena en un restaurante de lujo en el que los dos matrimonios cuyos maridos son además hermanos, deben tomar decisiones trascendentales. Y como en los restaurantes de lujo, los platos se hacen esperar: el aperitivo, los entremeses, o los sucesivos platos o el postre son también el inicio de nuevos capítulos. La tensión se incrementa y sentimos que nos podríamos saltar algún plato para llegar antes al desenlace de la historia y saber cómo por fin se soluciona el conflicto.

En vano esperaremos las respuestas a las grandes preguntas que la historia plantea. El escritor plantea una situación pero su misión no es la de dogmatizar, filosofar o sentar cátedra. Se trata de una novela, no de un ensayo filosófico o ético. Los tópicos para la discusión surgen de la propia historia, pero el lector tiene que involucrarse y sacar sus propias conclusiones.

Una gran novela para leer y debatir en grupos de lectura o con amigos que también la hayan leído.

13 de junio de 2012

Marc Chagall en el Thyssen

 Hace unas semanas tuvimos el privilegio de poder contemplar en Madrid algunas de las mejores obras del pintor ruso judío Marc Chagalla.

A pesar de su larga trayectoria pictórica, a pesar de haber vivido casi toda su vida exiliado de su tierra natal , su pintura ha seguido siempre impregnada de ese sentimiento de pertenencia a un lugar y a una estirpe. Las alusiones al exilio, al judío errante, a la música y baile tradicionales de su Biolorusia natal , al ángel protector, al gallo de la espera y de la esperanza, al circo y a la evasión son constantes en su obra que se nos presenta a veces con tintes de naif e inocente simplicidad.

El pintor flota en el aire a menudo abrazado a su amada y mira al mundo con optimismo. No se deja agobiar por las terribles consecuencias de la guerra porque siente la inminencia de lo sagrado. Todo tiene una finalidad y un significado y confía aunque no entiende. Elige colores vívidos y sus azules constituyen la marca de agua de su pintura.

De entre las más de 160 obras que se reparten entre el Museo Thyssen y la Fundación Caja Madrid, he elegido para saborearlo el “Le cirque bleu” (el Circo azul) pintado entre 1950 y 1952 y que se exhibe actualmente en el Centre Pompidou de Paris.

Es de noche, la luna brilla en el cielo y toca el violín. La acróbata, se balancea en el vacío iluminada por el haz de un proyector que la atraviesa. La vemos a vez de frente y de perfil y en torno a ella encontramos algunos de las constantes del pintor: el pez volador que saca de algún lugar una mano para empuñar el ramo de flores que lanza a la artista, el gallo de la esperanza que se pasea sobre el muslo de la acróbata tocando el tambor y abajo, a la derecha el caballo verde ( símbolo del amor) que contempla con arrobo a la mujer. Situados en torno al eje diagonal del haz luminoso, los personajes forman un círculo de color, amarillo de la luna, rojo de la acróbata y verde del caballo. En el centro un vacío, porque todo es liviano, tan liviano y efímero como los sueños, como el amor.

Berlín

Hay ocasiones en que uno huye de las tareas pendientes no tanto por el trabajo que supone ejecutarlas sino por el miedo a no estar a la altura, o a hacerlo de forma mediocre. Después de un intenso y prolongado viaje a Berlín, son tantas las cosas que quisiera decir, tantos los impactos, las impresiones acumuladas que me está costando trabajo hacer una síntesis, condensar lo que más me ha impresionado o marcar algunos hitos más sobresalientes. De nada ha servido dejar reposar las impresiones, esperar a que las emociones más profundas afloren en la superficie de mi consciente.


A modo de pequeños apuntes de viajero quiero anotar lo que tres meses después del viaje, primero me viene a la cabeza al oír la palabra Berlín, lo que por otra parte, gracias a la Sra. Merkel y a la crisis económica está ocurriendo más de lo recomendable.

Berlín ha renacido de sus cenizas y lo ha hecho con acierto. La tarea no está terminada, basta comprobar la cantidad de grúas y obras en ejecución a lo largo de la ciudad. Pero manteniendo el concepto original de ciudad amplia y verde ha conservado todo lo que queda de su pasado histórico y ha aprovechado la oportunidad de partir de zonas de absoluta “tabla rasa” para crear conceptos urbanísticos modernos como la Postdam Platz y los edificios que la circundan que huyen de la desproporción para destacar cada uno de ellos por la modernidad y el atrevimiento de sus líneas arquitectónicas.

El pasado sigue muy presente en Berlín. Para mi gusto, demasiado presente. Los miles de turistas que visitan diariamente la ciudad parecen obsesionados por la puerta de Brandeburgo, el muro, y el bunker de Hitler. No hay que olvidar el pasado si no queremos que se repita, pero creo que se debe cambiar el énfasis. Berlín fue capital cultural europea en los primeros años del siglo XX, ha acumulado a lo largo del siglo XIX tesoros arquitectónicos de medio mundo que exhibe en sus numerosos museos, ha sido precursora del movimiento “Okupa” y de los movimientos alternativos que con sus pintadas y graffitti sensibilizaron a toda la juventud europea. Berlín debe interpretar la caída del muro no sólo en su vertiente política y de reunificación de un país dividido sino como cambio radical en la manera de enfocar la cultura y la democracia.

La Cúpula del Bundestag, linterna de cristal y acero que corona el parlamento Alemán, obra de Norman Foster, merece por si sola una visita a Berlín. Ascendemos por la rampa que circunda la pared interior de la cúpula. A través de sensores la audio guía localiza nuestra posición y nos va dando una completa información sobre los edificios y monumentos que podemos contemplar. Hacemos así una visita panorámica de la ciudad con dos vueltas de 360 grados sin obstáculo alguno. Podemos también atisbar a través del cono invertido de espejos que dan luz al edificio, el desarrollo de los debates parlamentarios. Una vez más, el lamentable estado en que quedó el parlamento, ha permitido a los alemanas combinar de manera armoniosa pasado y presente, tradición y modernidad.

En Berlín desplazarse por la ciudad en vehículo particular es un lujo innecesario. Me llama la atención la perfecta sincronización de trenes, metro y autobuses que tejen una tupida malla por la ciudad y permiten desplazarse a cualquier punto de manera rápida y eficaz. Las numerosas combinaciones de billetes turísticos de uno o varios días permiten desplazarse incluso a las ciudades circundantes de
 manera económica y veloz. Postdam y el famoso Palacio “Sanssouci” refugio de Federico el Grande, con sus jardines al estilo de Versalles o el palacio Cecilienhof en el que los Aliados firmaron el tratado de Postdam que partió y repartió Alemania entre los vencedores, está a pocos minutos en tren del centro de Berlín.
Es de noche. La cúpula Sony en Postdam Platz está iluminada y cambia del azul al verde y al granate. Acabamos de asistir a un Concierto de la Filarmónica de Berlín. El coro y la orquesta han interpretado la misa de Requiem de Fauré y nos hemos sentido durante dos horas envueltos en una atmósfera de belleza y armonía. Es hora de bajar a la realidad del día a día. Nada mejor para ello que pedir una currywurst y una cerveza y repasar en la memoria la película de estos días. De pronto me preguntan: ¿Con qué te quedas? Y me mente vuela al Neues Museum para perderme en la serena y misteriosa mirada del busto de Nefertiti.





24 de marzo de 2012

GR 99 Ruta del Ebro: Quintana Martín Galíndez a Baños de Sobrón


La meseta norte castellana estaba esa mañana de broma: amenazaba lluvia mientras el sol jugaba al escondite entre las nubes. El viento empujaba con fuerza los rastrojos, pero los gruesos muros de piedra de estos recios y casi deshabitados pueblos, ofrecían generosos rincones al abrigaño para hacer paradas y contemplar el paisaje.  El cereal verdeaba con tonalidades luminosas en los campos pedregosos y los árboles, cuajados e brotes reventones se mecían a orillas del río.  Los más madrugadores, los almendros, estaban ya de boda y su traje blanco temblaba en la brisa y con leve sonrojo cubría las ramas aún desprovsitas de hojas.

ocurrió este pasado domingo mientras recorríamos la décima etapa de la ruta del Ebro. Pueblos casi deshabitados van desfilando a ritmo de nuestro paso y a breve trecho unos de otros: Pangusión, Barcina del Barco, Mijaralengua, y como etapa final para los más lentos de entre nosotros, San Martín de Don.  En todos ellos encontramos el cartel premonitor que con letras negras sobre fondo amarillo reza: "PUNTO DE REUNIÓN, Plan de Emergencia Nucledar", y es que estamos pasando a orillas de la Central Nuclear de Sta. maría de Garoña.  Son estos carteles los que me ponen sobre aviso. Esperaba ver numerosos edificios unidos por retorcidas tuberías, grandes evaporadores cubiertos por penachos blancos; sin emabrgo, sólo se ve un gigantesco y macizo cubo de hormigón, sin aberturas, y a su lado una alta chimenea de la que apenas se desprende un hilillo de humo blanco, tan aparentemente anodinos como incongruentes en este bucólico lugar.

Llegamos a san martín de don y nos topamos con una desproporcionada iglesia parroquial y con un enorme edificio de piedra arenisca que destaca sobre el verde intenso de los pinos que recubren la cercana montaña. Se trata del convento de Clarisas de san Miguel, fundado a finales del siglo XVI. A parte de sus enormes proporciones destaca la igelsia monacal de una sola nave y lujoso retablo barroco y el sepulcro del fundador del convento, Don Juan ochoa de Salazar obispo de Calahorra y Plasencia.  Nos enteramos que en la actualidad sólo lo habitan cinco monjas ya mayores y..., contrastes de la vida, que a parte de sus rezos, se dedican a la lavandería de la central nuclear y a fabricar los "chaussons" con que cubren el calzado.

para nosotros termina aquí la caminata. Comemos en el merendero cercano al lavadero del pueblo, tomamos café en la única cantina del pueblo que pertenece a la alcaldesa, nos enteramos de la vida y costumbres del lugar y a media tarde, bajamos despacio hacia el embalse de Sobrón donde nos recogerá el autocar a pie de carretera.

1 de marzo de 2012

GR 99 Trespaderne - Quintana Martín Galíndez

Domingo nublado a ratos, claro por momentos pero siempre frío y con viento como corresponde a esta parte alta de la provincia de Burgos. Comenzamos nuestra ruta a pie de un puente románico, el de Trespaderne, y entre veredas, fresnos, chopos y matorrales seguimos el curso del río Ebro, guiándonos por el omnipresente murmullo del agua lamiendo las piedras y por el chasquido de las ramillas secas que crujen al paso de los que nos preceden. De vez en cuando, en el rumoroso silencio, estallan unas risas como burbujas de champán. No hay duda, se trata de Víctor que ha contado otro de sus chistes. A ello se une la alegría de pasar un día en plena naturaleza, disfrutando de los árboles, el agua, de la brisa y dando por bien empleado el cansancio de la marcha y el frío que corta como cuchillo cuando sopla el viento.


Empezamos a sentir menos frío cuando al cabo de cinco kilómetros avistamos Cillaperlata que abordamos cruzando por encima de las compuertas de una pequeña estación hidroeléctrica. Suenas las campanas de las doce y en ese momento el sol dora la torre de la iglesia y las casas de piedra de la calle Mayor. Pero no hay un alma por la calle. Nunca me acostumbro al silencio de los pueblos los domingos por la mañana. Unos kilómetros más adelante llegamos a Quintanaseca. Estamos ya en el municipio de Frías, que empieza a perfilarse en el horizonte arracimado en lo alto de una peña como barco escorado cuya proa fuera la iglesia y la popa el desafiante torreón de su castillo.

Aprovechamos para hacer un alto y comer el bocadillo. Buscamos refugio bajo los soportales del ayuntamiento o al abrigaño de cualquier muro pero no hace un día para largas tertulias, pronto buscamos el calor de los bares del pueblo, tomamos un café y emprendemos la marcha. Volvemos a nuestro río por uno de los puentes más bonitos de España. El puente románico de Frías, con su torreón en medio del puente, vestigio de una época en que las arcas de la ciudad se veían enriquecidas con el “puentazgo” que debía pagar todo viajero que quisiera cruzar el río a pie enjuto. Merece la pena contemplarlo a esta hora de la tarde. El sol acaricia el ocre amarillento de sus pilares sigue el contorno de sus arcos ojivales y extiende su mirada sobre el valle de Tobalina cuyos campos empiezan a verdear tímidamente tan lejos aún de la primavera.

El camino a orillas del Ebro hasta Montejo de San Miguel es una auténtica delicia. Además de estar perfectamente señalizado es una completa lección de flora fluvial. Paneles indicativos y rótulos plateados señalan e identifican las principales especies y el río, permanente compañero, parece acompasar el paso con nuestro incipiente cansancio. Pero ya le hemos ganado la partida a esta etapa. El camino se aparta del río y se ensancha. Nos agrupamos y engañamos las piernas con animada conversación. Casi de improviso llegamos a las primeras casas de Quintana Martín Galíndez, y sin ponernos de acuerdo invadimos el único bar del pueblo que a esta hora está abierto. Son las cinco y media de la tarde y hemos cubierto la novena etapa de la ruta del Ebro

3 de febrero de 2012

Los Descendientes

Los descendientes ( The Descendents)
USA 2011
Dirección: Alexander Payne
Duración: 110 minutos

No es fácil hacer la reseña de esta película sin revelar parte de la trama, pero no quiero aguar la fiesta a nadie por lo que me limitaré a explicar por qué, sin ser una película inolvidable, es sin embargo una película interesante que merece la pena ver acompañado para, a la salida comentar alguno de los episodios.

En primer lugar el elenco de actores es estupendo, y no me refiero sólo a George Clooney que se mueve como pez en el agua en ese ambiente de drama con toques de comedia, que sabe reflejar en su rostro, la perplejidad, la ira, el desconcierto, pero también la comprensión, el perdón y el amor. Me ha llamado la atención la jovencísima Shailene Woodley que interpreta a la hija, Alexandra, y que siente como nadie el desconcierto y enfado de una adolescente defraudada que abandona el idealismo y se debate, desgarrada, entre el dolor de la pérdida y la indignación de la injusticia.

Por otra parte, la película plantea temas que no están en consonancia con en el marco paradisíaco de las islas Hawai, y todas las tópicos de exuberancia, camisas floreadas, playas doradas, mansiones de ensueño y cielos pintados de azul cobalto. En efecto, casi desde las primeras tomas nos enfrentamos a temas como la educación, la autoridad parental, el equilibrio entre trabajo y familia, la muerte digna, el amor y el perdón. Sin discursos, sin forzar las situaciones, es la propia trama de la historia la que nos enfrenta a situaciones en las que, identificándonos con los personajes, nos gustaría poder decidir, y sobre todo tener la oportunidad de comentar. Por eso mi sugerencia de verla acompañado.

Como concesión a la novela de la hawaiana Kaui Hart Hemmings, que ha inspirado la película, se ha introducido una sub-trama relativa a la conservación de la naturaleza, el patrimonio y las herencias, que no aportan gran cosa a la trama principal pero que dan pie a imágenes de arrebatadora belleza.

Finalmente, me ha gustado la dirección de Alexander Payne, que después de un prolongado silencio tras sus recomendables películas “A propósito de Schmidt” y “Entre Copas” vuelve a sorprendernos con este largometraje en el que destaco sobre todo su capacidad para dirigir autores, el ritmo que imprime al relato y su capacidad para transmitir a través de los silencios y de los planos las contradicciones de nuestros sentimientos y la imperfección de los seres humanos.

30 de enero de 2012

Realismo Sucio: José Emilio Pacheco













Realismo sucio del despertador,
su irrupción malsonante
en el abismo lírico del sueño.

Bomba de precisión el feroz reloj
que vuela en mil pedazos el video intimísimo,
filmado noche a noche por nuestro inconsciente dramático,
máquina de narrar extrañas ficciones,
siempre al alcance involuntario de todos.

Nunca sabré cómo iba a terminar esa historia onírica.
Hicimos una cita y se quedó sin desenlace
por culpa del despertador que no se apiada de nadie,
Por obra del estallido del deber y de la realidad,
gran enemiga de los sueños.

José Emilio Pacheco
Como Lluvia (2001-2008)

20 de enero de 2012

El misterio de la ventana

Viajábamos de Madrid a Salamanca. De pronto una casa de piedra en pleno páramo nos llama la atención. La construyeron probablemente mucho antes de que por allí, alguien, un día, decidiera que pasase la carretera.

La casa parece abandonada. El revocado de la pared se cae a trozos, y deja al descubierto los cantos rodados utilizados en la construcción. La humedad y las filtraciones ennegrecen las paredes y en algunos sitios aparecen manchas musgosas. En medio de la pared el vano de una ventana y más allá la oscuridad. Se trata sin duda de una casa abandonada pero entonces, ¿cómo explicar la maceta florida en la ventana? ¿Quién la puso? ¿Quién la riega? Paro el coche y nos acercamos . Rodeamos la casa y no vemos señal de vida. En medio de tanto abandono, los geranios en el alféizar ponen su nota de alegría.

Han pasado los años. Me distraigo y ejercito pintado un cuadro que de inmediato me recuerda aquel momento. Con cada pincelada intento acercarme al modelo propuesto, pero sobre todo intento capturar el instante aquel en que supimos hacer un alto durante un viaje de negocios y pararnos a contemplar la serena belleza de una ruina en la que inexplicablemente destacaba un geranio en flor.

14 de enero de 2012

Modernismo, "Art Nouveau", Secesión

Nada más erróneo que querer circunscribir este movimiento a una disciplina, una escuela o una región concreta. En efecto, la indeterminación es una de sus características, se ha llamado de diversas formas (art nouveau, modernismo, art déco cuando se refiere específicamente a objetos, secesión, etc.) y se inscribe dentro de la corriente de rebelión, reforma y libertad que sacudió a Europa a finales del siglo XIX y originó una fuerte reacción en contra de los estilos artísticos dominantes, particularmente aquellos practicados en las Escuelas, sancionados en los Salones o consagrados por la Arquitectura Oficial del momento.

No hay por otra parte manifiesto alguno o programa suscritos por los adherentes a este movimiento que abarca manifestaciones y disciplinas diferentes o incluso prioridades divergentes según las personas o países en los que se originan. Lo que todas estas diversas corrientes tienen en común, es la necesidad de probar algo nuevo, algo que rompa con el estilo tradicional en un ambiente de exacerbada libertad  y en la que el arte sea lo que verdaderamente importe.
Un primer rasgo  de esta corriente consiste en la decisión de abolir cualquier distinción entre Arte con mayúsculas y artes menores. Para estos artistas lo esencial es que el nuevo arte afecte a la vida de la gente,  no sólo a unos costosos cuadros colgados en las paredes de los ricos, sino también a los objetos de la vida cotidiana: casa, mobiliario, vasos, tazas, anuncios: todo, desde el pomo de una puerta hasta la farola de la calle o la barandilla de una escalera. El empeño en combinar belleza y utilidad se encuentra siempre en el centro del mensaje social de este nuevo estilo.

Uno de sus principios formales de inspiración reside en la naturaleza como fuente inagotable de ideas de diseño; especialmente en su flora y fauna y en el desarrollo de sus líneas fluctuantes y asimétricas. Para algunos de sus representantes el énfasis en la ornamentación lineal tiene un contenido simbólico que perciben como una metáfora visual cargada de energía espiritual y de significado. Estos partidarios del Art Nouveau, imbuidos de la importancia política y social del arte, ponen un enorme énfasis en las posibilidades de renovación espiritual y de ahí que, para muchos de ellos, deje de ser un estilo y se convierta en un modo de vida.

Por otra parte el énfasis en los diseños dinámicos de líneas y formas naturales conducen unas veces hacia un arte de naturaleza abstracta y simbólica, otras hacia un arte muy floral y orgánico (especialmente en Francia), a un arte lineal y bidimensional o incluso en ocasiones a un arte geométrico y constructivo. Así pues bajo una misma etiqueta encontramos una enorme variedad de diferentes manifestaciones de este movimiento. A modo de ejemplo, en mobiliario o cristalería, el “Art Nouveau” puede abarcar desde diseños muy elaborados y deliberadamente florales hasta formas geométricas mucho más austeras sin referencia alguna a las sinuosidades de la naturaleza; y en arquitectura el “Art Nouveau” incluye cualquier cosa desde los diseños dinámicos y sorprendentes de Antonio Gaudi hasta los más austeros edificios de estilo secesionista de Jan Kotera en Praga.

El énfasis en el enérgico y dinámico modulado de las líneas fue promovido igualmente por el resurgimiento del interés por el arte celta y la pasión que se extendió en toda Europa por el arte japonés particularmente en sus elementos decorativos, su exotismo y su concepto del espacio.

Las diversas tendencias existentes en el “Art Nouveau” quedan igualmente reflejadas en la manera de pintar a la mujer. La imagen común, utilizada particularmente por Mucha, es la de una mujer como foco central de un intricado diseño lineal que convierte su rostro o figura femenina en parte del diseño del que deriva su fuerza e intensidad. Se percibe en ellas un sentido de autoconfianza, de apasionamiento y de poder. La energía latente en el diseño sirve para cargarlas de una inquietante  independencia.

12 de enero de 2012

"L'Evéil du Matin" de Alfons Mucha

Faltaban menos de dos semanas para que Sarah Bernhardt, la diosa de la danza del momento, estrenara en Paris su obra Gismonda. El gerente de la imprenta Lemercier, que acababa de recibir el encargo de preparar los carteles argumentaba ante tanta inmediatez la imposibilidad de cumplir con la tarea. El joven Alfons Maria Mucha que se encontraba en la imprenta en ese momento, se ofreció en el acto para pintar el cartel. El impresor, a la desesperada aceptó el ofrecimiento y pocos días más tarde Mucha le presentó un cartel estrecho y largo, de tonos malva, rosa, verde, marrón y dorado en el que el pintor esbozaba a la divina Sarah con flores en el pelo, mangas amplias y una palmera aureolando su cabeza. Ante el asombro de todos, Sarah Bernhardt quedó encantada y ofreció a Mucha un contrato de exclusividad por seis años.


Este cartel y los siguientes que Alfons Mucha preparó para el Teatro del Renacimiento hicieron furor y popularizaron el nombre de este pintor nacido en Ivancice, en Moravia del Sur, por entonces aún parte del Imperio Austro-Húngaro, quien, tras un breve paso por Viena, había llegado a París para estudiar en la Académie Julian. Aunque compartió durante un corto período de tiempo taller con Gauguin y a pesar que en esos últimos años del siglo XIX París era un hervidero de escuelas y tendencias, Mucha no simpatizó ni con impresionistas, ni con fauvistas, o puntillistas. Se mantuvo fiel a su propio e inconfundible estilo que a falta mejor comparativo, se dio en llamar “estilo Mucha”.
Con ese estilo Mucha produjo una gran cantidad de cuadros , pósters, carteles e ilustraciones y participó en el diseño de joyería, dibujos para textiles, y diversos elementos de decoración siguiendo ana tendencia que vino a llamarse “Art Nouveau”.

Como todas las modas el estilo Mucha fue perdiendo el fervor del público. Sin embargo algunas de sus litografías mantuvieron siempre una gran popularidad que se acrecentó con la puesta en valor del llamado “Art Noveau” a finales de los años sesenta. Entre las litografías más representadas se encuentras las series que ilustran las horas del día, las estaciones del año o las piedras preciosas.

Analizando detenidamente las ilustraciones y pósters de Mucha podemos percibir la razón de que su obra se hiciera tan popular. Arraigado profundamente en la tradición folklórica de su país de origen, su estilo es accesible y fácilmente comprensible incluso para el observador menos ilustrado. El diseño combina líneas dinámicas con patrones geométricos en los que el impacto de las figuras se refuerza por la manera en que emergen o se funden con el dibujo. Los colores generalmente quedan poco subrayados resaltando así el trazado lineal y la harmonía que se establece entre este trazado y la figura humana, que evoca casi siempre mujeres o jóvenes en una atmósfera llena de energía sexual no tanto por la representación en sí misma como por la exuberancia, autoconfianza y salud que parecen disfrutar y que las despoja de cualquier atisbo de malicia. Líneas ondulantes, y ornamentación floral acompañan siempre a las figuras que parecen nimbadas con un halo de sensual serenidad.

No es pues sorprendente que estas litografías tuvieran tanto éxito y atrajeran el interés de un público urbano especialmente en una época en que se estaba desarrollando el fervor romántico por la naturaleza.

2 de enero de 2012

Laura Freixas : Los otros son más felices

LOS OTROS SON MÁS FELICES

Novela
Laura Freixas
Ediciones Destino 2011
Áncora y Delfín 1220
255 páginas


La hierba en el jardín del vecino siempre nos parece más verde que la del nuestro propio y es que solemos ver la felicidad ajena como un compendio bienes, de situaciones o de relaciones de las que nosotros carecemos.

Este parece ser el hilo conductor de “Los otros son más felices” novela con la que Laura Freixas se adentra de forma magistral en la toma de conciencia de la propia individualidad, en los cambios que se producen los años sesenta y setenta en la familia tradicional española, en las relaciones entre diferentes clases sociales, y en la siempre complicada relación de madres e hijas.


La novela está narrada en primera persona, y hay que subrayar la palabra “narrada” porque efectivamente nada más convincente que los titubeos, las vueltas atrás, las respuestas aplazadas con las que la narradora va desgranando sus recuerdos como si contestara a una interlocutora cuyas preguntas el lector no llega a escuchar.


La narradora, Áurea evoca la época aquel verano de sus 15 años en que sale de casa por primera vez para pasar unas vacaciones en la Tramontana en casa de unos parientes “ricos”. La adolescente queda deslumbrada por esa otra forma de vida, alegre, desenfadada, despreocupada y feliz. Admira y envidia sobre todo, el arte, el buen gusto, el refinamiento las maneras de sus parientes y sobre todo de su lejana prima. Sin embargo las cosas no siempre son lo que parecen y aunque la experiencia servirá a la joven para salir del cascarón y empezar a pensar la vida por su cuenta y enjuiciar las verdades y mentiras de su madre, y las falsas relaciones de sus padres bajo un nuevo prisma.


Pero el arte de Laura Freixas, precisamente reside en que esas cosas se van desvelando progresivamente como si la narradora estuviera esperando a que pudiéramos abarcar con una mejor perspectiva todos los elementos de la historia.


En efecto, aunque el núcleo de la historia transcurre durante la transición española, la narradora antes de esta conversación transcrita ha tenido la oportunidad de encontrarse varias veces con algunos de los protagonistas de aquella época redondeando así la información sometida al prisma del tiempo, de los acontecimientos y de los propios protagonistas.


En resumen, una novela escrita con un lenguaje sencillo pero muy potente, que parece proponer la necesaria e irremediable separación del entorno familiar que nos capacita para entendernos a nosotros mismos y entender la vida no como nos la cuentan sino como nosotros mismos la vivimos.

…Sí, es verdad que era un poco lo mismo, que a mi padre le pasaba como a mí, nunca terminábamos de corresponder a lo que ella esperaba de nosotros. Es que yo creo que mi madre, más que querernos, nos necesitaba. Ella decía que sólo pensaba en servirnos, que vivía para nosotros, pero en realidad, ahora que lo pienso…Nos servía en cosas que quizá nosotros, mi padre y yo, no queríamos, yo no tenía especial interés en ir limpísima y planchadísima, yo no quería que se pasara horas dándole a la máquina de coser para hacerme vestiditos con punto de abeja en la pechera, yo.,., yo no sé muy bien qué quería, pero no era eso. Es como si ella hubiera establecido los términos de un pacto: ella nos servía guisando y limpiando, y a cambio, nosotros teníamos que hacer, que ser, lo que ella quería que fuéramos. Y a nosotros nos dejaba más alternativa que obedecer, plegarnos a ese pacto que no habíamos elegido, o ser, él un marido traidor, yo una mala hija: unos ingratos.

31 de diciembre de 2011

Letanía de agradecimientos

Hace un año, por estas mismas fechas, resumía el año transcurrido en una letanía de agradecimientos por personas, vivencias, paisajes, oportunidades que me fueron brindadas seguramente sin merecerlas. El gesto puede parecer arrogante, pero nada más alejado de mi pensamiento que la vanidad. Aunque el año ha quedado jalonado de intervenciones médicas, pruebas, diagnósticos , y otras vicisitudes quiero sobre todo abarcar el año transcurrido en positivo pero sin nostalgia, deseoso de seguir adelante en mi peregrinar pero consciente de que no se trata de un peregrinar en solitario, que personas que me quieren o que me ofrecen su amistad caminan a mi lado.


     - En el Camino de Santiago del Norte, desde Bilbao a Llanes y con el propósito de seguir el año próximo.
       - Por las sendas y trochas del Alto Tajo recorriendo los susurrantes y otoñales orillas del río que se hace
       - Disfrutando en la Alta Montaña y de paisajes infinitos en el Parque Nacional de Somiedo.
       - Caminando por las recortadas, resecas y sin embargo floridas costas sendas del Parque Nacional de Sierra de Gata durante esta primavera.
       - Conociendo Archena y sus templadas aguas al tiempo que caminaba en compañía por el valle de Ricote en la provincia de Murcia.
       - Recorriendo, cercana y desconocida, la Rioja y lugares tan entrañables como San Millán de la Cogolla, Monasterio de Cañas, Ezcaray o La Guardia.
       - Praga revisitada, ha sido desde luego un hito que ha marcado todo el año. Disfruté de la compañía, disfruté de las exposiciones de pìntura, de los monumentos pero sobre todo de la música de la Opera .

Recojo estos momentos especiales sin olvidar las gratificantes sesiones de pintura, de yoga o de gimnasia, ni los interesantes intercambios de opinión en el club de lectura o en el taller de escritura de mi precioso pueblo de adopción. Los días se van cargando de sentido, de propósito y de determinación y cuando las fuerzas flanquean recordar los momentos más destacados me animan a seguir adelante con un renovado agradecimiento a todos los que caminan a mi lado.

29 de diciembre de 2011

Bautismo del Aire

Sus uñas, mal perfiladas y torpemente esmaltadas de color teja se hincaban cada vez con más fuerza en mi brazo desnudo. Yo le sonreía y trataba de calmar su incipiente nerviosismo. Pensé en el valor sobrehumano de aquella mujer, y en comparación, el dolor producido por sus arañazos me pareció una nimiedad sin consecuencias. No me costó ponerme en su lugar y sentir algo de su congoja.


Había abordado el avión de Iberia con destino a Madrid que me devolvía, aquel caluroso sábado veraniego, de vuelta a casa después de una semana de trabajo en Sevilla. Acomodado en un asiento de pasillo, iba mirando los viajeros que entraban al avión y echaba suertes sobre quién acabaría sentado a mi lado. Cuando la vi parada en el pasillo, con aquella ropa desparejada y un peinado excesivo, jadeante, la mirada perdida, los brazos cargados de bultos mientras intentaba descifrar la tarjeta de embarque, que sostenía en la mano, supe sin lugar a dudas que sería mi compañera de viaje. En efecto, una azafata, al comprobar el atasco que se estaba produciendo vino en su ayuda y con exquisita amabilidad le indicó el asiento de ventanilla a mi izquierda.

La ayudé a colocar los bultos y ese gesto bastó para que se abrieran las compuertas de aquel torrente de excitación, y pánico muy exteriorizado que la ahogaba.

- Perdone, ¿usted ha volado más veces? Me preguntó entre jadeos mientras se acomodaba en el asiento

- Mire, por suerte o por desgracia lo hago todas las semanas.

- Ay, ¡qué bien! Así me dirá usted lo que tengo que hacer. Es que es la primera vez que subo a un avión ¿Sabe?

- ¿Va a Madrid?

- sí, mire, primero voy a Madrid, y desde Madrid voy a Alemania, a un pueblo que se llama… que se llama…, déjeme que lo mire, que lo llevo apuntado en un papel. Mi marido, Joaquín, me ha enviado los billetes.

- Ah, ¡entonces va a reunirse con su marido! ¿Se quedará mucho tiempo?

- No, el hotel es muy caro y no podemos gastar tanto dinero. Estamos ahorrando para hacernos una casa en Dos Hermanas. Mi marido trabaja en una fábrica y vive con otros compañeros en un barracón, pero mientras esté yo allí iremos a un hotel. Es que hace casi dos años que no nos vemos, ¿sabe?

- Pues nada, Señora, me alegro mucho de que pueda ver a su marido. y no se preocupe. El avión es muy cómodo y en un momento estaremos en Madrid. Al llegar no se olvide de preguntar a alguien del aeropuerto como encontrar el avión que la llevará a Dusseldorf.

Mis palabras parecieron tranquilizarla un poco, pero la cháchara con la que intentaba sosegar su ánimo se desbarató cuando el avión enfiló la pista y aceleró para despegar. Se asió fuertemente al reposabrazos, luego al respaldo del asiento delantero, pero le pareció poco seguro. Sus manos se aferraron entonces a mi brazo, hundió la cabeza en mi hombro e imploró:

- ¡Perdone!, ¡cuántas molestias le estoy dando! ¡que pensara de mi!, ¡Dios mío qué vergüenza… ¡Pero tengo tanto miedo…!.

- Tranquila Señora, ¿ve? ya estamos en el aire. Mire por la ventanilla, mire ahí abajo, ¡qué pequeña se ve Sevilla!

- ¡Ay no! No le parezca mal pero prefiero ir con los ojos cerrados agarrada usted y pensando que es mi Joaquín.

- Pues muy bien señora, seré su Joaquín todo el tiempo que usted quiera.

Aunque el vuelo fue relativamente tranquilo, podía sentir cada sacudida, cada cambio de ritmo de los motores, cada ligero vaivén, cada inclinación de las alas por la fuerza con la que sus uñas se hundían en mi brazo. Afortunadamente una hora pasa rápido y a pesar de lo embarazoso de la situación, me sentía entre divertido y apenado imaginando el torbellino de vergüenza, impotencia y pánico de aquella mujer y su valentía a pesar de todo, para aventurarse en aquel viaje tan lleno de escollos para ella, como para un conquistador el descubrimiento de un nuevo continente.

No se enteró de que aterrizábamos, hasta que las ruedas del avión tocaron pista, pero entonces dio un grito:

- ¿Qué pasa? ¿De qué es ese ruido? Parece que nos vamos a estrellar.

- No, ni mucho menos. ya hemos llegado a Madrid. El avión está en tierra.

Me miró con un suspiro de alivio. Vi entonces por primera vez sus profundos ojos negros que había mantenido cerrados durante todo el trayecto. La ayudé a desembarcar y aquel día lamenté interrumpir tan pronto mi viaje. Me hubiera gustado acompañarla hasta Alemania

- Muchísimas gracias por su ayuda. Ha sido usted muy bueno y paciente..

- De nada, Señora, todos hemos sentido algo de miedo la primera vez. Espero que encuentre bien a su marido y que pasen unos días felices en Dusseldorf.

La dejé en manos de una azafata de tierra y me encaminé hacia la recogida de equipajes. Una línea de ocho marcas profundas festoneaba mi brazo. Mi preocupación ahora era inventar rápidamente una historia creíble para explicar ese extraño tatuaje.

24 de diciembre de 2011

Feliz Navidad


Queridos amigos seguidores de este blog

Lo propio en esta fecha sería incrustar una imagen con abetos nevados, renos y campanillas o bien una imagen sacra recordando el Misterio:  haría así lo que se espera de mí.

El corazón sin embargo me pide otra cosa: una madre, con un niño en brazos, que no pudiendo pagar la hipoteca ve como sus cosas, escasas posesiones, se van amontonando en la acera. O quizá una pequeña hoguera encendida en una habitación ametrallada de esa casa reventada de Trípoli, en la que tres soldados calientan un té. O mejor quizá esa cooperante de Médicos sin Fronteras que en Somalia ayuda a una desnutrida y exangüe parturienta. Pero no, eso tampoco va con mi estilo y aunque las imágenes me laceren intento sobreponerme y creer en nuevos horizontes.

Por fin vence la sobriedad, la sencilla belleza de unas flores que se ofrecían por igual a todos los que pasaban por aquel camino del valle de Ricote. Una flores que no distinguen entre ricos y pobres, entre afligidos y exultantes, entre vencedores y vencidos. Flores que son un símbolo de sencillez, de confianza, sabiendo que tienen que cubrir un ciclo de vida siendo lo que son: hermosas y ofrecidas.

Con ellas, para todos, con sencillez, Feliz Navidad

3 de diciembre de 2011

Uno más entre nosotros

-¡Taxi, taxi!

Jadeando, la maleta en una mano y gabardina en el brazo, salí a la caza desesperada de un taxi. Mi vuelo a Bruselas salía en una hora y me encontraba aún en plena Castellana.

Afortunadamente mi plegaria secreta fue escuchada. Un taxi reluciente frenó a mi lado. El conductor bajó la ventanilla y me preguntó:

- ¿A dónde vamos caballero?

- Al aeropuerto, T4 y luego a Bruselas si logra el milagro de que llegue a tiempo.

- No hago milagros, pero suba y no se apure, el tráfico despejará pasada Plaza Castilla.

Sin apearse, el taxista abrió desde dentro el maletero. Dejé la maleta y subí rápidamente al coche. Con serenidad, el taxi arrancó y aunque nada se podía hacer para apresurar la marcha, por primera vez, me sentí esperanzado. En efecto, pasado el túnel de plaza Castilla el tráfico se volvió más fluido. Entonces el conductor me preguntó:

- ¿Va por muchos días?

- No, sólo hasta el viernes.

- ¡Ah! Menos mal porque en vísperas de Reyes, si tiene hijos, tiene que ser duro salir de viaje, para ellos, pero quizá aún más para usted.

Afortunadamente volvería a tiempo para llevar a Claudia a la Cabalgata de Reyes. El taxi circulaba ahora veloz por la M 40 y casi sin darme cuenta, estábamos frente a la T 4. Eran las 10:45. Faltaban 35 minutos para la hora de salida. El taxista, abrió de nuevo el maletero sin apearse, se volvió sonriente y me deseó mucha suerte. Quise estrecharle la mano al tiempo que pagaba la carrera. Sólo entonces, descubrí que le faltaba el brazo izquierdo, y que el derecho terminaba en una prótesis que hacía las veces de mano. No pude refrenarme, estreché aquella mano metálica y la sentí muy cálida, una más de las que estrecharía ese día.