19 de mayo de 2014

Unas vacaciones muy saboreadas


Una de las muchas cosas que perdemos al jubilarnos es el sabor de  las vacaciones. No tener que poner nunca más  el despertador, llegar a la hora,  fichar o firmar un registro, acaba convirtiéndose en una rutina,  agradable pero monótona, que hace que  echemos de menos esas mañanas en que dejamos que suene el despertador sin hacerle caso, que apreciemos esas sobremesas que se prolongan porque no hay que correr de vuelta al trabajo, o que alarguemos la tertulia de amigos  porque al día siguiente no hay que madrugar.

Había perdido las costumbre de ese tipo de vacaciones  y disfrutar   de dos meses de descanso  entre cursos escolares como voluntario en Tailandia, me ha hecho disfrutar como nunca de ese largo descanso. Tomando la revancha  de un año entero sin asir el volante,   viajé en coche a Altea   para pasar 15 deliciosos y breves días de descaso.  Me he movido igualmente en coche por Madrid, León ,Burgos  y Asturias y he saboreado el  placer de la libertad, la familia, la amistad, y la contemplación de paisajes singulares.

Pero las vacaciones se han terminado y me encuentro de nuevo en  Sangklaburi  al inicio de este nuevo curso escolar 2557-2558.  De entrada  vuelvo a ser consciente del calor aplastante,  del vaho que empaña las gafas cuando dejo el aire acondicionado del coche,   o del sudor  que empapa la camisa  al poco rato de salir a la calle. Me habituaré a esos pequeños inconvenientes como me habituaré a los mosquitos,  a comer sin pan o a dormir sobre una estera  tendida  encima de un somier de madera.

Eso no ha cambiado, la sonrisa y el cariño de los niños tampoco.  Hoy lunes me tocaba dar clase en la Escuela de Bambú, y  han tenido el bonito detalle de invitarme a plantar un árbol en el jardín para recordar mi etapa de voluntariado.  El gesto me ha conmovido. Es sólo un gesto ciertamente, pero  que llega muy hondo  y multiplica el deseo de hacer todo  cuanto esté a mi alcance para  estar disponible, ayudar, enseñar, cantar, reír y jugar con los niños y de paso sentirme yo también un poquito más joven.


Los Monzones se estaban haciendo de rogar,  los pozos están casi secos y la gente se impacienta por la falta de lluvia.  Hoy por fin ha roto a llover con intensidad  y esta vez el agua  que cae sobre todos los tejados del colegio es canalizada hacia los algibes y cisternas que rodean los edificios.   Pronto, el agua del pozo, tras su filtrado, será utilizada sólo en la cocina y para beber. Nos ducharemos con agua de lluvia  que servirá igualmente para todas las demás tareas domésticas.


Mientras tanto los Camisas Rojas y los Camisas Amarillas siguen protestando y manifestándose en la calle, y creando problemas en la capital. El país lleva más de seis meses con un gobierno provisional  y las cifras de la Economía hacen presagiar malos momentos para este maravilloso país.  Esperemos que los disturbios no asusten de paso a los turistas que junto con las exportaciones son el motor de desarrollo y de empleo  de Tailandia. 

2 comentarios:

Carmen Moreno Martínez dijo...

Muy buenas merecidas vacaciones!!! Que la ardua tarea del voluntariado te llene el espíritu de felicidad.
Un abrazo
Carmen, desde Suances

José Núñez de Cela dijo...

Espero que hayas disfrutado tus días en Altea (y todos los demás).

Saludos desde aquí "al lado"