9 de febrero de 2008

Dinamarca

Una sola imagen, por encima de todas las imágenes que se han ido acumulando a lo largo de mis sucesivas visitas a Dinamarca: el silencio del mar, las olas congeladas y a lo lejos un barco rompehielos abriéndose camino.

Sé que es injusto. Dinamarca no es sólo eso. Ni tan siquiera es lo más importante, pero no puedo escapar al impacto que produjo en mi ese silencioso panorama y Dinamarca, país de palacios, de cálidos interiores, de velas encendidas, de cuentos de Hans Christian Andersen y de una Sirenita varada a orilla del puerto, es siempre y en primer lugar esa imagen impactante.
Había llegado por la tarde a Copenhague y enlazado directamente hacia Aarhus donde al día siguiente visitaría a un cliente. Llegué tarde al hotel por lo que me acosté de inmediato no sin antes echar un vistazo por la ventana. Observé entonces que el hotel estaba a orilla del mar y que a pesar de que las ventanas estuvieran cerradas se oía en sordina el rumor de las olas contra el embarcadero. El cansancio, pero quizá también ese suave y consistente ronroneo del mar hizo que me durmiera enseguida. Con el mar aún batiendo en mi mente me desperté por la mañana y descorrí las pesadas cortinas para contemplar el mar…. Por increíble que parezca estaba totalmente helado y se apercibía claramente la undulación paralizada de las olas. No es fácil describir la impresión. El mar que siempre me había parecido hecho de música y movimiento, aquí en Dinamarca se transformó en la más absoluta inmovilidad y el más acongojante silencio. Desde la ventanilla del avión que me devolvía a Copenhague por la tarde vi cómo el avión era rociado por completo con líquido anticongelante para evitar la acumulación de hielo en las alas, y comprendí de manera difusa, y por contraposición, cómo se vivían en los países fríos.

Las bajas temperaturas, el viento, el hielo, hace que los daneses pasen buena parte de su tiempo encerrados en casa y por consiguiente la decoran y amueblan con exquisita minuciosidad. Además de funcionales, cada utensilio de cocina, cada silla, cada mueble es una obra de diseño y el gusto danés se ha ido imponiendo en toda Europa como sinónimo de sobriedad y estilo. Siempre me he sentido a cómodo en los hogares daneses. Generalmente los negocios se hacen en la oficina y los agasajos en el restaurante, pero si un danés te abre la puerta de su casa puedes estar seguro de que antes te ha abierto su corazón. Y te sientes como en casa. Las comidas son frugales, a veces espartanas, los encurtidos, sobre todo de pescado, chirrían en el estómago, pero la cerveza es buena, los postres deliciosos, y los schnapps aromatizados al finalizar la comida te sumen en ese agradable sopor en el que cada palabra, cada elemento de decoración va tomando amplitud y parece que queda incrustados en tu imaginación.

Ambiente cálido en las casas, frío gélido en las calles, cerveza y schnapps para combatirlo y alguno de esos pubs cercanos al puerto de Copenhague para alternar con desconocidas, reír mucho, hablar poco y dejar que te cuenten al oído lo mucho que disfrutaron de aquellas vacaciones en Mallorca o del último fin de semana en Marbella. Pero a la mañana siguiente aquella danesita de anoche, como diligente colegiala se sube a la bicicleta y se suma a los miles de personas que se desplazan al trabajo pedaleando. Las sirenitas han regresado a sus grutas marinas y frente a mi me vuelvo a encontrar con eficientes, políglotas y sonrientes ejecutivas. Ya no se habla de España sino de productos opoterápicos, de entregas, de precios, del desarrollo de la insulina sintética y de su posible impacto sobre la industria local.

Dinamarca es como un puño semicerrado que mostrara dos dedos en alto y jugaran con sus dos islas principales, pero desde hace unos años, el viajero ya no tiene que pensar en ferris para recorrerla casi por completo. Una combinación de puentes y túneles bajo el mar hacen posible el recorrido en automóvil y desde el año 2000 Copenhague está igualmente unida por carretera a Suecia. Sin embargo, salvo la obligada visita al famoso castillo de Helsingor para no desairar a Hamlet, he preferido siempre permanecer en Copenhague y visitar la Sirenita, perderme por Stroget, probablemente la calle peatonal más larga de Europa con sus joyerías, sus tiendas de diseño, y de decoración, sus bares, sus tiendas de moda, sus papelerías. Nunca he sido capaz de recorrerla y volver al hotel con las manos vacías: un salero de Georg Jensen, una piedra semipreciosa engarzada en un anillo de plata, o la estatuilla en terracota de una campesina danesa son algunos de los pequeños tesoros recogidos en esos viajes.

Cada uno de mis sucesivos viajes a Dinamarca se asemeja a los diferentes pases de la hoja en una impresión a cuatricromía. Cada pase del fotolito, imprime un color que se mezcla con el anterior. Cada viaje recoge matices que se funden con impresiones anteriores. Al final, después de los cuatro pases la pancarta, el cartel o el dibujo tiene su color definitivo, bastante parecido a la realidad. La suma de viajes también ha ido poniendo notas de color, pequeños detalles, rasgos diminutos que conforman un todo, y hacen que al mencionar Dinamarca se dibuje en mi mente un país probablemente diferente a como lo perciben los propios del país, los turistas accidentales, o los reporteros profesionales. Para mí, Dinamarca supondrá siempre, tecnología, agricultura, frugalidad, orden, limpieza, diseño, buen gusto mar, sirenas rubias, cerveza y recubriendo todo ello una ola gigante como la que Hokusai vio en la Costa de Kanagama.

12 comentarios:

Paquita dijo...

Un relato soberbio.
Sigo pensando que eres uno de los seres mas afortunados que conozco.
Un beso

Willow dijo...

¡Es genial! e increible pero cierto. Recuerdo que, por su hospitalidad, los llaman "los latinos del norte". Me ha gustado mucho y me ha hecho recordar a mis buenos amigos daneses y los buenos momentos pasados allí. Gracias, Fede, un beso.

Consuelo Labrado dijo...

Da gusto entrar en tu blog y viajar a través de tus palabras, gracias Federico por estos momentos mágicos que nos brindan tus maravillosos posts. Un beso

Elena dijo...

Un post maravilloso, Fede. No conozco Dinamarca, y espero poder hacerlo pronto, porque tu relato me ha hecho soñar con descubrir ese país mágico. Casi he podido verme allí, junto a la sirenita, oteando el mar helado que tan bien has descrito. Gracias por esta entrada, me ha encantado.

Y gracias también por distinguirme con ese premio, me siento halagada. Lo vi el otro día pero no pude dejarte ningún comentario. Veo que tu blog va viento en popa, acumulando premios y visitas, más que merecidos.

Un saludo

Idella Esteve dijo...

Yo, que necesito de la calidez, me siento inclinada hacia otros paises, el frío me angustia, me deprime. Pero, amigo, siempre, siempre, tus relatos de viajes hacen que quiera conocer esos lugares que describes incluso sabiendo que yo no tendría acceso a esa calidez interior de los hogares, que sólo sabría lo que un turista puede ver llevado de la mano de de las instrucciones frías de un guía. Creo que para mí, de todos modos, será más gratificante quedarme con, asumir, esa sensación que tú transmites, junto con el calor humano de esos hogares fuera del alcance de cualquier turista.
Creo que me enrollé.
Gracias, Fede, por acercarme Dinamarca a mis puertas.
Un beso.

Isabel

PABLO LABRADO dijo...

Sin moverse de casa, leyendo los relatos de tus viajes se siente uno como si estuviera allí. Estupendo viaje a Dinamarca. Un abrazo

Fede dijo...

Paquita. Muchas gracias. Hay un verso de un poeta francés que empieza por "Feliz quien como Ulises ha hecho un largo viaje...."
A mi me ha tocado hacer miles, en el blog trato de plasmar sólo aquellos que han dejado mella...

Fede dijo...

Querida Willow,
Conoces Dinamrca y sé que tienes buenos amigos allí. Espero que estas impresiones no se desvíen mucho de tus propios recuerdos.

Fede dijo...

Querida Consuelo,
En la alfombra mágica de los sueños hay sitio para todos los amigos. Me alegra que te guste sobrevolar mis recuerdos

Fede dijo...

Gracias Elena,
Tus comentarios de libros son magníficos. Has hecho que cambie alguno de mis principios. Me estba limitando a leer publicaciones en lengua española pero últimamente tus comentarios me llevan a enchanchar escenarios. Gracias

Fede dijo...

Querida Isabel,
No temas al frío nórdico. En las casas, los hoteles, los restaurantes, los bares, siempre tienes la sensación de exceso de calor... y en la calle basta como una mano amiga o unos ojso cómplices para sentirse a gusto.

Fede dijo...

Gracias Pablo por tu comentario.
Me hubiera gustado tenerte de compañero de viaje para que plasmaras con tu magnífico pincel ese amr helado y esas holas apresadas en su movimiento.