17 de junio de 2018

Atardecer en la punta del Dichoso





Me siento ausente, lejano, perdido en un mundo de quimeras.
Me escucho y mis pensamientos  suenan huecos, sin eco, y sin melodía.

Se acerca el crepúsculo, pero el sol aún se resiste,  
se niega a zambullirse y desafiante me hiere la vista.
            
La mar, pradera azul y oro en la que sus rizos apenas se estremecen, 
percibe resignada, pero aún lejana, la sábana blanca de la bruma 
que  muy despacio se acerca.
            
Los bañistas ya se han ido, pero aún quedan en el agua 
esos tritones de coraza negra  que inermes ante el frío de la tarde 
amagan algún salto, y a veces, por fortuna, cabalgan durante unos metros
el dorso de una ola desprevenida..

Una gaviota planea y traza un gran círculo en torno a la Punta del Dichoso. 
Sus dominios están seguros y terminada la ronda 
se lanza en flecha hacia las olas pero les tiene cogida la distancia  
y como si sólo se bañara en la espuma de su espuma  
surge disparada, en magnífica parábola hacia el azul del cielo.

Hay más paz en el ambiente que en los rincones oscuros de mi cabeza.. 
Cierro los ojos, trato de acallar la estridencia de esa música interior, 
pero  los pensamientos, alborotados, ruidosos, se entrechocan
 y no me dejan oír el suave murmullo de la tarde.

1 comentario:

Clarisa Diez dijo...

Maravillosa descripción de un estado de ánimo. Felicidades