21 de julio de 2013

Escuela de Bambú: "Khao Pansaa"


Un día, los campesinos se acercaron a Lord Budha para quejarse de que los monjes,  con su ir y venir entre los diferentes templos, cruzando los  campos,  echaban a perder   las cosechas porque pisaban inadvertidamente los brotes de arroz recién plantado. Lord Budha viendo que la queja era justificada, decretó el “retiro” de los monjes  durante tres meses lunares a partir del primer día de  luna menguante del octavo mes lunar.  Este período coincide en Thailandia con la estación de lluvias y puede ser que en una época en que  no había carreteras el que los  caminos  se embarraran y se volvieran peligrosos  contribuyera también  a mantener el precepto; el caso es que en la tradición budista  Tharavada  durante este período los monjes no hacen largos viajes y regresan siempre a dormir al mismo templo y por consiguiente dedican mucho más tiempo al estudio, a la meditación  y a la formación de los jóvenes novicios.  Por su parte, los campesinos, y los budistas laicos en general responden al “retiro” de los monjes llevándoles velas,  comida, ropa, artículos de aseo y limosnas.  Además y puesto que en el campo, una vez repicado el arroz la tarea principal es esperar,  las familias  están más predispuestas a que sus hijos  entren en monasterio y profesen como novicios  durante ese corto período de tiempo.  Antiguamente era quizá la única oportunidad que tenían de recibir  conocimientos básicos sobre budismo y nociones de lectura y escritura.



Pansaa, (del Pali Vasso y del Sánscrito Varsah)    es también llamado Dharma Day porque conmemora el primer sermón de Lord Budha y es una de las mayores festividades del Calendario Budista.  A ella  corresponden los budistas piadosos, no sólo con sus limosnas sino también escuchando sermones,  guardando los 8 preceptos en lugar de los 5 preceptos, meditando y adoptando prácticas de ascetismo como el abandonar la bebida, el tabaco o el consumo de carne.   De ahí probablemente que a este período se haya dado en mal llamar  “Cuaresma Budista” 

 En algunas zonas del país,  particularmente en Udon, en el noreste, la ofrenda de velas  al templo se ha convertido en un festival en sí mismo y los diferentes establecimientos, colegios e instituciones compiten en procesiones    para ver quién lleva al templo el par de velas más grande, mejor decorado, o más ingenioso. Antiguamente se tallaba la cera de las velas en forma de dragones y demás figuras mitológicas del Ramayana, pero esa costumbre está dejando lugar a la representación de  artistas del cine y de la televisión  y parece ser que este año se atreven incluso con algún político.

           La Escuela de Bambú,  inmersa en una cultura  budista no puede inhibirse de las buenas prácticas religiosas, y el pasado viernes  organizamos una alegre y vistosa procesión para llevar al templo más cercano de nuestra escuela, las ofrendas de los alumnos y dos magníficas velas  adornadas, como es costumbre con ristras de billetes de banco y con flores.
          Una vez en el templo, los alumnos  escucharon la exhortación de los monjes rezaron y recibieron su bendición.  Tras la ceremonia, los alumnos  comieron y disfrutaron en los jardines del templo hasta la tarde.  Pese a tenerlo tan cerca era la primera vez que visitaba el templo, (o más estrictamente centro de meditación, pues no llega a la categoría de templo)  y me quedé sorprendido de la belleza del lugar, no sólo por estar aislado en un bosque de heveas y disponer de frondosos jardines con  cabañas  aisladas para retirarse a meditar, sino también por estar al pie de un  enorme peñasco rocoso, cubierto de vegetación y horadado por dentro con numerosas cuevas  que harían la delicia de cualquier espeleólogo  pero que a mí me sirvieron para pararme unos minutos en el corazón de la roca, concentrarme, frente a una estatua de Buda  y  visualizar nuevamente todo lo que esta experiencia está aportando a mi vida y lo que quiero que siga aportando en el futuro.

1 comentario:

Carmen Moreno Martínez dijo...

Precioso relato. Muy ilustrativo y encantador.
Gracias, Federico