20 de mayo de 2013

Escuela de Bambú: Comienzan las clases




Sigo sin dominar el tailandés, aunque recuerde suficientes palabras para componer frases con sentido. Eso no debería ser un problema puesto que mi cometido es enseñar inglés al grupo de mayores, chicos y chias entre 10 y 15 años que debido al retraso ocasionado por el aprendizaje del tailandés están todavía en un curso equivalente a 3º de EGB.

No nos han llegado los libros et ignoramos si llegarán algún día. Me dedico de momento a enseñar palabras y frases indispensables de presentación, saludo, agradecimiento, despedida, etc.  Luego vendrán los números, las horas, los días de la semana, los colores y los principales adjetivos.

Hay que estar atentos. Han aprendido muchas cosas coreándolas en grupo en voz alta. Da la impresión que saben pero si  preguntas de manera individual de das cuenta de que sólo tienen en la cabeza una cantinela que repiten sin entender.

Además el nivel es muy desigual lo que entraña una dificultad añadida para mantener el interés de los más adelantados. Nuestro centro no está reconocido como escuela independiente, las clases de enseñanza reglada que impartimos, lo hacemos como sucursal colaboradora de la escuela estatal de primaria "Anuban Sangklaburi".

En Tailandia, los escolares están obligados a llevar uniforme: blusa o camisa blanca y falda o pantalón azul marino. No todos tienen dinero para comprarse el uniforme y la mayoría de nuestros chicos y chicas llevan uniformes reciclados de otros colegios. Los anagramas o las iniciales identificadoras de los los colegios no coinciden pero ¿quién se va a fijar en esos pequeños detalles cuando la mayoría van descalzos?

A partir de las siete de la mañana la escuela se convierte en un hervidero de actividad y se ven niños y niñas corriendo por todo el complejo.  Las clases sin embargo empezarán a las 8:20 con el izado de la bandera, el canto del himno nacional y una oración suficientemente inconcreta para que pueda ser rezada tanto por budistas como por cristianos. La vida en general y la del colegio en particular se rige por la luz solar. Por ese motivo la hora de la comida es la 11.30.  Los alumnos traen la tartera al colegio. Algunos con una comida completa, otros, sólo con arroz cocido, unos pocos completamente vacía.  No pasa nada; el colegio ha preparado comida y arroz. Nadie se queda sin esa comida caliente. A cada niño se le completa la tartera según lo que necesite.

A las 12: 30 se reanudan las clases hasta las 15:30.  Es decir en total seis sesiones de aproximadamente 50 minutos cada una.

Los viernes el colegio es un desfile de color.  El gobierno local anima a los estudiantes a que vengan al colegio ataviados con el traje tradicional de su etnia.  Este colegio coge principalmente niñas y niños de etnia Karen o Mon y minorías birmanas, chinas, indias o laotianas.  Los sarong multicolores tanto en chicos como en chicas, las blusas y camisas llenas de trenzados y abalorios, crean un ambiente jovial y festivo y anuncia a los agotados profesores que la semana escolar ha concluido. 

3 comentarios:

Carmen Moreno Martínez dijo...

Gracias, Federico, me encanta todo lo que vas contando porque nos haces vivir aquello desde la lejanía. Ánimo, y a seguir escribiendo y deleitándonos. Carmen

g.vidal dijo...

Tus comentarios, no tienen desperdicio, las fotos son una preciosidad, mucho ánimo y mucha fuerza que te mandamos desde Suances.
un abrazo, Guillermo y el taller de pintura.

José Núñez de Cela dijo...

Me gustan mucho las fotos de los niños. Se les nota felices y disfrutando. Qué diferencia con la escolarización occidental.

Un fuerte abrazo!