3 de noviembre de 2009

Franz Marc : Perro tendido en la nieve

Perro tendido en la nieve (1910-1911)
Liegender Hund in Schnne
Óleo sobre lienzo 62,5 x 105 cm
Städelsches Kuntisntitut (Frankfurt, Alemania)

La popularidad de Franz Marc se debe, aún hoy en día, principalmente a sus representaciones de animales. Diez años fueron necesarios para que Franz Marc evolucionara de la pintura tradicional de la academia de Munich, pasando pro diversas tendencias estilísticas, al lenguaje formal que cristalizaría en su estilo personal. Entre 1911 y 1914 no sólo surgieron sus obras más importantes; también fue éste el tiempo en que, junto con Kandinsky, editó el almanaque que se llamó “Der Blaue Reiter” (el jinete azul), organizó las exposiciones que llevaron este mismo nombre y se convirtió en una de las fuerzas más importantes de la cultura alemana.

Es interesante escuchar al propio Marc explicar a su contemporáneo el también pintor alemán Macke, su manera de trabajar explicando al mismo tiempo su conocido cuadro
“Perro tendido en la nieve”:

“Pinté a mi Russi tendido sobre un campo nevado; hice la nieve en un color blanco puro con profundidades azules puras, y el perro en un amarillo sucio. En el prisma, el amarillo aparecía como gris turbio y todo el perro enmarcado por los más maravillosos anillos de colores. Entonces hice el perro, en etapas, ‘de color más puro’ (amarillo claro); cada vez que el color se volvía más puro, iban despareciendo los márgenes de colores del perro, hasta que se había conseguido una relación entre los colores, entre el amarillo, el frío blanco de la nieve y el azul dentro de ésta. Además, la masa azul, no debe extenderse demasiado, frente al amarillo del perro, de débil luz, para seguir siendo complementario (es decir para poder decir que está “organizado”)

2 de noviembre de 2009

"Un Gran Chico" de Nick Hornby

UN GRAN CHICO
Novela
Nick Hornby
Anagrama 2008
Panorama de narrativas
Título original: About a boy 1998
Traducción de Miguel Martínez-Lage
352 páginas


Siempre me han gustado los libros en los que alguno de los personajes es un antihéroe, una de esas personas con algunas virtudes y muchos defectos con quines nos identificamos o nos cruzamos a vece en el descansillo de la escalera.

Esa sensación he tenido al leer “Un Gran chico” de Nick Hornby que la editorial Anagrama después de haber publicado novelas posteriores del mismo autor, ha tenido la sensatez de publicar en el 2008 rescatando así para el público de habla hispana la primera trilogía del autor.

Por otra parte aquí no hay ni acción, intrigar o misterio por lo que puedo explayarme en la reseña sin temor a descubrir la trama.

La novela trata de Will, un hombre rico, inmaduro, cínico, egoísta, superficial, hedonista, amoral, irresponsable, que transita por la superficie de la vida, sin mojarse, sin implicarse, o como el mismo aclara “sin juguetes que entorpezcan o manchen la alfombra de su salón”. Disfruta de la música joven de su tiempo, sabe vestir , tiene éxito con las mujeres pero como elude todo compromiso no establece relaciones serias con ninguna.

Frente a él y por una carambola del destino, Marcus, un adolescente de 15 años, extraño, inadaptado, sin amigos, que viste y actúa contracorriente, porque hijo de una madre soltera y con tendencias suicidas, se ha visto a madurar antes de tiempo.

Como se ve no se trata de una trama compleja pero los personajes lo son, y enfrentados entre sí uno se pregunta quién es el adulto y quién es el niño. Se establece entre ellos una relación emotiva. Marcus aprende de Will, encuentra en él la referencia paterna que le falta, pero sobre todo Will aprende de Marcus, descubre a los demás, empieza a empalizar con los problemas ajenos, se compromete y se da cuenta de que se puede vivir manteniéndose al margen del sufrimiento de los demás, pero eso quizá sea también mantenerse al margen de la vida.

Nick Hornby utiliza como era de esperar un lenguaje funcional, de frases cortas, con numerosos diálogos, a través de los cuales descubrimos los entresijos de las relaciones humanas, con realismo, pero también con humor y una pizca de ironía. Y sitúa la acción en un lugar (norte de Londres) y una época perfectamente identificable con referencias precisas a Grupos musicales como Nirvana o el suicidio de Kart Cobain.

En 2002, el libro sirvió de guión a la película de mismo nombre, interpretada por Hugo Grant


Cuando Marcus y su madre discutían, siempre se oían alto y claro las partes importantes de la conversación: era demasiado, demasiado caro, demasiado tarde, demasiado joven, malo para la dentadura, otro canal de televisión, los deberes del colegio, la fruta. En cambio, cuando su madre discutía con alguno de sus novios, uno podía pasarse horas a la escucha sin terminar de comprender de qué iba todo aquello, todo lo referente a la fruta y los deberes, que sin duda tenía que estar escondido en alguna parte de la discusión. Era como si alguien les hubiera dicho que discutiesen, y como si se hubieran puesto a hacerlo sobre lo primero que les había venido a la cabeza.


A Will le bastó con mirarlo a la cara para convencerse de que el chico era sencillamente curioso, y de que esa curiosidad no daba muestras de menguar. La conversación ya se había extendido hasta un punto que rebasaba con creces el nivel de comodidad de Will, a quien ahora empezaba a preocuparle la posibilidad de que se viera obligado a manifestar la más cruel de las verdades, esto es, que la madre de Marcus era, como su hijo, una lunática; que aún cuando se dejase a un lado la cuestión de la cordura, los dos eran, de todos modos, un par de perdedores sin remedio; que difícilmente podría imaginar unas navidades más lúgubres que las que él le estaba proponiendo; que con mucho habría preferido volver a su plan inicial y pasar la Navidad en el olvido y verse la filmografía completa de los hermanos Marx antes de cumplir el ritual de partir el hueso de la suerte con cualquiera de los dos; que toda persona en sus cabales sentiría lo mismo que él. Si el chico no era capaz de pescarlo al vuelo, ¿qué opciones le quedaban? Estaba clarísimo, a menos que…



Will jamás había considerado con cierta seriedad que Marcus fuese un buen chico; hasta ese momento sólo se había fijado en su faceta más excéntrica y problemática, seguramente porque no había habido nada más en qué fijarse. No obstante, vio con absoluta claridad que lo era, y no porque obedeciese a todo y no se quejase de nada, no, se trataba de una bondad intrínseca, algo que le hacía mirar un montón de regalos lamentables y reconocer que estaban hechos con amor y cariño, y que con eso bastaba. Ni siquiera se trataba de que Marcus prefiriese ver la botella medio llena; su botella no estaba llena a rebosar, eso saltaba a la vista, pero sin duda se habría quedado de una pieza si alguien hubiera intentado decirle que muchos chicos de su edad habrían tirado aquella chaqueta espantosa y las partituras para piano a la cara de sus padres y habría reclamado terminantemente una consola de Sony Playstation.

24 de octubre de 2009

Maravillas del Camino
















Admitiendo que el Camino y su capacidad de atracción es en sí mismo una maravilla en este tercer y último post quisiera comentar algo más sobre los tres hitos destacados entre Logroño y Burgos: el Monasterio de Santa María la Real de Nájera, la Catedral de Santo Domingo de la Calzada y el monasterio de San Juan de Ortega.

A partir del año 923 Nájera es arrebatada a los musulmanes y para marcar sus dominios los reyes de Pamplona establecen su trono alternativamente en Nájera y en Pamplona. Es García Sánchez III quien en el año 1052 inaugura el monasterio construido en honor de Santa María de la Cueva atendiendo a un milagro lleno de misterio y de simbolismos y que siguen figurando como emblemas el el retablo del altar mayor de la basílica: un ramo de azucenas, una lámpara y una campana.
La construcción original de estilo románico mozárabe es transformada en el siglo XV cuando la abadía pasa a manos de los benedictinos. Se reconstruye en estilo gótico florido y se convierten en panteón de los reyes de Pamplona y Nájera y añadiéndosele el Claustro de los Caballeros.

Como peregrino, ajeno a los valores artísticos formales sólo quiero destacar el sepulcro de Doña Blanca Garcés conocida como Blanca de Navarra; las tracerías de los ojivales del claustro en estilo plateresco que en número de 24, están creados mediante una celosía en piedra de motivo diferente en cada uno de ellos; y finalmente aunque quizá más modesta, la puerta de entrada a la iglesia, que data de la primera mitad del siglo XVI y está labrada en nogal con motivos de medallones, plantas y animales fantásticos agrupados en paneles rectangulares.




Dieciocho kilómetros más allá nos encontramos con Santo Domingo de la Calzada y su colegiata y posterior catedral, construida en el siglo XII. Gran parte del románico original se conserva aún y constituye uno de los hitos del Camino de Santiago.

Por mi parte, quiero destacar el retablo renacentista del valenciano Damián Forment, único retablo que el artista talló en madera, aunque posteriormente fue policromado por Andrés de Melgar. De nueve metros de ancho y trece de alto, además de los temas religiosos, destaca la presencia de temas mitológicos: tritones, nereidas y centauros. La reciente instalación junto al retablo de una pantalla táctil interactiva permite al visitante ver con detalle cualquier elemento del retablo gracias a una fotografía de gran definición.
En cuanto a la torre exenta, de de estilo barroco que con sus 70 metros de altura es llamada cariñosamente “la moza de La Rioja”, debe ser cierto eso de que a la tercera va la vencida porque sustituye a una torre gótica que tuvo que ser desmantelada y que a su vez había remplazado a la original torre románica.

Finalmente, a 25 kilómetros de Burgos, nos encontramos con el Monasterio de San Juan de Ortega, de la segunda mitad del siglo XII y que desde hace más de 800 años ha sido un bastión indispensable en el Camino de Santiago.
Me paro frente al capitel de la Anunciación. En los dos equinoccios, un rayo de sol que se introduce por un ventanal ilumina a las 5 de la tarde el capitel, apreciándose que la Virgen María se dirige a la luz y no a San Gabriel. Mezcla de observación astronómica y técnicas arquitectónicas es todo un mensaje simbólico que nos regalan los constructores medievales.

23 de octubre de 2009

Sabiduría


Me preocupa pensar que, cuánta más información llega a nosotros menos tiempo dedicamos a pensar por nuestra cuenta. Por eso quizá nos sobran conocimientos y nos falta sabiduría.
El poeta T.S. Eliot lo dice maravillosamente en estos versos

¿Dónde está la sabiduría,
que se perdió con el conocimiento?
¿Dónde está el conocimiento
que se perdió con la información
?

22 de octubre de 2009

David Trueba, - Saber Perder

SABER PERDER
Novela
David Trueba
Anagrama 2008
Narrativas Hispánicas
520 páginas


He disfrutado con otro libros de David Trueba como “abierto toda la noche 81996) y “Cuatro amigos” (1999); sin embargo me resistía ante las más de 500 páginas de “Saber perder”.

Una reseña en el blog de Elena “perdida entre libros” y el comentario de alguien muy próximo me ha dado el último empujón y desde luego lo agradezco. Se trata de un libro ameno, ágil aunque a veces reiterativo, de fácil lectura. En él David Trueba aborda la personalidad de sus protagonistas a través de la minuciosa repetición de sus actos, acertados o desacertados, voluntarios, voluntariosos o inconscientes. Son además, por su vinculación familiar y sus diferentes etapas vitales, como un corte vertical en la tarta de nuestra sociedad y en especial en una sociedad de perdedores.

Para bien resaltar el espíritu competitivo que empapa nuestra sociedad, David Trueba introduce un cuarto personaje: un joven futbolista argentino crack en su país pero a quien las cosas no le van tan bien en el equipo español al que se acaba de incorporar.

Contado en presente por un narrador omnisciente, estamos ante relato que narra la vida de cuatro supervivientes que tratan de aprender de las pequeñas derrotas cotidianas y es que como afirma David Trueba “ Sobrevivir es más importante que triunfar”.

Lorenzo, acaba de perder su trabajo, su mujer le ha abandonado y el negocio que ha compartía con un amigo le ha llevado a la ruina. Su hija, Sylvia, se ve a escondidas con Ariel, el futbolista Argentino, y Leandro, el padre de Lorezo y abuelo de Sylvia trata de recuperar el tiempo perdido y se lanza, quizá de manera equivocada por una senda, de difícil retorno. Los cuatro, viven con el peso de un secreto que no pueden compartir, y se muestran de una aplastante naturalidad. Son personajes reales, como los que nos cruzamos todos los días en la calle, seres como nosotros, que cometen errores, que engañan y se esconden de los demás.

El narrador pasa de un personaje a otro dentro del mismo capítulo, pero al tratarse de un relato en presente, no perdemos nunca el hilo de la narración, y el autor nos introduce en la trama de la historia al incorporar datos absolutamente fehacientes como los atentados del 11 M o el incendio que destrozó las costas de varios países asiáticos causando miles de víctimas mortales.

A pesar de tener, quizá, una longitud algo excesiva, la novela no se hace pesada en ningún momento porque David Trueba maneja admirablemente una sutil ironía y un imperturbable sentido del humor.

El deseo trabaja como el viento. Sin esfuerzo aparente. si encuentra las velas extendidas nos arrastrará a velocidad de vértigo. Si las puertas y contraventanas están cerradas, golpeará durante un rato en busca de las grietas o ranuras que le permitan filtrarse. El deseo asociado a un objeto de deseo nos condena a él. Pero hay otra forma de deseo, abstracta, desconcertante, que nos envuelve como un estado de ánimo. Anuncia que estamos listos para el deseo y sólo nos queda esperar, desplegadas las velas, que sople su viento. Es el deseo de desear.



¿Volvemos a casa? pregunta Leandro. Lorenzo siente piedad por ese hombre al que de niño temía por su rigor, sus convicciones firmes, al que luego ignoró y más tarde aprendió a respetar. Su padre empequeñecido avanza por el pasillo y Lorenzo le ve entrar en su cuarto. ¿Quién soy yo para juzgarlo? Si pudiéramos exponer a la luz las miserias de las personas, los errores, las torpezas, los crímenes, nos encontraríamos con la penuria más absurda, la verdadera indignidad. Por suerte, piensa Lorenzo, cada uno llevamos nuestra secreta derrota bien adentro, lo más lejos posible de la mirada de los demás. Por eso no ha querido escarbar demasiado en la herida de su padre, conocer los detalles, humillarle más de lo que ya le debía de humillar sincerarse con su hijo.

Días de mar brava


16 de octubre de 2009

Piedras, flechas y pequeñas alegrías del Camino

Quisiera plasmar aquí algunos pequeños detalles de los muchos que a lo largo de estos siete días iniciáticos me han ido sorprendiendo.

Al salir de Logroño, un espontáneo, Marcelino Lobato, el “peregrino pasante” ha establecido en un cobertizo su tenderete. Sella las credenciales como si de una autoridad se tratara. ofrece manzanas, avellanas y sobre la mesa no veo el consabido platillo para depositar nuestra ofrenda. Luego me entero de que a lo largo del Camino existen otros personajes parecidos que han convertido el Camino en su modus vivendi.
En un lugar del camino alguien ha confeccionado con ramitas de árbol una tosca cruz trenzada en la valla que nos separa de la autovía. Alguien ha creído ver algún significado especial y ha añadido su propia cruz, luego otro, y otro. al final son cientos las crucecillas que tapizan la valla. Seguramente pocos saben por qué lo hacen. Más curioso aún son los montoncitos de piedras que se van colocando sobre cualquier poste, mojón, o lugar muy visible del camino. Son famosos los canteros que se han ido formando en torno a los humilladeros en particular el de la Cruz de Ferro cerca de Foncebadón. Simbolizan la solidaridad de los peregrinos que piedra a piedra crean entre todos un monumento. Quiero creer que estos humildes montoncitos de piedras con los que me encuentro son también una forma de decir, por humilde que sea, yo también he puesto mi anónimo granito de arena en esta empresa. Resalto lo de anónimo porque afortunadamente los grafitteros aún no han hecho acto de presencia. Nada más repelente que los consabidos XXX y YYY estuvieron aquí día tal de tal de mil novecientos tal.

“Las peras del huerto del vecino siempre son más sabrosas que las del nuestro”. Yo no tengo huerto, pero desde luego no he sabido resistir la tentación de probar la fruta de los huertos del vecino. Las cepas cuajadas de brillantes racimos negros, las higueras cargadas de higos al borde del camino, algún manzano o peral que nos ofrece su fruto al paso, me han hecho sucumbir a la tentación y me han recordado los años de la infancia es que esta práctica era casi un deporte.

Ciertamente el camino está cuajado de pequeños placeres: la salida de la etapa, al amanecer, mientras los primeros rayos de sol acarician los tejados de la ciudad y pintan a nuestra espalda el cielo de color rosa; el frescor de la mañana y el silencio sólo interrumpido por algún canto de pájaro y por el chirriar de nuestras botas sobre los guijarros del camino; las paradas para dejar que nuestra vista se pierda en el azul brumoso recortado de montañas; descalzarse y meter los pies en el agua helada de algún pilón para calmar los pies doloridos, el alto en el camino a pie de un crucero beber un trago de agua y comer ese bocadillo que nos tienta en la mochila; la visión de nuestra meta al coronar un empinado ribazo; llamar a la puerta de alguna casa para pedir una brizna de sal o una patata para completar ese guiso que entre unos cuantos estamos preparando en la cocina del albergue; lavar nuestra propia ropa con un grueso trozo de jabón Lagarto y llevar la colada al tendal como si no hubiéramos hecho otra cosa en la vida; los reencuentros en el albergue después de haber perdido de vista al peregrino con quien hablamos en una etapa anterior; las presentaciones y charlas al caer la tarde; esa canción que alguien nos dedica y toca con su armónica; las botas alineadas a la entrada del albergue, en perfecto estado de revista y los imprescindibles bastones que tanto incordian pero que empujan en las subidas y amortiguan las bajadas.

Nunca la descripción será completa. Cada cual percibe y disfruta de su Camino y a su manera. No sería justo sin embargo no mencionar a los hospitaleros voluntarios que regentan los albergues, sellan las credenciales, chapurrean idiomas y nos hablan más con sus gestos, su sonrisa y su gran corazón que con nuestro propio idioma.

Hacer el Camino, tiene muy poco que ver con ir de excursión o con hacer senderismo. El Camino tiene a pesar de uno mismo una carga espiritual difícil de eludir. Supone fatigas, convivencia e incomodidades, particularmente en los albergues. Algo extraño ha de ocurrir, porque a decir de los expertos, quien lo prueba repite.

15 de octubre de 2009

Era el viaje como una Epifanía

Era el viaje como una epifanía
como el canto fluvial
como una novia
y la ciudad tenía, luna niña
un polisón bordado de equinoccios.
Llegaste tú como un presentimiento
caminando despacio por la lluvia
de una tarde lejana, dibujada
en la húmeda espalda del invierno.
Hicimos el camino en un abrazo
tranzamos el paisaje con adioses
para encontrarnos solos, finalmente
en la estación de nunca
junto al sauce.
Y fue azul y roja la mañana
y el despertar se hizo en tu pecho
apeadero de nuestros desencuentros.
Al final esperaba la alborada
como una campesina en otoño
aguardando la luz y descorriendo el alba.
Sabia que te irías
y te fuiste.
Era el viaje como una fuente seca
como un árbol caído
como una puñalada.

Ramón Pernas
Poesía (in)completa 2009

13 de octubre de 2009

Aprendiz de peregrino

He nacido en un pueblecito con apelativo “del Camino”, y desde mi ventana, veo pasar a diario cientos de peregrinos que dirigen sus cansados pasos hacia el albergue en el centro de Burgos. No es de extrañar por tanto que la llamada del camino haya estado siempre muy presente aunque para considerarlo fuera de mi alcance tanto por las largas etapas como por las pesadas mochilas que cargan los peregrinos.
De pronto, sin saber muy bien por qué, pero desde luego aconsejado por avezados caminantes empecé a creer que yo también podía hacer el camino, que además, necesitaba hacer ese camino y que el año próximo iba a ser mi última oportunidad de hacerlo en un año Jacobeo. Así pues, empecé a recopilar información, a escuchar consejos, y a entrenarme con caminatas más o menos largas, con y sin mochila, con una meta inmediata: probarme a mi mismo que aún era capaz de caminar en solitario y sumarme a los miles de personas de todas las edades que año tras año recorren el Camino de Santiago.

¡Lo he conseguido! He hecho un tramo del camino. El día 2 de octubre salí de Logroño y siete días más tarde sellaba mi credencial en el albergue de Burgos. No pretendo en esta ocasión hacer un diario de cada etapa, de sus vicisitudes, percances, anécdotas y encuentros. Tiempo habrá para ello, pero apresando en pocas palabras el meollo de esta experiencia resaltaría lo siguiente:

1º El camino no es un paseo que hacemos con alguien. Es algo muy personal, que experimentamos a nuestro propio ritmo, siguiendo la medida de nuestros propios pasos, ni acompañamos ni seguimos a los demás peregrinos. Ellos están ahí, nos preceden y nos siguen, nos cruzamos y nos saludamos: “¡Buen camino!” , nos reencontramos , en los hitos, en las fuentes o en las tabernas donde retomamos fuerzas. Y sabemos que lleguemos cuando lleguemos, estarán esperándonos en el albergue, pero cada uno va a su aire, sumido en sus pensamientos, saboreando su propio esfuerzo.

2º El camino nos vuelve a colocar dentro de nuestros límites humanos. El tiempo que fluye, el paso de las horas, la distancia, el horizonte, los paisajes que aparecen y los monumentos y pueblos que atravesamos se miden o se contemplan mejor caminando. Estamos demasiado acostumbrados a ampliar nuestras posibilidades gracias a la técnica: automóviles, teléfonos, MP3… Es bueno, a veces sentir que ese trayecto que en coche hacemos en media hora, a nuestro paso supone dos jornadas de camino.

3º El camino es un lugar de encuentro. Pocas experiencias son tan propicias a las relaciones personales como los encuentros al final de cada etapa. La vida del peregrino en los albergues se reduce a muy pocas actividades, en lugares a menudo desprovistos de cualquier distracción. El albergue es el lugar de encuentro, de compartir las experiencias y reflexiones de la jornada, pero también la de pasarse recetas, y cómo no, algún que otro ingrediente que necesitamos para preparar nuestra cena solitaria. Se charla, se escribe en nuestro diario, se dan y reciben direcciones de correo… A veces se canta o se toca algún pequeño instrumento musical, La disciplina sin embargo es la tónica general. Las botas se alinean en la entrada, y a las 10 de la noche, sin toque de queda, se apagan todas las luces, porque con las primeras luces del alba silenciosos, unos tras otros vamos encarándonos con una nueva etapa.

24 de septiembre de 2009

Mi diario 24 de Septiembre 2009

Cariñosamente, las mujeres dicen que los hombres sólo tenemos una neurona, y que por ese motivo, sólo somos capaces de ocuparnos de una cosa a la vez.
Quizá sea esa una perfecta explicación de lo que le está ocurriendo a mi blog. Tengo la impresión de estar abandonándolo a pesar mío y ello porque mi mente, en estos momentos, está volcada en desafiarme a mí mismo y convencerme de que soy capaz de hacer un trozo del camino de Santiago.
Desde que me atreví a proponérmelo me entreno, camino, compro el equipo, pregunto a los expertos, consulto libros, y según los resultados del día, exulto de euforia o me subo por las paredes.
Pero , la suerte está echada. El día 2 de octubre me pongo en Camino. Serán unas pocas etapas… Sin embargo, si consigo superarlas, el próximo año, que es año Jacobeo, me plantearé llegar a Santiago y de ahí a Finis Térrea

Primer Amor

“Es por nosotros”,
dijiste señalando aquella tímida
nube que parecía un corazón
en el inmenso cielo azul de agosto,
aquella cifra
de nuestra avergonzada y palpitante
alegría.

Y nos besamos muy despacio.
Recuerdo el olor tibio de tu piel,
el modo exacto en que tus párpados
temblaron al cerrarse,
el brillo húmedo
de tu boca entreabierta,
el gozoso desorden de tu pelo
entre mis manos…
Y luego no pudimos decir nada
(fue como si después de separarse
aún siguiesen unidos nuestros labios).

Vagamente sentía
que hacías existir aquella tarde,
que el verano era sólo tu sonrisa,
que la vida sin ti es la de los otros;
y tú pensabas (tan encantadora-
mente romántica)
que si aquello no fuese más que un sueño
despertarías de él entre mis brazos
y volveríamos
a amarnos para siempre como entonces.

Mientras tanto, olvidada,
sobre nuestras cabezas, poco a poco,
una nube se iba deshaciendo.

Javier Almuzara
Primer Amor
Renacimiento 1994

23 de septiembre de 2009

La vida secreta de las abejas

La vida secreta de las abejas
USA 2008
Dirigida por Gina Prince-Blythewood
Duración 110 minutos

Hay películas que conmueven hasta tal punto que no es conveniente escribir sobre ellas de manera inmediatamente para dejar que se decante lo que es puramente emocional y dejar que salga a flote los valores intrínsecos de la película: dirección, actuación, música, historia etc.
He dejado pasar unos días, he vuelto a ver la película de Gina Prince-Blythewood, y sigo considerando que es una película que deja buen sabor de boca.
Está basada en una sólida novela de Sue Monk Kidd del mismo nombre y ha sabido adaptarse al ritmo pausado casi lánguido de las amplias llanuras de Carolina del Sur, donde se desarrolla la acción. Está dirigida con una enorme sensibilidad, y aborda sin estridencias temas tan espinosos como el racismo y la lucha por los derechos civiles en la América de los años 60. Contribuye a crear esta atmósfera el que todos los protagonistas sean mujeres y que los hombres de la película, como los zánganos de la colmena, sean meros comparsas de la acción principal. Este hecho, y la atmósfera general de la película así como el lugar en el que se desarrolla nos recuerda sin duda la película de Jon Avnet de 1991 “Tomates verdes fritos”.
La historia en sí misma es muy sencilla: una adolescente huérfana de madre, huye del opresivo ambiente de su casa y guiada por un nombre en el dorso de una fotografía de su madre, se refugia en casa de curioso trío de hermanas que se dedican a la apicultura.
A destacar la espléndida actuación de la joven Dakota Fanning que encarna a la adolescente Lily Owens y sobre todo la de Queen Latifah en su papel de amable, sabia y maternal apicultora. Sophie OKonedo, y Alicia Keys que actúan como hermanas completan un magnífico reparto y hacen que la película mantenga nuestro interés hasta el final y no se embarranque en peligrosas y melosas dosis de sentimentalismo.
La música de Mark Isham y la preciosa canción “Song for Mia” de Lizz Wright redondean esta película que no dudo en recomendar.

29 de agosto de 2009

Pulchra Leonina


Egon Schiele: Autorretrato


Autorretrato
1910 Tiza y guacha 44,5cm x 30,4 cm
Leopold Museum (Viena)

Del mismo modo que existen palabras clave para una época en las que se expresan en esencia los ideales, deseos y metas de una sociedad determinada – pensemos por ejemplo en “Décadence” o “Fin de siècle” -, también existen cuadros clave en la obra de un artista en los que se pueden reconocer el carácter y las raíces de su obra. Tanta más razón para hacer esta suposición, cuando – como en el caso de Egon Schiele – es su autorretrato el que aparece de al modo en primer término. La enorme cantidad de autorretratos, alrededor de cien, prueba no sólo que, entre los pintores de su época, fue uno de los observadores más extremos del yo, sino que además podría despertar la sospecha de que nos encontramos ante una persona que quizá pudiera calificarse de narcisista.

En los primeros autorretratos, realizados entre 1905 y 1907, se expresa en principio el deseo imperioso de compensar la pérdida sufrida por la muerte de su padre, que siempre había alabado sus dibujos, mediante una exaltación grandiosa y exhibicionista del propio yo. La temprana admisión en la Academia de Viena – a la edad de dieciséis años – tuvo que haber confirmado sin duda alguna su ego artístico; consciente de sí mismo, aparecer a partir de entonces con la paleta y el aspecto de un dandy. Tras la “Fase Klimt”, a partir de 1910, aumenta progresivamente la tensión de los autorretratos. Desde entonces hasta 1913 la mayoría de las representaciones se caracterizan por el exceso de valores expresivos que dificultan su comprensión como simples autorretratos. El espejo se convierte en espejo deformante, el reflejo de su propia imagen en un alter ego, en otro yo extraño. Los rasgos dominantes de esta nueva fase, caracterizada por los permanentes intentos de evasión del corset de la personalidad fija, son la delgadez de al figura, las contorsiones virtuosas del cuerpo, una mímica entre estrafalaria y tétrica que no está dominada por ninguna regla comprensible de la afectividad, y un cabello corto y rebelde que se levanta como electrizado. La pose ante el espejo ha desarrollado progresivamente una dinámica propia enajenadora que se corresponde con una forma en el medio del dibujo y la pintura, la cual se aparta del modelo natural, es decir, de la reproducción en sentido realista. Esta forma no provoca una autenticidad arcaica, sino el moderno desgarramiento del propio yo.

28 de agosto de 2009

Efemérides: 23 de Agosto 2009

En un intento de destilar mis emociones y reducirlas a sus más sobrios componentes, he dejado pasar unos días pensando qué palabras podrían condensar la emoción de un abuelo el día del bautismo de su nieto. Fe, familia, tradición entremezcladas, indisolubles y una inmensa nostalgia por tiempos pasados.
Ante mis ojos desfilan los bautizos en los que, después de actuar como monguillo de la ceremonia, me tiraba al suelo con los demás chavales en busca del último confeti, los bautizos de mis hijos, la emoción contenida y el miedo a no saber hacer de ellos personas felices e independientes. Y ahora, extasiado ante estas tradiciones de pueblo que perviven y me llevan inexorablemente al pasado, asisto como testigo al bautizo de mi nieto y deseo para él jalones de confianza y amor en su camino y una estrella en la que colgar sus ilusiones.

Humor inteligente

Cada vez que sale a la palestra algún comentario sobre el humor o los humoristas de inmediato, suele aparecer el calificativo de “inteligente”. Confrontado con tan recurrente binomio tengo un doble problema al definir qué entiendo por “humor” y cómo podría definir, o al menos distinguir lo que es el “humor inteligente”.

El diccionario de la RAE me sirve de poco. La palabra “humor” tiene un sentido fisiológico y en el mejor de los casos se refiere a “Genio, índole, condición, especialmente cuando se manifiesta exteriormente” "Humorismo" nos acerca algo más al concepto al definirlo como “modo de presentar, enjuiciar o comentar la realidad resaltando el lado cómico, risueño o ridículo de las cosas”, pero evidentemente esta definición, a la manera de un gigantesco paracaídas recubre un sinfín de manifestaciones con elementos comunes y otros claramente específicos y definitorios: ironía, sarcasmo, anticlímax, enigma, antítesis, alusión, litotes, non sequitur, juego de palabras, sátira, parodia, paradoja etc.

No es mi intención emborracharme con palabras por lo que sin dudarlo un momento, y pese a posibles limitaciones elijo la definición que me llega en un mensaje a través del móvil: “Humor es el arte de expresar con simpatía los aspectos ridículos o chocantes de nuestros actos”.

Así definido, estamos más cerca de lo que podríamos definir como “humor inteligente”. Creo que bastaría añadirle una chispa de reflexión, que a manera de flash, se interponga entre la acción y la reflexión y haga que de alguna manera nos veamos interpelados, sacudidos o reflejados y nos obligue a tomar partido. Alguien en un blog lo sintetizaba diciendo: “frente al humor te ríes antes de pensar, pero si es humor inteligente, piensas antes de reírte”.

Si en el humor inteligente introducimos ese elemento nuevo, breve pero imprescindible que es la reflexión significa que nos incita a mantener una actitud abierta y activa, y nos obliga al mismo tiempo a vivir el presente y todas sus circunstancias.

No voy a citar humoristas que hacen un humor inteligente. Seguro que cada cual sabrá reconocer a sus favoritos. Una vez más y ciñéndome al humor gráfico voto por Mordillo y elijo la viñeta que ilustra esta reflexión.

25 de agosto de 2009

Paraíso inhabitado

PARAÍSO INHABITADO
Novela
Ana María Matute
Ediciones Destino 2008
Áncora y Delfín 1086
396 páginas

En la trastienda de la mente, sigue desde hace varias semanas repicando el último libro de Ana María Matute y es que siempre que la lectura de un libro me impresiona no me libero del todo de él hasta que confío al papel algunas de las ideas que me rondan.

Ana María Matute es una niña grande de 85 años. Digo niña porque me parece que nunca ha dejado del todo el mundo de la infancia y porque todos sus escritos están impregnados del encanto y la magia de los cuentos de hadas. Y digo grande porque además de una gran persona, lúcida conversadora es una asombrosa escritora que sabe transmitir con palabras muy sencillas sentimientos complejos, a menudo escondidos en los recónditos pliegues de nuestra memoria infantil.

En una época en que la novela moderna discurre por caminos sentimentalmente áridos y despojados, choca encontrarse con una novelista que sigue insistiendo en sus vivencias infantiles como caldo de cultivo para unas novelas cargadas de emociones y del frescor de los cuentos de hadas.

“Paraíso inhabitado” es un libro que narra la coexistencia e interacción de dos mundos que se atraen y se repelen, del mundo infantil y del mundo de los adultos. Es un libro de iniciación que narra esa misteriosa transición entre la infancia y la adolescencia que según en qué época era casi ya una llamada a la responsabilidad y al “saber estar” de los adultos. La protagonista de la historia construida en parte con recuerdos autobiográficos de la propia escritora, es una niña que, en el seno de una familia de la burguesía de principios del siglo pasado vive la separación entre adultos, padres, monjas del colegio, hermanos mayores, vecinos, etc. caracterizados en la novela como los “Gigantes” y los niños al que se asimilan el personal subalterno: doncellas, cocineras, criadas, y algún sirviente. La separación es física ya que los espacios de la casa están definidos por zonas de parquet y zonas de terrazo pero es sobre todo emocional y vivencial. Mientras son pequeños, los niños sólo existen para darles un beso antes de que se vayan a dormir. Y la escritora aprovecha esta separación para introducir su particular visión maniquea de la existencia, la dualidad entre el bien y el mal, la felicidad y la desgracia, la sinceridad y la mentira.

Pero además Ana María Matute no da puntada sin hilo, y en la filigrana de una historia lineal, una especie de autobiografía de una infancia feliz, entreteje algunas joyas de perspicaz observación de nuestro mundo y de crítica mordaz de los convencionalismos y la frivolidad de una cierta burguesía, el rechazo por los que son diferentes: sean familiares como la tía o vecinos como el sirviente de Gavrila; o la hipocresía religiosa caricaturizada en la figura de las monjas.

En suma, una novela que se lee con deleite, que aún sabiendo que se trata de una novela es un retrato de un mundo que existió y en el que se desarrolló la infancia de la escritora, y que nos muestra una vez más su aguda obsevación y la fluidez de su lenguaje literario.


A veces los recuerdos se parecen a algunos objetos, aparentemente inútiles, por los que se siente un confuso apego. Sin saber muy bien por qué razón, no nos decidimos a tirarlos y acaban amontonándose al fondo de ese cajón que evitamos abrir, como si allí fuéramos a encontrar alguna cosa que no se desea o incluso se teme vagamente


- Me he dado cuenta de que lo mejor de algo que se espera es estar esperándolo.
Y volvía la promesa: “Aprenderás a volar, cuando llegue la primavera”.


30 de julio de 2009

Miguel Angel Velasco : Manos

Manos

I
Sobre mi pecho tu mano se apacigua.
tan tímida que apenas se diría
que la han modelado los adioses,
que dócil se somete a esa música
precisa de la sangre,
y que acepta su sombra
como la mitad de sí misma.
¿Quién diría, al contemplarla agazapa,
apenas palpitante,
embriagada por el murmullo
de una espuma nocturna,
que anhela dispararse más allá
del arrullo y la caricia.

II
Tras el amor mi mano se demora
sobre tu corazón, como un oído,
desmemoriada de las formas,
como si nunca hubiese
albergado una vaso
o apretado una llave,
deseosa tan sólo de asomarse
a ese vivo pozo,
y como araña pálida
beberle todo el sueño y,
lejos de sus telares, sucumbir.
Mansa mano dichosa
de encallar en tus dunas,
varada mano
amorosa, que sólo
busca arder en tu cuerpo y reposar
en él como una rosa calcinada.


Miguel Angel Velasco

El Sermón del Fresno (1995)

Vía Revolucionaria

VIA REVOLUCIONARIA
USA 2008
Diririgida por Sam Mendes
Suración: 119 minutos
Duración

No me gustaría repetirme al hacer la reseña de la película “Via Revolucionaria” pero aunque he hecho recientemente la reseña del libro, me siento tentado de entrar una vez más en ese entresijo de sueños rotos, ideales frustrados, falsas apariencias yaspiraciones inalcanzables, tan genialmente plasmadas en imágenes por Sam Mendes y tan acertadamente interpretadas por Kate Winslett y Leonardo DiCaprio.

Con Oscars o sin ellos, Kate Winslett, es hoy por hoy una de las mejores actrices del panorama cinematográfico y Leonardo Di Caprio, empieza a ser creíble como actor más allá de la petulante juventud y envidiable aspecto físico que exhibió en ”Titanic”. Kate Winslett me había seducido en sus anteriores películas y muy recientemente la había visto brillante en “El lector” en un difícil papel pues debía mostrar alternativamente facetas de frialdad, ausencia de principios y por otra parte ingenuo afán por aprender, ternura y exacerbado erotismo. En esta película la vemos como una April seducida, defraudada, clamando por salir de la insoportable rutina a la que su vida se ve abocada. Su dureza, su mirada desolada, su melancolía, sus ansias de ser libre y su fatídica decisión, se leen en su rostro antes oírse de sus labios. En cualquier caso lo más destacable de ambos protagonistas es el haber transformado unos personajes de película en “personas absolutamente creíbles”

Hay en la película un personaje secundario que no obstante, en dos memorables escenas es capaz de transmitir todo el dramatismo de la situación. Se trata del John Givings, perfectamente interpretado por Michael Shannon. Él es responsable de desencadenar toda la tragedia al exponer las cosas como son. A pesar de ser considerado como una persona inestable y fuera de la realidad, aparece en sus dos breves apariciones como el único personaje lúcido de la película. Libre de prejuicios sólo él es capaz de enjuiciar el comportamiento de April y de Frank sin que su veredicto pase por el filtro de la racionalidad o de las conveniencias sociales.

Existe un cierto paralelismo entre “Vía Revolucionaria” y la opera prima de Sam Mendes “American Beauty”. Sin embargo ni las épocas se corresponden ni se analiza de la misma manera el desmoronamiento del “american way of life” (el estilo de vida americano). Mientras que en “American Beauty” la familia sucumbe bajo el peso de las convenciones sociales el afán de equiparación, el estar a la altura del vecindario, en el caso de “Vía Revolucionaria” el problema surge de motivaciones personales, sueños frustrados, desengaño al abrir los ojos y darse cuenta de que quienes se sentían especiales no se diferencian en realidad de sus vecinos y su vida está abocada al mismo monótono y prosaico futuro.

Se le acusa a Sam Mendes de abusar de los planos cortos en esta película. Yo creo que siendo una película construida casi exclusivamente en torno a sus dos protagonistas era importante aprovechar sus extraordinarias dotes para poner de relieve a través de su interpretación el dramatismo y la fatalidad de los acontecimientos que se avecinan y transmitir al espectador el sentimiento de melancolía con el que al final acaba abandonando la sala.
Probablemente una de las cinco mejores películas que habré tenido la oportunidad de ver este año.

11 de julio de 2009

Vicente Aleixandre: En la Plaza


Hermoso es, hermosamente humilde y confiante, vivificador y profundo,
sentirse bajo el sol, entre los demás, impelido,
llevado, conducido, mezclado, rumorosamente arrastrado.

No es bueno
quedarse en la orilla
como el malecón o como el molusco que quiere calcáreamente imitar a la roca.
Sino que es puro y sereno arrasarse en la dicha
de fluir y perderse,
encontrándose en el movimiento con que el gran corazón de los hombres palpita
extendido.

Como ese que vive ahí, ignoro en qué piso,
y le he visto bajar por unas escaleras
y adentrarse valientemente entre la multitud y perderse.
La gran masa pasaba. Pero era reconocible el diminuto corazón afluido.
Allí, ¿quién lo reconocería? Allí con esperanza, con resolución o con fe, con
temeroso denuedo,
con silenciosa humildad, allí él también transcurría.

Era una gran plaza abierta, y había olor de existencia.
Un olor a gran sol descubierto, a viento rizándolo,
un gran viento que sobre las cabezas pasaba su mano,
su gran mano que rozaba las frentes unidas y las reconfortaba.

Y era el serpear que se movía
como un único ser, no sé si desvalido, no sé si poderoso,
pero existente y perceptible, pero cubridor de la tierra.

Allí cada uno puede mirarse y puede alegrarse y puede reconocerse.
Cuando, en la tarde caldeada, solo en tu gabinete,
con los ojos extraños y la interrogación en la boca,
quisieras algo preguntar a tu imagen,

no te busques en el espejo,
en un extinto diálogo en que no te oyes.
Baja, baja despacio y búscate entre los otros.
Allí están todos, y tú entre ellos.
Oh, desnúdate y fúndete, y reconócete.


Entra despacio, como el bañista que, temeroso, con mucho amor y recelo al agua,
introduce primero sus pies en la espuma,
y siente el agua subirle, y ya se atreve, y casi ya se decide.
Y ahora con el agua en la cintura todavía no se confía.
Pero él extiende sus brazos, abre al fin sus dos brazos y se entrega completo.
Y allí fuerte se reconoce, y se crece y se lanza,
y avanza y levanta espumas, y salta y confía,
y hiende y late en las aguas vivas, y canta, y es joven.

Así, entra con pies desnudos. Entra en el hervor, en la plaza.
Entra en el torrente que te reclama y allí sé tú mismo.
¡Oh pequeño corazón diminuto, corazón que quiere latir
para ser él también el unánime corazón que le alcanza!
Vicente Aleixandre (En la Plaza)